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LEYENDAS DE MI PUEBLO

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Indice del artículo
LEYENDAS DE MI PUEBLO
INTRODUCCIÓN
Fantasmas
LA NIÑA QUE FLOTA
CAZANDO UN FANTASMA
EL FANTASMA DE MI ABUELITO
EL RECADO DEL FANTASMA
EL FANTASMA DEL CAMINO
LOS ANGELITOS DE TODOS SANTOS
EL FANTASMA
EL FANTASMA DE LA ESCUELA
EL FANTASMA DE LA NOCHE
EL ÁNIMA EN PENA
LEYENDA DE LOS ESPÍRITUS
LA MUJER HERMOSA
EL ARROYO
LA LEYENDA DEL APARECIDO
EL ESPECTRO EN EL CAMION
LA MISION DE UN HERMOSO ANGEL
LOS TIZNADOS DE LA CAÑADA
EL CANAL DE AGUAS NEGRAS
EL HOMBRE DEL COSTAL
EL FANTASMA DEL NARANJAL
EL AHOGADO
UN FANTASMA TRAMPOSO
DIA DE MUERTOS
UNA MUJER MISTERIOSA
LA LLORONA DEL BORDO
LA MUJER DEL VESTIDO BLANCO
SUCEDIÓ EN LAS VÍAS
LEYENDA DE LA LLORONA
LA MUJER DE LA ZANJA
LA LLORONA
LA LLORONA DEL RÍO
UNA SILUETA HERMOSA
EN LA NEBLINA
LEYENDA DE LA NOVIA
LA MUJER DE BLANCO
La muerte
UNA SEÑORA CURIOSA
LA MUERTE
LA MUJER DE NEGRO
Nahuales
EL ESPECTRO DEL RANCHO
LA LEYENDA DEL NAHUAL
EL NAHUAL EN EL PUEBLO
EL GUAJOLOTE
EL NAHUAL
EL PERRO NAHUAL
BOLAS DE FUEGO
LA NIÑA PERSEGUIDA
SIETE PALMAS
LA MARRANA
LA LAGARTIJA
El diablo
LA PROMESA DEL DIABLO
EL HOMBRE DE NEGRO
LA NOCHE QUE ME LLEVÓ EL DIABLO
EL ANIMAL
EL SEÑOR DE NEGRO
EL CHARRO NEGRO
LA LEYENDA DE LA CULEBRA
UN HOMBRE DE MUCHA FE
EL JINETE DE LA HACIENDA
LA MALETA DE DINERO
EL CONSERJE DE LA ESCUELA
EL TESORO DE LA NORIA
EL CABALLO NEGRO
EL DIABLO ANDUVO SUELTO
El duende
EL DUENDE DE “EL AGUACATE”
LA NIÑA Y EL DUENDE
EL SOLAR BALDÍO
“EL CHANEQUE”
LOS DUENDES
POR EL CAMINO
EL DUENDE ENAMORADO
LAS TRAVESURAS DEL DUENDE
LOS TRAVIESOS
JUGANDO CANICAS
LA NIÑA Y LOS CHANEQUES
EL POTRERO
EL DUENDE DEL MANGO
FUE EN LA NORIA
UN NIÑO CHAPARRITO
EL DUENDE
LOS NIÑOS DUENDES
UN NIÑO MUY BONITO
EL DUENDE DEL COLUMPIO
EL DUENDE DEL DURAZNO
MATEO
LOS XOCOYOLES
Brujas
LA BRUJA CASILDA
LAS BRUJAS
LA NAHUALA
LA ANCIANA
Animales
LA SERPIENTE DORADA
EL TECOLOTE
EL GATO DEL CEMENTERIO
EL TECOLOTE DEL PANTEÓN
LA RANA
LA CHIVA
Personajes
EL ROBACHICOS
LA BRUJA TAMINA
EL MANO NEGRA
Lugares
EL GRAN MISTERIO
EL MANANTIAL
EL POCITO ENCANTADO
LA FUNDACION DE ÁLAMO
ESTERO DEL IDOLO
CONCLUSION
AGRADECIMIENTOS
CRÉDITOS
Todas las páginas

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Leyendas de mi Pueblo

TRABAJO DE INVESTIGACION

DE LAS LEYENDAS

TRADICIONALES

DE ÁLAMO Y SUS COMUNIDADES.

 




 

INTRODUCCION

               Aún que digan “que las palabras se las lleva el viento”, esto no ha evitado que el uso oral de la palabra haya sido la forma más eficaz de comunicación que el hombre pudo haber creado. En el transcurrir de la humanidad, en todos los tiempos, la fuerza de las palabras ha permitido mantener y relacionar a cada una de las generaciones que hasta hoy se conocen; aún cuando las culturas han sido distintas, así como las razas, la lengua ha logrado que cada uno de los hechos y aconteceres del hombre hayan podido ser transmitidos de generación en generación valiéndose de la palabra o del relato.

Cada uno de los acontecimientos que han surgido en torno al hombre, se han podido manifestar a través del relato oral, el cual es concebido como un producto de la colectividad humana. Y precisamente, una de esas manifestaciones orales ha sido lo que hasta hoy conocemos como leyenda.

Las leyendas no son importantes sólo por transmitir acontecimientos humanos; las leyendas son precisamente formas de expresión oral que logran hacer manifiestos los sentimientos, las pasiones, las sensaciones y las emociones más recónditas y extrañas del hombre; las leyendas son relatos que permiten vincular lo más humano del hombre con lo más extraño que hay en su entorno, y en esto radica principalmente la fuerza que ejerce una leyenda en el momento de ser transmitida.

En nuestra cultura mexicana, y por ende veracruzana, las leyendas han sido los tipos de relatos orales y escritos que más hemos conservado; hasta se ha perdido y dar a conocer la historia de nuestro pueblo a través del relato.

Esperamos que este trabajo también pueda contribuir en la conmemoración de los cien años de nuestro municipio y de nuestra ciudad; y sobre todo, que esta obra pueda ser reconocida como una labor de investigación literaria, cuyo único propósito es el de aportar un acervo cultural al pueblo de Álamo, particularmente a las nuevas generaciones, ya que en ellas se fundamenta el porvenir y el futuro de nuestro pueblo.

 


Fantasmas

Presencias sin forma definida que alteran nuestros

nervios y ponen la piel “chinita”…


 

LA NIÑA QUE FLOTA

En la comunidad de La Ceiba, municipio de Temapache, Álamo, Ver., se cuenta que hace ya varias décadas existía una casa situada a orillas del río, era muy grande pero con aspecto desagradable por el paso del tiempo. Es conocida por muchos de los habitantes que viven cerca de este pueblito.

Según la historia esta casa fue abandonada por los dueños que eran muy ricos, en ella aparece una niña que flota.

Cuenta la gente que conoció de cerca este suceso, que la casa fue abandonada porque la niña que flota asesinó a la hija menor de los dueños de ese lugar, y que los padres de la niña fueron testigos del hecho, pero no pudieron hacer nada porque había una gran fuerza externa que se los impedía. Por tal motivo la madre se volvió loca y decidió quitarse la vida.

Dicen que aquella niña que aparece flotando ahorcó a la hija menor del matrimonio porque tiene odio contra todos los niños, pues no soporta verlos reír, cantar, jugar; el motivo es que cuando ella fue niña su vida no fue muy agradable, ya que ella no tuvo la atención y el cariño necesario de sus padres.

 


CAZANDO UN FANTASMA

 

Cuentan que en la comunidad de San Lorenzo, también conocida como Solís de Allende, se ha visto a una mujer vestida de blanco, según los habitantes de ese lugar se trata de “la llorona”.

En cierta ocasión, un grupo de jóvenes decidieron ir de caza, prepararon las provisiones y las armas; ya en el camino comenzaron a perseguir a un animal muy parecido al jabalí, corrían y corrían detrás de él, pero parecía imposible alcanzarlo; sin embargo, no todo quedó ahí, cuando alumbraron con la lámpara alcanzaron a ver su cara, es todo lo que vieron porque no tenía cuerpo. Se quedaron impresionados. Después de intercambiar opiniones tratando de explicar lo que habían visto, continuaron su aventura.

Más tarde, comenzó una tempestad no pronosticada, sin embargo, los muchachos no desistieron y siguieron su camino; hubo un momento en que escucharon ruidos extraños, giraron la mirada hacia el lugar de donde provenían y vieron la figura de una muchacha muy linda, ellos la persiguieron, y cuando según la habían encontrado, desapareció. Pensaron que se había ocultado y la buscaban con mucha cautela, pero cuál fue su sorpresa, la muchacha estaba a sus espaldas, ella corrió, o mejor dicho, voló, ya que sus pies no estaban tocando el suelo. Los muchachos comenzaron a correr todos espantados. Al pasar por el panteón, oyeron voces y risas, de momento volvieron a ver a la muchacha, pero no entendían cómo había llegado hasta ahí si ellos habían corrido lo más veloz que podían. Sin embargo, más grande fue su asombro cuando iluminaron su rostro, lo único que vieron fue la oscuridad de sus ojos, ya que su rostro era… el de la muerte.


 

EL FANTASMA DE MI ABUELITO

 

A todos los chamacos de la familia nos han contado que mi abuelo murió dentro de su casa de manera trágica, en un accidente; ahora vivimos en el mismo solar, pero mis papás construyeron una casa nueva y tiraron la que era de mi abuelito.

Lo que voy a contar es muy conocido en la familia y ya estamos acostumbrados a los fenómenos que ocurren.

En la casa, por las noches, de repente se siente la presencia de alguien, hemos notado mis hermanos y yo que pasa una sombra de una habitación a otra; lo hemos comentado con papá y mamá y nos dicen que sólo es nuestra imaginación, pero suceden cosas que no pueden tener una explicación lógica. A mi madre se le enciende sola la licuadora, justo cuando ya nadie va a utilizar la cocina; en la sala hay un sillón mecedor que, cuando ya todos dormimos, se mece solo.

También en la habitación de mi hermano, la televisión se apaga sola, por el momento pensaba que sin querer la había programado, pero después de revisarla se dio cuenta de que no estaba programada. En algunas ocasiones se enciende sola por las madrugadas, pero mi hermano ya no tiene miedo, sólo la apaga, habla con mi abuelo y le dice que ya se vaya a dormir porque es tarde y él tiene que levantarse temprano.

Otro de los detalles es que también las puertas de las habitaciones se cierran solas, mi mamá pensaba que se hacía una corriente de aire en el interior de la casa y que por eso ocurría, pero aún después de atorarlas con algún objeto, las puertas se siguen cerrando. Insisto en que toda la familia ya está acostumbrada, algunos familiares y amigos no pueden creer los fenómenos que ocurren en casa, pero una persona que sabe sobre fantasmas nos ha platicado que es mi abuelito, que no se ha ido de la casa y que nos quiere, por eso nunca nos va a hacer daño.

 


EL RECADO DEL FANTASMA

Esto sucedió en un pueblo cerca de Álamo.

Se dice que hace muchos años pasó algo insólito, un día cuando el sol quemaba en la carretera que va para Chapopote, cerca del puente, circulaba un autobús; de repente, se atravesó una muchacha, nadie vio de donde salió; el conductor alcanzó a frenar, pero la muchacha cayó. El chofer y la gente se bajaron para ver a la joven y prestarle auxilio, pero, para asombro de todos, ésta se levantó como si nada hubiera pasado y pidió hablar a solas con el chofer.

El chofer cuenta que la muchacha le pidió que le diera un recado a su papá y le dijo el mensaje, después la muchacha se fue y el chofer emprendió el viaje junto con los pasajeros, una vez llegado a su destino, bajó el pasaje y se dirigió a buscar la dirección de la joven atropellada.

Buscando aquí y allá por fin dio con la dirección que le señalara la joven y tocó a la puerta, instantes después salió un señor, de mirar sombrío y entristecido, preguntó al que tocaba que en qué lo podía servir; el muchacho le preguntó que si ese era el domicilio de Sara. El señor movió la cabeza afirmativamente, pero con un aire de profunda tristeza le dijo al joven: - mi hija murió hace unos meses-. Al escuchar esto, el muchacho se desmayó.

Después de recobrar el conocimiento contó al padre de la muchacha lo que había sucedido, el señor se sorprendió mucho, ya que en el lugar donde ocurrieron los hechos ahí había muerto la chica atropellada, pero asintió que cumpliría lo que pedía la chica en su mensaje póstumo: <no quiero tristeza en mi hogar, sólo alegría y una misa para la mujer que murió por culpa de un chofer inconsciente>.

 


EL FANTASMA DEL CAMINO

Cuenta mi abuela que hace tiempo cuando vivía poca gente en el rancho, una noche ella y mi abuelo salieron de la casa, a esperar a mi mamá que estaba con una vecina.

La noche estaba bastante silenciosa y tranquila, cuando de repente escucharon un ruido como si alguien se estuviese muriendo y pidiendo ayuda; entre más se acercaban, más se escuchaba, entonces, mi abuela se espantó y le dijo a mi abuelito que ya no se acercaran porque tenía mucho miedo

Al otro día mi abuelo fue a ver qué cosa había pasado, pero no encontró nada.

Dicen que en las noches, cuando la gente pasaba por ahí, escuchaban el mismo ruido.

Con el paso del tiempo, más personas fueron habitando el lugar, tumbaron el monte de donde provenían los ruidos y ya no escucharon nada.

Mi abuelo dice que tal vez alguien murió ahí y por eso escuchaban esos lamentos.

Algunos todavía dicen que escuchan la voz del fantasma o lo que sea. Pero yo nunca he escuchado nada.

 


 

LOS ANGELITOS DE TODOS SANTOS

Hace mucho tiempo, cuando estaba joven, en un festejo de Todos Santos mi mamá Lázara se levantó a las cuatro de la mañana y a mí me despertó a las cinco. Al lavarme la cara y las manos escuché un ruido extraño. Le hablé a mi mamá, y juntos, escuchábamos que unas personas iban hablando y otras se iban riendo, ese murmullo luego se fue perdiendo hasta que dejó de escucharse por completo.

Yo le pregunté a mi mamá que qué era ese ruido y me dijo que lo que escuchamos eran angelitos, porque era Todos Santos y era el primer día en que se le ofrenda a los muertos que fueron niños, y que ese día se le conoce como día de vigilia, desde entonces yo creo en eso.

 


EL FANTASMA

 

Una noche estaba con mis hijos: Manuela, Sixta y Lupe, nos encontrábamos solos porque mi esposo aún no llegaba, fue entonces que nos visitó doña Teresa y nos pusimos a platicar. La noche estaba muy oscura y de pronto escuchamos, doña Teresa y yo, unos ruidos muy fuertes, como si se fueran arrastrando palos o varas, los perros no dejaban de ladrar y de repente se dejó de oír.

Después doña Teresa se tuvo que ir a su casa, pero tenía miedo y la fui a dejar, cuando regresé decidí mirar por la puerta por lo del ruido y no pude ver nada porque ya era de noche.

Al otro día, fui a buscar a doña Teresa para que fuéramos a ver qué era lo que había hecho tanto ruido la noche anterior, pero no había ni rastro, por lo que pensamos que era algún fantasma o espíritu, pues no le encontramos explicación alguna a esos sonidos tan reales que escuchamos.


 

EL FANTASMA DE LA ESCUELA

 

Esta historia la platicó una señora. Cuenta que, cuando era niña, presenció el accidente de un niño que se mató en la escuela primaria.

Corrían los años de los 80’s cuando en la escuela primaria Salvador Díaz Mirón de esta ciudad, estaban realizando trabajos de albañilería, puesto que se estaba agrandando la escuela y había algunas aulas en construcción. Los salones estaban en obra negra, por lo tanto los niños tenían prohibido acercarse a dicho lugar; sin embargo, los niños son traviesos por naturaleza y uno de ellos subió a la azotea del edificio; corría por la orilla cuando se precipitó al vacío y encontró la muerte de manera instantánea.

Abajo, una niña observó la tragedia y contó que ella quiso cacharlo en el aire, pero no pudo. La niña se enfermó de espanto, no comía, no dormía, se la pasaba llorando. Sus padres preocupados la llevaron con una curandera, ésta les dijo que la seguía el espíritu del niño pero que con una “curación” la iba a liberar y así fue, se fue sintiendo mejor a medida que pasaba el tiempo.

Pero no le hicieron la curación a la escuela, ya que a muchos años de ocurrida la tragedia, cuentan los vecinos del lugar que de repente ven a un niño jugando en la azotea de ésta, y que ya han dado parte a los maestros para que tengan cuidado con los niños. Pero ellos no han visto a ningún niño y han podido comprobar a los vecinos que no hay acceso a la azotea del edificio, que a raíz del accidente en que le costó la vida al niño, optaron por cerrar la escalera con ladrillo y cemento y no hay modo de que nadie suba a la azotea.

o correr y reír a carcajadas en la orilla de la azotea.


 

EL FANTASMA DE LA NOCHE

Todo esto ocurrió en Palo Blanco donde se encuentra una mata de jacube, en este lugar siempre sale un fantasma en forma de mujer vestida de blanco.

Un día, un muchacho iba al baile al ejido vecino de la Camelia, cuando se encontraba en las orillas de Palo Blanco, se le apareció una mujer. Ésta le dijo que no fuera al baile, que mejor se quedara con ella, él le contestó que no; la mujer le volvió a decir que no fuera porque ella le iba a entregar algo. Entonces, el muchacho se empezó a asustar y trató de correr, pero la mujer lo abrazó. Él le preguntó que por qué estaba muy fría, ella no le contestó y lo dejó ir.

El muchacho se regresó a su casa. No volvió a salir a ningún baile; pasaron los días y el joven se enfermó; después de quince días murió, se dice que fue a causa del miedo que le provocó aquella aparición.


EL ÁNIMA EN PENA

Se cuenta que en la localidad de Nuevo Jardín, por la noche, en las orillas del arroyo, se escucha un ánima en pena; algunas personas dicen que era un señor que vivía solo, que no tenía ni esposa ni hijos. Esta persona era alcohólica. Una noche, ya de madrugada, llegó a su casa. Cuenta uno de sus vecinos que desde que llegó comenzó a pelear con alguien, pero no se explican con quién, ya que lo vieron llegar solo.

Nada más escuchaban que entre gritos decía: -¡enano, déjame!, ¡enano!

Nadie intervino, pues pensaron que estaba jugando o que se había vuelto loco. Al otro día, un pescador andaba por las orillas del arroyo y encontró el cuerpo de esta persona ya sin vida, presentaba señas de haber sido golpeado, aunque murió ahogado. Unos piensan que se ahogó solo, pero otros dicen que fue el duende. Nunca se supo con certeza cómo murió.

Ahora, algunas personas dicen que han escuchado gritar a alguien por las noches, a orillas del arroyo y muchos piensan que es el ánima de este hombre solitario.


LEYENDA DE LOS ESPÍRITUS

Cuenta la historia que una señora había ido al velorio de un joven que habían atropellado.

Este joven regresaba de su trabajo en bicicleta cuando lo arrolló un camión, le aplastó la cabeza y su cuerpo quedó tan destrozado que tuvieron que colocarlo en una bolsa; la cabeza se le había desprendido del cuerpo.

Al regresar del velorio, como a las dos de la madrugada, la señora tenía que pasar por naranjales y partes oscuras para llegar a su casa. Iba caminando con su nieto y ambos tenían la sensación de que los perseguía “algo” que se acercaba cada vez más. De repente, “eso” les cayó encima, como si fuera la sombra de un árbol y no podían caminar; sentían que no avanzaban y aunque querían, tampoco podían correr.

Por momentos creían que flotaban empujados por una fuerza desconocida y en un tramo donde había algo de luz, vieron cómo se reflejaba la sombra de una extraña persona.

Cuando estaban por llegar a su casa, desesperadamente, querían llorar, pero ni siquiera podían hablar. Después de un rato, el trance pasó y entraron corriendo a su casa, llorando muy espantados.

 


LA MUJER HERMOSA

Se dice que hace mucho tiempo hubo una señora que vivía en un lugar llamado El Callejón del Diamante, se dice que ella era muy hermosa y que todo aquel que la veía, quedaba impactado con su belleza.

Tenía muchos admiradores, pero ella simplemente se negaba a sus propuestas de amor. Un día todo cambió…

Resulta que una tarde de agosto, muy calurosa, ella decidió ir a darse un baño al río, que estaba a unos pasos de su casa; al llegar, se metió totalmente desnuda, suponiendo que nadie la iba a ver, pero tal fue su sorpresa cuando un maleante se le tiró encima y abusó de ella.

Como consecuencia, ella quedó embarazada. A partir de entonces, se volvió una persona triste, más porque la gente del pueblo rumoraba a sus espaldas. Después de esto, ninguno de los admiradores volvió a buscarla, todos la veían burlonamente.

Cuenta la leyenda que ella no soportó las humillaciones del pueblo y se ahorcó en la parte central de su casa. La historia no termina aquí, porque tiempo después se hablaba de un alma en pena que recorría las calles pidiendo perdón.

Cierto día, un taxista fue a ese pueblo a dejar una carrera, se quedó ahí todo el día tomando bebidas embriagantes hasta que se durmió. Cuando despertó, ya era muy noche; él, con la resaca, no quería seguir trabajando.

Esperó a que se le pasara el malestar y emprendió su regreso. Vio en el camino, a lo lejos, a una muchacha muy alta que le hizo la parada. El se detuvo y la mujer abordó el taxi. En el camino, para no aburrirse, él le hacía plática, pero ella sólo respondía moviendo la cabeza, de tal manera, que el chofer se aburrió y dejó de hablar.

Ella con la mano señaló un cementerio, al ver eso, el chofer sintió un gran temor y en ese momento cayó en un estado de inconsciencia.

Al día siguiente, de una manera misteriosa el coche apareció en medio del cementerio, estaba vacío, en un completo silencio, percibiéndose un ambiente terrorífico.

Nadie se explicaba cómo era posible que hubiera un coche en medio del cementerio, si no había ninguna entrada para vehículos; sólo estaba una, pero era para que accesaran las personas.

Además, no se percibía ninguna rodada, a pesar de que un día antes había llovido. El chofer no vivió mucho tiempo, pues a un mes exactamente, falleció en un accidente automovilístico.

