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HISTORIA DE ÁLAMO Y SU ENTORNO HUASTECO

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DEDICATORIA

Desde la presentación de mi primer trabajo literario “El Eclipse” hice la solemne promesa de que al terminar este libro, sería dedicado a todo el pueblo que me vio nacer: Álamo.

Y como todo hombre de palabra se la dedico a toda la gente presente y ausente de mi entrañable terruño.

Incluyendo, desde luego, en mi agradecimiento, a mis inmediatos colegas de “Cronistas de Veracruz A.C.”, como el Dr. Obed Zamora Sánchez, cronista de Tuxpan y Presidente de dicha asociación, al Lic. Leonardo Zaleta Juárez, cronista de Poza Rica; a Rodolfo Robledo Reyna, cronista de Álamo; al Lic. José Gabriel Gómez Corrales; al C. Prof. César Puertas Téllez y, aunque sea de modo póstumo a Don Oscar del Juncal Azuara y varios otros que de no haber contado con su apoyo generoso, la búsqueda en la que me he empeñado no hubiera sido posible.

                                                                             El autor.


PRESENTACION

“Historia de Alamo y su entorno huasteco” es un libro destinado a provocar polémica. Es de esos textos que reciben alabanzas o vituperios, pero que nunca podrán pasar desapercibidos, aunque cabe puntualizar que no fue escrito por un apóstata sino por un autodidacta perseverante, apasionado de la micro-historia.

Su autor Leonel Clemente Pazarán indagó en Códices, archivos, foto-grafías y longevos informantes, hasta encontrar datos curiosos, y sobre todo rastros de que la “actual ciudad de Álamo se asienta sobre el suelo de un pasado glorioso como fue la tierra de Tzicoac o Cicuaque” enclavada en la huasteca meridional, afirmación causante de interminables controversias pues a la fecha no ha sido debidamente explorada. Para 1820 aparece enseñoreado en esas latitudes el hispano Conde don Juan Del Juncal, de la misma estirpe que doña Manuela quien contrae nupcias con don Manuel Nuñez, ligando así su sangre y fortuna al destino de estas tierras. Es cierto, como fenómeno que se produce en todo el mundo, la historia oficial o tradicional se distorsiona, se falsea, se acomoda para justificar algunas acciones pecaminosas de la élite del poder. Distintas versiones confrontan a los historiadores.

Sin embargo, coincide con algunos estudiosos que le antecedieron, como Manuel Maples Arce, Angel Saqui del Angel, el presbítero Bernabé Santes Simbrón (Perspectivas de Álamo, 1974) y Rodolfo Robledo Reyna (Historia de Alamo, 2ª edición 2001), en que para el año de 1906, el asen-tamiento humano de Álamo en su actual ubicación, ya había conformado un caserio organizado urbanística y socialmente.

Es cierto, se trataba de un conglomerado dedicado a las actividades agropecuarias y al comercio, cuando irrumpió el estrepitoso brote de los pozos petroleros de riqueza legendaria. Potrero de Llano (1910), Alazán (1913), Tierra Blanca y Cerro Viejo (1921), Chapapote Nuñez (1922), Paso Real (1925), o San Isidro y Jardín se ligaron a la nomenclatura de las compañias Penn Mex Fuel, El Aguila y Sinclair Company, que acometieron con voracidad la explotación de los jugosos yacimientos del subsuelo.

Entre 1923 y 1926 registra la presencia silenciosa en Tampico, Túxpan, Cerro Azul y Álamo de César Augusto Sandino, el nicaragüense que adqui-riría después perfiles de símbolo latinoamericano, que como obrero petrolero hizo acopio de recursos y energías para regresar a luchar por la libertad de su patria atrapada en las redes de la dictadura, la explotación y la miseria. Este último año Álamo adquirió la categoría política de Villa.

Andando el tiempo, por los años de 1925 a 1937, otra transnacional, la Wimberger Banana Company, (con oficinas principales asentadas en Túx-pam) le dio un leve impulso a la economía de la región, comprando -a pre-cio castigado, como es usual- la producción platanera a orillas del río Pantepec, atiborrando los mercados internacionales con la deliciosa fruta cosechada en este suelo.

Pero se dio el caso, ante el asombro de los incrédulos y los negros augurios de los fatalistas, que después de la expropiación petrolera de 1938, o del agotamiento de sus mantos años después, Álamo siguiera construyendo su destino, buscando nuevos rumbos, dejando asentado rotundamente que su mayor riqueza la constituye el dinamismo de sus pobladores que han aprendido a evitar la discordia, a seleccionar opciones y a persistir en los aciertos.

Reseña los avatares de las primeras instituciones educativas y algunos docentes de grata memoria, así como los intentos emancipadores para trasladar la cabecera municipal desde Temapache, concretados en el decreto No. 92 del año de 1927 expedido por la Legislatura del Estado, hazaña que correspondió realizar a don Guillermo Vélez Castillo (originario de Xochiatipan, Hgo. y a la sazón presidente municipal), y un puñado de aguerridos ciudadanos armados de decisión y coraje, el 18 de febrero de este año. No obstante, señala con justicia, la comunidad de Temapache, la del templo de piedra edificado entre 1540 y 1576 con plegarias franciscanas sudor nativo en honor al apóstol Santiago, sigue ostentando con orgullo el título de Heroica unido a los apellidos de Gutiérrez Zamora como se lo confirió la Legislatura del Estado por decreto No. 45 el 13 de octubre de 1878, y le sigue dando el nombre al municipio.

Deja constancia de los sucesivos episodios que recogieron las bondades de la campiña alamense, agrícola desde tiempos ancestrales, o la ganadera que sucumbió ante la fiebre aftosa que asoló los verdes potreros y pastizales al finalizar el período del presidente Manuel Avila Camacho (1946) y parte del de Miguel Alemán; la tabacalera que con su derrama económica inundó de aromas y toxinas las décadas de 1970-80, y actualmente la citrícola cuya bien cimentada fama tramonta los mas apartados confines del globo. Un detonador importante fue el puente sobre el río Pantepec que entró en servicio en 1980 y abrió la vía corta a Tampico y el norte del país. La comunicación terrestre ya no se cancela como ocurrió durante las crecientes de 1929, 1930 y 1955.

Lamentablemente, esta historia se corta de tajo el año 2003 en que muere Leonel, así que aún están frescas las coronas de flores que custodian su tumba. Pero nos dejó este legado editorial que registra no solo sus vivencias y preocupaciones, sino una serie de esperanzas insolutas, porque su autor visualizó un Álamo empeñado en la construcción de una sociedad más armoniosa y próspera mediante el trabajo denodado de su gente.

Fué Leonel Clemente, un narrador ameno y sencillo como se puede constatar en su primer libro “El Eclipse y otros relatos” publicado en el año 2001. En sus capítulos La noche del derrumbe, La tragedia del Titanic, Abuelo, cuéntame un siglo, El sabor de la crónica, y El eclipse, queda plasmada su vocación literaria. Pero además, fue un estusiasta promotor de la Casa de Cultura de la que llegó a asumir la dirección una temporada, hasta que su salud se lo permitió.

Este libro póstumo nos testimonia su quehacer histórico, pero va más allá, nos confirma su calidad de hombre de gran visión; da prueba de la voluntad inquebrantable de un legítimo alamense que ama a su pueblo, al que siempre percibió como principio y fin, cuna y mortaja.

Apasionado de los relatos desconocidos, lo mismo que su entrañable amigo Rodolfo Robledo Reyna (cuya común afición fue motivo de furiosas y simpáticas confrontaciones que se clausuraban con una buena taza de café), fue un incorregible conversador que defendía a capa y espada la validez de sus argumentos. Sus amigos, sus lectores, así lo entendimos, así lo aceptamos y así lo quisimos.

Participó, como socio de “Cronistas de Veracruz, A.C.” en los congresos por gran parte del territorio veracruzano que se celebran cada seis meses, y hacía uso de la tribuna no solo para defender y difundir pasajes históricos de Álamo, sino para llenar a su ciudad natal de evocaciones y piropos, porque la llevaba en la piel y en la entraña, en la sangre y en el alma.

Leonardo Zaleta

Cronista de Poza Rica

Julio del 2006

INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

HISTORIA DE ALAMO Y SU ENTORNO HUASTECO, se une al pequeño grupo de pioneros de la historia general de la ciudad de Álamo. Para honra de sus esfuerzos, debo enlistarlos en orden cronológico comenzando con Manuel Maples Arce, Ángel Saqui del Ángel, Pbro. Bernabé Santes Zimbrón y Rodolfo Robledo Reyna.

Se va llenando de esta manera desde sus orígenes la natural necesidad de todo pueblo de registrar y tener su respectiva memoria histórica.