 


EL ARROYO

Hace años, en donde los naranjos abundan por el ejido de Tierra Blanca Boxter, en un potrero, había un arroyo que tenía el agua muy limpia y clara; ahí pasaban a llenar sus botellas los trabajadores del campo. Un día, de regreso de la milpa, a lo lejos se escuchaban voces como si se tratara de una discusión. Se oía que gritaba una señora, como si la estuvieran ahogando. Cuando los trabajadores se acercaron al lugar; efectivamente, en un remanso del arroyo, flotaba el cuerpo inerte de una mujer.

Cuentan los pobladores que su esposo, cegado por los celos, ahogó a su mujer porque la creyó infiel; sin embargo, todo había sido un chisme preparado por su hermano, quien tuvo la osadía de fijarse en su cuñada y de tratar de enamorarla, pero ésta lo rechazó. Al sentirse despreciado, se enfureció y le dijo a su hermano que había tenido que ver con su esposa, porque ella se le había ofrecido. Después del asesinato, el esposo conoció la verdad y reconoció que había cometido un grave error, por lo que, decidió ahorcarse.

Desde entonces, cuando alguien va a bañarse en el arroyo, cuentan que en sus aguas se forma una ola como silueta de mujer, que se levanta y les dice a las personas “llévame contigo”.

Ese arroyo sigue siendo muy bonito, pero ya nadie quiere bañarse ahí y cada vez que alguien pasa por ese lugar, dicen que escuchan murmullos y cómo discuten dos personas, como el día en que ahogaron a la señora.

 



LA LEYENDA DEL APARECIDO

Cuenta la gente que hace muchos años se aparecía en el río Pantepec, que pasa por Jardín Viejo, un niño que lloraba desesperadamente y que cuando se acercaban a él, éste desaparecía. Eso sucedía más o menos a media noche.

Una tarde, un señor llamado Lorenzo fue al río con sus amigos a pescar, pero se les hizo muy noche y decidieron quedarse a dormir ahí y seguir pescando al día siguiente. Cuando ya casi todos estaban dormidos, Lorenzo escuchó unas pisadas que se acercaban hacia donde sus amigos y él estaban acostados, en eso, miró su reloj y vio que eran las doce de la noche en punto, entonces Lorenzo sintió mucho miedo, pero aún así, decidió ir a investigar quién hacía ese ruido.

Apenas había dado unos cuantos pasos cuando se encontró con un niño vestido de negro y Lorenzo pensó que a lo mejor era hijo de uno de los pescadores que también se había quedado a dormir en el río, pero del otro lado; entonces Lorenzo le preguntó que dónde estaba su papá, que si ya se había dormido o que si seguía pescando, pero el niño comenzó a llorar cada vez más fuerte y apuntó hacia una poza que ya estaba seca; después de eso, el niño desapareció y Lorenzo se quedó pálido y sin poder moverse por lo que acababa de ver.

Al otro día, Lorenzo les contó a sus amigos lo que había visto y uno de ellos le dijo, que su abuelita le había platicado la historia de ese niño que había ido a pescar con su papá, pero que como no conocía muy bien el río se aventó a una poza y que el papá, para tratar de salvarlo, se fue tras de él, pero que los dos se ahogaron.

Esta historia dejó a todos helados, en especial a Lorenzo, ya que la noche anterior, había visto a un muerto; después de eso, ya casi nadie iba a pescar hasta que pasaron unos años, pero nunca más se volvió a ver al niño.

 


 

EL ESPECTRO EN EL CAMION

Una maestra me contó la anécdota que le ocurrió a un señor en el camino…

Hace algún tiempo, un señor transitaba por la carretera, a bordo de un camión, en el que viajaba solo. Durante el trayecto, se encontró a una señora vestida de blanco que le pidió un aventón. El señor detuvo el camión y la mujer se subió. Después de un rato, el señor le empezó a hacer plática, pero la señora no contestaba.

Entonces, cuando ya iba llegando a la comunidad, el chofer sintió un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, advirtiendo la presencia de algo sobrenatural. Armándose de valor, volteó a ver a la mujer y se dio cuenta que ésta había cambiado su apariencia: ahora era fea, tenía la cara desfigurada y repentinamente, desapareció. El señor se asustó mucho, frenó bruscamente, se bajo y fue corriendo a la comunidad a pedir ayuda.

Al llegar ahí, dijo que en su camión había una mujer que estaba muerta, entonces, las personas de ese lugar fueron a verificar lo que el hombre relataba… pero ahí, no había nadie.

 


LA MISION DE UN HERMOSO ANGEL

Cuenta la leyenda que hace muchos años en el actual ejido Cerro Dulce, perteneciente al municipio de Álamo, Temapache, Veracruz; una joven se aparecía por las noches en los alrededores del rancho, en especial, por la carretera donde transitaban los traileres, ahora conocida como “la carretera vieja”. Muchos eran los que decían haberla visto y contaban que era muy hermosa, parecía una preciosa virgencita y algunos, que aún no la habían visto, tenían gran curiosidad por conocerla, ya que se hablaba tanto de ella, que querían descubrir el misterio que encerraba todo esto.

Una noche, un joven llamado Valentín, llegó de Poza Rica como a las tres de la mañana. El autobús lo dejó del lado del pastizal para las vacas, propiedad de don Alejandro Méndez; el camino llegaba justo enfrente de donde estaban los pozos que abastecían de agua a los lugareños, y como traía muchas cosas, caminaba despacio; ya le faltaban tres casas para llegar a la suya cuando se detuvo a descansar al lado de un árbol de anonas. En el momento en que iba a retirarse, se le cayó la cartera y en medio de la oscuridad, no la encontraba; de repente, escuchó la voz femenina más dulce que jamás había oído y ésta le decía que deseaba hablar con él; que no se asustara. Valentín accedió y como ella era muy bonita, no sintió el más mínimo miedo. Lo único que le asombró fue que a esa hora nadie pasaba por ahí y esta muchachita estaba completamente sola, en medio de la tenebrosa oscuridad.

La joven comenzó a narrarle que ella había sido hija de un gran hacendado, que habían vivido en el estado de Puebla por el año de 1810; le dijo que su padre era muy rico y que acostumbraba complacerla en todo, puesto que era su única hija y que la quería mucho. Por el mes de marzo, ella cumpliría los quince años y como regalo, su padre le daría un viaje a Europa, sólo que para ello, tenía que llegar al puerto de Veracruz desde donde zarparía el barco, así que ella y su padre hicieron el viaje desde Puebla pero resulta que por una confusión, erraron el camino y fueron a dar a un lugar que ahora se conoce como Cerro Dulce; ahí, unos coyotes hambrientos les salieron al paso y atacaron a los caballos, los cuales repararon y voltearon el carruaje. Ella se fue rodando por el suelo y se golpeó la cabeza perdiendo el conocimiento. Su padre murió en el instante, así que, cuando ella murió y tenía que entregar su alma al creador, unos ángeles bajaron del cielo y le dijeron que tenía que quedarse ahí, en la tierra, porque tenía una misión que cumplir.

El ángel le dijo que tenía que cuidar a todas las personas que estuvieran en peligro en esa carretera, y así lo hizo. A partir de ese momento, ella había cuidado a mucha gente, de tal forma, que pasó a ser como un ángel de la guarda para todos los que la necesitaran.

Además, dijo a Valentín que nunca le temiera, ni pensara que todo lo que le había relatado era mentira y que le dijera a los pobladores de ese lugar lo que ella le había dicho, para que no temieran y supieran que ella los protegía.

Ya estaban muy cerca de la casa de Valentín, cuando la joven le dijo que a él también lo había salvado, ya que dos casas antes, lo estaban esperando unos maleantes para apuñalarlo por la espalda y robarle; por eso, ella lo acompañaba, pues de esa manera lo hacía invisible para los maleantes.

Valentín llegó a su casa muy desconcertado y se acostó, mas no pudo conciliar el sueño. Al día siguiente, le contó a los lugareños la experiencia que vivió en la madrugada y todo lo que la joven le había contado y cómo le salvó la vida, pero no todos le creyeron.

A partir de ese momento, los pobladores de ese lugar, dejaron de hacer suposiciones falsas acerca de aquella jovencita que se aparecía por las noches.


 

LOS TIZNADOS DE LA CAÑADA

El casco de la hacienda de “El Tigre” se encuentra ubicado entre los ejidos de La Pimienta y Sombrerete, el terreno que da acceso al casco es una colina con subidas y bajadas, en este lugar había un lugar al que llamaban “La Cañada”, porque había una zanja y en su alrededor muchos árboles frondosos que sombreaban el lugar; en ese sitio, se escondían unos maleantes y esperaban a la gente que ya habían escogido para prepararles una emboscada; el lugar se prestaba para ello, por eso ahí acostumbraban a robar y matar a las víctimas.

Desde el casco de la hacienda, como a las doce del día, se vislumbraba a una mujer que bailaba en la cañada; contaba la gente que habitaba en esa región, que era el alma de alguna mujer que fue ultrajada y muerta a mano de los malhechores que se perpetraban en ese lugar. También se escuchaba que salían unas personas “tiznadas”, cuya identidad la gente del pueblo desconocía, no sabían si eran los malhechores o las almas de sus víctimas.

Por lo tanto no nos dejaban salir a ningún lado por temor a que los “tiznados” nos hicieran lo mismo que a las personas de la cañada.


 

EL CANAL DE AGUAS NEGRAS

Por la colonia 25 de abril pasa un canal, en ese lugar varias veces, en tiempos de tormenta se ha escuchado a la llorona, se le ha oído gritar y mucha gente se ha atemorizado, pero esa es su ruta. Un diez de mayo se escuchó pasar cerca de las doce de la noche, se percibián sus lamentos y por esos días no hay tormentas, más bien se cree que es el lugar el que se presta para dichas apariciones.

Lo anterior lo refiero porque en una ocasión unas jóvenes que regresaban por la madrugada de un baile, vieron en ese mismo canal la sombra blanca de un joven que flotaba sobre el agua, más adelante lo vieron brincar una barda y entrar en la casa donde vivía una muchacha con la que tenía amoríos, ahí también habitaba la madre de ésta y dos pequeños, hijos de la muchacha. Las jovencitas que lo vieron alcanzaron a reconocerlo y les extrañó que no intentara entrar por la puerta, sino como delincuente, brincando la barda.

Al otro día, le platicaron a la mamá lo que habían visto y ella les dijo que eso no era posible, puesto que muy tempranito le habían ido a avisar que en la noche anterior habían asesinado al muchacho. Según las creencias de la gente, se dice que fue a despedirse de su familia.

 


EL HOMBRE DEL COSTAL

Cuentan que en un lugar cercano, por donde pasa la carretera federal, por las noches sale un viejecito muy maltrecho cargando un costal enorme, aparentemente muy pesado, cuando se aproximan los coches, el viejito voltea para pedir un aventón a los automovilistas, algunos lo ignoran y otros lo ayudan.

De las personas compadecidas que lo han ayudado se escucha que cuando lo suben al auto, el viejito les sonríe, y da las gracias por haberlo ayudado con su costal, pero cuentan que unos kilómetros más adelante, voltean a ver y ya no traen a nadie.

Algunas personas relatan que lo han ayudado, pero que el viejito no deja que le toquen el costal y cuando lo hacen, les dice groserías y no se sube al auto; una vez que los conductores avanzan y miran por el espejo retrovisor, se les hela la sangre porque no hay nadie, solo una pequeña estela de humo en el lugar donde estaba parado el viejecito.

Otros cuentan que lo han llevado hasta su destino, bajan del auto y lo ayudan con su costal, que por cierto está muy pesado, van platicando con él, el viejecito va contento y sonriente, agradeciendo que todavía haya en el mundo gente buena que se compadezca de un anciano como él. Los va guiando hasta el lugar donde termina su aventón, éste es un parque donde se encuentra una cruz, cuentan quienes lo han llevado hasta ahí, que el viejecito se baja del auto con el costal al hombro y se para frente a la cruz, después, poco a poco se va consumiendo en el suelo hasta desaparecer.

 


EL FANTASMA DEL NARANJAL

Cuentan que hace algunos años en un ejido del municipio de Temapache, vivió un señor que era muy cuidadoso de sus propiedades, pero al mismo tiempo muy bondadoso y desprendido de sus pertenencias.

Platican los pobladores que cuando este señor llegaba, toda la población se le acercaba ya que algo obtendría. Él, cuando iba al ejido, mandaba que mataran un borreguito o un marranito, hacían carnitas, chicharrones y la gente se acercaba a comer, nunca mezquinó nada, por el contrario; gustaba de ayudar a la gente, aún cuando se quedara sin dinero o se echara deudas encima.

Cuentan que era compadre de casi todo el ejido, la gente lo apreciaba mucho y buscaban cualquier pretexto para que apadrinara a sus hijos. Este señor siempre recorría a pie su naranjal y se sentía orgulloso de ello, porque lo había logrado con mucho esfuerzo y era lo único que le iba a dejar a sus tres hijos cuando muriera. Pasó el tiempo y de repente recibieron la noticia que el señor había muerto en un accidente, toda la población lo sintió mucho, pero de ahí empezaron a surgir los comentarios de haberlo visto caminando por el rancho.

Cuenta una señora que le habló en el naranjal y que le pidió que le dijera a su hijo Ramiro que fuera a verlo, así lo hizo la señora y dicen que cuando Ramiro fue a hablar con su papá, éste nunca se apareció, ni le habló, ni nada. En otra ocasión, le volvió a hablar a la misma señora y le pidió que fuera su hijo Pedro, pero ocurrió lo mismo, hasta que fue su hijo Joaquín, el más pequeño, cuando el fantasma de nuevo le habló a la señora, pero el muchacho no escuchaba nada, y pensaron que la señora se había vuelto loca; sin embargo, los tres hijos del señor platicaron y llegaron a la conclusión de que su papá sólo se podía comunicar con la señora, y que ella tenía ese don.

Desde entonces, cada que los muchachos quieren consultar algo con su papá acuden con la señora para ir al naranjal y poder comunicarse con él.

 


 EL AHOGADO

Don Amador, que fue muchos años jardinero de la hacienda La Noria que hoy es el ejido Cinco Poblados, contaba que hace muchos años en una parte del río Pantepec, que corresponde al lindero de la hacienda, se bañaba un señor muy malo al que le apodaban El Caimán, todos le tenían miedo y cuidaban mucho a las muchachitas del ejido, porque sospechaban que él se las llevaba al río, las violaba y luego las ahogaba, como hacen los caimanes con sus víctimas. En cierta ocasión en que “el caimán” se estaba bañando, sintió que algo o alguien lo arrastraba río abajo, pidió auxilio, pero como en el rancho no lo querían, los que escucharon sus gritos no hicieron caso, decían que se las arreglara solo; no lo ayudaron, mas él había visto perfectamente quiénes estaban cerca y lo habían dejado sin ayuda.

Pasó el tiempo y no volvieron a ver al famoso Caimán, se comentaba que se había ahogado. Poco a poco fueron muriendo inexplicablemente los que no le prestaron ayuda, algunos de enfermedad, otros decían que morían de viejos; lo cierto es que todos murieron. Cuando sepultaron al último, apareció flotando el cuerpo del caimán en un remanso del río.

Con el paso de los años se fue olvidando esta leyenda, pero las personas de antaño cuentan que aún escuchan el fantasma del ahogado que vaga por el lindero de la hacienda.


 UN FANTASMA TRAMPOSO

En el ejido “Cinco Poblados” perteneciente al municipio de Temapache, vive don Andrés con su familia y fue a él a quien se le apareció el fantasma de una mujer, pero una mujer muy tramposa…

Cuenta don Andrés que en un día común, como tantos otros, que pasaba a orillas del río Pantepec - pues su oficio era transportar a la gente de una orilla a otra en su bote- mientras esperaba acompañado de su hijo Raúl, de 15 años, a que llegara la clientela, una mujer muy hermosa, detrás de un matorral, le hacía señas para que la siguiera; como don Andrés siempre ha sido muy enamorado y ojo alegre, rápido se encaminó hacia el matorral, no sin antes avisar a su hijo que luego regresaba.

Caminó monte adentro por una vereda siguiendo a la mujer, pero como don Andrés era nativo del lugar y conocía a la perfección los caminos, se adelantó por otro lado, para salirle al paso a la mujer, más adelante, sin embargo, cuando tenía que interceptarla en el camino, se llevó la sorpresa de que no había nadie. De pronto, le entró el presentimiento de que su hijo estaba en peligro y corrió tan rápido como le fue posible hacia la orilla del río donde aún lo aguardaba su hijo.

Cuando don Andrés llegó donde su muchacho, éste le comentó: - Pa’ la muchacha que usted siguió apareció del otro lado y me hacía señas para que la siguiera. Entonces don Andrés comprendió que el fantasma no lo quería a él, sino que le tendió una trampa para que dejara solo a su hijo, pero el jovencito, gracias a Dios, no le hizo caso.


 DIA DE MUERTOS

Dice la gente que en la comunidad de “Cerro Viejo”, existió un matrimonio que no se ponía de acuerdo para la celebración del “Día de Muertos”.

La señora quería que su marido matara un marrano para la ofrenda, porque ya lo había prometido, pero el señor no quiso matar al animal y como pretexto, comentó que esas tradiciones no eran ciertas, que nada de eso existía y que los espíritus de los muertos jamás podrían regresar a comer.

Para eludir las insistencias de su familia, el hombre se fue a trabajar a la milpa. Al poco rato comenzó a escuchar muchas voces y dejó de trabajar, siguió escuchando y puso mucha atención, tan grande fue su asombro al escuchar a los espíritus hablar entre sí y comentar qué era lo que les iban a ofrendar a cada uno de ellos. Al escuchar esto, el señor salió corriendo rumbo a su casa y comentó a su mujer lo que escuchó.

Le comentó que algunos muertos decían que sí les habían ofrendado veladoras, tamales, chocolate, pan y que a otros sólo les habían puesto en el altar palos de tejocote; y que por todo esto, sí iba a matar el puerco para la ofrenda.

Cuentan los pobladores del lugar que cuando el señor se disponía a amarrar el puerco para sacrificarlo, éste dio un giro sobre sí y cayó encima del señor causándole la muerte por asfixia.

Desde entonces, cada dos de noviembre su espíritu anda penando por el lugar.

 

la leyenda que hace muchos años, en el rancho “Dos Arbolitos”, perteneciente al ejido de Estero del Ídolo, había una muchacha que siempre salía a pasear con su novio todas las noches; él la llevaba de la mano y se perdían por un camino muy solitario que conducía hacia las fincas. Un día, su novio le pidió la prueba de amor, pero ella respondió con una negativa, ya que sus principios eran muy sólidos y jamás haría algo incorrecto.

El muchacho dejó que pasara el tiempo y como la muchacha seguía firme en sus convicciones de llegar virgen al matrimonio, no quiso entregarse a su novio y decidió terminar con él.

El muchacho enfurecido, se trastornó pensando que si la chica no era de él, no iba a ser de nadie, entonces la mató a puñaladas y la colgó de un árbol. Mucho tiempo después apareció el cuerpo sin vida del muchacho, en una barranca solitaria, muy lejos de ahí.

Ahora cuando los camioneros pasan por el camino donde ocurrió la tragedia, ella sale y les pide “aventón” y cuando éstos se detienen, alcanzan a ver que la joven está acuchillada y que tiene una cuerda atada al cuello.

 

 

La llorona, En la noche,

una mujer de

blanco…

 


UNA MUJER MISTERIOSA

Se cuenta que en la calle Ferrocarril de la comunidad de Monte Chiquito, en el barranco cerca del arroyo, se apareció una mujer vestida de blanco. Fue el 31 de diciembre del 2003 cuando unas personas andaban buscando un cerdo para la cena de fin de año, de repente escucharon ruidos muy feos; con cierto temor buscaron de dónde provenían y pudieron ver a una mujer de aspecto extraño; dicen que se metió en el callejón que está a un costado del templo.

Aquellas personas la fueron siguiendo, pero inexplicablemente, desapareció. En ese momento un escalofrío recorrió el cuerpo de los presentes que, espantados, todavía escucharon quejidos lastimeros pero ya no siguieron buscando.

Varios vecinos la vieron y todos se atemorizaron.

Hasta ahora ya no la han vuelto a ver, pero algunas noches se siguen escuchando ruidos y se cree que esta mujer misteriosa es… la llorona.


 LA LLORONA DEL BORDO

Cuentan que hace algunos años, por el bordo, a orillas del río, se aparecía todas las noches una señora vestida de blanco como a las 12, se dice que la veían que caminaba unos cuantos metros y después desaparecía.

Una noche, un señor llamado don Juan fue al río a pescar y decidió irse temprano a su casa porque no hubo mucha pesca, al ir subiendo el bordo se apareció la señora de blanco y como no había visto una mujer tan hermosa como ella, la siguió hasta que se le perdió, se asustó y salió corriendo.

Al otro día, don Juan contó lo que había visto la noche anterior y nadie le creyó, le dijeron que estaba loco. A la noche siguiente, para demostrar que no estaba loco decidió tomar unas fotos a tan hermosa mujer, y ocurrió lo mismo; ella se apareció y él aprovechó para tomar las fotos. Amaneció y llevó a revelar el rollo que había tomado, pero la sorpresa fue que al verlas no apareció la mujer en ninguna fotografía.

Llegó la noche y decidió ir al bordo para ver a la mujer, la gente cuenta que cuando se le apareció le pudo ver la cara, porque al día siguiente algunos trabajadores que pasaban por el bordo encontraron el cuerpo de don Juan, sin vida; como no había rastro de golpes ni heridas, dicen que la mujer que él contaba que había visto fue la que se lo llevó porque aparentemente no se encontró motivo alguno de su muerte.

Pero en realidad, nadie sabe si fue real o sólo un mito aquello que vivió esa noche don Juan.


LA MUJER DEL VESTIDO BLANCO

Cuenta la gente que hace muchos años en el ejido Pueblo Nuevo, cuando aún tenía pocos pobladores, todas las noches aparecía una mujer con un vestido blanco muy largo que le cubría hasta los pies, su pelo también era muy largo. Específicamente se narra que en una ocasión dos hombres que estaban bebiendo de noche, afuera de su casa, vieron pasar a una mujer que les llamó mucho la atención porque les pareció hermosa, a pesar de no haberle visto la cara; así que, decidieron seguirla y mientras ellos caminaban, ella se alejaba rápidamente, entonces, se dieron cuenta que parecía que iba caminando, pero en realidad no tocaba el suelo.

La curiosidad de los hombres era muy grande y se obsesionaron por querer ver su rostro, la mujer no emitía sonido alguno, solo daba vueltas sin rumbo fijo, como buscando algo; cuando al fin, después de mucho rato de perseguirla, ella volteó a verlos, fue tan fuerte la impresión que recibieron que, según cuentan, tenía un rostro espantoso y deforme cuando ellos esperaban ver una cara hermosa.

Después del terrible susto y de haberse alejado tanto de su casa no supieron cómo regresaron, pero al llegar contaron a sus respectivas esposas lo que les había sucedido y ellas no les creyeron. Gracias a la experiencia vivida, estos hombres decidieron no volver a seguir a ninguna mujer.

Ya pasado algún tiempo la mujer dejó de aparecerse y la gente comenzó a salir de nuevo de noche sin tener miedo.


 SUCEDIÓ EN LAS VÍAS

Cuenta mi abuelita que cuando ella era pequeña tenía un tío al que le gustaban mucho el vino y las mujeres, mas no así el trabajo.

Decía que su tío se pasaba toda la tarde en la pulquería, que ya caída la noche se regresaba solo hasta su casa, la cual estaba bastante lejos. En una de tantas, su tío vio una hermosa silueta de mujer que caminaba sobre las vías del tren y que con su andar cadencioso lo incitaba a seguirla y así lo hizo; caminó mucho sobre las vías siguiendo a aquella mujer, a medida que avanzaba, su cuerpo sudaba y poco a poco se le iba pasando el efecto del pulque. Cuando ya había caminado varios kilómetros, empezó a notar que la mujer no caminaba, sino que flotaba, le puso mucho cuidado y nunca le vio los pies por lo que decidió correr y alcanzarla, pero no lo logró, volvió a intentarlo, y cuando estaban muy retirados del pueblo, al fin la alcanzó, ella volteó y al ver su rostro de caballo se desplomó como fulminado por un rayo.

Pasaron muchos días sin que apareciera, cuando por fin lo encontró la gente del pueblo, lo único que alcanzó a contarle al doctor fue que había visto a una mujer de facciones horribles que le había causado un fuerte impacto por lo que perdió el conocimiento; además le recomendó a sus familiares que nunca siguieran a la mujer con cara de caballo. Poco tiempo después murió, dice el doctor que debido a la fuerte impresión y al alto grado de alcohol que almacenaba su sangre le dio un infarto y murió, que probablemente fue una visión lo que tuvo, pero muchos pobladores afirman haberla visto ya varias veces.



LEYENDA DE LA LLORONA

Cuenta la gente que por las noches se aparece en ciertos lugares una mujer vestida de blanco que grita y llora afirmando que busca a sus hijos,

los cuales asesinó cuando era joven. Se dice que fue una mala madre y no los quería, tampoco quería a su esposo, a quien por igual, le quitó la vida injustamente.

Las penas que le causaron sus actos fueron tales que ella pudo regresar desde el otro mundo para buscar los cuerpos de sus hijos y pedirles perdón por lo que les hizo.

Con esa condena ha permanecido por muchísimos años desde la época de la colonia; tiempo en que empezó a rumorarse que en lugares específicos de la ciudad de México, una mujer de blanco salía de un callejón durante la madrugada y daba unos espantosos gritos.

Otros cuentan que era una mujer que venía montada en un caballo, también blanco, con una larga cabellera que impedía ver su rostro. Al que se le aparecía supuestamente moría al poco tiempo y no alcanzaba a contar todo lo que le había sucedido.

Actualmente se han dado otras circunstancias, ahora aparece en los ríos que es lo que precisamente voy a relatar.

Un maestro que reside en la ciudad de Álamo me contó que una noche en que la luna dejaba ver todo sujeto presente en ese río, se le ocurrió salir a pescar, puesto que era la época en la cual los peces se dejan ver durante la noche. El maestro Roberto Asís G., afirma que se dirigió junto con un amigo al río y justo cuando iban a empezar a pescar se escucharon ciertas voces que venían desde lo más profundo de los montes, entre esas voces se alcanzaba a distinguir la voz de una mujer que lloraba de una manera exagerada.

Esto no le preocupó en un principio, sin embargo, después de unos minutos, la situación comenzó a desesperarlos, puesto que los gritos aumentaban de manera considerable y parecía que la mujer se acercaba cada vez más a ellos, lo que causó que suspendieran su labor por unos instantes.

Una vez que los gritos cesaron un poco, se dispusieron a continuar con su trabajo, sin embargo, de nuevo esa voz se hizo presente y los señores prefirieron no hacerle caso.

Terminaron de pescar, esa noche recogieron una gran cantidad de peces, lo que les hizo caminar lentamente por las orillas del río.

Mientras seguían caminando, la mujer al fin dejó verse desde lejos, debido a ello, se preocupó el profesor y se atrevió a acercarse a la señora que él suponía que era; se dio cuenta entonces de que no se trataba de una persona normal y se asustó tanto que salió corriendo junto con su amigo.

La mujer lo siguió y se pudieron dar cuenta de que no caminaba, sino que estaba flotando. Afortunadamente pudieron escapar de ella y contarme ahora lo que yo les narré.

Seguramente habrá tantas experiencias de personas que nos hablen de esa mujer misteriosa que aún nos sorprende en esas noches solitarias.


LA MUJER DE LA ZANJA

Hace muchos años en la comunidad de La Noria, había un niño que siempre iba a dejar lonche a su papá y a sus hermanos, por las mañanas. Para llegar al lugar donde estaban tenía que pasar por una zanjita. En una ocasión, el niño vio que una muchacha estaba sentada de espaldas a él, como le llamó la atención, se acercó más a ella; pero mientras más se acercaba, la mujer se alejaba.

Cuando el niño ya se había cansado, le dijo a la mujer que se detuviera porque le quería ver la cara, la mujer al poco rato se detuvo y el niño le pudo ver el rostro, cosa que lo dejó traumado, pues se dio cuenta que era puro esqueleto. Como pudo, el niño comenzó a correr y correr sintiendo que esa cosa lo iba persiguiendo. No supo cuanto corrió, cuando tomó conciencia ya estaba en su casa. Su mamá le preguntó qué le pasaba, pero él no podía hablar. Esto preocupó mucho a la familia y lo llevaron con un curandero, el cual logró que recobrara el habla. El niño narró lo sucedido y juró nunca más pasar por esa zanja.



LA LLORONA

Hace aproximadamente 50 años, en la comunidad de la Concepción, cuentan los habitantes del lugar que en tiempos en que los extranjeros con frecuencia venían, llegó una familia de buena casta, conformada por tres

niños, una niña y sus padres.

Después de su llegada, la gente aledaña al lugar comenzó a rumorar que esas personas eran muy extrañas, puesto que casi nunca salían de su casa, donde se escuchaban fuertes discusiones y que nunca dormían.

Según cuentan que a finales del mes de Octubre, la familia salió desde muy temprano, misteriosamente, rumbo al río; los niños se portaban un tanto extraños, cuando llegaron al lugar, poco a poco se iban metiendo más y más al agua hasta que llegaron a lo más profundo y fueron arrastrados por la corriente. La madre anonadada, pero sin hacer algo al respecto, le dijo al padre de sus hijos lo que había sucedido, ya que él había ido a caminar, entonces, inesperadamente el señor se echó al agua y se perdió en la misma.

Se dice que aquella mujer se volvió loca por el dolor de haber perdido a sus hijos, un día no pudo más con tanto dolor y decidió quitarse la vida.

Pero hay quienes cuentan que la misma madre mató a sus hijos, dándoles antes de salir de su casa, una especie de droga para que no se resistieran al destino fatal que su madre les había preparado.

Muchas son las hipótesis relacionadas con esta tragedia, pero lo único que se sabe, es que cada año al inicio de las celebraciones del Día de Muertos, en las cercanías de aquel río se escuchan llantos de niños que lloran por su padre, llantos llenos de dolor y característicos de aquellas personas que aún no han alcanzado el descanso eterno.

 


LA LLORONA DEL RÍO

Esta historia relata que desde tiempos muy remotos algunas personas han visto en las noches oscuras y solitarias a una mujer vestida de blanco, con cabello largo, cenizo y alborotado; ella era alta y muy delgada. Recorría desesperadamente casi todas las calles del lugar; llorando, gritando y

pidiendo perdón.

Una anciana, de aproximadamente cien años, cuenta que esta mujer era mala y soberbia, porque no simpatizaba con las demás personas; tuvo tres hijos: Federico, Raquel y Santiago.

En cierta ocasión, hubo una creciente, pero como ella no se encontraba en su casa, sus hijos fueron al río a bañarse y resulta que cuando ellos disfrutaban del agua, se dieron cuenta que el nivel del río aumentaba muy rápido. Quisieron salir, pero la corriente, que era muy intensa, los arrastró y desgraciadamente murieron ahogados.

Al enterarse esta mujer, no supo qué hacer y en la incertidumbre, perdió la razón y caminó a orillas del río buscando los cuerpos de sus hijos para pedirles perdón por no haberles puesto la atención que merecían, jamás los encontró. Ella gritaba, lloraba desesperada día y noche, por eso los pobladores le apodaban “la llorona”. Al poco tiempo murió, pero se quedó su espíritu. Se dice que la llorona sale a media noche en busca de sus hijos cuando hay mucha neblina o cuando se avecina una creciente.

Desde entonces y hasta nuestros días, esta leyenda sigue presente en la memoria de las personas que la han escuchado o la han visto.

 


UNA SILUETA HERMOSA

Cuentan de una mujer que se aparece por las noches, baja por las calles del pueblo de Limonar con su llanto desgarrador y muy macabro; en períodos de luna llena, se aparece asustando y atemorizando a la gente. Su llanto se oye a lo lejos como lamento de una mujer en busca de sus queridos hijos perdidos.

Tal parece que fuera mentira, pero es realidad, la gente que ha oído su lamento narra los hechos sucedidos… Un hombre embrutecido por el vino, cuenta que una noche de luna llena vio pasar una silueta hermosa, pensando que era una mujer, la siguió hasta la orilla del río Pantepec, por el puente que une a este pueblo con el ejido Sombrerete. El hombre pensando en conseguir una aventura, se le acercó, pero en ese momento, la mujer desapareció dando un grito de lamento doloroso y aterrador. El hombre, a pesar de estar ebrio, se asustó por el grito de la llorona y regresó apresuradamente a su casa.

Esta leyenda es muy popular, pero lo que me dijeron es realidad.


EN LA NEBLINA

Cuenta la leyenda que era una noche oscura en la que soplaba el viento fuertemente cuando pasó aquella tragedia.

Todos los vecinos de la comunidad La Barranca del municipio de Álamo, Temapache, acostumbran dormirse temprano; era un siete de diciembre, cuando en punto de las doce de la noche, se escuchó el grito de una persona, por los quejidos pensaron que se trataba de una mujer. Todos se llenaron de terror al oír aquellos horrendos gritos, pues todos se imaginaron que era la llorona.

Un vecino salió a la calle, había una espesa neblina y vio flotar sobre el aire a una mujer con pelo negro, largo y un vestido blanco. Al parecer muy bella.

Esto despertó su curiosidad y se acercó a donde estaba ella, al llegar, él se conmocionó, no sabía qué le esperaba; con la mirada le buscó la cara, pero no se la vio, y ella al verse descubierta, le mostró lo horrible que era; el hombre se puso blanco y sólo cayó al suelo como fulminado por un rayo y la mujer desapareció.

Al amanecer lo encontraron sus familiares, simplemente sin vida. El señor Raúl había muerto de miedo.

 


LEYENDA DE LA NOVIA

Cuentan las personas que viven en una región cercana a Temapache, Ver., que por ese lugar se aparece una joven que ha espantado a muchos taxistas. Dicen, los que la han visto, que es una muchacha con vestido de novia que pide que la lleven a la iglesia. Los taxistas sin sospechar y sin desconfiar la llevan, pero durante el trayecto desaparece dentro del taxi sin que el chofer

lo advierta.

La gente platica que hace muchos años una joven se iba a casar con un taxista, se rumora que el día en que se celebraría la ceremonia, ella estaba esperando muy feliz en la iglesia al novio, pero éste nunca llegó. Pasaron horas y horas y ella como muda frente a la iglesia esperando, no quería retirarse porque pensaba que en cualquier momento iba a aparecer el muchacho con una explicación del porqué no había acudido a tiempo a la cita, pero toda espera fue en vano. Ella se trastornó por completo y salió corriendo, en su loca carrera no vio un coche que venía y la atropelló y su vestido de novia que era totalmente blanco quedó bañado en sangre.

Hasta la fecha, el espíritu de la muchacha sigue yendo hasta el frente de la iglesia a esperar el momento en que llegue su enamorado a cumplir su promesa de matrimonio.


LA MUJER DE BLANCO

Hace muchos años, en donde actualmente es la colonia “18 de marzo”, se aparecía una mujer vestida de blanco como si fuera una novia. Ininterrumpidamente, por varios meses, esta mujer transitaba las calles de la colonia asustando a más de un vecino.

Empezaba su recorrido después de la media noche (por lo que muy pocos llegaron a verla) y horas después desaparecía sin dejar rastro, sin hacer un solo ruido.

Años más adelante, los vecinos de la colonia por fin concretaron el proyecto de poner una capilla con la imagen de la virgen María, desde entonces, hasta la actualidad, no se le ha vuelto a ver.

 


La muerte

La visita inesperada del mas allá…


 

UNA SEÑORA CURIOSA

Hace mucho tiempo una señora muy curiosa vivía en un pueblo lejano. Ella estaba sola porque su esposo ya había muerto y sus hijos se habían ido a otro lado.

Esta señora tenía como cincuenta años y, aunque su pelo estaba cano, aún era fuerte. Se veía que no era de esas que se espantaban con facilidad; además, se hallaba bien protegida: dos grandes perros cuidaban su casa y no dejaban que ningún extraño se acercara.

La señora se acostaba a dormir como a las ocho de la noche y se levantaba como a las seis de la mañana, pues tenía que trabajar en una pequeña milpa que producía lo que necesitaba para vivir.

Una noche, se acostó y trató de dormir. Afuera los perros ladraban. Durante mucho rato escuchó el ruido de los perros, pero ella no le dio importancia y finalmente, logró dormirse.

Así pasó una semana, y todas las noches los perros ladraban. La señora casi no podía dormir. Cada día se preocupaba más al oír los ladridos, pues alguien podría andar rondando su casa.

Después de un tiempo, ya cansada, en cuanto empezaron a ladrar los perros, salió a ver qué pasaba. Por más que escudriñaba en la oscuridad, nada veía y nada oía. Al parecer nadie rondaba por su casa. Al amanecer le dio de comer a sus perros y les preguntó:

-¿Porqué ladran tanto por la noche? ¿Qué ven en la oscuridad que yo no puedo ver?-

_Vemos muchas cosas que a ti no te están permitidas.

Contestó el perro más viejo.

-Yo quisiera ver lo que ustedes ven, ¿podrían ayudarme?

_Para ver de noche necesitas de todo tu valor. Sí te podemos ayudar, pero cuando veas lo que nosotros vemos te vas a asustar.

-No me voy a espantar -dijo la señora- Díganme qué tengo que hacer.

_Bueno, tú lo pediste. En la mañana cuando te levantes no te laves la cara. Basta con que te pongas nuestras lagañas en los ojos durante siete días.

La señora hizo lo que los perros le indicaron.

Al séptimo día, el perro más grande le volvió a hablar:

-Esta noche, cuando nos escuches ladrar, sales a ver lo que nosotros vemos.

La señora se acostó. Cerca de la media noche oyó que los perros ladraban, entonces se levantó y fue a ver. No se imaginaba lo que le esperaba.

Al dirigir la vista hacia donde ladraban los perros, vio a la muerte, que bailaba al son de la música. Vio a un jinete vestido de negro y a una mujer vestida de blanco que lanzaba gritos de dolor. Vio a un muerto al que llevaban a enterrar varios esqueletos. Vio una cabeza humana en el aire, toda ensangrentada. Vio muchas cosas horribles.

Después de un rato, la señora se metió en su casa y se acostó. A la mañana siguiente todo estaba triste. La señora no se había levantado y los perros lanzaban melancólicos ladridos. Días más tarde, un vecino fue a buscarla, extrañado de no verla trabajar la milpa. Encontró la puerta entreabierta y se metió. Adentro, la señora estaba muerta. Tenía la cara llena de espanto.



 LA MUERTE

Esta historia está basada en hechos reales…

Hace algún tiempo en una comunidad llamada Nuevo Jardín ocurrió un suceso muy extraño…

Era casi media noche y todos los habitantes de ese lugar estaban dormidos, de pronto, en la calle se oyó el ruido de un camión que corría aceleradamente y que al llegar al final de ésta, giró hacia la izquierda y tomó otra calle, siguiendo un rumbo fijo hacia donde se desembocaba en un arroyo. El camión se subió a la banqueta y se escuchó como si un tambor raspara la tierra, al mismo tiempo que sonaba el claxon. Al escuchar todo ese ruido salió la gente de sus casas y se acercaron al camión que estaba en la orilla del barranco. Le dijeron al conductor que dejara de acelerar, porque se iba a matar. El camión tenía las llantas volando y corría el riesgo de caer al barranco.

Al ver que el chofer no reaccionaba se subieron para forzarlo a bajar, su expresión reflejaba que estaba alcoholizado o drogado.

Le preguntaron:- ¿qué no ves que no hay salida?

-Contestó- no, no vi nada, es que una vieja se subió y me empezó a señalar el camino, pero se bajó al dar la vuelta, y luego al venir derecho, pasé por una iglesia, y se subió de nuevo. Ahorita no me dejaba bajar diciéndome que no iba a llegar a donde quería.

Entonces una persona del lugar se subió a revisar el carro, pero no encontró a nadie. El chofer empezó a maldecirla y dijo:

-De seguro era la muerte que me quería llevar, pero no se le concedió -gracias a ustedes, si no, quién sabe.

Después de un rato, se tranquilizó el ambiente y una señora lo empezó a reprender diciéndole:

-Mira, mi hijo también es camionero y como a ti y como a todos le puede pasar. Pero mira como vienes, borracho y drogado, que tal si te matas y tu familia esperándote.

El camionero le contestó:

-Sí, yo sé que estoy mal, pero sólo me tomé dos cervezas, con eso nadie se emborracha; pero cuando abordé el camión me empecé a sentir mal, yo creo que se me subió.

Para entonces ya era la una de la mañana. Después de este hecho cada familia se fue a su hogar a dormir LA MUERTA

Cuenta la leyenda que en la comunidad de Úrsulo Galván II del municipio de Álamo, cuando la mayoría de la gente realizaba sus labores, los niños asistían a la escuela.

En el lugar donde actualmente se ubica la escuela primaria, antes se encontraba una hacienda, fue ahí donde un día, una persona comenzó a cavar un hoyo y encontró restos de seres humanos, pues se dice que antes no había un panteón y por lo tanto, cuando se moría la gente se les hacía fácil enterrarlos ahí.

Pasó mucho tiempo y un día, cuando los niños asistían a la escuela, un grupo de amigas jugaban en una habitación donde había un baño, que no era utilizado; entonces, una de las niñas entró a ese lugar abandonado y vio a una mujer desnuda colgando de la regadera, totalmente sangrada.

Todos dicen que ese espantoso hecho fue real, la niña, al ver esto, sufrió un desmayo, por lo que sus compañeras corrieron a avisarle a los maestros.

Al crecer esa niña que vivió todo eso, se convirtió en monja y desde entonces no se ha vuelto a saber nada sobre aquella mujer desnuda que murió trágicamente.


LA MUJER DE NEGRO

Cuenta mi abuela que cuando mi mamá tenía dos años se la llevó a comprar petróleo para el candil, pasaron frente a un terreno grande que tenía árboles y matas de plátano y una casa donde vivía una señora con dos niñas que presentaban problemas de crecimiento, una de dos años y la otra, de uno, ambas con apariencia de recién nacidas.

Cuando iban pasando frente a esa casa, mi abuela vio salir de ahí a una señora alta, delgada, pelo largo y vestida de negro; quiso saludarla pero no pudo, pues inexplicablemente perdió el habla y los cabellos se le erizaron sintiendo la lengua boluda. Al llegar al lugar donde iba a comprar el petróleo siguió lo mismo, sin poder hablar, nada más le enseñó la moneda al señor del puesto y le despacharon. Al llegar a su casa se sentó en una silla. Mi abuelo la vio rara y le preguntó que qué tenía, ella solamente señalaba aquella casa donde había visto a esa señora.

Después de un buen rato recuperó el habla, contó lo sucedido, le preguntó a mi mamá si ella también la había visto pero la respuesta fue negativa, no había visto nada. Al pasar una semana amaneció muerta la primera niña, a la media semana siguiente murió la otra.

Lo raro es que no se supo la causa de su deceso. Los vecinos del lugar piensan que la mujer de negro que salió de esa casa, era la muerte.



Nahuales

Hombres o animales que

sin razón aparente transforman su fisonomía…



EL ESPECTRO DEL RANCHO

“SANTA ALICIA”

Hace como 41 años, el joven Concepción Velázquez, mejor conocido como “Chon”, vivió algo muy misterioso, él vio y escuchó lo que voy a relatar.

Sucedió en el rancho “Santa Alicia” en donde había unas vacas finas, propiedad de Nolasco Velázquez, quien vivía ahí con su esposa e hijos, “Chon” empezó a escuchar, como a las doce de la noche que las vacas se empezaron a mover y correr por todo el rancho, moviendo linderos, cercas, postes y cuanta cosa se les atravesaba, fue un verdadero alboroto, “Chon” no sabía que ocurría, cuando de pronto su abuela empezó a rezar y todo se calmó, después todas las vacas se fueron a las orillas, excepto una llamada ”la torcaza” que se quedó a medio camino de este, de pronto el animal levantó algo como un trapo blanco con sus cuernos.