Álamo ha tenido que esperar el paso de casi un siglo para que su historia fuera rescatada del olvido y el polvo del tiempo, que se estaba yendo junto con sus primeros fundadores y con las generaciones que a partir de ellos se formaron. Quede en estas páginas mi modesta aportación.

Leonel Clemente Pazarán


I. RAÍCES PREHISPÁNICAS

NUESTRAS RAÍCES.

Apuntes para una historia de Álamo.

La lógica directa apunta a que las ciudades no se aparecen por obra y gracia de un acontecimiento fortuito, como es el caso de Álamo, a la que se atribuye como su nacimiento el brote del Pozo Álamo No. 1 en el año de 1913.

Aunque en algunos lugares ese ha sido el caso, no sucedió así con las raíces del lugar donde más tarde se formaría la ciudad de Álamo.

“Los Lienzos de Tuxpan”, que describen los códices de tierras, muestran un apasionante conjunto de datos que, con toda claridad, mencionan las lejanas raíces de nuestro núcleo y entorno histórico.

Tan es así, que entre las noticias más antiguas registradas por Ixtlil-xóchitl, en cuanto a la secuencia de los estratos culturales, menciona hasta el grupo tolteca que, procedente de Huehuetlapallan, había abandonado Zacatlán y luego se fincó en Tuzapan, en el año 590 E. C., luego en Tepetlán en 596, en Mazatepec en 603 y, enseguida, Tzicoac, en 611 E. C. y, finalmente, en Iztachuexuca, en 619.

Tuzapan es cercano a Coyutla, Tepetlán todavía no tiene localización segura, aunque se ha llegado a creer que se trata de Pantepec. A Mazatepec los códices de Tuxpan lo colocan en el área de Cazones, e Iztachuexuca es Huejutla, y el que especialmente nos llama la atención es el lugar que aparece históricamente con distintas pronunciaciones y significados etimológicos: Tzicoac (o Xiuh-cóatl).

Tzicoac aparece como tal infinidad de veces de ese modo, junto con su significado.

Y los investigadores han querido identificarlo con una llamada provincia, hoy conocida al este y, en consecuencia, río abajo del Pantepec y el Vinazco, antes llamado San Isidro, hoy en 2001, Dr. Montes de Oca.

En el mapa de la página 24 se muestra la peregrinación tolteca y los limites del imperio anterior al mexica, mismo que también se describe y afecta una parte de la Huasteca del norte de Veracruz, en aquellos años, y todavía hoy. Aparte de la etnia sobresaliente huasteca había, en étnias y lenguas, el totonaco, el tepehua, el otomí, el nahua y, finalmente, hasta hoy el llamado castellano o español.

Declina El Imperio Tolteca

A menos de los primeros 100 años del segundo milenio, al parecer, el imperio tolteca inició su declive como tal y jamás lo recuperó, especialmente en los límites de la Huasteca, pues hubo un tiempo en que Tamiahua llegó a ser la capital de la Huasteca por supuesto, entonces controlada por el imperio Tolteca, pero un poco antes de 1155 E. C. Xolotl, junto con su esposa Tamiyau, reina de Tamiahua, tuvo que emigrar hacia el valle de México y, estando la pareja en Tenayucan les nacieron dos niñas, detalle que junto con el hecho de haber dejado vivir a los toltecas en la Huasteca, en la zona de Tochpan (Tuxpan), Tzicoac y Xicotepec discernía la fuerte nostalgia que Xolotl sentía por las tierras de la Huasteca y que se sublimaba al dar a sus dos hijas nombres que aludían a la Huasteca y a Tzicoac o Xiuhcóatl.

A una la nombra Cuetlaxochitzin (Florecita Huasteca) y, a la otra, Tzihuacxochitzin (Florecita de Tzicoac), y la nobleza Acolhua soñaba con recuperar lo que se había perdido en la Huasteca.

La Triple Alianza domina La Huasteca

La fecha es relativa, pues fue en el año de cinco conejo, (cuenta nuestra de 1458), cuando los mexicas, formando su propio imperio, sujetaron a su servicio a la provincia de Tzicoac, que vino a ser la primera provincia que, en tierras de la Huasteca, llegaron a dominar.

Esto informa el código Telleriano Remensis, pero el códice Vaticano Ríos comenta que, según Fernando de Alba Ixtlilxóchitl, la atribuye a Netzahualcóyotl, en tanto que el códice Mendocino cuenta que la guerra se inicia en la Huasteca en tiempo de Axayácatl e involucra a Tizoc y a Huitzotl todavía luchando contra Tzicoac y, en la región de Pánuco a Netzahualpilli.

Total, que tomando en cuenta estas tres fechas que son 1458, 1480 y 1491, y computando los periodos hallamos que, con relación al año de la conquista de la Gran Tenochtitlan pasan respectivamente, 63, 41 y 30 años. Aparentemente es muy poco el tiempo para el año fatídico de 1521 y, en consecuencia, muy corto para adaptarse y sujetarse a la nueva cultura mexica.

Se dice que la estela de Tzapotitlán (Castillo de Teayo) marca los años de 1480 a 1491 con toda exactitud. No obstante la diferencia de fechas, puede estar en los códices o, en su defecto, en su interpretación.

Tzicoac: Variantes de igual significado

Su etimología.

Tzicoac es el sitio más repetido en los lienzos de Tuxpan, que son códices de tierras que se refieren a éstas en formas diferentes. Para Seler, un gran investigador, era Xiuhcouatl, Culebra Azul, disfraz del Dios del Fuego, cuya pronunciación, según los que han hablado y vivido la lengua náhuatl, que son descendientes de los huastecos de Miquitlan (Mequetla), explican que debe pronunciarse “Shiuhcouatl” cuyo significado es: Serpiente de Fuego. Ese nombre tan repetido sigue mencionándose con variaciones y curiosamente, en el año de 1900 todavía fue censado como ranchería de Temapache con el mismo nombre con que se menciona hoy, Cicuaque, y que, por cierto, la residencia en Álamo de los poderes municipales, tributan la finca rústica del área exactamente igual.

En tiempos más recientes la zona se fue ubicando a una área más reducida, de tal modo que se ha dicho que Tzicoac es San Isidro, hoy Dr. Montes de Oca, cuya ciudad quedó allí desaparecida y sus restos arqueológicos sepultados. Sin embargo, la ciudad de Álamo queda ubicada en suelos que antaño, y todavía en buena parte, ocupan espacios de terreno considerable, pues no sólo aplica al sitio donde más tarde se asienta la ciudad, sino hasta tierras de Tincontlán incluyendo, por supuesto, San Isidro y sus áreas aledañas.

Viene al caso enfatizar que Tzicoac era un distrito tributario y una provincia enorme en superficie. Incluso hay informes que dan al mismo Chicontepec como tributario haciéndolo como parte de la provincia de Tzicoac, y no se puede pasar por alto que Tzicoac colindaba con Tzapotitlán (Castillo de Teayo), tal como sucede actualmente. Al suroeste tenía a Pozotlán y Metlaltoyuca, al noreste a Oxitlán, Coyolán, al este, además de Tuxpan y Tabuco y Nalua de lo que hoy es el municipio de Tamiahua, y todavía muy arrinconado hacia el lado suroeste, a Tzilzapopan. Y una muy considerable parte al lado suroeste de Chicontepec, y cuyo sitio no aparece en el mapa.

Parece ser que desde el año 1523, a Tzicoac se le empezó a dar el nombre de Cicoaque por los informes de campaña de los españoles y la manera de deformar los nombres de los lugares en existencia.

Otro informe de campaña o “parte” menciona a Tzicoac como Zicoaque con Z y, al explicarse la manera en que esta vasta zona fue encomendada, la llama Chicuaque, y no podía referirse a un área tan minúscula como San Isidro o Dr. Montes de Oca, cuando dos terceras partes fueron asignadas al encomendero Pedro de Meneses y una parte tercera a Diego de Coria, cuyos sucesores, después de muertos fueron Hernando de Coria y Pedro de Bermúdez.

Todavía hubo una ocasión más en que Tzicoac fue llamado de otra manera: Tziuhcohuac. Pero todos estos distintos modos o maneras de referirse al nombre de Tzicoac, invariablemente mantuvieron su identificación y etimología.

Las raíces de la ciudad de Álamo son, por lo tanto, muy profundas, pues desde los toltecas hasta los españoles resultó una zona muy codiciada y especialmente pretendida, pasando por los mexicas y así, hasta llegar el tiempo de la Colonia española pero, por desgracia, la codicia de los encomenderos fue propiciando su ruina pues las leyes monárquicas dictaban una cosa pero los encomenderos hacían todo lo contrario y, por lo tanto, fueron matando su antiguo esplendor.