El trapo blanco que había levantado la vaca desapareció a los pocos minutos. A los cuatro días murió esa vaca, al otro día muere otra llamada “la negrita”, cuatro días más tarde muere otra vaca amarilla llamada “la mantequilla”; cuatro días después muere un becerro (hijo de la mantequilla) a los cinco días muere “la borrega” y así hasta que murieron ocho vacas en total. Uno de los tíos de “Chon” fue a la ciudad a preguntar que había pasado; pues él no lo entendía, le dijeron que era una rabia de un animal; este animal aullaba en el cerro que estaba atrás de la casa del rancho, un curandero le dijo que esperara que lloviera mucho y que trajera dos vacas a otro lugar, según el agua iba a lavar toda esa rabia que había dejado el animal. Todo esto había sido obra del “mal”, mejor conocido como el nahual.



LA LEYENDA DEL NAHUAL

Esta historia me la contó mi abuelito. Es de un suceso extraño que le pasó a un amigo suyo, llamado don Serafín. Cuando don Serafín era tan sólo un niño, su mamá tuvo un bebé, por ese tiempo se decía que existían muchos nahuales. Corrían los rumores que por donde él vivía había un anciano muy enfermo y la gente creía que era un nahual.

A don Serafín le advirtieron que cuando un niño nace aparece un nahual para robarles la vida.

Al anochecer, don Serafín agarró un palo y un machete y se dispuso a pasar la noche en vela para cuidar a su hermanito; aproximadamente a la media noche, escuchó el ruido de un aleteo en el techo de su casa por lo que se puso muy atento esperando que alguien entrara por la puerta; sin embargo, se dio cuenta que el bebé no podía respirar, se levantó silenciosamente y fue hacia donde estaba su hermanito, cuando lo vio, se dio cuenta que en su pecho se encontraba una serpiente robándole la vida; intentó matarla, pero no podía por temor de lastimar al pequeño. Así que optó por agarrar a la serpiente entre sus manos y la aventó contra la pared, quiso matarla con su machete pero la serpiente era muy rápida y se escapó.

En los días siguientes, se dedicó con otros niños del pueblo a investigar entre los vecinos si alguna persona estaba lastimada. Encontró que en una comunidad cercana había un anciano que estaba muy lastimado, parecía que había sido golpeado. El lo relacionó con lo que había pasado en su casa y a partir de ese día, pudo dormir tranquilo sabiendo que ese anciano no los volvería a molestar y su familia estaría a salvo.



EL NAHUAL EN EL PUEBLO

Había una vez, en el ejido llamado Úrsulo Galván o Limonar, una mujer a la que conocían como “la bruja”, debido a tantas cosas que hizo en su vida. Aparentemente, era una persona común y corriente, pero poseía un extraño poder ya que se convertía en bruja, justamente a media noche.

Minutos antes de las doce salía de su choza para rezar, concluidos sus rezos brincaba siete veces una lumbre que dejaba hecha antes de dormirse. Al séptimo brinco se le desprendieron las piernas desde las rodillas y las escondió detrás de su molendero, inmediatamente se convertía en el animal que más se le antojaba con tan solo decir un conjuro y salía de su choza para hacer maldades. Iba en busca de niños recién nacidos a los que les chupaba la sangre, a través de un hilillo en forma de aguja que le servía como lengua.

En el año de 1963 había un baile al que una madre acudió dejando solo a su hijo en su casa, todo por ir a divertirse un rato viendo bailar a la gente. Cuando regresó, se encontró a su pequeño hijo en un lecho de sangre, éste había muerto y tenía un agujerillo en el cuello. Espantada por lo que había pasado con su hijo, dio a conocer el hecho a las autoridades.

Cuenta la gente del pueblo que vieron sobre la choza de la mujer; un animal grande como un pavo o guajolote.

 


EL GUAJOLOTE

Hace algún tiempo en la colonia Buenos Aires, salía por las noches un animal con aspecto de guajolote, andaba en las casas parándose en los tejados, varias personas se asustaban al escuchar lo que se decía de éste, pues se pensaba que era un nahual.

Días después, la gente del lugar confirmó que este nahual era un vecino de la misma colonia.

En una ocasión, un señor lo vio parado en el techo de su casa.

También un muchacho se lo encontró y éste se le echó encima y lo tiró. La gente le dijo que se hubiera quitado la camisa y se la hubiera puesto al revés, pero el muchacho comentó que no le habría dado tiempo porque el animal se echó a volar y se fue.

En otra ocasión en que el nahual apareció, la gente lo persiguió y se dio cuenta que vivía a unas cuantas casas de donde había atacado al muchacho.

Al otro día, muy temprano, los vecinos se reunieron y fueron a la vivienda del nahual, quemaron la casa con el señor adentro y nunca más volvieron a ver al animal merodeando por la colonia.



EL NAHUAL

Era un pueblo donde se contaba de todo, hasta que había un señor que era un nahual y que por las noches se convertía en diferentes animales salvajes y se comía al ganado; al verlo pasar, toda la gente murmuraba y el señor se les quedaba viendo con unos ojos que brillaban, causándoles temor.

El nahual, como le decía la gente, era compadre de don José, un señor que era dueño de un rancho y que tenía mucho ganado; él no creía que su compadre fuera nahual, decía que la gente le tenía envidia por ser su amigo y compadre.

Un día se escuchó el rumor de que se había perdido mucho ganado de otros ranchos y que se les hacía raro porque en una sola noche faltaban muchos animales; entonces fueron a ver a don José y hablaron de lo que estaba pasando, en esa conversación estaba el nahual y escuchó todo. Acordaron salir esa noche y ver quién era el que se robaba los animalea; el nahual decidió no salir porque sabía bien que él era el que se comía el ganado; don José y los señores que lo acompañaban no vieron nada y decidieron no ir a ese lugar donde suponían que “el robavacas” iba a aparecer.

Pasaron algunos días y don José estaba muy preocupado porque pensaba que a su ganado le ocurriría lo mismo. En un recorrido que hicieron, el compadre de don José le dijo que su ganado estaba muy bien cuidado; al nahual le había gustado una vaca y la miraba como si se la quisiera comer en ese momento. Al otro día, la vaca había desaparecido, entonces don José decidió salir a buscar al nahual para matarlo.

Ya en el potrero vieron al extraño animal, la gente que acompañaba a don José empezó a tirar piedras y palos, le alcanzaron a dar un machetazo y lo tumbaron, todos presenciaron la transformación del animal en un ser humano y don José reconoció a su compadre; así fue como murió.



EL PERRO NAHUAL

En el año de 1989, en el mes de julio, una señora llamada Daniela empezó a trabajar en un restaurante ubicado en Álamo, Temapache, Veracruz, cerca de la gasolinera; junto con ella trabajaba una muchacha llamada Eva, ella era la encargada del lugar y tenía una bebé de dos meses de nacida; además, había otra empleada de nombre Mary, quien vivía en Chapopote.

La señora Daniela empezó a trabajar un martes y le tocó el turno de la noche, en ese horario, Eva dormía en el local, mientras Daniela trabajaba. Eran las doce cuarenta de la mañana, cuando escuchó unos pasos atrás del restaurante; eso era raro porque los clientes entraban por enfrente ya que atrás no había acceso. Daniela salió a ver quién era, la noche era muy oscura y todo estaba tranquilo, le dio una vuelta al negocio pero no vio nada, regresó a la cocina y volvió a escuchar pasos en la parte de arriba, que se encontraba en obra negra, pero como no encontró nada decidió regresar a la cocina para seguir limpiando el refrigerador. Cuando iba bajando el último escalón, escuchó los pasos que se dirigían hacia ella, cada vez se escuchaban más cerca pero no veía a nadie; todo estaba oscuro ya que en la parte de atrás no había ningún foco que iluminara.

Cuando se oían los pasos, Daniela sentía mucho miedo y escuchaba su corazón latir tan fuerte y rápido y no podía moverse, ella caminaba pero sentía que no avanzaba, que sus pies eran de plomo, le daba un escalofrío horrible; como pudo, llegó a la cocina sintiendo cómo la observaban, volvió el rostro y la sorpresa fue tan grande cuando vio un perro negro enorme y peludo con mirada penetrante y enrojecida, como nunca había visto uno en su vida.

Cuando el perro estaba a punto de atacarla, se escuchó el motor potente de un trailer, ella quiso gritar y pedir ayuda; cuando por fin pudo voltear, el perro ya no estaba. A partir de ese día, Daniela vivió con la zozobra de sentirse vigilada y finalmente enloqueció.



BOLAS DE FUEGO

Don Amancio era un viejito que vivía en una parcela que le habían prestado, eran como diez hectáreas donde había sembrado maíz. Todas las noches veía que en el cielo pasaban unas bolas de lumbre que caían cerca de su parcela. Cierta noche, una de esas bolas cayó dentro del terreno donde vivía, de momento pensó que se trataba de una estrella fugaz. Eso ocurría todas las noches y en una de tantas, sintió mucha curiosidad por saber lo que caía, entonces observó y se dio cuenta que era un animal grande; asombrado, dejó que siguiera su camino y regresó a su casa.

Al día siguiente, su nuera dio a luz. Al caer la noche, nuevamente cayeron las bolas de fuego, pero ahora, don Amancio siguió al animal y vio que entró a su casa y se acercó al bebé, trató de golpearlo pero el animal desapareció.

El animal aparecía los martes y los viernes. Don Amancio no se quedó con la duda y le preguntó a otros campesinos si sabían de ese animal, ellos le respondieron que era el nahual que se quería llevar a su nieto, le dijeron que fuera a consultar con un curandero para que le “curara” el rifle. El señor fue, y rociaron su rifle con un preparado de agua bendita y mostaza molida.

Llegó el día en que el animal tenía que caer, don Amancio y su hijo lo esperaron hasta que, de repente, cayó el animal sobre el techo de su casa, en unos instantes apareció adentro y don Amancio entró corriendo y vio que el animal estaba olfateando al bebé. Don Amancio y su hijo lo acorralaron hacia la puerta y le disparó, pero no le dio y el animal se salió. Ellos lo persiguieron y lo encontraron arriba de un árbol, de nuevo le dispararon, y le dieron en el ala; el animal se fue volando pero no llevaba buen equilibrio.

Al siguiente día se enteraron que ese nahual era un señor que era brujo y se transformaba en animal.

A partir de entonces, el animal no volvió, tiempo después don Amancio murió, dicen que le pisó la sombra el nahual al que valientemente había enfrentado.



LA NIÑA PERSEGUIDA

Esta historia me la contó la madre de la niña que era perseguida por el nahual.

Todo sucedió hace muchos años. Cuando apenas tenía unos meses de nacida, la pequeñita lloraba mucho; casi todas las noches estaba inquieta, pero lo raro era que sólo ocurría cuando había luna llena. Así transcurrió el tiempo y la niña seguía con los mismos síntomas. Cada vez que lloraba sus padres pensaban que estaba enferma o que tenía cólicos, hasta que, platicando con una persona mayor, les aclaró que la niña podía estar acechada por un nahual. Los padres de la niña comentaron a esta persona que ya les habían hecho una observación parecida, y que haciendo caso a su recomendación , habían optado por untar ajo por toda la casa, en ventanas, puertas y paredes, pero el malestar de la niña seguía.

Ante esto, la señora les comentó que seguramente el lugar por donde la molestaba era el techo, ya que era de lámina de zinc y ahí no habían podido untar el ajo. Les recomendó que tuvieran cuidado, porque los nahuales seguían a la niña y podían chuparle la sangre por medio de un hilito de baba que sueltan y que éste, a su vez, les sirve como popote para succionar; que cuando esto sucediera, con unas tijeras se cortara dicho hilito, pero como no se ve, sólo se hiciera como si se cortara el aire por encima de toda la superficie de la cuna, donde dormía la bebé.

Pasó el tiempo, al menos el indicado para el cambio de luna. A los padres de la niña les había quedado muy claro lo que les recomendaron, cuando la niña volvió a llorar por la noche, la madre se levantó, tomó las tijeras y comenzó a cortar tal como se lo habían dicho.

Pasaban de las doce de la noche cuando hacían el ritual de la tijera. De pronto, se escuchó que algo pesado había caído justo arriba del caballete, en dirección de la cuna de la niña, los padres brincaron del susto, en tanto que, encima de la lámina se escuchaba cómo se iban arrastrando unas uñas muy largas, hasta encontrar el vacío; entonces, algo calló al suelo y el golpe se escuchó seco y fuerte.

Al otro día, los padres salieron a ver muy temprano qué era lo que había caído, pero no había nada, sólo se distinguía en el suelo una silueta como de un envoltorio del tamaño de un guajolote; la tierra estaba quemada y nunca más volvió a crecer la hierba en ese pedazo de suelo donde cayó el animal… tampoco volvió a molestar a la niña.



SIETE PALMAS

Esta es la historia de un nahual y un niño.

En un lugar llamado siete palmas, habitó un señor que se convertía en nahual. Se decía que salía por la noche a chupar la sangre de los animales o de las personas.

En esa comunidad, habitaba también una familia que se llevaba muy bien con el señor, al grado de dejarlo dormir en su casa.

La primera noche que se quedó a dormir ahí, el niño de la casa se quedó sólo en su cama y al otro día amaneció chupado; sólo se le veían los huesos, entonces, el abuelo materno del niño, que era curandero, hizo un conjuro para que quien hubiera asesinado a su nieto, muriera.

Pasaron dos días y entonces se enteraron de que alguien en la comunidad se había muerto en circunstancias extrañas y resultó que el difunto era el señor que habían alojado en su casa. Fue así como se dieron cuenta de que él era un nahual, que por las noches salía, pero no con la fisonomía de un ser humano, sino como animal sediento de sangre.



LA MARRANA

En una comunidad, muy cerca de aquí, la gente vivía alarmada porque decían que había una puerca muy grande que salía de noche y que rondaba por las calles del lugar haciendo destrozos, rompiendo cercos o destruyendo plantíos. Toda la gente estaba asustada, hasta que una vez, los señores de la comunidad se organizaron para espiar al animal y seguirlo para encontrar su guarida y así lo hicieron, cuando una noche apareció la marrana la siguieron y lograron darse cuenta que llegaba hasta las puertas del cementerio y desaparecía.

Y así pasaron noche tras noche, los señores la espiaban con machete en mano, hasta que en una noche de tormenta le dieron alcance y un señor logró pegarle con el machete en una pierna y en ese instante desapareció.

Todos regresaron espantados, al otro día los vecinos se dieron cuenta que una señora de la comunidad estaba herida de la misma pierna donde le habían dado el machetazo a la marrana, mandaron a otra señora a preguntarle qué le había pasado y la señora herida dijo que se había caído del tapanco de su casa y se había rasgado la pierna con un alambre de púas que tenía colgando de una viga.

Los señores de la comunidad le llevaron a un médico para que la revisara y salir de la duda, ya que sospechaban que se trataba de un nahual y así fue, el diagnóstico del médico fue que era una cortada con arma blanca muy filosa como un machete. De ahí sacaron la conclusión que la señora era el nahual que se convertía en marrana.

De eso hace ya algún tiempo, probablemente todavía existan los nahuales en algunas comunidades lejanas y poco transitadas, pero aquí ya no, porque ya está poblado el lugar.



LA LAGARTIJA

En una popular colonia de esta ciudad, habitaban unos viejecitos muy peculiares, siempre estaban solos, nadie los visitaba; esto extrañaba mucho a los vecinos.

Los niños siempre contaban cosas de espanto que ocurrían alrededor de este par de viejecitos y fue hasta que, Casilda, esperando la llegada de su tercer hijo, tuvo que abandonar su casa para asistir al hospital donde daría a luz, cuando en el camino se le acercó la viejita y le dijo que ya era hora que trajera carne fresca al vecindario; esto puso en qué pensar a Casilda y pidió a su esposo que no dejara solos a sus niños, porque ya le habían comentado que el viejito se convertía en pájaro de mal agüero.

Cuando Porfirio regresó de dejar a su mujer en el hospital, le preguntaron los vecinos que para cuando era el nacimiento, él contestó que probablemente al otro día y el viejito comentó muy enojado: -pero cómo es posible, ya estaba todo preparado para hoy. A Porfirio le extrañó tanto porque todavía no tenían nada para recibir al bebé según sus costumbres. Al otro día, muy temprano, una vecina gritó:- ¡ahí va el pájaro! ¡Mátenlo, porque es un nahual! el pájaro pasó volando muy cerca de la casa de la señora y con sus enormes alas resopló sobre don Miguel y lo tumbó, al seguirlo se dieron cuenta que su vuelo terminó en casa del viejito.

Muy temprano al otro día, don Porfirio acudió al hospital donde había nacido su hija, a su regreso, todos los vecinos le preguntaron que cómo estaban su esposa y la criaturita, él estaba muy contento y en el camino se detuvo a platicar con la maestra Rosita, vecina del lugar, le comentaba que sólo se daría un baño y regresaría porque ya le iban a entregar a su mujer y a su niña; esto lo escuchó la viejita y le dijo: - antes de que vayas a otro lado, llévamela, para curarla del mal. Don Porfirio pensó que por su vejez la señora desvariaba, pero la maestra Rosita le dijo que tuviera mucho cuidado porque se rumoraba que ellos eran nahuales. Se despidieron y don Porfirio se encaminó a su casa, en eso, se apareció la viejita atrás de él y le dijo lo mismo, que llevara a la bebita para curarla, éste le contestó que ni loco la llevaría a su jacal, porque era nahual.

Cuando Porfirio llegó a su casa, se fue directamente al baño mientras su hermana le preparaba la comida en el bracero. El baño no estaba lejos de ahí y todavía Martha, la hermana de Porfirio, lo vio entrar a bañarse, cuando de pronto escuchó un golpe muy fuerte que provenía de donde él estaba, volteó para ver qué pasaba y advirtió que había una lagartija enorme sobre la cabeza de su hermano, corrió pidiendo auxilio a los vecinos, quienes llegaron al momento, siendo también testigos del tamaño enorme del animal. Le hablaron a Porfirio y no respondió, entonces, entraron al baño y lo encontraron sin vida, tirado en el suelo. El diagnóstico médico fue que se desnucó al caer, más todos sabían que había sido la lagartija.

A su funeral asistieron los viejitos, se cuchicheaban y se reían, nadie les dijo nada por temor, al otro día, se fueron de ahí, dejaron el jacal tan abandonado, como si nunca lo hubiesen habitado.

Cuenta la gente del lugar que los viejitos tuvieron que matar a Porfirio porque no lograron llevar a cabo el ritual del nahual, ya que lo tenían todo preparado para sacrificar a la niña y como éste descubrió sus planes y se negó a llevar a su pequeña, lo mataron y se fueron porque los nahuales cuando sienten el peligro, huyen y los vecinos ya pensaban en lincharlos por brujos.


El diablo

Todo el poder y toda la maldad personificada…



LA PROMESA DEL DIABLO

Esto ocurrió hace mucho tiempo, resulta que a un muchacho se le apareció el diablo en sus sueños y le prometió riquezas a cambio de servirle, así que desde entonces el diablo venía a verlo todas las noches y lo llevaba a muchas partes hermosas, pero desconocidas para el muchacho y le decía que todo iba a ser de él, si le servía.

Así pasó mucho tiempo, en las noches, el diablo venía a verlo en forma de mujer, lo besaba y lo acariciaba y cuando el muchacho lo despreciaba, el diablo lo rasguñaba por todo el cuerpo, pero al amanecer, cuando despertaba, no tenía ni un sólo rasguño.

El muchacho empezó a cambiar su forma de ser, andaba solo y no podía tener novia porque el diablo lo celaba, después su familia se empezó a preocupar y le preguntaban qué era lo que le pasaba, pero él no les decía nada.

Una noche, cuando el muchacho dormía, el diablo lo llevó al lugar donde le entregaría el tesoro, sólo que a cambio le pidió que le entregara a un familiar, el muchacho se asustó y despertó.

Al día siguiente le contó todo a sus familiares y les dijo que le ayudaran, éstos lo llevaron con un curandero para que el muchacho pudiera romper el pacto con el diablo; el curandero les pidió muchas cosas y sus familiares le llevaron todo.

En una noche se hizo el ritual para romper el pacto, el muchacho luchó por romperlo y lo logró.

El curandero les dijo que debían hacer una fiesta para alimentar al diablo ya que sólo así dejaría de molestar al muchacho. Así lo hicieron y el diablo nunca lo volvió a molestar.

 


EL HOMBRE DE NEGRO

Mi abuelito me contó que cuando tenia 12 años lo mandó su papá a traer cigarros pero ya estaba oscuro, su papá era muy estricto y exigente, tanto que cuando le daba una orden, la tenía que hacer sin protestar y cuando se tardaba en cualquier mandado le pegaban. Ese día, no quería ir pues estaba un poco retirada la tienda, se tenía que ir en burro. Su mamá le dijo a su papá que ya no lo mandara porque ya era tarde, pero éste insistió en que fuera pues quería los cigarros. El camino a la tienda era solitario y sólo transitaban animales, había un árbol de mora muy frondoso, que hasta la fecha sigue existiendo.

En el momento en que él pasaba por ahí, vio a un señor de vestimenta negra, montado en un caballo, el cual le causó temor y prefirió no verle el rostro ni los pies. Ese hombre de negro le preguntó: -oye, niño ¿dónde hay un mesón? A lo que mi abuelito le contestó: ¿qué es eso? El señor le dijo que era un lugar donde bebían alcohol, jugaban cartas y había mujeres; -¡Ah!, sí sé donde hay uno, pero si me tardo me van a regañar porque me mandaron a traer cigarros, contestó mi abuelito; el hombre del caballo le dijo: -llévame, te voy a pagar bien y tus papás no te van a regañar. -Pero yo no puedo entrar a ese lugar, soy un niño y me va a llevar la policía, aparte, por donde tenemos que pasar mi burrito no puede porque es un lugar lodoso; pero el hombre del caballo le contestó: -mira, vamos, andando conmigo no te va a pasar nada. Y se fueron, mi abuelito adelante y el hombre atrás.

Todo esto iban platicando al mismo tiempo que avanzaban en el camino, el hombre en su caballo y mi abuelito en su burro.

Después de un rato, le entró la curiosidad a mi abuelo y le quiso ver el rostro, pero no pudo porque el hombre era alto y el sombrero que traía lo inclinaba para que no lo viera.