La ciudad de Álamo se asienta, pues, sobre el suelo de un pasado glorioso que fundamentalmente fue la tierra de Tzicoac, o Cicuaque como lo acostumbraron a pronunciar los españoles. Álamo surge para los días en que las tierras de Tzicoac quedan como pertenencias ganadas a sangre y fuego por los conquistadores españoles para fraccionarla en haciendas gigantescas, tal como la ex Hacienda de Álamo, surgida a través de una herencia nobiliaria como la amalgamada entre el noble conde Don Juan del Juncal y el parentesco de la condesa Manuela del Juncal con, el entonces plebeyo, Manuel Núñez.

Historia parcial de aquel repartimiento

Un repaso relámpago nos ayuda a ajustar nuestro pensamiento en cuanto a aquellos asuntos originales desde las más lejanas raíces de nuestro entorno hasta nuestros días.

Hace cientos de años todas las étnias que habitaron el territorio mesoamericano eran, por mucho, autónomas, pero sin pasar por alto las irrupciones de culturas poderosas que llegaron a dominar, entre ellas la tolteca y más tarde la mexica. Pero ya para los principios del siglo XVI el poderío de las armas españolas, como su armada, sus terribles cañones y sus arcabuces, además de sus lanzas, espadas y caballería, sin pasar por alto el gran deseo de los pueblos subyugados que se les aliaron, lograron vencer y conquistar todo el imperio mexica y, además, muchísimo territorio.

Sucede, pues, que los españoles tenían la costumbre, en su status o establecimiento, de repartir las tierras conquistadas entre tres jerarquías sobresalientes y definidas que eran la nobleza, la militar y la clerical.

Parte de Tzicoac pasa a la nobleza

Don Juan del Juncal era Conde y por lo mismo parte de la nobleza española. A él se le asignaron cien mil hectáreas en los tiempos en que declinaba La Colonia (1820) y la repartición de la tierra conquistada. Y aunque no es posible saber el nombre de su esposa, quien también pertenecía a la nobleza, sí es posible suministrar los nombres de dos de los tres sucesores de aquella grandísima extensión de terreno. Estos fueron una hija llamada Manuela del Juncal y dos hijos varones; el nombre de uno fue Francisco del Juncal, sin embargo, el nombre del segundo se ignora.

Estando aún en vida, Don Juan del Juncal estableció su primera gran hacienda en tierras del Palo Blanco Antiguo, cuya ubicación exacta estaba en el lugar donde hoy se erigió el edificio de la escuela primaria y, por lo tanto, en las inmediaciones de los ríos Pantepec y Vinazco. Esa antigua hacienda de Palo Blanco de Don Juan del Juncal con el resto de sus cien mil hectáreas existió, en consecuencia, a unos 8 kilómetros rumbo oeste de la hoy ciudad de Álamo.

El Conde Don Juan del Juncal llegó al fin de sus días y dejó como albacea a Doña Manuela del Juncal, esto con respecto a sus bienes y su facultad para que Manuela, al parecer su hija mayor, manejara la repartición de fracciones de aquel inmenso latifundio.

Otro informe de campaña o “parte” menciona a Tzicoac como Zicoaque con Z y, al explicarse la manera en que esta vasta zona fue encomendada, la llama Chicuaque, y no podía referirse a un área tan minúscula como San Isidro o Dr. Montes de Oca, cuando dos terceras partes fueron asignadas al encomendero Pedro de Meneses y una parte tercera a Diego de Coria, cuyos sucesores, después de muertos fueron Hernando de Coria y Pedro de Bermúdez.

Todavía hubo una ocasión más en que Tzicoac fue llamado de otra manera: Tziuhcohuac. Pero todos estos distintos modos o maneras de referirse al nombre de Tzicoac, invariablemente mantuvieron su identificación y etimología.

Las raíces de la ciudad de Álamo son, por lo tanto, muy profundas, pues desde los toltecas hasta los españoles resultó una zona muy codiciada y especialmente pretendida, pasando por los mexicas y así, hasta llegar el tiempo de la Colonia española pero, por desgracia, la codicia de los encomenderos fue propiciando su ruina pues las leyes monárquicas dictaban una cosa pero los encomenderos hacían todo lo contrario y, por lo tanto, fueron matando su antiguo esplendor.

La ciudad de Álamo se asienta, pues, sobre el suelo de un pasado glorioso que fundamentalmente fue la tierra de Tzicoac, o Cicuaque como lo acostumbraron a pronunciar los españoles. Álamo surge para los días en que las tierras de Tzicoac quedan como pertenencias ganadas a sangre y fuego por los conquistadores españoles para fraccionarla en haciendas gigantescas, tal como la ex Hacienda de Álamo, surgida a través de una herencia nobiliaria como la amalgamada entre el noble conde Don Juan del Juncal y el parentesco de la condesa Manuela del Juncal con, el entonces plebeyo, Manuel Núñez.

Historia parcial de aquel repartimiento

Un repaso relámpago nos ayuda a ajustar nuestro pensamiento en cuanto a aquellos asuntos originales desde las más lejanas raíces de nuestro entorno hasta nuestros días.

Hace cientos de años todas las étnias que habitaron el territorio mesoamericano eran, por mucho, autónomas, pero sin pasar por alto las irrupciones de culturas poderosas que llegaron a dominar, entre ellas la tolteca y más tarde la mexica. Pero ya para los principios del siglo XVI el poderío de las armas españolas, como su armada, sus terribles cañones y sus arcabuces, además de sus lanzas, espadas y caballería, sin pasar por alto el gran deseo de los pueblos subyugados que se les aliaron, lograron vencer y conquistar todo el imperio mexica y, además, muchísimo territorio.

Sucede, pues, que los españoles tenían la costumbre, en su status o establecimiento, de repartir las tierras conquistadas entre tres jerarquías sobresalientes y definidas que eran la nobleza, la militar y la clerical.

Parte de Tzicoac pasa a la nobleza

Don Juan del Juncal era Conde y por lo mismo parte de la nobleza española. A él se le asignaron cien mil hectáreas en los tiempos en que declinaba La Colonia (1820) y la repartición de la tierra conquistada. Y aunque no es posible saber el nombre de su esposa, quien también pertenecía a la nobleza, sí es posible suministrar los nombres de dos de los tres sucesores de aquella grandísima extensión de terreno. Estos fueron una hija llamada Manuela del Juncal y dos hijos varones; el nombre de uno fue Francisco del Juncal, sin embargo, el nombre del segundo se ignora.

Estando aún en vida, Don Juan del Juncal estableció su primera gran hacienda en tierras del Palo Blanco Antiguo, cuya ubicación exacta estaba en el lugar donde hoy se erigió el edificio de la escuela primaria y, por lo tanto, en las inmediaciones de los ríos Pantepec y Vinazco. Esa antigua hacienda de Palo Blanco de Don Juan del Juncal con el resto de sus cien mil hectáreas existió, en consecuencia, a unos 8 kilómetros rumbo oeste de la hoy ciudad de Álamo.

El Conde Don Juan del Juncal llegó al fin de sus días y dejó como albacea a Doña Manuela del Juncal, esto con respecto a sus bienes y su facultad para que Manuela, al parecer su hija mayor, manejara la repartición de fracciones de aquel inmenso latifundio.

Por el momento no hay datos que digan cuántas hectáreas, por fin, fueron heredadas a sus hermanos.

I. EPOCA COLONIAL

Los del Juncal emparentan con los Núñez.

Como ha sucedido en las historias de las nobleza pasada y presente, de las pocas que aún quedan, el amor y el romanticismo hicieron que Doña Manuela del Juncal se enamorara de un apuesto plebeyo de origen español llamado Manuel Núñez, de quien le nace un hijo llamado Manuel Núñez del Juncal, que llega a ser el ilustre antecesor de Don Raúl Núñez Herrera. Y entonces pasan dos cosas: los Del Juncal, a través de Doña Manuela y Don Manuel Núñez amalgaman las dos familias y, como consecuencia lógica y natural, a las cien mil hectáreas les seccionan treinta mil, que cobran el rumbo de la familia original Núñez.

Don Raúl al paso de los días quedó dueño de la hacienda de La Noria, al otro lado del río, a poca distancia de donde se unen las aguas del Vinazco con las del Pantepec y en cuyo vado, dicho incidentalmente, fue encontrada semienterrada la estela del señor de los muertos, Mictlanthecutli. Hoy el sitio se llama Cinco Poblados y las tierras de la anterior hacienda en la actualidad conforman algunos ejidos.

Don Raúl Núñez Herrera, también aparecía a los ojos de la gente como dueño de una considerable parte de las tierras de Tzicoac, que en muchas partes todavía ostenta como nombre en el registro predial “Cicuaque”.

Cuestión idéntica sucedió con las tierras del otro lado del río Pantepec, hacia el norte de Álamo, tales como “Chapopote”, cuyos orígenes y raíces datan de un tiempo muy lejano. Tan es así, que se puede afirmar que son contemporáneas del distrito de Tzicoac, por lo tanto Chapopote, (hoy de Núñez), tiene una antigüedad muchísimo más remota de lo que podríamos imaginar.