Cuando pasaron por el lugar lodoso pensó que se iba a atascar su burrito, pero no, pasó sin problemas. Al llegar al mesón encargaron los animales, mi abuelito seguía insistiendo que no podía pasar porque era un lugar para adultos, sin embargo, el hombre le decía que no le iba a pasar nada. Entraron al mesón, se iban sentando cuando llegó la policía, hicieron revisión de mesas, pero a la mesa que ellos ocupaban nunca se acercaron. En ese momento empezó a sentir miedo, primero, porque habían transcurrido horas y lo iban a regañar en su casa, y segundo, porque las cosas ocurrían como el señor se las decía.

Mi abuelo le dijo al señor que ya se iba porque se le había hecho tarde, el hombre le dijo: -ve y recoge tu burro,- y le dio el dinero que le había prometido. Dice mi abuelito que era mucho pero no recuerda cuanto.

En el camino de regreso, pensaba que donde había lodo se podía quedar atascado, pero volvió a pasar sin problemas y cuando llegó a su casa su mamá estaba despierta y le contó cómo habían sucedido las cosas. Su mamá despertó a su papá porque ya estaba durmiendo y le contó lo que mi abuelito le había dicho sobre lo ocurrido con el hombre de negro y el dinero que le había dado, se asombraron porque era mucho, pero mayor fue la sorpresa de mi abuelito que no lo regañaron y su mamá le dijo que era un milagro que no le había pasado nada.

Al día siguiente conversó con su papá y le dijo que ese hombre de negro con el que había estado era el diablo y que lo había puesto a prueba para ver si tenía miedo.

Ahora se pregunta por qué no le había visto el rostro si estuvo sentado junto a él y cómo hizo que pasara el lodo sin atascarse, si antes ya lo había hecho, ah, y del dinero nunca supo que pasó, ni les preguntó a sus papás qué habían hecho con él. Jamás en su vida volvió a ver a ese hombre de negro, por eso dice que estaba seguro de que era el diablo.


 

LA NOCHE QUE ME LLEVÓ EL DIABLO

Esto sucedió en el ejido La Camelia hace muchos tiempo, cuando Cándido Hernández Rosas tenía como 25 años; a él le gustaban mucho los bailes, era bailador de corazón. Aún recuerda cuando se utilizaban los candiles de tres mechones con petróleo, para alumbrar la pista de baile. Eran como las 9 de la noche, la orquesta estaba afinando sus instrumentos, se llamaba “La Viajera” y la integraban músicos del mismo pueblo.

Era una noche fría, la luna era muy brillante. Según comenta Cándido, cuando se encaminó hacia la galera, lugar destinado para los bailes, vio algo que parecía una sombra y pensó que era una persona más que iba al baile. Como siempre, Cándido iba contento y seguro de sí mismo, así que continuo su camino. Más de cerca vio a aquel “hombre”, observó que era muy alto y que lentamente se fue acercando hacia él. Cándido sintió cómo el miedo lo invadía por todo el cuerpo, se quedó inmóvil, solamente vio que tenía mucho vello en los brazos, manos grandes con uñas largas y que de los ojos le salía fuego, vestía una camisa blanca con botones brillantes como de plata, sombrero de charro y espuelas, y al caminar le salían chispas en los zapatos.

El hombre lo cargó y al momento de hacerlo, Cándido perdió la razón, se sentía como dormido; transcurrió el tiempo, pero él no se dio cuenta.

Amaneció en un poblado que se llama Emiliano Zapata (antes Mohuite), abrió los ojos y se dio cuenta que estaba al lado de una casa, escuchaba murmullos y muchas voces de hombres, de mujeres, niños, etc.

Le preguntó a un hombre bebido:

-¿Dónde estoy?Y éste le contestó: -¡estás en Mohuite!- -¡son las cuatro de la mañana!-

Cándido esperó a que aclarara un poco, regresó a La Camelia y hasta ahora se pregunta como DIABLOS amaneció en ese lugar.



 EL ANIMAL

Cuenta un señor que cuando era chico le gustaba ir al río a pescar en compañía de su hermano, un día fueron ya tarde y se les hizo de noche. Cuando regresaban a su casa, escucharon que iban corriendo unos caballos, entonces ellos se escondieron para ver si era cierto, pero no vieron nada. Siguieron caminando por una vereda, de repente escucharon un grito y pensaron que era un niño, pero no vieron nada; continuaron su camino y de nuevo volvieron a escuchar el grito, ahora parecía como si fuera de un animal, entonces se dieron cuenta que el sonido provenía del cementerio, dicen que retumbaba el suelo y que se movían las hierbas.

Siguieron avanzando y el señor le preguntó a su hermano que si se iba por delante o atrás, el hermano le dijo que atrás y prosiguieron la caminata. Inesperadamente volvieron a escuchar el mismo sonido, pero ahora muy cerca del que iba atrás, éste, del susto pegó un brinco como de dos metros y rebasó a su hermano que iba adelante. Corrieron y corrieron hasta que ya se les fue pasando el susto.

El hermano le dijo al otro que un animal lo había asustado, como no se querían quedar con la duda regresaron a ver qué era lo que gritaba muy feo. Cuenta esta persona que era un ser que tenía forma de animal grande, con piernas de humano, unas alas enormes y la cara en forma de caballo, además, tenía ojos rojos como lumbre y dicen que el animal aleteaba y nada más se les quedaba viendo. Uno de ellos lo quería matar con un machete, pero el hermano le dijo que no porque en lugar de matarlo, él les podía hacer daño.

Mejor se fueron a su casa y dejaron al animal tirado. Cuando llegaron se fueron a la cama y se quedaron dormidos. Dice el señor que después él hacía el sonido del animal y que su madrina, que era curandera, le dijo que si seguía repitiéndolo se iba a morir. Con el tiempo se curó de espanto y dejó de hacer ese grito.



 EL SEÑOR DE NEGRO

Hace mucho tiempo, aquí en Álamo vivía un hombre que todos los días por las mañanas se iba a trabajar vestido con un traje negro, sus botas picudas y sombrero. El tenía que trabajar mucho para mantener a su familia ya que era muy numerosa.

Cuenta la gente que un día, como todos los demás, el señor salió a trabajar muy temprano, ensilló su caballo y se fue, llegó a la milpa y se puso a trabajar.

Pasaron las horas y el señor seguía trabajando, de repente, escuchó un ruido, volteó a ver qué era y estaba un perro grande, le escurría la baba y gruñía; el señor lo espantó, le dijo que se fuera pero no le hizo caso, entonces el señor decidió ignorarlo. Cuando el señor se volteó para seguir con su labor, el animal se le fue encima, lo mordió, le rompió la ropa que traía, hasta que en una de tantas mordidas el perro alcanzó su cuello hasta degollarlo y el señor murió.

Llevaron la noticia a la familia, su mujer estaba destrozada, ya no quería vivir, sus hijos también estaban sufriendo. Pasó una semana, la familia decidió vender la milpa y se fueron a vivir a otra ciudad.

Cuenta la gente que a todas las personas que pasan por el camino que lleva a la milpa se les aparece, en algunas ocasiones, el señor vestido de negro; en otras, el perro queriendo morderlos.


EL CHARRO NEGRO

Se cuenta la leyenda del charro negro en una gran variedad de lugares en los cuales se ha registrado su aparición.

Hace mucho tiempo, el señor Arnoldo de cincuenta años de edad, vivía en un pueblo de este municipio alejado de la ciudad de Álamo, Ver., se dedicaba al mantenimiento de un rancho, al cual tenía que ir todos los días atravesando varios llanos desde su casa.

Él salía de trabajar a las diez de la noche y conocía todos los caminos que lo llevaban a su hogar.

Durante mucho tiempo no había notado nada extraño. En una ocasión, cuando regresaba agobiado de tanto trabajo, en una oscura noche sin luna, súbitamente sintió que alguien lo seguía, no quiso voltear, pero aceleró más el paso y empuñó un machete que lo acompañaba; sin embargo, experimentaba una extraña sensación, se dio la vuelta y con gran asombro vio que tenía enfrente a un gran caballo negro brillante, con ojos espeluznantes, que era montado por un hombre alto y robusto, con un sombrero amplio, pero que no tenía ojos, nariz, ni boca; al verlo, el señor Arnoldose quedó inmóvil.

El jinete le ofreció una bolsa de dinero, pero el la rechazó y como por arte de magia, se esfumó.

Arnoldo nunca volvió a escuchar el galopar del caballo ni a ver el jinete vestido de charro; sin embargo, nunca logró borrar de su mente la imagen que observó en la oscuridad de esa noche sin luna.

 


LA LEYENDA DE LA CULEBRA

Se dice que hace tiempo un señor que vivía en el Ídolo, adoraba al diablo. Este señor vivía con su familia: su esposa y su hija única, a la que quería mucho. El hombre era muy ambicioso, y anhelaba ser muy rico.

Los habitantes de ese lugar acostumbraban ir a traer leña por un cerro, rumbo a un lugar llamado La Reforma y entre ellos se decía que por ahí, había una piedra grande, según en la cual, se aparecía una culebra con cabeza de diablo, que al señor ambicioso ya se le había aparecido, ocasión que el hombre aprovechó para decirle a la culebra que le gustaría tener mucho dinero; entonces, acordaron que la culebra le daría todo el dinero que él deseara, pero a cambio de algo, que él más amara.

Tiempo después, el señor obtuvo grandes riquezas que no pudo llegar a disfrutar, ya que al día siguiente de convertirse en un hombre rico, su hija falleció y el resto de su vida, el hombre sintió el remordimiento por haber cambiado la vida de su hija por dinero…el diablo le cobró muy caro el haber satisfecho su ambición.

 


 UN HOMBRE DE MUCHA FE

Dicen que varios años atrás, en la comunidad La Victoria, supues-tamente vivió un señor que tenía su casa a un lado del Jardín de niños, ahí habitaba con su familia, pero a él le gustaba mucho dormir bajo un árbol que estaba sembrado en la parte de atrás.

Cuenta la gente, que aquel señor, una noche muy oscura, en que dormía bajo el árbol, escuchó una voz que lo despertó, pero él no vio a nadie, después de esto, trató de conciliar el sueño nuevamente, pero ya no pudo.

Una noche como tantas, volvió a dormirse bajo el árbol, pero entonces se le apareció el diablo diciéndole que le pidiera lo que quisiera y que él se lo concedería, pero que a cambio, le vendiera o entregara su alma. El hombre le respondió que él no era dueño de su alma, porque dios lo había creado y que a él solo pertenecía; el malo se desapareció.

Al otro día sucedió lo mismo y así consecutivamente por mucho tiempo y a cada propuesta, el señor le decía que no. Fue tanta su fe en Dios, que el diablo se cansó y no volvió a aparecérsele

El señor se fue de ese lugar con toda su familia, el terreno se lo vendió a otra persona que hasta este día no ha querido construir su casa en ese lugar, por temor a que se le aparezca el demonio.


EL JINETE DE LA HACIENDA

En los años 60’s en una hacienda llamada “El tigre” que pertenecía a un licenciado llamado Raúl Núñez, vivían unas diez familias, entre ellas estábamos la familia Garrido.

Por las tardes acostumbrábamos a jugar en el patio de la casa, en una ocasión, durante la época de carnaval, estábamos jugando todos los vecinitos “las traes”, mi papá estaba sentado en el patio de la casa observando como nos correteábamos. Ese día, cuando ya estaba oscureciendo, eran como las siete u ocho de la noche, cuando de repente, en el corredor de la casa se escuchó el relinchido de un caballo y al mismo tiempo el galope; todos corrimos asustados hacia donde estaba mi papá, sintiéndonos perseguidos por el caballo.

De hecho, el ruido del galope y la respiración agitada del animal se escuchó detrás de nosotros, pero no vimos nada, la luz de la luna no nos ayudaba para ver qué era.

Después, mi papá nos contó que podía ser el mentado “jinete” que era un ánima en pena que vagaba por el casco de la hacienda y que toda la gente de la congregación ya había escuchado, pero ya estaban acostumbrados. Según los pobladores, en las fiestas de carnaval era común oír relinchar a ese caballo.



LA MALETA DE DINERO

Hace muchos años en un lugar llamado “La Noria” había un señor que iba todas las mañanas a darle agua a sus vacas.

Era el mes de diciembre cuando este señor, que ya era grande de edad, se encaminaba hacia donde estaba el ganado, y sin saber por qué motivo, se desvió, metiéndose entre los matorrales donde encontró una maleta llena de dinero y armas. Abrió la maleta y sacó un billete de 50 pesos, lo guardó en la bolsa de sus pantalones y corrió a esconder la maleta en un lugar seguro para después regresar por ella; sin embargo, cuando regresó a buscarla, acompañado de sus hijos, ésta ya había desaparecido.

El señor contaba que el diablo ya lo había tentado en otras ocasiones pero nunca le hizo caso. También platicaba que no andaba solo y que por muy borracho que anduviera, podía regresar a su casa ya que en las ancas de su mula siempre llevaba a “alguien” que lo cuidaba.



EL CONSERJE DE LA ESCUELA

Cuenta don Pablo, que por cuestiones de tiempo, él se quedaba haciendo sus labores hasta muy tarde en la escuela donde trabajaba.

Un día, tuvo una diferencia de opiniones con el director, el cual era integrante de la logia masónica y que quizá ahí esté la clave de lo que le ocurrió ese día. Cuando el reloj apuntaba más de las once de la noche, don Pablo se encontraba en un salón que quedaba al fondo del pasillo central de la escuela, de pronto sintió pasos detrás de él, volteó y caminó hacia la entrada, inesperadamente salió a su encuentro un muchacho, tenía aspecto de drogadicto, todo tatuado y con la mirada enrojecida. En ese momento, don Pablo pensó que era un vago que se había metido a la escuela, entonces fijó la vista en un enorme perro negro que acompañaba al muchacho, éste también tenía la mirada enrojecida y babeaba.

Platica el intendente que sintió cómo un aire helado le recorrió la espalda cuando el muchacho le habló por su nombre y le dijo: -Pablo, préstame para un refresco-. Don pablo sacó una moneda de diez pesos y se la dio, entonces el muchacho le dijo:-ya la libraste Pablito- Le dijo que ya se fuera porque lo iba a meter en problemas si el director de la escuela se enteraba que se le había “colado” alguien por la noche.

Cuando el muchacho salió del plantel, don Pablo salió corriendo para ver si era persona o algo maligno, pero en la calle no había nadie, la escuela está ubicada en una esquina, donde el camino hace una cruz y para ninguno de los cuatro lados se veía a nadie, entonces el intendente empezó a temblar de los pies a la cabeza, cerró la escuela y se fue sin terminar sus labores.

Al otro día, el director de la escuela lo mandó a traer y le preguntó si había recibido una visita por la noche, don Pablo le dijo que le explicara a qué se refería y él le dijo que ya sabía de quién le hablaba, es por eso que don Pablo relaciona la logia con la visita inesperada. Y cuenta que la libró porque le dio lo que le pedía, porque es la única manera de que el chamuco no te lleve.


EL TESORO DE LA NORIA

Contaba don Amador, que en el casco de la hacienda que está enclavado en el ejido Cinco Poblados, vivía la familia de don Raúl Núñez, que era dueña de casi toda la región y que tenía una hija muy bonita que se llamaba Margarita. Todos los peones y caporales la veían y suspiraban por ella, pero la hija del hacendado nunca se fijaría en alguno de ellos.

Decía don Amador que en una ocasión, don Raúl vio que uno de sus caporales se le quedaba viendo mucho a su hija, el señor le dijo a éste en forma burlona, que le trajera un baúl lleno de monedas de oro y le daría a su hija en matrimonio.

Cuando el caporal se alejó de la hacienda juró que regresaría por doña Margarita, que también estaba enamorada de él. Pasó el tiempo y el caporal no regresaba, a doña Margarita la iban a comprometer en matrimonio con otro hacendado.

Una noche se apareció el caporal en el patio trasero de la hacienda con un baúl lleno de centenarios de oro y pidió a don Raúl que cumpliera su promesa de dar a doña Margarita en matrimonio, don Raúl respondió con sonora carcajada que si de verdad había creído que él podría casar a su hija con un peón de su hacienda. Cuentan que el caporal, para obtener ese baúl con oro, había vendido a su primer hijo al diablo y que como ya no iba a haber matrimonio con la hija del hacendado, el diablo lo evaporó junto con el dinero sobre la fuente que está en el centro del patio trasero.

A partir de entonces, empezó la decadencia de la hacienda, el gobierno expropió algunas propiedades, don Raúl murió y doña Margarita tuvo que huir a la ciudad de México, pero los pobladores del ejido platican que hasta hace algunos años todavía se veía por las noches una flama de lumbre que salía de la fuente, porque según ellos, ahí está enterrado el dinero que llevaba el caporal.

Lo cierto es que nadie se atrevió a excavar para comprobarlo, hoy en día, el casco de la hacienda es una escuela primaria y como dice el dicho: “donde hay chamacos ni el diablo se acerca”.


EL CABALLO NEGRO

Según las personas mayores, cuando aún pasaba el Ferrocarril por este lugar, ya se hablaba del fantasma del caballo negro.

Hace muchos años Silvano y sus dos hermanos fueron a cazar conejos al monte, por el camino que lleva de Chapopote a Mesón Molino.

Ya había matado varios conejos y decidieron regresar a su casa. En el camino, Silvano sintió ganas de hacer del baño y les dijo a sus hermanos que lo esperaran más adelante.

Cuando terminó, se apuró para alcanzarlos, pero repentinamente, a lo lejos vio venir un caballo negro, muy negro, más que una noche sin luna, de cuyas patas salían chispas de lumbre; entonces se hizo a un lado para darle paso al animal, pero éste lo que quería era taparle el camino; entonces sacó su machete y se lo rayó en el suelo para espantarlo, pero el caballo se enfureció más y se le echó encima; en ese momento, las piernas se le doblaron y cayó hincado.

Después de eso, sólo recordaba que en ese instante exclamó: ¡Ayúdame, Dios Mío! Por unos segundos no supo nada de sí. Después recobró el sentido y escuchó un ventarrón muy fuerte que se alejaba por el monte, entonces se dio cuenta que de nuevo se había hecho del baño, pero en sus pantalones.

Siempre estuvo seguro que esa aparición fue algo infernal.

 


EL DIABLO ANDUVO SUELTO

Hace algún tiempo, recuerdo que tenía como catorce años, un día mi amiga Julieta llegó a la casa llorando, me dijo que ya era tarde y que no había vendido las empanadas que su mamá le había preparado; además, que si llegaba a su casa con toda la mercancía, su mamá le iba a pegar; entonces ella me pidió la acompañara a vender, yo le dije que sí, pero que tenía que llevar a mi hermanita por que estaba chiquita y no la podía dejar sola.

Ella dijo que sí y nos fuimos caminando. Nadie nos compraba nada, entonces le dije que nos regresáramos porque ya era muy noche y que ya no había casas por ese rumbo; pero ella no quiso regresar, no sin antes haber vendido todas las empanadas.

Seguimos caminando hasta el cerro y oímos a una persona que gritaba, nos acercamos, era un señor que había colgado a una muchacha en un árbol; nosotras salimos corriendo de ese lugar hasta llegar a la calle. Ahí nos encontramos a una persona que tenía las características físicas del diablo, como nos habían contado nuestros papás. Yo recuerdo que nos escondimos en el monte y de ahí lo observamos, tenía cola; yo estaba completamente espantada, impactada y temblando de miedo.

Mi hermanita se escondió atrás de mí y mi amiga también.

El diablo poco a poco se desvaneció, cuando desapareció por completo salimos corriendo y no lo podíamos creer. Ahora lo cuento, pero aún siento que fue un sueño.



 El duende

Ese pequeño que juega con los niños en los columpios de los patios….

malinches que danzaran adentro de la casa; estos lo hicieron y también barrieron todo el lugar.

Estos extraños sucesos se atribuyen a un duende que se había quedado a morar en esa casa y que hacía todas esas travesuras.



 EL DUENDE DE “EL AGUACATE”

Cuenta mi tío Márgaro, que cuando él era niño, no le hacía caso a las palabras de mi abuela y que le contestaba altaneramente porque era demasiado rebelde. Mi abuela siempre le estaba recordando que si seguía portándose mal, el duende se lo iba a llevar.

Un día, mi abuelo lo mandó a cuidar el naranjal que no estaba muy lejos de su casa. Él se dirigió a ese lugar, cuando llegó, sintió un poco de frío y de pronto escuchó un silbido, se fijó bien en el terreno y vio a un niño que le decía que fuera con él a jugar, Márgaro se espantó y entonces el niño lo agarró, lo empujó y se lo llevó al cementerio de Jardín Viejo.

Pasaron varias horas y como no llegaba a su casa, lo fueron a buscar al naranjal, pero no lo encontraron; lo siguieron buscando durante un buen rato, hasta que su papá lo encontró sobre una tumba en el cementerio, estaba rasguñado del pecho y muy espantado, tanto, que ni siquiera podía hablar.

Cuando por fin puedo hablar, le contó a mi abuelo que un niño le chiflaba en el naranjal, pero como no le hizo caso, éste le pegó y lo empujó llevándoselo al cementerio, donde lo raspó con un alambre.

Mi abuelo le explicó que se lo había llevado el duende por ser un niño malcriado y rebelde y por que no obedecía a nadie.

Desde entonces, mi tío sigue espantado y recuerda con temor la experiencia vivida, pero ya le hace caso a mi abuela.



 LA NIÑA Y EL DUENDE

En una comunidad de este municipio, dos niñas pasaron todo el día jugando en una galera pública. Permanecieron ahí hasta la tarde, pero una de ellas no regresó a su casa y sus papás muy preocupados empezaron a buscarla, para entonces, ya había caído la oscuridad y por ningún lado había señas de ella.

Ya muy entrada la noche avisaron a las autoridades de la comunidad. Ahí se organizó la búsqueda con la participación de más gente. Se fueron a las parcelas porque de ahí provenía el sonido del llanto de una persona; sin embargo, toda la noche estuvieron buscándola sin encontrar rastro alguno.

Pasaron las horas y al amanecer la encontraron durmiendo en un zanjón, la niña estaba desnuda y tenía espinas en la cabeza. Sus padres la despertaron y le preguntaron qué hacía ahí, ella les dijo que un señor chiquito, que traía un sombrero grande la había llevado hasta ahí.

Durante los siguientes días, el duende continuaba visitando a la niña y ella lloraba atemorizada, porque decía que se la iba a llevar otra vez. Las personas que estaban con la niña no veían nada, así que decidieron llevarla con un curandero para acabar con el sufrimiento de la niña. El curandero la barrió con un huevo y le dieron de comer al duende. No fue sencillo que este la dejara en paz pero, al fin lograron mandarlo de regreso al más allá.


EL SOLAR BALDÍO

Esto ocurrió hace algunos años cuando mis amigos y yo jugábamos como a las diez de la noche, a las escondidas, en un solar baldío ubicado atrás de mi casa.

Nosotros éramos diez amigos y todos nos reuníamos a jugar en ese lugar. En esa ocasión, jugando como de costumbre, en un momento del juego, me tocó encontrar a los demás; con mucho cuidado, los fui buscando uno por uno; después de un rato ya había encontrado a ocho, pero me faltaba uno.

Estábamos debajo de un aguacate y yo buscaba al que me hacía falta. Lo que no sabía, era que lo habían llamado para que se fuera a dormir y se salió rumbo a su casa, sin que me diera cuenta porque estaba atrás de mí.

Yo seguía buscando y dirigí la mirada hacia un naranjo, desde donde estaba, alcancé a ver una silueta, me acerqué y vi que era un niño que tenía un sombrero grande y estaba totalmente desnudo, pensé que era el compa-ñero que me hacía falta encontrar, entonces les grité a los demás: -“miren, allá está Héctor”; ellos se empezaron a reír y hasta ese momento me dijeron que Héctor ya debía estar durmiendo en su casa.

Cuando quise mostrarles el niño del que les hablaba, éste ya no estaba.



“EL CHANEQUE”

Hace mucho tiempo, cuando yo era pequeña, sucedieron cosas extrañas en la casa de mis abuelos. Ésta se ubicaba en el terreno donde ahora se encuentra el hotel San Lorenzo. Allí jugaba con mis primos en el patio de la casa, que era amplísimo y estaba lleno de árboles. Cerca del baño se encontraba un frondoso árbol de mango en el que nos habían puesto un columpio y en el que nos encantaba mecernos. El tiempo se nos pasaba volando, mi abuela nos advertía que no estuviéramos jugando tan tarde porque nos aventarían piedras o, peor aún, se nos aparecería el “chaneque”. Nosotros nos reíamos, pensando que sólo nos querían asustar para que dejáramos de jugar.

Así que no hacíamos caso y continuábamos nuestro juego, como todos los días, pero cada vez pasábamos más tiempo jugando y nos metíamos a la casa ya muy noche.

Un día se nos hizo más tarde que de costumbre, el juego era más emocionante y no queríamos terminarlo, estábamos meciéndonos por turnos en el columpio, cuando mi primo se estaba meciendo preguntó que quién le estaba tirando piedritas y dijo que esa era una broma de mal gusto. Al ver que ninguno de nosotros había sido, corrimos asustados a ver a mi abuela y ella para calmarnos nos dijo que iba a preguntar a los vecinos si ellos habían aventado algo para el patio; revisó la cerca de atrás y no había nadie. Entonces, la abuela nos dijo que había sido el “chaneque” y que nos había salido por desobedientes; además, que ya no estuviéramos jugando y que nos fuéramos a bañar.

Nos dirigimos al baño, pero como estábamos tan asustados, decidimos hacernos “guardia”, así que uno se metía al baño y los demás cuidábamos desde afuera; la primera en meterse fue la prima Idalia, después de un rato escuchamos que pegó un grito aterrador, nos acercamos para preguntarle qué pasaba, ella no nos contestaba sólo seguía gritando y no podía salir del baño; de pronto, dejó de gritar, lo cual se nos hizo extraño, entonces, su hermano Felipe se subió a la puerta para sacarla, pero del susto se cayó. Él nos dijo que en el baño había un hombrecito con un gran sombrero, nosotros salimos corriendo a ver a mi abuela y le contamos lo sucedido. Ella salió con el candil en la mano y en la otra llevaba un palo y un cristo y comenzó a decir: “Váyanse de aquí en el nombre de Dios, esta casa es habitada por Él, ¡aléjense!” Después sacó a mi prima que estaba muy asustada y la abrazó.

Posteriormente, mi abuela nos explicó que el “chaneque” sale en ciertas noches del mes cuando la luna está en determinada fase, que se aparece cerca de los columpios para mecerse por las noches.

Desde el día en que se apareció el “chaneque”, por las tardes amarrá-bamos los columpios para que no se mecieran en la noche.

Hasta nuestros días se sigue apareciendo en el terreno, sólo que ahora ya no hay niños a quien asustar, sino los huéspedes del hotel que se edificó en el terreno de mis abuelos, lo sé porque ahora vivo justo enfrente de él.


LOS DUENDES

Narran que éstos son unos enanos con sombrero gigante y orejas grandes, dicen que son espíritus que aún no han podido descansar en paz. Estos enanos están escondidos en lugares oscuros, es por eso que salen de noche o de madrugada.

Cuenta un señor que a él le salió uno de ellos, dice que lo vio en el puente de Las Cañas cuando se dirigía a trabajar, eran las cuatro de la mañana. El duende se paró enfrente de él y no lo dejaba pasar, entonces el señor se bajó del burro y empezó a correr, pero dejó el burro; en la tarde le avisaron que éste estaba muerto en la Granadilla, un pueblo más delante de las Cañas. Nadie se explica lo que pasó, pero el dueño del burro dice que fueron los duendes y que sí existen.



POR EL CAMINO

A mí dos veces me siguió el duende. La primera vez me fue a meter a un horno, ya era de noche y yo venía borracho cuando lo topé; me invitó a tomar y le dije que sí, entonces me llevó y perdí el sentido. Cuando desperté, estaba dentro de un horno.

La segunda vez, la luna me engañó. Como no tengo reloj, salí de mi casa como a las dos, pero yo pensaba que eran las cinco de la mañana. Ensillé mi burro y salí, ya iba subiendo el cerro, cuando vi que venía una persona y supuse que era alguien conocido y que también ya se dirigía a su trabajo, pero no, era el duende y me empezó a espantar, me venía echando agua; yo no le hice caso, pero el burro iba muy inquieto, no dejaba de mover las orejas; así fue todo el camino.

Al otro día, le conté a un amigo lo que me había sucedido. Creo que le platiqué las cosas tan reales, porque después, él me dijo que lo había soñado, que le había ocurrido a él, que en el sueño, el duende lo invitaba a ir a su casa, que vivía en el cerro y que el ganado de por ahí era de él.

El duende es así, como cualquier persona, es chiquito y si lo quieres encontrar, tiene que ser tarde y debes estar en ayunas y tener valor para ha-blar con él, eso, cuando le quieras pedir algo, pero entonces, él te pedirá algo a cambio también.


EL DUENDE ENAMORADO

Cuenta la gente que en Jardín Viejo vivía una pareja con sus dos hijas, una tenía 19 y la otra, 15 años. A la más pequeña la molestaba un duende, porque estaba enamorado de ella. Siempre le hacía travesuras y le espantaba a los novios.

La chamaca ya no sabía qué hacer porque el duende no la dejaba en paz; cuando ella iba a traer agua al pozo y ya tenía listas las cubetas, el duende les ponía una bola de tierra y el agua se convertía en lodo; entonces, la muchacha tenía que tirar el agua y volver a llenar las cubetas, pero sin enojarse porque si se molestaba, el duende le pegaba.

Lentamente, ella se estaba muriendo porque el duende no la dejaba ni comer, ya que si tenía un plato con comida, o el vaso con agua, o lo que fuera, él le echaba tierra, por esa razón, ella siempre estaba triste.

Sus papás preguntaron a varias personas qué podían hacer, porque querían que su hija viviera y ellos deseaban estar en paz; entonces, un hombre les dijo que había una forma muy fácil de librarse de él y les indicó que llevaran a unos músicos que tocaran violín y guitarra e interpretaran canciones tristes, ya que al duende le gustan éstas, porque se cree que él era huérfano.

Poco a poco, el duende fue dejando a esa muchacha en paz, pero hasta la fecha anda por esos rumbos y cada vez que ve a una familia con dos hijas, recuerda a la muchacha, de quien estaba muy enamorado y al ver a otra jovencita de su edad, piensa que es ella, la sigue y la molesta.


LAS TRAVESURAS DEL DUENDE

Un sábado por la mañana, estando en la casa de don Félix, vi pasar por ahí a una señora llamada Damasia; ella me dijo que si iba a traer agua, le respondí que sí y nos fuimos juntas. Cuando íbamos cruzando la tranca, yo estaba adelante de Damasia, quien sintió que le tiraron algo y preguntó:-¿Quién me tiró?- a mí me dio miedo y apresuré el paso.

Más adelante, como a medio camino, le volvieron a tirar a Damasia y con una piedra le pegaron en la nalga; las dos nos asustamos y nos apuramos a caminar.

Llegamos al pozo y una vez que llenó su cubeta, doña Damasia volvió a recibir una pedrada, nuevamente me asusté, agarré mi cubeta y me adelanté. Más miedo nos entró porque por todo el camino le venían tirando, entonces, le dije que a lo mejor era el duende.

Al llegar a su casa, el duende le empezó a tirar terronazos desde el bordo, esto fue durante toda la tarde y toda la noche; lo raro era que le tiraban nada más a Damasia.

Ella y su familia sufrieron esto por medio año y había noches enteras en que el duende no dejaba dormir a la señora, ni a su esposo Lorenzo. El duende llenaba bolsas de tierra y las tiraba hacia el techo de su casa.

La gente no creía esto, pero un día unas personas fueron al bordo a ver si era cierto, y efectivamente, vieron que estaban tirando hacia donde estaban ellos, sólo entonces creyeron lo que los habían contado.

Esa situación ya era insoportable, don Lorenzo, desesperado, le pegaba a doña Damasia por ese motivo, y como ya no soportaban al duende, la familia hacía rituales, ofrendaban, hacían bailes y rezaban; sin embargo, el “mal”no se iba. Por último, el duende sacaba las imágenes de los santos y los cuadros que tuvieran en su altar; se los tiraba al camino y los señores se espantaban cada día más.

La gente les decía que hicieran por siete noches una velación y que rezaran; además, que en la última noche, hicieran un baile. Don Lorenzo trajo a un curandero de Chicontepec para que sacara al duende de su casa. Se hicieron los rituales para ahuyentarlo y desde esa noche, dejaron de pelear don Lorenzo y doña Damasia.


LOS TRAVIESOS

No hay una sola persona que no haya escuchado las historias de los duendes. De estas pequeñas criaturas con las que las madres amedrentan a los niños: “te van a llevar los duendes”.

Cuando era pequeño me daba miedo encontrarme con ellos. Los duendes son unos pequeños hombres que miden como medio metro de altura, usan sombrero grande y visten trajes de colores y, en algunas ocasiones, aparecen desnudos. A veces, se aparece uno solo, pero también pueden presentarse en grupo. Andan por los potreros, naranjales, cafetales y caminos solitarios; no les importa si es noche o de día con tal de andar haciendo sus travesuras.

Al visitar una casa se hacen invisibles, molestan demasiado, echan cochinadas a la comida, tiran lo que se encuentre al alcance de sus manos. Lo que más persiguen es a los niños, los engañan con dulces y juguetes bonitos, así se los llevan de sus casas para perderlos. Si el niño no quiere ir, se lo llevan a la fuerza, aunque llore o grite.

Una vez, un señor respetable, contó que una noche cuando iba a caballo con otro amigo, vio saltar a un chiquillo a la orilla del camino. Al ver esa figurilla, en ese lugar tan solitario y en horas tan inoportunas, ambos se extrañaron; bajaron el ritmo de los caballos para preguntarle hacia dónde se dirigía. -Voy a hacer un mandado- dijo el pequeñín. A pesar de que apresuraban el paso, el niño chaparrito los seguía a cierta distancia, con una agilidad increíble. Aquel espectáculo les puso la piel de gallina y no querían mirar hacia atrás, cuando se atrevieron a voltear, éste había desaparecido.

Algo similar a lo que cuenta esta historia le sucedió al hijo de un amigo. Tenía días de haber desaparecido y sus padres lo buscaron por todos lados, hasta que lo encontraron en un potrero lejano del pueblo.

Cuando se le preguntó cómo había llegado ahí, dijo que unos hombrecitos muy pequeños se lo habían llevado, dándole dulces y juguetes; pero cuando estaban lejos del pueblo, lo pellizcaban y lo molestaban, mientras lloraba, aquel grupo de chiquillos se reía y bailaba, burlándose de él.

Dicen que para ahuyentar a los duendes, la música es un arma infalible.



JUGANDO CANICAS

Cuenta una señora que cuando era niña, su papá tenía unas tierras sembradas de maíz que ya iban a dar elotes y se dice que cuando la milpa está muy alta, como entonces, salen los duendes para robarse a los niños.

Recuerda que había que atravesar el río en un bote y que su papá era un ser muy hostil y poco cariñoso con sus hijos. Una vez que cruzaron el río, el señor se echó a caminar entre la milpa y les dijo a sus hijos que no se le separaran porque ahí había duendes y se los podían llevar. Siguió caminando a paso veloz, los hijos del señor lo seguían con mucho miedo por lo que el papá les había dicho, caminaron aproximadamente como mil metros y cuando llegaron a la choza del padre, él preguntó por el hermano menor, todas voltearon y dijeron que no lo habían visto desde que atravesaron la milpa. El padre les dijo que no se movieran de ahí, que lo esperaran y se regresó corriendo en busca de su hijo.

Corrió tan rápido como pudo, siguiendo la vereda por la que había pasado, ahí encontró a su hijo encuclillado, jugando con un montón de canicas, lo levantó y lo regañó, le dijo que cómo era tonto, que por no apresurarse, el duende lo encontró y lo convenció de jugar canicas con él, pero lo que el papá no sabía, era que el duende hipnotiza a los niños y no pueden salvarse de su presencia.

Esto sirvió a aquel hombre para valorar un poco más a sus hijos, ya que el miedo de llegar a perder a uno, le hizo recapacitar y jamás volvió a tratarlos tan mal.


LA NIÑA Y LOS CHANEQUES

Se dice que son pequeños duendecitos que andan en las noches, en los caminos o cerca de las casas que están en las orillas de la comunidad, que traen unos sombreros muy grandes; son muy chaparritos, les gusta jugar con la gente y hacerles travesuras, les quitan sus cosas, los desvían del camino, y cuando se dan cuenta, tardan para ubicarse y volver a encontrar la dirección hacia su casa.

Muchos dicen que sus hijos pequeños juegan y platican con ellos en la noche, cuando todos duermen; los padres se espantan cuando sus hijos hablan solos.

Una sobrina mía hablaba y platicaba con ellos y después, no la dejaban dormir; sus papás no veían nada. La llevaron con una señora que sabía de hechizos y brujerías, también “curaba” este tipo de males ocasionados por estos seres.

La señora dijo a los padres de la niña que el remedio era muy sencillo, que le arreglaran a los duendes un lugar donde ellos se la pasaran felices y entretenidos, sin molestar a la niña y recomendó que pusieran muchos globos inflados bajo un árbol grande y frondoso, lejos de su casa. Y así lo hicieron, llevaron a la niña para que los atrajera hacia el lugar preparado donde se supone que los duendes debían quedarse a jugar con los globos.

Después de esto, regresaron a su casa y la niña ya pudo dormir tranquilamente, jamás fue molestada por los duendes.


EL POTRERO

Hace algunos años un jovencito que se llama José Guadalupe vivió una experiencia que nunca olvidará: él ayudaba a su papá a cuidar el ganado, un día el señor lo mandó a su terreno para que vigilara los animales, José tardó un poco para llegar a su destino porque se fue caminando, ya que el potrero estaba retirado del pueblo; cuando llegó se sentó en una piedra, pues estaba agotado. De pronto salió un niño, era bajito de estatura y con

un sombrero muy grande, José se puso a jugar con él y no se dio cuenta que ya había pasado mucho tiempo desde su llegada al lugar y las vacas ya se habían alejado del sitio donde estaban.

José no regresó a su casa y sus familiares estaban como locos, preguntaban por él en todo el pueblo; lo buscaron toda la noche y no apareció.

Al día siguiente, salieron muy temprano para seguir la búsqueda y fueron al terreno donde pastaba el ganado. Ahí estaba José entre unos jacubes, se encontraba profundamente dormido, cuando despertó sólo recordó que había jugado con un niño, que se había entretenido con él todo el día sin cansarse, pero en realidad había sido todo el día y toda la noche y no se percató de ello, pues había estado como hipnotizado.



 EL DUENDE DEL MANGO

Hace varios años, en el ejido Buenos Aires, cuando yo tenía ocho años de edad e iba a la escuela primaria, mi salón era de barro y a un lado estaba un árbol de mango. Cuando nosotros salíamos de la escuela, algunos compañeros se iban a su casa y otros preferían quedarse a jugar ya que la maestra vivía ahí.

Como a las cuatro de la tarde salía un niño chaparrito, con un sombrero grande, que no daba la cara, invitaba a los niños a jugar canicas con él, pero no les hablaba sólo les enseñaba las canicas y como éramos niños, jugábamos con él; sin embargo, nos dimos cuenta de que no era como nosotros, porque cuando se iba, después de haber jugado un buen rato, nada más se perdía debajo del árbol de mango.

Un día le platiqué a mis padres y dijeron que por las características que les mencioné, no era un niño, sino el duende del que todos hablan. Luego la gente se puso de acuerdo y tumbaron el árbol de mango. De ahí en adelante no se supo más del duende. Dicen que todavía existe, pero sólo es el viento que se escucha.



FUE EN LA NORIA

Hace mucho tiempo a “La Noria” empezaron a llegar unas personas para poblar el lugar entonces no había luz ni agua, sólo unas cuantas casas.

En ese tiempo, los niños se divertían jugando a las escondidas y correteando por el campo.

En cierta ocasión, una señora dejó a su hija jugando ahí con los demás niños, su niña era pequeña y apenas podía caminar,

Cuando empezaba a oscurecer, los niños dejaron de jugar y empezaron a regresar a sus casas, pero la niña no llegó. Su mamá, desesperada empezó a buscarla en las casitas de los vecinos, pero nadie le daba información. Los señores del pueblo ayudaron a buscarla y tampoco la encontraron, como en ese tiempo se creía mucho en los duendes; dijeron que un duende se la había llevado.

Entonces, una persona dijo que para que el duende terminara con su travesura, lo tenían que insultar, así que empezaron a gritarle pinche duende….y otras palabras más fuertes. Después de un rato, escucharon ruidos que provenían de un árbol. Se oía que golpeaban y movían las hojas. Toda la gente fue hacia allá y encontraron a la niña en una de las ramas más altas, pero la niña apenas empezaba a caminar.


UN NIÑO CHAPARRITO

Esta historia sucedió en el Ejido Pueblo Nuevo. Cuentan que un muchacho de aproximadamente 12 ó 13 años era muy grosero y muy travieso con su mamá. En cierta ocasión, se despertó en la madrugada para ir al baño, dicen que vio a un niño chaparrito con un sombrero muy grande, que le hablaba, pero él no quería ir. Sin embargo, cuando vio que tenía mucho juguetes a los lados, pensó en ir, pero desistió de su idea. En eso, como no obedecía al llamado del pequeño, cuenta que sintió un chicotazo y después, se quedó dormido, cuando despertó se encontraba en medio de un cerro, en un naranjal y no sabía para donde ir.

Sus familiares no lo encontraban, lo fueron a buscar, pero fue en vano; el chamaco no aparecía. Estaban asustados porque no sabían donde estaba, ni qué le habría sucedido. Lo bueno fue, que un señor que pasaba por el naranjal, donde lo había dejado abandonado el duende, reconoció al muchacho y lo llevó a su casa.

A partir de entonces, cambió su forma de ser radicalmente.


EL DUENDE

Una señora muy devota llamada Luisa de Cervantes, una noche vivió un cambio radical en su vida.

Estando acostada en su cuarto, a oscuras, sintió fuertes golpes en sus mejillas, se levantó, encendió la luz y para su sorpresa, frente a ella estaba un horrible enano que se reía burlonamente. La señora dio un grito de terror y el hombrecillo desapareció.

Este hecho lo comentó a sus amistades, quienes llegaron a la conclusión de que ese ser era el duende a quien el “malo” envía para tentar a las personas más devotas y poner a prueba su fe.

Este suceso se repitió por varias noches, y en una de tantas, ante ella se presentó una figura diabólica con garras; y a partir de entonces, ya no se le aparecía nada más en las noches, sino también en el día, en los pasillos de la cocina, y en todo lugar.

La señora de Cervantes acudió al convento y pidió ayuda a los frailes, quienes le recomendaron hacer uso de la oración y la fe. Sin embargo, el duende se le seguía apareciendo. Cuentan que en una ocasión, durante una reunión, el duende le quitó el vestido, le rompió la Biblia y el rosario, por lo que mi abuelo le aconsejó que viajara al convento de Santo Domingo en la ciudad de México, ya que era un santuario y que esos entes malignos no resisten entrar ahí.

Así lo hizo doña Luisa de Cervantes para no volver a sentirse perseguida por ese ser, se enclaustró en dicho convento y de ahí no salió jamás.



LOS NIÑOS DUENDES

Cuentan que en el río Cuinapan que está ubicado en Tierra Blanca Boxter, hace aproximadamente 40 años, un grupo de amigos fueron a nadar, eran las vacaciones de Semana Santa, época en que se acostumbra ir a divertirse a estos lugares.

Estos muchachos salieron de su casa sin el permiso de sus padres, se pasó el día poco a poco, transcurrieron las horas y se hizo de noche; cuando amaneció, los padres de los muchachos ya estaban desesperados por no tener noticias de sus hijos y salieron a buscarlos, preguntaron a sus vecinos si no los habían visto, pero nadie sabía de ellos.

Así fueron transcurriendo los días, pasaron meses y un año después, sus padres ya habían perdido toda esperanza de encontrarlos y los dieron por muertos.

Mucho tiempo después los padres de los muchachos fueron al río con unos familiares que venían de vacaciones. De repente escucharon unos gritos que decían: ¡Auxilio! ¡Mamá! ¡Papá! ¡Sáquenos de aquí por lo que más quieran! Los padres de los muchachos trataron de ubicar de dónde provenían los gritos, cual fue su sorpresa que a más de un año de desaparecidos encontraron flotando en un remanso del río los cuerpos de los muchachos.