En tal caso, cualquiera podría caer en la falacia que se ha caído generalmente con respecto a las raíces de Álamo, que consiste en datar su nacimiento únicamente sobre la base del brote de los pozos petroleros a principios del siglo XX.

Eso es objetable, aunque a decir verdad, muchos lugares, efectivamente, así nacieron, mas no es el caso de Chapopote, cuyos pozos petroleros brotaron a partir del año 1922 y ya ostentaba su nombre derivado del petróleo en náuhatl.

Pero rastreando los antiguos terrenos como las raíces de Tzicoac, viniendo por la línea de propiedad de los Núñez y que antes eran de la familia Del Juncal, en el rumbo sur de Chapopote, se extendía la entonces llamada “Hacienda del Álamo”, dentro del distrito antiguo de Tzicoac, cuya etimología insiste en la serpiente y el fuego: Coatl y Xhiuh, que bien pudiera hacer alusión de la nauyaca o cuatro narices que tanto abundaba por la región, y su mordedura tóxica y ardiente, que encaja con la palabra toponímica que significa: “Propio del Lugar”.

Este detalle armoniza con su jeroglífico que muestra una serpiente en los códices de tierras o “Los lienzos de Tuxpan”, y el Tzi antepuesto al elemento lingüístico Coatl, bien puede referirse a Xiuh.

Me atrevo a llamar a Álamo una crisálida por su ralo fundamento para brotar como un incipiente núcleo de población. Se admite que la venida de las compañías petroleras y el inicio de la perforación del pozo Álamo No. 1, es una fecha posiblemente bien ubicada para tal pozo, pero nunca se puede decir lo mismo respecto a un inicial centro de poblamiento cuando, en realidad, un simple rancho puede empezar con un par de casas. Sin discusión, para el año 1912 Álamo ya era una ranchería con milcahuales de por medio entre casa y casa, pero al fin y al cabo ranchería de actividad agropecuaria. Tal ranchería data de por lo menos la primera década del siglo XX, sosteniendo, por lo tanto que, con relación al brote de su primer pozo petrolero, Álamo ya llevaba en edad una mínima ventaja de unos siete años.

Sirva de reflexión un detalle relatado por un descendiente de Don Anastacio Cisneros Manilla, longevo fundador de Álamo, en boca de Pedro Cisneros Vásquez, uno de sus hijos mayores. Cuenta Pedro que a principios de siglo su padre bajaba de México por la antigua trocha Tulancingo Hidalgo, Huauchinango, Xicotepec de Juárez, Puebla, Castillo de Teayo, Miquetlan, Álamo Veracruz (recuerda aún que su padre Don Anastacio les relataba que fue en 1906) y se venía vendiendo variedades, tipo de comercio al que popularmente se le conoció, y en muchas partes todavía se le dice, “variero” o “varillero”.

Lógico que si en esa fecha Don Anastacio pasaba por Álamo con esa mercancía, era para vender parte de ella a los pobladores que aquí había y luego seguir su camino hacia los demás pueblos en su ruta hasta Tuxpan.

Luego, si en 1906, ya había suficiente poblamiento como para pasar a ofrecer su mercancía, es fácil comprender que para entonces Álamo ya tenía una cantidad regular de casas y de habitantes, y eso es dentro de la primera década del siglo XX antes del primer pozo petrolero.

La familia Núñez y el nombre de Álamo.

Don Raúl Núñez Herrera tuvo una hermana llamada María Núñez He rrera, misma que fue madre de seis descendientes, dos varones y cuatro mujeres.

Los nombres de los dos varones fueron Raúl y Miguel Quintana Núñez, y los de las cuatro hijas, María, Elena, Elvira y Celina Quintana Núñez.

Todavía de la rama genealógica Núñez del Juncal estuvo Don Arturo Víctor Núñez del Juncal quien resultó, al tiempo, el último jefe político del cantón de Tuxpan, cuya educación la habría recibido en el colegio Fournier de París y temporalmente estuvo viviendo entre Francia y México. Don Arturo se casó con Ninfa Casas y se dice que sus hijos fueron educados en Xalapa y llegaron a tener cargos diplomáticos. Los varones heredaron las tierras ganaderas y las hijas las tierras que le rentaron a los dueños de las compañías petroleras que, por cierto, no se dejaron explotar tan fácil por ser personas preparadas y lograron ganar varias demandas que sumaron muchos millones de pesos por concepto de regalías, es decir, del estipulado porcentaje en la producción de los pozos.

Don Arturo tuvo otros hermanos llamados Manuel, Pilar, Sara y Josefa, misma que resultó ser dueña de las famosas haciendas de Chapopote, hoy de Núñez, y la de Álamo, ubicada en las viejas raíces de la tierra de Tzicoac, hoy Cicuaque y, Teresa Núñez, que era prima de Don Arturo se casó con el gobernador de Veracruz, Teodoro A. Dehesa, en tiempos del Porfirismo.

Así los hermanos Núñez del Juncal llegaron a poseer, además de la hacienda de Palo Blanco, las de Agua Nacida, La Camelia, El Molino, Sombrerete, Confites y La Noria.

Enfocando de nuevo la herencia de Doña Josefa Núñez Del Juncal, repetimos que ella era dueña de la hacienda del Álamo, y como tal, a la hacienda de su propiedad le podía llamar tal como quisiera; sin embargo, se ha querido manejar el nombre de la ciudad por situaciones un tanto especulativas que en sí no son malas, sin embargo también es cierto que pudo haber sido precisamente Doña Josefa quien sugirió el nombre al llamar “El Álamo” a la ubicación donde, con el tiempo, nace la ciudad de Álamo, pues el sólo hecho de abundar los álamos, era una precisa referencia para bautizarla así.

Otro punto aparentemente equivocado, es decir que el nombre de Álamo se lo pusieron los gringos. Esto es muy respetable y con todo y que el árbol de álamo existe en una zona muy extensa del continente y en una parte muy amplia en los Estados Unidos, es evidente que Álamo ya tenía nombre cuando los gambusinos vinieron a buscar petróleo.

En cambio, si Álamo hubiera sido contemporáneo de Chapopote y parte viva en las raíces de Tzicoac, su nombre en náhuatl hubiera resultado ser “Peyocatitla”, pues su etimología toponímica hubiera significado, con toda exactitud, “donde se agrupan los álamos”.

Una herencia se esfuma

Se ha dicho que el conde Don Juan del Juncal fue dotado de cien mil hectáreas de terrenos en los que alcanzaba una considerable porción de las lejanas posiciones de Tzicoac. Y que cuando Doña Manuela del Juncal se casa con Don Manuel Núñez se le seccionan treinta mil hectáreas. Sin embargo, no se entiende por qué razón al resto de los herederos de don Juan del Juncal, finalmente, sólo se les quedan tres mil hectáreas de las setenta mil restantes.

Al parecer la misma familia lo desconoce al perderse con el tiempo las memorias que lo explicaran. De hecho, el apelativo español que debería ser “Del Juncal”, tal como siguen siendo muchos apelativos españoles en el país, como los conocidos: De la Madrid, De Gortari, De la Rosa, Del Bosque, etc., el apelativo mismo sufre merma al pasar simplemente de “Del Juncal” a sólo “Juncal”.

Así, los Del Juncal, siendo quienes más derechos directos tenían a una formidable herencia económica y hasta nobiliaria, incluyendo terrenos y ganadería, se quedaron, por desgracia, relegados sin aparente razón.

Algunos de los sobrevivientes hereditarios de Don Juan Del Juncal, que bien pudieron ser los dueños de las tierras donde hoy levantaron su propia parentela, como Don Oscar Del Juncal y Don René Del Juncal, sólo han tratado de entenderlo por y debido a los constantes movimientos sociales revolucionarios y, más recientemente, a las leyes que atacaron el latifundismo y promovieron la formación de agrupaciones ejidales que hoy están en posesión legal de aquellas antiguas propiedades por medio de títulos de derechos agrarios.

El antiguo esplendor de “La Guadalupe” y “La Pita” ya no son ni la sombra de lo que fueron en su tiempo. Hasta sus muertos tuvieron que ser reconcentrados en una capilla familiar donde reposan.

Aquella riqueza que de origen no se avenía a la ética cristiana, con todo, los donadores de Don Juan Del Juncal, al fin y al cabo le había cedido un territorio de cien mil hectáreas junto con lo donado a otros miles, había sido a sangre y fuego y al costo de miles y miles de vidas humanas, de gentes que no sabían la diferencia entre su mano derecha y su mano izquierda. Es muy posible que para don Juan del Juncal resultara preferible haber fallecido sin aceptar ser dueño siquiera de un puño de tierra así obtenido y que tradicionalmente se arroja a la tumba adonde alguien descansará en paz para siempre.

Muchos se admiran de la extraña coincidencia del abandono de los sitios originales de los ancestros comunes, muy pocos toman en cuenta que en el caso de muchos lugares fue debido al trato deshumanizado y cruel de los conquistadores y los encomenderos, como lo explica el libro “Los lienzos de Tuxpan” en su página 15...

“... conquistadores como Nuño de Guzmán y las arbitrariedades provocaron una persistente ola de rebeldía por parte de los indígenas (naturales) y su alejamiento paulatino de los centros urbanos... El alejamiento fue el abandono de los poblados de la zona costera... y una de las primeras consecuencias”.

De 1526 a 1533 Nuño de Guzmán, Gobernador de la Provincia de Pánuco, vendió como esclavos a cerca de 10 mil naturales de la región que fueron confinados a islas del Caribe. No es difícil comprender pues, que ellos tuvieran renuencia a continuar trabajando en las siembras para los encomenderos, al grado tal que, hasta a engendrar se negaban.

Los indígenas podían percibir toda esta corrupción, e incluso, los clérigos de buenos sentimientos como Fray Juan de Zumárraga, que se condolió tanto de ellos, denunciaron la compra-venta de los naturales por Nuño de Guzmán en las comarcas huastecas.

Un año antes de que Nuño de Guzmán fuera destituido como gobernador de la provincia de Pánuco, bajo cuya administración española y época colonial, Tuxpan y el resto de la región huasteca pertenecían a esta provincia, se había expedido la Real Cédula de 1532, en la que se ordenó a la audiencia de la Nueva España que no hubiese más esclavos en esta provincia.

Un franco ejemplo de despoblamiento inmediato lo fue Tabuco, el antiguo Tuxpan, pues éste en sus días de esplendor era un poblado de considerable magnitud. En cuanto a Tzicoac o Cicuaque, su ciudad capital, desapareció de la escena antigua, ciudad de la cual estamos seguros que aún quedan algunos vestigios de su asentamiento en San Isidro, hoy Dr. Montes de Oca.

Quiero advertir que quienes hemos tenido la inquietud del rescate histórico en sus diferentes expresiones, realmente somos empíricos aunque apasionados.

El primer libro, en un aspecto muy modesto pero más formal, ha sido la “Historia de Álamo” de Rodolfo Robledo, mismo que se documentó en antecedentes dejados igualmente por escritores empíricos como el Profesor Ángel Saqui, en su monografía de Álamo, el presbítero Bernabé Santes, con su obra “Perspectivas de Álamo”, y algunas referencias de Manuel Maples Arce, cuya preparación fue mayor y se enfocó, principalmente, sobre Tuxpan y su río.

Con todos sus defectos y virtudes, el libro de Robledo Reyna no deja, de todos modos, de marcar un hito en los esfuerzos recientes por rescatar los antecedentes que sirvan para estructurar, finalmente, la historia de Álamo de la mejor manera posible.

Por lo mismo, su servidor hará y contribuirá, con todo su empeño, a rescatar, junto con todos los demás, todo lo que esté al alcance de nuestras máquinas de escribir. De allí que esta obra, y con el propósito de ampliar el cuadro histórico de circunstancias territoriales, se remonta hasta los últimos días del imperio Tolteca que, aparentemente, fue el primero que tuvo bajo su dominio la huasteca, cediendo el turno al Mexica y, finalmente, al español, que repartió en tiempos de la colonia los territorios pertenecientes a nuestros ancestros, a nobles, a militares y clérigos y, hoy, en estos remotos territorios están quedando asentados nuestros centros de población, pero sin historia y sin el conocimiento de sus raíces ancestrales.

Etimologías

Por considerar de interés se muestran algunos mapas de los lugares y territorios antiguos, así como los lugares incluidos sus rumbos y sus etimologías o significados como, por ejemplo, Tamiahua (huasteco) de Tan-Yan-Ja, “Lugar rodeado de agua” inmediato: Tamaox, “Lugar de ojites”: Tabuco (también en huasteco) el antiguo Tuxpan que significa “Lugar de siete”. También de Tochtli “conejo” y Pan “Lugar”, “Lugar de conejos”; Temapachco o Tamapazco, en huasteco: Temapache, “lugar de palmas”. Tzicoac o Tzicoatl o Cicuaque o Xouhcoatl (en náhuatl) “fuego de serpiente”; Miquetlan (náhuatl) Miquis- “muerte” Tlan- “lugar”, “Lugar del muerto”.

Zapotitlán: ubicación original de Castillo de Teayo, alude una etimología toponímica que significa “Lugar de zapotes”, Tepetlán: Pantepec: “Cerro de la bandera” con (náhuatl y huasteco), en el pimer caso, de Tepetl- “cerro” y Tlan- “lugar”, en el segundo caso: Pan- “Lugar” Tepec- “Bandera” (esto de acuerdo con su ideograma o jeroglífico) aunque no se asegura.

Chapopotec: “Petróleo crudo” brotado por fisuras. Chicon: o Chicontepec: (náhuatl) de Chicome: “Siete” y Tépetl: “Cerros”, “Siete cerros”; Tecolotlán: Tecolutla, de Tecolotl: “Tecolotes” y Tlan: Lugar “Tierra o Lugar de tecolotes”; Tuzapan: Coyutla: Coyotlán: “Lugar de Coyotes” y Tuzapan “Lugar de tuzas”: (su ideograma muestra en la primera definición, una tuza y significaría: Lugar de tuzas), que a veces se ha confundido con Tuzpan, pero aquellas son tierras al oeste de Papantla.

Papantlan: Papantla: se le atribuyen dos etimologías: la una es que se dice que para los totonacas significa “Luna buena” y la más popular entre propios y extraños es Papán: Pájaro Papán Real y Tlan: Lugar “Lugar de papanes”.

Coatlán: Coatl: “Serpiente”, Tlan: “Lugar” “Lugar de serpientes”. Coatzintlan: Coatl: Serpiente, Zintle: Maíz, Tlan: Lugar. También se ha sugerido y se admite que la palabra náhuatl para Coatl, aparte de la acepción serpiente, es aplicable a mellizo o cuate ¿pudiera significar: “Lugar del maíz cuate” o Mata con doble mazorca? ¿O “Al pie de la serpiente”?

Metlatoyucan: “Tierra o Lugar de Metates” también se presenta en los mapas. A Tihuatlán: franca corrupción al español del nombre original (se cambió la C por la T) “Cihuatlán” Cihuatl: Mujer divina o divinizada por morir de parto y quedársele el feto en el vientre, y Tlan: Lugar: “Lugar de la mujer divina”.

Ixcacuatitla se llama a la congregación del municipio de Chicontepec que, según el códice de Tuxpan señala en uno de sus mapas, están en el distrito tributario de Tzicoac, ese lugar tiene la etimología toponímica de “Lugar donde se agrupan las plantas de algodón”.

En los tiempos modernos tal nombre y etimología causaba cierta curiosidad y escepticismo por aquello de que describe “un bosque de algodonal”.

Tributos

En tiempos remotos, los antecesores huastecos aparte de dedicarse a la agricultura, también se dedicaban a la recolección de frutas, entre ellas, abundantemente, los aguacates, el jitomate en sus variedades, etc., miel y cera. También se dedicaban a la caza y la pesca, pero resulta un hecho que hoy puede parecernos insólito, que por estos lares se utilizaba textilmente y en cantidades impresionantes el algodón; lo había blanco y también café claro, además que podían teñirlo de varios colores al hacer las prendas: huipiles, máxtlatl, mantos (capas), ropa de abrigo, de vestir y de cama.

Otra singularidad de aquellos tiempos es que también se dedicaban a cultivar abundantemente el cacao y las milpas de maíz y el algodón, cosa que atrajo a los mexicas por los informes de los comerciantes que les relataban lo que veían en tierras de la Huasteca, que viniendo a los tianguis, servían a la vez como espías.

Esto se corrobora por la lista de tributos que se asignaba a las zonas conquistadas más tarde.

Por ejemplo, entre el distrito de Tuxpan y el distrito de Cicuaque, donde más tarde se funda la ciudad de Álamo, y cuya capital original desapareció, la triple alianza les asignó como tributo anual mil 800 fardos de mantas de color natural y de variados colores, con lo que tapizaban las salas y cuartos del rey.

Además de enaguas y huipiles, cien fardos de mantas de ocho brazas, cien fardos de telas delicadas de cuatro brazas que sumaban cuarenta mil piezas, además tenían que tributar cuatro cientos de pieles de venado y cien venados para entregar vivos, cien cargas de chile, cien cargas de semillas de pipián, cien papagayos (que también había) y tenían que ser grandes, cuarenta costales de plumas blancas con las que tejían telas, además cuarenta costales de plumería de ave de diferentes colores, doscientos fardos de pañetes (máxtlatl o taparrabos) con amas y criadas para el servicio del palacio.