Se retiraron del lugar para dar parte a las autoridades y cuando regresaron ya no encontraron nada, los cuerpos habían desaparecido, ¿verdad, mentira? Nadie lo sabe, lo cierto es que por las noches en ese mismo lugar se escuchan las voces de los muchachos pidiendo auxilio.

Desde entonces, nadie va de noche a ese lugar, por miedo.



UN NIÑO MUY BONITO

Había una vez un señor que tenía un terreno cerca del cementerio, un día fue a ese lugar a darle de comer a sus vacas. Estaba en su labor cuando a lo lejos escuchó un chiflido que poco a poco se acercaba más. De repente, vio frente a él a un niño muy bonito que le dijo: ¿para qué les das de comer si yo ya les di?.

El señor, espantado le preguntó: ¿Tú quién eres? ¿Qué haces aquí? En ese momento, esa persona miró extrañado a su alrededor y se dio cuenta que no había nadie hablando con él; entonces, decidió regresar a su casa.

Le contó a su esposa lo que había sucedido y ella le contestó que tal vez era algo malo, aunque pareciera ser bueno por su linda carita.

Desde entonces, ese niño visita al señor diariamente en su trabajo.


EL DUENDE DEL COLUMPIO

Hace muchos años, en Álamo, cuando aún no había tantas casas pero si mucha vegetación en pleno centro de la ciudad, cuentan que por esos rumbos, vivía una familia que tenía tres hijos, dos niñas y un niño. En la parte trasera de su casa tenían un árbol de mango muy frondoso, ahí, el señor había colgado un columpio rústico para sus hijos, estaba hecho de lazo y una tabla como asiento.

Cuentan que por las tardes los niños jugaban en el patio y se divertían mucho. En una ocasión, se les atardeció; su madre les decía que ya no jugaran más el columpio porque eso atraía a los duendes y que vendrían a jugar con ellos. De momento los chicos obedecieron, pero después de cenar se le escaparon a la mamá y regresaron al columpio; para asegurarse de la existencia de los duendes, comenzaron a mecerse; de pronto, empezaron a sentir como terroncitos que les arrojaban y que provenían de la parte de atrás del patio, para ser exactos, de la parte más oscura. Los niños pensaron que era su primo, ya que por esa parte había una entrada y por ahí llegaban su tío y su primo.

Pasó un buen rato y vieron que no era nadie. Uno de los niños corrió a quejarse con la mamá de los terronazos que estaban recibiendo, la señora le dijo: -dile a tus hermanos que ya se metan porque les va a salir el duende-. Cuando la niña regresaba a avisar a sus hermanos, pasó algo inexplicable. De repente el columpio se vino abajo y los niños se cayeron, al escuchar los gritos, salieron el padre y la madre a ver qué le ocurría a sus hijos; el señor no se explicaba por qué se había caído el columpio si no tenía mucho tiempo de haberlo revisado, además, el lazo que tenía era bastante grueso. Cuando tuvo el lazo en sus manos, se dio cuenta que había sido cortado como con un machete muy filoso, tomó un palo y se echó a caminar dentro del solar que era grande, mientras la esposa encendía la luz para ver mejor.

No había nada ni nadie, de repente empezó a correr un aire frío y el señor metió a su familia, ya a solas le dijo a su esposa que eso era cosa del duende, ya que le dio coraje que los niños no lo dejaron jugar con el columpio.


EL DUENDE DEL DURAZNO

En el ejido La Concepción, las personas mayores platican la historia de un muchacho que era muy rebelde, nunca hacía caso de lo que le decían sus tíos, se sentía superior; creía que por haber cumplido la mayoría de edad ya podía hacer lo que le viniera en gana.

Este muchacho vivía con su abuelita que lo había criado desde chiquito, pero ni a la señora le tenía respeto, apenas cumplió los 23 se casó y llevó a su mujer a vivir con su abuela, sin embargo, él seguía con la misma actitud altanera y rebelde.

Peleaba con su familia porque le querían hacer ver sus errores, ya se habían dado por vencidos. Una noche que hacía muchísimo calor y no había agua en el tinaco de la casa y había que bombearla del pozo. A este muchacho que era muy rebelde, y todo lo hacía al revés, se le hizo fácil apagar la luz del patio y salirse a bañar junto al pozo. Cuando estaba enjabonado, empezó a sacudirse un árbol de durazno que estaba en el patio, él pensó que era una ráfaga de aire que movía el arbolito, pero al voltear se dio cuenta que todos los demás arbustos estaban en calma; entonces, entró corriendo a su casa, pero en el trayecto hacia el interior, le aventaban piedras y éstas provenían del durazno. Entró gritando y todos se levantaron para ver qué le sucedía, por un momento pensaron que estaba drogado, porque iba totalmente desnudo; cuando le dieron un trapo para cubrirse, relató lo que le había pasado, tomaron un arma y salieron a ver qué era, pero no había nada; el arbolito estaba normal, no corría nada de aire, todo estaba bien.

Desde entonces, este muchacho corrigió su manera de ser, obedecía a su abuelita y a sus tíos y prometió trabajar para mantener a su mujer.

Dicen que fue el duende, otros, que el alma de su papá que lo corrigió; nadie sabe lo que pasó, lo cierto es que desde hace muchos años a los jóvenes rebeldes les dicen que se les va a aparecer el fantasma del durazno.


MATEO

Se dice que hace muchísimos años, muy cerca del poblado de Mesón Molino, existía un rancho llamado “Sacramento”. En ese rancho vivía una familia con un sólo hijo.

El chico se llamaba Mateo y contaba con sólo ocho años de edad. El niño acudía muy a menudo a hacer la compra de la despensa de su casa a Mesón Molino, el chico les decía a sus papás que ya no quería ir, porque cuando iba por el camino le salían niños con grandes sombreros que le tiraban cosas, entre ellas, chotes.

Sus padres no le creían y lo castigaban porque decían que sólo era un pretexto para no hacer nada, así que lo mandaban a fuerza a hacer el mandado, como de costumbre.

Hasta que un día, encontraron a Mateo sin vida al igual que a su caballo y los dos estaban desnucados. Se llegó a la conclusión de que los duendes lo mataron. Se dice que fue tanta la culpa y tristeza que sintieron sus padres que la mamá a los pocos minutos murió y el padre, a los pocos días.

Ahora se cuenta que en ese lugar suceden cosas raras, se escuchan lamentos de la mujer y a lo lejos, en el camino, se ve a un niño que va a todo galope en su caballo.



 LOS XOCOYOLES

Cuentan los antiguos pobladores de Álamo, que había un hombre que no creía en la palabra de sus antepasados. Le contaban que al caer una tormenta con truenos y relámpagos salían unos niños llamados los xocoyoles.

Los xocoyoles son los niños que mueren al nacer o antes de ser bautizados. A esos niños les salen alas y aparecen sentados encima de los cerros y los peñascos.

Cuentan que esos pequeñitos hacían distintos trabajos: unos regaban agua con grandes cántaros para que lloviera sobre la tierra; otros hacían granizo y lo regaban como si fueran maicitos; otros hacían truenos y relámpagos con unos mecates. Por eso oímos ruidos tan fuertes y nos espantamos.

Pero todo esto, ése hombre no lo creía. Un día, después de una gran tempestad, se fue a cortar leña a un cerro. Cuando llegó vio a un niño desnudo, que tenía alas y que estaba en la rama de un árbol.

El hombre se sorprendió, sobre todo cuando el niño le dijo: -si me das mi mecate que está tirado en el suelo, te cortaré toda la leña que salga de este árbol-. El hombre preguntó: -¿de verdad lo harás?- y el niño le contestó: -si, en verdad lo haré. En realidad el señor estaba muy asustado y sólo le seguía la corriente porque tenía miedo que le hiciera algo.

Como pudo, fue uniendo varios palos. Al terminar puso el mecate en la punta y se lo dio. Cuando el niño tuvo el mecate en sus manos, le dijo al señor que se fuera y regresara al día siguiente a recoger su leña. El hombre se fue corriendo y el xocoyol comenzó a hacer rayos y relámpagos. El árbol se rompió y se hizo leña. Al otro día el señor fue al mismo lugar y grande fue su sorpresa al ver que aquel viejo árbol estaba convertido en leña y por fin se dió la cuenta que los viejos eran sabios y sabían lo que decían cuando se referían a los xocoyoles.



Brujas
Con escoba y sin ella practicando ritos de magia, conjuros y hechizos…



LA BRUJA CASILDA

Esta es una historia que pasó hace mucho tiempo y que contaban nuestros abuelos.

Todo comienza en un pequeño pueblo donde vivía una señora llamada Casilda, de quien hablaba todo el pueblo. Se murmuraba que era una bruja y que por las noches salía de su casa a matar a los niños que vivían en los pueblos cercanos.

Doña Casilda era una mujer trabajadora que hasta por la noche se la pasaba haciendo quehacer, pero todo aquello que murmuraba la gente, era verdad. Ella era una bruja que todas las noches, cuando su esposo llegaba del trabajo, le daba en la cena un brebaje para que éste durmiera profundamente y no se diera cuenta de sus actividades ocultas. Así que, cuando él se quedaba dormido, ella hacía una hornilla con piedras a la cual le daba siete vueltas, se sobaba las piernas con saliva y se las quitaba, luego las ocultaba detrás de la puerta para que nadie pudiera descubrirlas. Al salir de su casa se convertía en guajolote y se iba volando a los pueblos cercanos; se paraba en los techos de las casas donde estuvieran criando un bebé y en el lugar preciso, hacía un agujero por donde pasaba un hilillo de baba con el que le chupaba la sangre a los niños.

Pero un día de tantos, debido a que la gente le había comentado las sospechas que tenían, respecto a las misteriosas actividades nocturnas de Casilda; el esposo quiso salir de la duda y decidió espiarla. Esa noche, cuando llegó de trabajar, fingió cenar y aparentó irse a dormir; cuando él estaba acostado, Casilda fue a verificar si ya estaba dormido. Él logró engañarla, entonces, con los ojos entre abiertos vio todo lo que hacía Casilda, desde poner la hornilla, hasta marcharse volando una vez convertida en guajolote.

Cuando ella se fue, él se levantó y quemó las piernas de Casilda; rápidamente reunió a toda la gente para cortar leña verde y darle el castigo que merecía. Cuando la bruja regresó, lo primero que vio fue a su esposo y comenzó a gritar -¡viejo!, ¿qué hiciste con mis piernas? En ese momento, toda la gente la acorraló y la quemaron en una hoguera encendida con leña verde.



LAS BRUJAS

Esto sucedió hace mucho tiempo en un lugar llamado Rancho Nuevo, cuando en éste sólo había una que otra casa…

En una ocasión, un joven esperaba el autobús a la orilla de la carretera, pero no pasó y como era un lugar escasamente poblado, decidió empezar a caminar por la vereda oscura y así lo hizo; prosiguió hasta que, en medio del camino, se encontró con tres señoras que iban hacia su casa, platicó con ellas y le ofrecieron pasar la noche ahí, ya que era la única que había por ese rumbo.

El joven aceptó y una vez que llegaron a la casa, las mujeres le dijeron que se subiera al tapanco, pues ahí podía dormir. El joven subió y se dispuso a dormir, pero después de cierto rato de estar durmiendo, despertó al escuchar unos ruidos extraños, entonces, se fijó hacia abajo y alcanzó a ver como las señoras se transformaban: se quitaron las piernas y les salieron alas, él se impresionó tanto al ver eso, pero debido al cansancio, enseguida se quedó dormido nuevamente.

Al amanecer el joven despertó y muy temprano bajó para despedirse de esas señoras, pero ellas no lo dejaron ir, sin que antes comiera algo. Ellas habían preparado tamales y le ofrecieron uno, el joven lo aceptó, puesto que desde el día anterior no había comido.

Mientras el joven comía, vio que entre la carne del tamal había un pie de bebé, y esto lo horrorizó, le preguntó entonces a una de las señoras que qué era eso. En ese momento, las otras dos mujeres aparecieron transformadas en palomas, como él las había visto la noche anterior.

Las señoras tenían en su poder otro bebé, al que seguramente querían hacer lo mismo; aterrorizado ante lo que veía, el joven salió corriendo.

En cuanto llegó a su casa relató a sus familiares lo que había vivido y ellos les dijeron que esas mujeres eran las supuestas brujas que se llevaban a los bebés.

Estas historias dejaron de escucharse después de algún tiempo. Lo último que se comentó acerca de las señoras, fue que murieron en un accidente que ocurrió en su propia casa.



LA NAHUALA

En un ranchito cerca de Temapache vivió una bruja que todas las noches hacía travesuras.

Cierto día se casó y dejó las travesuras por un tiempo, pues tenía que atender a su esposo, entonces, ella pensó ¿porqué no salir de noche? Así nadie la descubriría, menos su esposo pues él no sabía que era bruja.

Y así lo hizo, salía por las noches en punto de las 12:00 a.m. convertida en caballo, molestaba a cualquiera que pasara por enfrente, siempre andaba relinchando y haciendo perjuicios. En una ocasión, en que no dejaba dormir a la gente y había un gran disgusto entre los pobladores por esta razón, decidieron atraparla con ayuda de la policía. Cuando ya tenían al animal, lo llevaron a la comandancia y pasó varias horas ahí, hasta que el vigilante se dio cuenta que no estaba, entonces, la gente se enfureció con los encargados de vigilarlo, tanto que los querían linchar. Pero ellos se quedaron sin habla, ya que se dieron cuenta que el dichoso caballo se había transformado en una mujer, asustándose aún más al ver que a ésta, le colgaban los pelos del caballo por todo el cuerpo.

Después de estos hechos, con el paso de los meses, su marido se alejó de ella y la bruja quedó muy mal, ya que cada vez que se cortaba el cabello, en el mismo instante crecía.


LA ANCIANA

Cuentan que hace muchos años, existió una anciana que era muy enfermiza, siempre estaba acostada en su catre y encerrada en un cuarto muy oscuro.

Dicen que sólo salía por las noches, en especial cuando había luna llena, se levantaba y salía a pasear como si no tuviera nada de dolor ni enfermedad alguna. Sus vecinos la veían salir de casa, pero de repente, la perdían de vista.

Un día, llegó a vivir cerca de ahí una pareja que tenía dos hijos; un niño como de cinco años y una bebé de pocos días de nacida.

Al poco tiempo de haber llegado, vieron salir a la viejita muy noche y como todo estaba tranquilo, se escuchó un fuerte aleteo y observaron como salía volando detrás de su casa, un animal parecido a un guajolote que se fue sin dejar rastro. En eso, los vecinos que estaban despiertos fueron a asomarse para ver si aún estaba afuera la anciana, pero no había nadie. Como pensaron que tal vez sólo había salido al baño y regresado a dormir, no hicieron caso y se fueron también a acostar.

Al otro día se enteraron que a la niñita de la pareja vecina la habían asesinado, pero extrañamente, sólo le quitaron el corazón.

Desde entonces empezaron a sospechar que lo que ahí pasaba, tenía que ver con la anciana. Como al tercer día, la vieja salió a buscar bebés, pero en esta ocasión la descubrieron cuando acababa de asesinar un bebé y los papás junto con los vecinos la persiguieron hasta atraparla, pero estaba convertida en animal. Entonces, un anciano dijo a los papás del bebé muerto, que le pegaran siete veces al animal, con el listón con el que acostumbraban amarrarle los pañales.

Dicen que así lo hicieron y además le echaron agua bendita para que se muriera. Al final se transformó en la anciana y murió por las quemaduras que le produjeron el listón y el agua bendita.


Animales

Los poderes sobrenaturales dentro de una creación de la naturaleza…


LA SERPIENTE DORADA

El cerro de Sombrerete es un lugar que encierra misterios que han dado origen a las leyendas, creencias y tradiciones donde se invocan elementos naturales del bosque a través de rituales para pedir buenas cosechas.

Se dice que en este cerro hay una serpiente dorada que vigila el bosque y que mide más de cinco metros de largo. Hace años, durante la Revolución Mexicana, las tropas de Carranza se internaron en la parte noreste del estado de Puebla, pasando por esta región del estado de Veracruz y dejaron haciendas, escondites y refugios, buscando siempre las partes altas de los cerros para realizar sus ataques contra las tropas del enemigo; ello también sirvió de escenario para esconder, camuflagear y almacenar sus armamentos en lugares estratégicos.

Por esta razón el cerro de Sombrerete, esconde entre sus árboles y su tierra dos baúles de oro puro que actualmente valen muchísimo dinero cada uno. Esto ha atraído la curiosidad de propios y extraños.

Sin embargo, los primeros en explorar el cerro en búsqueda del tesoro perdido fueron pobladores de Metlaltoyuca, Rojo Gómez, Ojital La Guadalupe, y el mismo Sombrerete; se dice que esta gente fue de- sapareciendo o muriendo de diversas y misteriosas enfermedades incurables.

El último que se atrevió a buscar el tesoro sobrevivió por unos días y pudo contar todas las aventuras y misterios que pasó en ese cerro, no sin advertir a sus amigos y familiares lo que podía pasarles si se adentraban en busca del tesoro que había allí. Contó que en ese lugar habita una serpiente dorada, gigante, con cuernos y brillantes ojos que al mirarla, hacían perder la noción del tiempo; esto provocaba que la gran serpiente introdujera a sus víctimas al interior del bosque y al momento de despertar, la persona se encontraba en otro sitio rodeado de pequeñas serpientes. Esto refería el hombre, un campesino de aquel lugar.

A los 15 días aquel campesino fue hallado muerto en su parcela con la lengua hinchada y morada.

Hasta el momento, la leyenda ha recorrido todo el municipio y su desenlace no aparece escrito en las historias y leyendas de los pueblos alamenses.


EL TECOLOTE

En la comunidad llamada Paso Real, había una casa que tenía un enorme árbol de mora, tan alto y tan frondoso que en él habitaban muchas aves por el día, pero no sólo hermosas calandrias, sino también palomitas de varios colores y periquitos; por la noche aparecía un horrible tecolote de plumaje negro, ojos amarillos y enormes que parecía estar cuidando todo lo que pasaba; siempre que sucedía algo malo éste se burlaba de las personas que ahí habitaban.

Un día, las personas ya fastidiadas de su presencia, decidieron deshacerse de él. Pedro, que era el papá de dos niños, uno llamado Juan y otro llamado Pablo, al ver que esta ave tan fea quería picotear a uno de sus hijos sacó un rifle y le apuntó, le dio tantos tiros como pudo que no tenía ninguna esperanza de vivir, pero la sorpresa fue que después de un rato que ya parecía haber muerto se paró como si nada le hubiese ocurrido; entonces Pedro decidió cortarlo de manera que no pudiera levantarse nunca; lo cortó a la mitad y cuando lo abrió dentro de él había muchos alambres retorcidos y no tenía tripas, además despedía un horrible olor a muerto. Después decidió ir a tirarlo al monte muy lejos de la comunidad, cerca de un arroyo.

Al pasar algunos días una señora salió a buscar tierra de monte para sus plantas, se dirigió al arroyo y al llegar, vio algo muy extraño que no podía creer, era el cuerpo sin vida de un hombre ya anciano con colmillos a quien apodaban “el conejo”, casi nunca salía de su casa, la cual era muy fea; fue la policía y dijo que al hombre lo habían matado ya que estaba abierto del abdomen y su cuerpo tenía algunos disparos. Al enterarse de esto, Pedro se acordó que así había matado a aquel horrible tecolote y no dudó en pensar que tal vez este señor era nahual. La gente rumoraba que por las noches veían salir animales de su casa a pesar de que el anciano no tenía ninguno y en el día se la pasaba durmiendo.

Lo cierto es que no se sabe la causa de la muerte de este señor….


EL GATO DEL CEMENTERIO

En la localidad del conocido ejido El Ídolo, en la década de los 80’s, José, que era el velador del cementerio, contó que vio fuego al fondo de este lugar, no eran velas ni estaban quemando basura y menos a las doce de la noche.

repente cambió el clima, empezó a correr un aire frío, las nubes taparon la luna y él no veía casi nada.

Llegó al cementerio, abrió el portón, caminó hacia el interior, prendió su linterna para poder hacer su trabajo, cuando corrió otra vez el mismo aire frío y le dio por voltear al fondo del cementerio.

En el lugar se percibía un ambiente misterioso y fue a inspeccionar, pero cuando estaba a unos cinco metros, se le descompuso la linterna y el fuego desapareció, en ese momento alcanzó a ver un animal como un gato; él traía pilas de repuesto y se las puso a la lámpara rápidamente, pero lo que parecía un gato empezaba a crecer y a caminar hacia la barda. José lo empezó a alumbrar con la lámpara y cuando lo encontró, observó que su cara tenía forma humana, en ese instante, la luz de la linterna duró casi dos segundos y se volvió a apagar.

José salió corriendo del cementerio, nunca volvió a trabajar de velador en ningún otro lado, y otras personas que han trabajado ahí han dicho que ellos también han visto cosas raras….



EL TECOLOTE DEL PANTEÓN

Los hechos que relata esta leyenda ocurrieron en la ciudad de Álamo, Temapache, Veracruz…

Hace aproximadamente 25 años un señor salió a pasear por los alrededores de su casa y después se encaminó al cementerio a visitar la tumba de un familiar. Al pie de la tumba había un árbol pequeño en el que estaba parado un tecolote de aspecto feo. Después de tres días regresó al panteón y ese animal estaba ahí otra vez, entonces pensó que no era algo bueno y decidió matarlo con una piedra a la que grabó una pequeña cruz. Se cuenta que cuando la arrojó aquel animal cayó al suelo sin siquiera sangrar una sola gota. Esto le extrañó, entonces fue a su casa y lo abrió, se sorprendió aún más al ver que por dentro sólo estaba relleno de listones de colores. Regresó al lugar donde estaba el árbol y ahí colgó al tecolote, donde lo había visto por primera vez y se fue a su casa. Cuando llegó, su esposa le preguntó por qué no había llevado al tecolote, entonces él le contestó que lo vería colgado en el árbol del cementerio.

Al día siguiente salió la mujer a buscar al animal, pero no lo encontró. Y tampoco al árbol. La sorpresa fue que al volver, ese árbol estaba en su propia casa a la orilla del solar y de una de sus ramas… colgaba el tecolote.



LA RANA

Esta historia tuvo lugar en una comunidad del municipio de Temapache. El señor Juan había ido a trabajar a su parcela, el sol estaba tan fuerte y no corría nada de viento, él había estado escardando en su sembradío de maíz; su parcela no era muy grande, pero lo que cosechaba le alcanzaba para el sostenimiento de su familia, la cual estaba conformada por María, su esposa; Rosa, Teresa y Miguel, sus tres pequeños hijos, que acostumbraban acompañar a su padre a la parcela, porque solían encontrar pequeñas piezas que fueron usadas por las culturas que habitaron esta región de la Huasteca Veracruzana.

Descansó un rato y prosiguió con su labor, cuando de pronto el azadón se atoró en algo duro y fuerte que hasta lo cimbró, jaló el azadón y se agachó para ver qué era lo que le impedía seguir con su trabajo. Empezó a escarbar la tierra con las manos y fue descubriendo poco a poco una piedra de color verde, tallada en forma de rana. La sacó del hoyo que había hecho. Juan volteaba de un lado a otro pensando que alguien lo estaba espiando, rápido tomó sus herramientas y quiso ocultar la rana entre sus ropas, pero no pudo, ya que la figura era grande; entonces cortó algunas ramas y la escondió. Emprendió el camino hacia su casa, al llegar le comentó a su esposa lo que había descubierto, tomó un costal y regresó a la parcela, buscó la figura ente las ramas y la guardó en el costal para regresar a su casa.

Al llegar, buscó un lugar donde guardar la figura, se le ocurrió que como era tan bonita y brillaba, luciría muy bien en el altar que tenían en la casa; como ya era de noche colocó ahí la figura y se fueron a dormir.

A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que hizo fue asomarse para ver si la figura estaba ahí o solo había sido un sueño, pero se sorprendió al ver que la pared que estaba detrás de la rana, estaba mojada.

Salió de la vivienda pensando en que había llovido con aire muy fuerte y las palmas que cubrían el techo de la casa se habían caído, mas esto no era cierto, porque el patio estaba completamente seco y tenía varios días que no había llovido por esos lugares.

Diariamente, el campesino revisaba si la rana amanecía en el lugar que la había puesto dándose cuenta que la pared también estaba mojada y que el enjarre ya comenzaba a despegarse. Por lo tanto, decidió volver a enjarrar y sacó la figura al patio para no salpicarla con el lodo que estaba utilizando. Sacó la mesa con la rana y la puso debajo de unos árboles que tenía sembrados en el patio. A los pocos minutos, empezó a nublarse el cielo y cayeron las primeras gotas de lluvia.

Juan corrió hacia su casa para no mojarse y creyendo que la figura se iba a deshacer con el agua, salió para meterla de nuevo a la casa, tomó la figura y se metió; en ese preciso momento, cesó la lluvia y salió el sol.

Bueno, dijo: - como ya no llueve, seguiré enjarrando- y sacó nuevamente la figura. Al momento, se volvió a nublar y comenzó a llover, pensó: esto es coincidencia o brujería, pero yo vuelvo a meter la rana a mi casa para que no se deshaga y dicho esto, la metió a su casa y el agua cesó.

Su mujer observaba esto callada y analizando la situación, así que le habló a su marido Oye Juan, he estado observando que desde que trajiste la rana a la casa, la pared amanece mojada, hoy que decides reparar la pared y sacas la figura al patio empieza a llover, la metes a la casa, deja de llover y sale el sol; de nuevo la sacas y vuelve a llover, la metes y se detiene el agua, ¿qué no ves lo que está pasando?, creo que esta figura es como el dios de la lluvia, ¿Por qué no la sacas un rato más largo para que siga lloviendo?, ya ves que casi no ha llovido últimamente, hace mucho calor y las siembras se perderían si no llueve.

Juan se quedó pensativo un rato y dijo: - Es cierto, mujer, tienes razón, vamos a aprovechar que está la rana con nosotros y que llueva, pero no mucho, porque a lo mejor nos ahogamos con tanta agua y las milpas se inundarían. Dicho esto, sacó la estatuilla y comenzó a llover.

Esto sucedió hace muchísimo tiempo en la comunidad de Aquiles Serdán, perteneciente al municipio de Álamo, Temapache, Veracruz; no sabemos que sucedió con la rana, si la hayan destruido por tanta agua o quizás la depositaron en el lugar donde fue encontrada.



LA CHIVA

Cuenta un camionero que se llama Julio, que hace muchos años, cuando él era joven, manejaba un camión de volteo con el que transportaba material para la construcción y que, por lo tanto, seguido andaba por el río. Por esos lugares, toda la gente contaba anécdotas de brujas, duendes y aparecidos, y a él le parecían increíbles, pensaba que eso lo inventaban sus compañeros para infundirle miedo y ganarle los viajes.

Él se echaba dos o tres vueltas con el camión al río, pero ya en la última vuelta regresaba solo porque todos los demás tenían terror de ir tan tarde, pero como él no creía en esas historias, no tenía miedo.

Nos contó que en una ocasión, ya pardeaba la tarde cuando fue a echarse su último viaje del día, sintió que alguien lo observaba y pensó que eran sus compañeros que lo querían asustar, no hizo caso y siguió con su trabajo. Cuando salía del río con el camión cargado, los paleros iban arriba, cansados, se echaron sobre la arena y se quedaron dormidos, en eso, de reojo vio que a su lado iba una chiva sentada como persona, se le erizó la piel y pensó: - es mi imaginación- volvió a ver y sí, efectivamente, iba una chiva sentada a su lado como si fuera una persona, pero él tenía que poner mucho cuidado a la carretera porque más adelante estaba el desfiladero. De repente, se le apagó la luz del camión y entonces la chiva le habló y le dijo: -dale para la derecha no seas….-- don Julio no le hizo caso porque él ya conocía ese tramo peligroso de la carretera, hizo todo lo contrario, le dio para la izquierda y así pudo salvarse de caer al desfiladero, cuando ya había pasado el tramo peligroso, volvió a encenderse la luz del camión y el señor volteó a ver a su lado y ya no estaba la chiva.

Tembloroso del miedo le contó a sus compañeros lo que le había pasado y ellos le confirmaron que, efectivamente, un camionero que milagrosamente salvó la vida al caer del desfiladero, les contó que una chiva se le subió al camión y que le dijo que le diera para la derecha y se fue al barranco, pero antes de caerse el camión el señor abrió la puerta y se aventó, por eso se salvó.

Cuenta don Julio que jamás volvió a ir solo por ese lugar y menos de noche, que él sí había aprendido la lección.


Personajes

 

Legendarios

Aquí vivieron y aunque ya no están, aún se les recuerda….


EL ROBACHICOS

Cuenta esta leyenda que hace mucho tiempo, aquí en Álamo vivía un señor que tenía la facultad de convertirse en animal; este hombre por las noches robaba a los niños de las casas para tragárselos. Durante el día trabajaba en su casa y cuando por boca de los vecinos se enteraba de la desaparición de algún niño, fingía estar aterrado. Ya eran siete los niños que robaba, esto le permitía alargar su vida y tener más fuerzas.

Una noche, alguien que pasaba por su casa lo vio salir y se dio cuenta que esa misma noche otro niño había desaparecido sin explicación. Esa persona comenzó a sospechar de él y un día puso una trampa poniendo de carnada a su propio hijo; lo esperó hasta que en la noche un perro grande entró por la ventana, pero el perro se dio cuenta que el hombre ya lo esperaba y salió corriendo. El señor lo correteó en medio del naranjal, después de un rato de ir detrás de él pudo ver que el animal se hacía más grande, entonces el hombre se asustó e intentó huir, pero el perro no lo dejó. En ese momento recordó que su papá le contó una vez que para ganarle a un nahual tenía que aventarle el sombrero; éste rápido lo aventó sobre él, después el perro comenzó a encogerse hasta desaparecer.


LA BRUJA TAMINA

Se dice que hace mucho tiempo había una mujer que le llamaban la bruja Tamina, cuentan que ella podía ver el futuro de las personas a través de sus manos, como si fuera una adivina.

Ella vivió donde ahora es la colonia Aviación, en ese entonces todavía no había tantas casas como en la actualidad. Un día, unos amigos que se conocían desde muchos años atrás, oyeron hablar de esa bruja y decidieron ir a verla. Cuando llegaron a su casa, la bruja les dijo que si querían que les leyera la mano para saber su futuro, los jóvenes aceptaron y ella tomándoles la mano, les fue diciendo lo que les deparaba el destino; todo iba bien hasta que a uno de ellos le dijo que tenía una maldición, el muchacho al principio se asustó, pero cuando le dijo que era una maldición de amor, que las mujeres no lo dejarían en paz, él se sintió muy a gusto.

Después de muchos años, este joven se casó, pero nunca pudo ser feliz porque la maldición que le había dicho la bruja Tamina siempre lo acompañó. Al paso del tiempo, ya de edad muy avanzada seguía sufriendo las consecuencias de ese hechizo porque no había una sola mujer que lo dejara en paz; así pasó el tiempo y cuando murió muchas mujeres le lloraron inconsolablemente


EL MANO NEGRA

 

Cuenta la gente del centro de Álamo que hace muchos años, existió en este municipio un hombre al que le apodaban “El Mano Negra”.

Este hombre misterioso había pertenecido al ejército, donde se le formó un carácter fuerte y un afán de justicia. Por aquellos años, Álamo era un pueblo sin ley, los maleantes hacían de las suyas sin que nadie pudiera impedirlo, atracaban a los pobladores por los caminos solitarios y oscuros, donde los despojaban de los bienes que portaban y en algunas ocasiones, hasta les quitaban la vida.

Esta situación ya había cansado al pueblo, pues vivían con el temor de salir por las noches, fue entonces cuando apareció la figura de este personaje, de quien se decía que radicaba en la ciudad de Tuxpan y que, inexplicablemente, aparecía en lugares y momentos precisos en que ocurría alguna fechoría.

Las personas que vivieron esos tiempos, relatan que El Mano Negra había recibido este apodo porque portaba un guante negro y hacía justicia por su propia mano.

Quienes más llegaron a temerle fueron los maleantes, ya que muchos de ellos fueron sus víctimas. Los acechaba por las calles oscuras que rodeaban los bares y tugurios de la ciudad y ahí, cuando éstos menos lo esperaban, eran sorprendidos por este personaje, quien los mataba sin piedad.

 

Gracias a él, la vida en Álamo en esos tiempos, fue recuperando la tranquilidad y las personas podían pasearse por las calles, sin temor a ser sorprendidos por los bandidos.


Lugares

La fantasía y el misterio ubicados en un espacio…


EL GRAN MISTERIO

 En el ejido llamado El Salto, perteneciente al municipio de Temapache cuentan que desde hace mucho tiempo y hasta la actualidad ocurren cosas extrañas en el arroyo donde se encuentran unas cascadas, en ellas hay dos pozas misteriosas.

En una de las pozas, cuentan que las personas se enloquecen si llegan a sumergirse en ella. Aparentemente no se ve honda, pero cuando alguien se mete y se sumerge profundamente sufre algún trastorno ya que cuando sale reacciona como si estuviera loco y quiere matar a cualquiera que vea, la gente piensa que actúan así porque el diablo los controla y hace que a más personas les dé curiosidad y se quieran meter.

En la otra poza, hay una jícara con joyas y diamantes, cuentan que quien visita el lugar escucha un canto que lo atrae y lo lleva hasta ahí, cuando ve lo que hay en la poza es tentado por la ambición de conseguir el tesoro y se mete a ella, pero al pretender tomarlo su cuerpo comienza a podrirse y las manos se le queman.

Todo esto sucede cuando alguien va solo al lugar, porque si van muchos no se escucha ningún canto y todos pueden entrar a cualquiera de las dos pozas sin que pase nada extraño.


EL MANANTIAL

Se cuenta que en la comunidad ahora llamada “El Manantial”, existió un hacendado que tenía grandes extensiones de tierras.

Esta comunidad antes se llamó “Rancho Seco”, nombre que se le dio para que los propietarios de las tierras cercanas no se dieran cuenta que ahí existía un pequeño manantial. El rico hacendado, tenía muchos empleados para que cuidaran de sus tierras y cuando alguno de ellos le fallaba o cometía alguna falta, lo mandaba fusilar y lo arrojaba dentro de una fosa honda y obscura.

Se cuenta que cuando llegaron las primeras personas a poblar los alrededores de ese lugar se percibía una fuerte pestilencia a muerto, debido a que el hacendado había matado a tanta gente que el olor era ya insoportable.

Se dice que el dueño de la hacienda murió debido a que sufrió una fuerte caída en el baño de su casa y que las huellas de su sangre se observaban por todas partes. Tiempo después, la hacienda se convirtió en escuela primaria y una casa pequeña que quedó, se acondicionó para que la habitara el director. Varios profesores han vivido ahí y cuentan que a veces aparecen las huellas de sangre, además, que debajo de un árbol de mango está una piedra rectangular, donde por las noches se enciende una gran luz y se cree que es ahí donde el hacendado guardó todos sus tesoros.

Hasta la actualidad nadie ha tenido suficiente valentía de levantar la piedra, pero hay un túnel que llega hasta ese punto, muchos dicen que si abren ese lugar el alma del hacendado se va a enojar y va a matar a la persona que lo haga, por eso nadie se atreve a descubrir lo que oculta la piedra.


EL POCITO ENCANTADO

Cierta mañana me encontraba jugando en el patio de mi casa, no recuerdo si tenía siete, ocho o tal vez nueve años de edad, cuando escuché de casualidad la conversación que tenían mis padres en el corredor. Mi papá hablaba de cierto hallazgo, de una aparición en una comunidad cercana a Álamo, me pareció interesante la plática y me acerqué a ellos para enterarme mejor.

Sucedió que en el ejido Pueblo Nuevo, comunidad perteneciente al Municipio de Álamo, Temapache, Ver., había aparecido una imagen de la virgen de Guadalupe en un pozo de agua, de esto hace más de treinta y cinco años.

Recuerdo que mi papá dijo Vamos para que no nos cuenten. Y emprendimos la marcha hacia el lugar que decían estaba encantado.

No recuerdo qué tanto tiempo caminamos, sólo que en partes el camino era de terracería y en otras, había grava regada.

Llegamos a aquel lugar en donde estaba el Pocito Milagroso, observé que algunas personas habían llevado a sus familiares para que se bañaran con esa agua que era extraída del pozo; esto con la finalidad de que el agua bendita les limpiara el cuerpo y a la vez los aliviara de sus males; otros más llenaban garrafas, oyules, güiros o botellas para llevar agua a sus casas. Aquel lugar me pareció mágico, al llegar, levanté la vista hacia los árboles que se encontraban en ambos lados del camino y parecía que juntaban sus ramas unas con otras e hicieran un techado o cueva para no dejar pasar los rayos del sol que a mediodía eran muy fuertes. El lugar era fresco, había algunas velas de cera encendidas alrededor del pozo, en símbolo de solicitud o agradecimiento de algún milagro concedido.

Por algún tiempo escuché comentarios acerca de que a algunas personas sí se les concedió el milagro y sanaron al beber o bañarse con esa agua del Pocito Milagroso, no sé si era verdad o era la fe que tenían en esos momentos.

Me platican que en la actualidad es más fácil llegar, porque el camino está mejor engravado y que el pozo fue tapado varios años después.

 

 

LEYENDA DE HIDALGO AMAJAC

Hace muchos años, cuando apenas empezaba a poblarse esta parte del municipio de Temapache que hoy conocemos como Hidalgo Amajac, habían mandado a hacer un trabajo de construcción para el cual tenían que derrumbar unos cerros que rodeaban el lugar. Los trabajadores empezaron tumbarlos y se turnaban para quedarse a cuidar las máquinas en las noches.

En cierta ocasión, a uno de los trabajadores se le apareció un hombre vestido de negro, de andar sombrío y mirada fúnebre que le dijo que ya no siguieran tumbando los cerros porque de lo contrario, cada día moriría uno de ellos.

Al día siguiente, el trabajador le dijo a sus compañeros lo que había ocurrido, pero no le creyeron y se rieron de él. Le decían que estaba loco y continuaron con su labor.

Sin embargo, se estaba cumpliendo la amenaza del hombre de aspecto extraño, ya que cada día que pasaba moría un trabajador, ya sea por accidente o por otras causas inexplicables.

El trabajo de la compañía prosiguió y cuando a los empleados sólo les quedaba un cerro por derribar, por una extraña razón todos murieron antes de terminar la obra.

Al paso el tiempo, ese cerro poco a poco se fue haciendo pequeño; eso lo sabe lad gente del pueblo de Hidalgo Amajac que vio crecer su comunidad al lado de éste.


LA FUNDACION DE ÁLAMO

Cuentan que hace muchísimos años, por la ribera del río Pantepec, un peón de la hacienda de los Quintana andaba leñando, pero como ya era mediodía se sentó a comer su lonche debajo de un álamo. De pronto, escuchó un ruido y vio que de un hueco que había en el tronco del árbol, bajo el cual se estaba sombreando, salió un animal embarrado de una sustancia negra y olorosa, pensó que se trataba de algo malo y le dio miedo.

Se fue tranquilizando poco a poco y notó que el animal no se alejaba, sino por el contrario, se echaba bajo el árbol casi rozando sus pies, esto le permitió observarlo con detalle, acercó sus manos temblorosas y tocó aquella sustancia negruzca, notó que era algo pegajoso que se adhería a su piel, al principio pensó que era lodo podrido del chiquero o de alguna charca. Empezó a limpiarlo y se sorprendió al ver que era un tlacuache.

Rápidamente enredó al animal con su morral y le fue a contar al patrón lo que había sucedido.

Tiempo después empezaron a llegar hombres y maquinaria para extraer el petróleo en esta región. Con las compañías, llegaron personas que les preparaban alimentos a los trabajadores y fue así como se fue habitando el pueblo de Álamo.


ESTERO DEL IDOLO

 

Se dice que hace muchos años, en los rededores del municipio de Álamo, todo era monte, algunos pobladores de la región empezaban a ver las posibilidades de hacer de aquellos matorrales tierras productivas. Estas personas merodearon por todo el terreno y encontraron en él un estero de agua dulce, por lo que pensaron que era conveniente establecerse ahí.

Empezaron las labores de desmonte para limpiar las orillas del estero y ahí se realizó el hallazgo, un peón grito: -vengan todos a ver esto- .Era un ídolo de oro puro. Todos acudieron al momento y decidieron llevárselo a la comunidad de Álamo para realizarle algunas ofrendas.

Cuentan los pobladores que al otro día el ídolo desapareció, algunos decían que era cosa de brujería; otros, que porque lo extrajeron del lugar donde fue encontrado. No se sabe en realidad qué pasó, lo cierto es que una pieza de oro puro no pudo haber desparecido sin dejar rastro, es algo inexplicable….

Pasado un tiempo, las personas que estuvieron involucradas con el descubrimiento de la pieza de oro, decidiero nedificar sus casas en ese lugar y así poco a poco se fue poblando la comunidad.

Los fundadores, por decisión unánime, acordaron que su caserío se llamara “Estero del Ídolo”.

 


CONCLUSION

El primer centenario de Álamo, ha sido la afortunada circunstancia para reencontrarnos a los que aquí nacimos y vivimos- con nuestra historia local, con los orígenes de todas las actividades productivas, sociales y culturales que han ido definiendo la forma y el contenido de este pueblo, cuya riqueza vamos descubriendo al observar minuciosamente lo que por ser parte de nuestra cotidianeidad, generalmente no apreciamos ; como ocurre con las expresiones literarias que hemos escuchado desde niños en boca de nuestros padres y abuelos, por quienes conocimos las leyendas de nuestro pueblo.

El equipo de seis docentes del COBAEV-5 que trabajó en la presente investigación, recopiló este material conservado y transmitido a través de la tradición oral, leyendas que cuentan historias donde se refleja la riqueza creativa de nuestra gente que en sus relatos mezclan hechos y acontecimientos “reales” con elementos fantásticos, con la elocuencia del lenguaje popular donde la línea que separa a la ficción de la realidad se pierde para dar paso a un género literario donde la cultura popular se despliega presentando todos los temas, creencias, acontecimientos y personajes que en este primer centenario de Álamo adquieren el carácter de leyenda.

Esperamos que este trabajo haya motivado a rescatar las reuniones familiares para contar y escuchar las leyendas de nuestro pueblo, así mismo que con éste se logre fomentar el gusto por la lectura, a través del viaje imaginario por el mundo de los relatos fantásticos, que a lo largo del tiempo han provocado en los oyentes emociones encontradas al disfrutar y a la vez atemorizarse por las vivencias legendarias.

 


AGRADECIMIENTOS

A todas las personas que gustan de contar leyendas, permitiendo la conservación de estas historias como parte de la cultura popular de este lugar.

 

A todos los pobladores de las diferentes comunidades de este municipio que desinteresadamente proporcionaron información sobre las leyendas d su lugar de origen.

A los alumnos del COBAEV-5 de 2°, 4° y 6° semestre del período 2006-A por su colaboración en la recopilación de datos.

A las autoridades del COBAEV-5 por el apoyo y las facilidades brindadas para la realización de este trabajo.

 

LEYENDAS DE MI PUEBLO”

se terminó de imprimir en el mes

de noviembre de 2006,

en los talleres de

Amatl Imprenta y Offset,

Av. 20 de noviembre oriente 283

Xalapa-Eqz., Veracruz, México.

La edición consta de 500 ejemplares



REALIZADO POR PERSONAL

DOCENTE DEL COBAEV-5 DE ÁLAMO, VER.

 

 

LIC. ROCIO DEL CARMEN GARCÍA CRUZ

LIC. MA. TERESA HERNÁNDEZ LECHUGA

LIC. IDALID CHÁVEZ ANGELES

LIC. RAÚL ARRIETA OCHOA

LIC. ALEJANDRO JUNCAL FAISAL

LIC. RICARDO ROBLEDO GUILMORE

“Leyendas de mi Pueblo”

Se imprimió con el apoyo del Gobierno del Estado que

preside el Lic. Fidel Herrera Beltrán y

del Municipio de Álamo Temapache, Ver., siendo

Presidente Municipal el Ing. Jorge Vera Hernández.

Derechos Reservados, 2006.

Prohibida su reproducción total o parcial.