En 1518 Juan de Grijalva descubrió la huasteca, pues los españoles eran dados a merodear como tiburones por todo el litoral y habían hecho una base naval al suroeste de Cuba para llegar a Cozumel, y de ahí seguían el contorno de la península de Yucatán, para luego bordear de sur a norte.

Así vivieron los huastecos bajo el yugo de los mexicas, y ese es un ejemplo de la manera en que los trataron pues, sin justificar a otros, por lo menos no se esparcieron de sus originales asentamientos de poblamiento como aconteció en los tiempos después de la conquista española, cuyos encomenderos les impusieron una forma de vida aberrante y esclavizadora.

Después de la caída de Tenochtitlan, en 1522, Hernán Cortés con 120 de a caballo, 300 peones y 40 mil guerreros indios, además de su artillería, atacó el ejército huasteco compuesto de 60 mil guerreros en tierras de Meztitlán y le mató 15 mil hombres, en tanto que sus huestes sufrieron la pérdida de 5 mil acolhuas habiendo herido a sólo 50 españoles.

Estando pues, en Pánuco, envió una comitiva de paz con 10 caciques huastecos prisioneros y, como intérpretes, a Doña Marina y a Jerónimo de Aguilar, pero fueron rechazados. Finalmente volvió a luchar y a ganar a los huastecos en las cercanías del hoy Tampico, donde los atacó por dos frentes y, entonces, fundó la villa de Santi Esteban del Puerto que hoy es Pánuco, y dejó ahí 120 españoles en calidad de encomenderos, regresando rumbo de México y utilizando la vieja ruta a la altiplanicie por Tuxpan, Tzicoac, (posiblemente pasando por Tamapachco, Miquetlan, Zapotitlán (Mequetla y Castillo de Teayo), ruta de Huauhchinango, Tulancingo y México.

Huaxtecapan

También al cerrar el primer capítulo, y a exceso de documentación, Gordon Ekholm hizo calas de estratos de la época de la huasteca, y halló indicios que datan de los años 2000-700 A. C.

También se acepta que en tiempos muy antiguos, tanto mayas como huastecas eran un tronco común, cuya separación no está muy clara toda-vía; sin embargo los rasgos arquitectónicos de sus casas, eran sumamente parecidas, pues tiraban a helicoidales, es decir, redondas o parcialmente ovaladas, además, lingüísticamente el huasteco contiene muchísimos elementos de origen maya y hay palabras que se escriben y pronuncian de igual manera que la maya y se refieren a las mismas cosas.

Contrario al concepto general que de los límites de la huasteca se tienen, tradicionalmente, éstos se han trazado al norte, con el río Soto La Marina, en Tamaulipas; al sur, el río Cazones, al norte de Veracruz, aun

que la verdad es que se traslapa con la cultura totonaca hasta más allá de Tajín, al oriente con el Golfo de México y al poniente con la Sierra Madre Oriental, que comprende partes de los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Veracruz, Querétaro, Hidalgo y Puebla.

Sin embargo su influencia se extendió a estados como Nuevo León, Zacatecas, también al lado oriente de Jalisco, Aguascalientes y la costa norte del Golfo de México.

Cuando la Huasteca alcanzó estas fronteras le vino un tiempo en que declinó a causa de las guerras contra las tribus chichimecas.

De aquella cultura sólo quedaron algunos vestigios como Cacahuatengo, Tzicoac (tierras donde también se asentó la ciudad de Álamo), Isla del Idolo, Huiloncintla, Tumilco, La Mata, Tanhuijo, Tihuatlán, Juana Moza, Tabuco, y muchas otras como Buenavista, Huescama en Jalpan, Tulancingo, Huachinango, Tamuín y el rito de Metlaltoyuca (en muchos de estos puntos se encuentra incorporado el juego de pelota y El Volador), y aunque la separación de los huastecos se atribuía a los totonacos, algunos estudiosos dicen que posiblemente fueron los chichimecas y los mexicas quienes hicieron de Castillo de Teayo, en su época, un presidio militar que incluso era para impedir alianzas totonacas con los huastecos. No obstante aún no se tienen noticias de que el pueblo huasteca, alguna vez, vivió en paz con ellos.


  III. SIGLO XX

Don Raúl Núñez Herrera, más de medio siglo como dueño

La exgerente de Banca Serfin (antes Banco de Tuxpan), afirma que Don Raúl Núñez Herrera aparece como dueño y con poder para rubricar escrituración de los lotes centrales de la ciudad de Álamo, y nos dice que fue debido a que Doña Josefa Núñez del Juncal de Quintana quiso heredar a Don Raúl Núñez Herrera, tanto la Hacienda de Chapopote como la Hacienda del Álamo, lo que así hizo. Información que le proporcionó al autor Irma Lulú Vázquez León, por sostener buena relación con la citada familia y por haber tenido a la vista la escritura original, aunque se apena por no haber tenido la precaución de sacar una copia de tan importantísimo documento histórico para la ciudad.

Sin embargo, el solo dato de por sí es valioso y lo apreciamos como parte del esfuerzo que se está haciendo de rastrear nuestro entorno histórico, pues es un hecho importante que de aquellas antiguas haciendas hoy existan tantos centros de población, no sólo bien constituidos, sino hasta, como en el caso de Álamo, formar toda una ciudad y, en gran parte de hacer notar la generosidad manifestada a los primeros habitantes fundadores de la misma, por razón de que bien podían haber echado fuera a nuestros antecesores y, lejos de eso, no sólo se les permitió fincarse, sino que más tarde, cuando las grandes crecientes inundadoras dejaban el incipiente pueblo enfangado de desastre, extendieron su mano amiga para ofrecerles en tierras de Chapopote todo el espacio que se necesitara para dejar formar allí a la que más tarde sería la ciudad de Álamo.

Todo esto deja una huella remarcada de la gestación de Álamo y prueba sin reservas su nacimiento puramente agropecuario.

A medida que el pequeño centro de poblamiento en tierras del antiguo Tzicoac o Cicuaque iniciaba su crecimiento dentro de los límites de la hacienda “Del Álamo”, los pocos lugares que estaban presentes eran, primeramente, el lugar donde se ubicaba el casco de la hacienda que, según se dice, estaba situado abarcando parte del hoy campo de fútbol, la escuela Miguel Hidalgo y una parte del campo deportivo José Chao Herrera.

El resto lo componían solares y casas muy modestas hechas de horcones y vigas, además de otate y amarras de bejuco y con techo, generalmente, de zacate colorado. En cuanto a las paredes y los cielos, éstos se enjarraban con lodo a base de tierra vega y zacate colorado picado. Cuando éstas eran bien acabadas eran blanqueadas con una rústica pintura compuesta de buena cal a la que se le agregaba el jugo de gruesos nopales bien machacados y sal, haciendo además una cenefa color azul añil o rojo almagre con su remate de chapetones del mismo modo.

En cuanto a las puertas y ventanas, éstas eran de madera cepillada y se aseguraban con pasadores; las puertas eran aseguradas con ganchos de los que aún se utilizan en muchos lugares, en lugar de chapas, pero el que se esmeraba en tener una casita humilde, pero bien arreglada, le agregaba a sus ventanas una especie de balcón, con un semicírculo arriba y otro abajo, resaltando hacia fuera con una serie de barrotes verticales y pequeños adornos calados de la madera, para que luciera más. Sin olvidar la terminación de los techos de zacate que, aparte de ponerlos bien tupidos, eran recortados uniformemente alrededor de la casa.

Tales casitas se hacían inicialmente en torno de algúna área que mantuviera a poca distancia los grupos familiares fundadores, aunque no siempre. Por eso se dice que entre un agrupamiento de casas y familias y otro, a veces había espacios con cierta cantidad de árboles sin dueño aparente y maleza. Pero al fin y al cabo entre todas ya estructuraban un núcleo poblacional en pleno proceso de crecimiento. Entre aquellas tierras “Del Álamo” ya se gestaba lo que un día llegaría a ser la ciudad de Álamo -Temapache, Veracruz.

El siglo XX estaba en sus albores, los primeros habitantes de aquella ranchería dentro de la Hacienda del Álamo, tal como se sigue haciendo en otros sitios de poblamiento inicial, tienen actividades que se absorben principalmente en las mayores fuentes de empleo, ya sea una hacienda de las de hoy o los ranchos agropecuarios de la gente con capital para sostener una buena parte de la gente avecindada en sus alrededores.

Así fue en aquellos lejanos días, bastante gente se dedicó a labores con un hacendado y, en el caso de Álamo, era trabajar cuidando y manejando grandes hatos ganaderos y caballada, entre algunas cosas, y también en la agricultura, dentro de la misma hacienda para el suministro de sus abastecimientos alimenticios.

La gente que laboraba independientemente fuera de la Hacienda del Álamo obtenía su sustento a mayor o menor grado, de una manera semejante, sólo que en mucho menor nivel pues, quien podía, ya cuidaba sus cuantos animalitos, de manera doméstica, pero tal como contaban los mayores, en el campo se ponían en juego las mayores perspectivas de sostenimiento y hasta mejorías económicas, y no era para menos, porque aquí se podían dar en gran abundancia todas las variedades de gramíneas y distintas plantas alimenticias. Y eso no es fantasioso, pues los más remotos códices informan que por aquí se daba hasta el algodón y el cacao, junto con el cacahuate, como lo testimonia la etimología de la Mesa de Cacahuatengo.

Además, la gente no tenía que aventurarse demasiado para conseguir alguna carne, pues la Hacienda del Álamo abundaba en especies silvestres como el venado cola blanca, jabalí, mapaches, tejones, etc. y una gran variedad de aves tanto comestibles como ornamentales, entre las que llegó a haber guacamayos y papagayos, pero sobre todo cotorras y loros. Todavía en los últimos años de la década de los 30, gigantescas bandadas de cotorras teñían de verde el cielo de Álamo al atardecer. En esos tiempos Álamo tenía un entorno de abundancia natural, no sólo de cítricos, que entonces eran escasos, sino de muchas especies.

Auge, no significa necesariamente monocultivo

Trabajos de historia de Álamo que ha hecho abundantes referencias a tiempos de auge, que viene del latín Augere: aumentar. Una aplicación simple de tal palabra significa: elevación grande de dignidad o fortuna. Pero también es un barbarismo en el sentido de incremento, importancia o de tomar auge una empresa. Pero, al parecer, el peor sentido de un llamado “auge” sería el concepto cronológico de que es algo que abunda o aumenta pero sólo de una cosa y, también, sólo por un tiempo determinado para ser seguido por otro periodo de abundancia de otra cosa, tal como monocultivos sucesivos.

En el estricto sentido de la lógica, Álamo sólo ha tenido, hasta la fecha, un auge que ha consistido de un monocultivo dominante, y ese ha sido y es su aumento desmedido en cítricos que, literalmente, no han dejado espacio para ninguna otra cosa que no sean ellos.

Si sucediera que tal monocultivo fuera exclusivo de Álamo, y no fuera cometido en existencia por otros lugares, entonces su aumento sí podría calificarse por cualquier ángulo de tener un auge, de otro modo sólo tiene un aumento pero no dignidad ni fortuna, tal como sucedió en sus principios hasta cierto tiempo. Así que lo más prudente sería referirse a los auges de Álamo habiendo tenido la aplicación del verbo “aumentar”.

¿Se ha preguntado alguien por qué la anterior economía de Álamo, siempre que había descalabro en una clase de esos “aumentos” o auges, no se colapsaba? Tenemos que razonar que era porque no se basaba en un monocultivo.

La PENN MEX FUEL COMPANY se tuvo que ir pero, a lo más, sólo se perdió cierta cantidad de empleos, puesto que no todo Álamo era de pendiente de tal empresa extranjera.

El petróleo pudo aumentar pero no trajo dignidad ni fortuna a sus empleados por el sólo hecho de que abundó. La dignidad de sus empleados era intrínseca en ellos y sus salarios nunca recibieron parte de las utilidades para hacerlos afortunados. La única cosa que hicieron, y eso por la necesidad de tenerla, fue la vía angosta del tren de Chijolar, darle al pueblo agua condensada, ponerle algunas llaves de agua del río a varios lugares, y sólo porque el artículo 123 de la Constitución Política del 5 de febrero de 1917 lo obligó: por relación empresarial (que no de su iniciativa) hicieron, primeramente, aquella humilde escuelita de doña Teófila González Blanco, llamada “Leona Vicario”, allá por los rincones del campo de aviación y a un lado del hangar del avión donde traían la nómina.

Total que para el año 1922 se hizo la de madera en la esquina que hoy ocupa la secundaria “18 de Marzo”.

El tan rimbombante “auge del Petróleo” se esfumó en las cámaras de combustión de la maquinaria: barcos, ferrocarriles, automóviles, kinquets de Estados Unidos y Europa y todo el mundo. Aquí dejaron los pozos asesinados, la maquinaria de perforación y bombeo junto con las refinerías y oleoductos hechos una triste y deprimente chatarra, que todavía hubo que pagárseles a valor de oro, en indemnización debido a la expropiación petrolera.

Y el pueblo como uno solo ayudó a saldar tan injusta deuda exterior hasta con guajolotes, puercos y gallinas. La industria petrolera no paró, sus hombres enguarachados no se arrugaron porque eran expertos prácticos y habilidosos, y lo que les faltaba de escuela les sobraba de lo principal que eran sus pantalones y su ingenio. No tenían fortuna pero sí mucha dignidad de trabajadores responsables y valerosos pues, primero se morían que correr en los casos de peligro inminente; a Álamo la declinación del petróleo y la partida de Penn Mex Fuel Company no le causó mella, pues siendo un emporio en potencia no dependía del monocultivo como hoy en día.

Una gigantesca Y griega.

Una pregunta con franqueza que resultaría muy incómoda aún para nuestros días sería: ¿Qué dejó para Álamo el petróleo extraído tanto por los extranjeros como por los propios mexicanos?

Se supone que, a lo más, dejó una plantilla de trabajadores que, con su empleo permanente, constituyeron en parte una fuente de ingresos para el comercio; sin embargo, igualmente sería lo que le dejaran los empleados por servicios o alimentos y ropa, ¿y Petróleos? Una escuela, agua entubada, la hora y el silbato en año nuevo, algunas camillas o casas de madera, una calle pavimentada y un colegio de religiosas cargadas al presupuesto para pozos de perforación y, por tal causa, a punto estuvo el ingeniero Jaime J. Merino, superintendente de PEMEX en Poza Rica de pisar la cárcel, pues hasta sus propios protegidos lo traicionaron denunciando las irregularidades. ¿Y Petróleos? Contaminando presas, arroyos, destruyendo brechas, bañando de chapo los naranjales con fugas, atascando el ganado con presas de desperdicios o fugas detectadas pero reparadas con negligencia. Hablamos de administraciones faltas de discernimiento en cuanto al gran privilegio de representar los intereses nacionales donde le corresponde hacerlo.

Siendo el petróleo efímero, un recurso no renovable, la pujanza que Álamo fue tomando es, sin lugar a dudas, de sus raíces legítimamente paisanos, que de ricachón no lo bajaban.

Entre ellos destacaban los ganaderos de Agua Nacida, que tal vez todavía se recuerden algunos viejos moradores como Don Espiridión Austria, Cirilo Loya, los Fernández, Don Lorenzo Vázquez y Nazario Román. De hecho, en Agua Nacida alrededor del 80% de la gente estaba dedicada a la ganadería y el resto a la agricultura. Incluso el mayor ganadero de todos los rumbos inmediatos era la familia Núñez del Juncal, y más tarde don Raúl Núñez Herrera. Entre los tiempos de abundancia llamados auges, es el que se ha olvidado mencionar por los escritores regionales, pues si a destajo y sin más ni más los llamáramos auges, tendríamos que decir: 1. El auge vacuno; 2. El auge del oro negro (petróleo); 3. El auge del oro verde (plátano); 4. El auge del oro café (tabaco); 5. El auge del oro amarillo o citricultura. Actualmente ¿Qué hay del chicle y el hule? ¿O la producción agropecuaria?

IV. DESARROLLO SOCIAL

IV. DESARROLLO SOCIAL

INSTITUCIONES EDUCATIVAS

Las Escuelas Primarias

En Álamo funcionaron varias escuelas de enseñanza primaria particulares. Eso sucedió, muy posiblemente, a partir de los años veinte. Algunas de ellas fueron la de la maestra Luz Martínez en los bordes del Barrio de las Flores, entre las calles de Bucareli y Obregón; la de la maestra Juanita, en la esquina de Chapultepec y Díaz Mirón; la de Doña Chimana (Maximiana Azuara Sagahón), entre Garizurieta e Independencia; otra muy antigua, cuyo nombre del maestro o maestra no fue posible rescatar para la historia, y otra que funcionó por obligaciones empresariales bajo los términos de la Constitución Política Mexicana del 5 de febrero de 1917, en su artículo 123, y su nombre era “Leona Vicario”; su maestra se llamó Teófila Martínez Blanco aunque, al parecer, de momento nadie y hasta hoy, quiere admitir que fuera del grupo artículo 123, y al ser sostenida por la compañía PENN MEX FUEL COMPANY ésta, por el solo hecho de ser una empresa petrolera, entró en la obligación de tales leyes de dar instrucción escolar a los hijos de los trabajadores petroleros.

La PENN MEX FUEL COMPANY no abundaba en generosidad y les hizo una escuela muy humilde, lateral a la ubicación del hangar de su avión utilizado para varios asuntos, entre ellos, traer la nómina y paga para los petroleros de Álamo.

En realidad parece que fue hasta el año de 1922 que la PENN MEX FUEL COMPANY hizo una escuela de madera más formal, ubicada exactamente en el espacio que hoy ocupa la escuela de enseñanza secundaria “18 de Marzo”, y que cubría hasta el sexto grado. Esa escuela fue contemporánea de otra que hizo la PENN MEX FUEL COMPANY en la barra sur en terrenos alquilados al señor Álvarez y ese era el nombre del área ocupada por la PENN MEX. Allí tuvo sus oficinas, por cierto muy grandes, y usaba cuatro llenaderas para los barcos que recibían el petróleo que se bombeaba de los pozos de Álamo a Estación Álvarez, desde la antigua estación de bombas que operaba a base de energía de vapor, y que fue desmantelada en la decada de los años 70´s.

A partir de la segunda década del siglo XX, en la huasteca inmediata, incluyendo el municipio de Temapache, se perforaron y se hicieron brotar infinidad de pozos petroleros, mismos que produjeron ganancias fabulosas a las compañías extranjeras, entre ellos los pozos Cerro Azul # 4 y el Potrero del Llano # 4 (que juntos dieron la asombrosa cantidad de 200 millones de barriles). Haga la conversión, amable lector, al precio actual de por lo menos 25 dólares el barril: al parecer resulta un mínimo de cinco mil millones de dólares, mismos que dan cuarenta y cinco mil millones de pesos de los de ahora, a nueve por dólar.

El municipio de Álamo siempre ha tenido potencial cultural a pesar de sus inicios tan humildes, y también en otros aspectos. Observe bien y no se deje deslumbrar por las fotografías en color pues, históricamente, las menos atractivas son las de mayor valor desde cualquier ángulo. Por ejemplo, las primeras escuelas de la región; nadie podría creer que de ellas salieron excelentes alumnos, con algunas excepciones, claro.

Una de ellas es la escuelita de la PENN MEX FUEL COMPANY, y en ella estuvieron como alumnos: Miguel López, Aurelio Estopier, Clemente López, Ernesto Vargas, Consuelo Echevarría, Socorro Echevarría, Graciano Martínez, Tolano Martínez, José Barbiux, Benito Osorio, Francisco Hernández (el cartero más antiguo de Álamo), Joaquín Estopier, Ricardo Estopier, Humberto Núñez (sobrino de Don Raúl Núñez), Manuel Quevedo, Juan Escalante, Eugenia Lindsay de Llama Hickman y Rodolfo Robledo Reyna. Este último fue a dar ahí por motivo de que en la escuela Salvador Díaz Mirón se peleó con un condiscípulo y le rompió la boca, pues tenía los puños bien huesudos como los de Leonel Clemente cuando peleó con Jorge Del Angel, y recordando que antaño las escuelas aplicaban disciplina, generalmente bien justificada a los alumnos, Rodolfo Robledo fue expulsado yendo a dar a la escuelita de Doña Teófila, de la PENN MEX FUEL COMPANY (cuya vida tormentosa al decir de doña Eugenia, se debió las mas de las veces a riñas en defensa propia). (Para mayor información ver mi libro El Eclipse). Estos dos flacos, el primero cronista de la ciudad y, el segundo, historiador de la ciudad, eran un par de tiricientos peso mosca.

La información sobre la escuela de Doña Teófila Martínez Blanco, nos la proporcionaron en parte, la señora Eugenia Lindsay de Llama, y otra, Rodolfo Robledo Reyna.

Estas dos personas fueron alumnos de esta escuelita en los linderos del campo de aviación, que hoy está absolutamente urbanizado. Un cálculo somero la ubicaría casi al centro de la distancia que hay desde la Cruz Roja hasta el borde del río Pantepec, en el lado cargado al este pues, en aquellos años todo el espacio citado estaba baldío, excepto al lado oriente que tenía parte de la cuartería colorada de la familia Goné, la familia Llama Lindsay y la familia Solís.

En parte de ese campo tan grande se llevaban a cabo actos cívicos y, en la mayoría de los casos, éstos eran a base de caballería.

En cuanto a las escuelas primarias más formales, éstas fueron posteriores a aquellas modestas escuelitas de antaño, que inicialmente, ni siquiera estaban inscritas en la Secretaría de Educación Pública. Sus gastos eran cubiertos por los padres de familia que ahí tenían a sus hijos, y no existían sólo en Álamo sino en toda su periferia rural, hasta que fueron reconocidas y, por lo mismo, el pago de sus maestros llegó a través del gobierno.

Con el tiempo, todas estas fueron contemporáneas de las escuelas oficiales que, aunque al principio también fueron fabricadas con materiales de la región como el otate y el enjarre de lodo con zacate picado y techadas con lámina de zinc, tenían grandes patios de recreo como la escuela Salvador Díaz Mirón que, incluso, llegó a contar con algunas aulas de madera.

La primera escuela más formal y un poco más moderna en estructura arquitectónica, al estilo americano de Texas que incluía un campanario en el centro del techo, además de un asta-bandera, fue la edificada por la PENN MEX FUEL COMPANY a partir del año 1922 y que cedió su espacio a la secundaria 18 de Marzo. Pero para los años de 1950 sus estructuras

ya eran plenamente modernas en el mayor grado posible, y las más sobresalientes fueron la escuela Salvador Díaz Mirón, la Artículo 123, para los hijos de los petroleros y alumnado procedente de familias agropecuarias que, sin ser hijos de obreros, recibieron iguales oportunidades de enseñanza y a nadie se le negó su estancia ahí, excepto sólo algunos padres de familia intolerantes que no cambiaron la situación para nada y así sigue siendo, a pesar de que el alumnado en su mayoría es ajeno a la institución Petróleos Mexicanos. Hoy mismo esta escuela sigue atendiendo a todos sin discriminación alguna.

Haciendo notar que la actual es de puro concreto armado, iniciada y terminada en el año de 1950, con todos los servicios de una buena escuela.

Las escuelitas rurales, no obstante, no se estancaron, pues fueron mejoradas igualmente y hay algunas a las que se les ha anexado una casa habitación para el maestro; sin embargo, hay también escuelas rurales que no les piden nada a las de la ciudad de Álamo, en cuanto a su modernización.

Algunas más inmediatas son: la escuela primaria del ejido Palo Blanco, en el sitio que muchos años antes ocupó la hacienda Palo Blanco propiedad del Conde Juan Del Juncal.

La del ejido El Ídolo, en el mismo lugar de Estero del Ídolo, con una buena estructura moderna. En fin, para cualquier rumbo que desde Álamo se tome actualmente, sus escuelas están muy bien acabadas, sólo una que otra un poco descuidada.

La primera escuela secundaria de Álamo.

A mediados de la década de los 40´s surgió, como de un parto prematuro y desafortunado, la primera escuela secundaria de Álamo, misma que llegó a llamarse Escuela Secundaria “Justo Sierra”.

Es una de las historias mas tristes en la vida de Alamo y vino a la exis-tencia en el año de 1945.

Las circunstancias más penosas fueron varias que se recordarán tal como suele suceder cuando hay celos de por medio, y hasta acciones francamente egoístas, cuando no hasta materialistas, y cuando se sacrifica la condición altruista, generosa y filantrópica, por quienes pudieran inclinar a balanza en los logros y progresos de un pueblo, se hacen los desinte-resados e indolentes a propósito para que así, cualquier proyecto relevante nunca llegue a su feliz culminación.

Sin el más insignificante rencor, eso me hace recordar, a 56 años de mis años de estudiante, lo que hoy veo que se repite ya siendo un hombre maduro en los problemas por los que atraviesa la Casa de Cultura de Álamo.

El director de aquella secundaria primera de Álamo, fue un maestro director también de la escuela estatal “Salvador Díaz Mirón”, que no sólo hubiera resultado ser un legítimo orgullo para los docentes de tal escuela, sino aún para sus propios alumnos que allí estudiaron y estudian, y junto con ellos los alumnos que en un número considerable fuimos con él desde la escuela primaria Artículo 123 de Petróleos Mexicanos.

La actitud de algunos de sus colegas le robó ese inmerecido honor para que, finalmente, tal proyecto se concretara en el terreno de la antigua escuela de madera Artículo 123 de Petróleos Mexicanos. Con docentes de allí mismo.

Felipe López del Peón era oriundo de Xalapa, Veracruz. Y para los que allí estudiamos a la sombra de su capacidad didáctica, nos resultaba un maestro excelente, muy humano.

Yo lo he descrito en su lucha por hacer que Álamo tuviera su primera escuela de enseñanza media, como un moderno Quijote de la Mancha, un luchador persistente contra los molinos de viento y contra la adversidad y que, a excepción de un puñado de verdaderos amigos y padres de familia, los demás, incluidos los docentes de la propia escuela que dirigía, lo dejaron ahogarse, como se dice metafóricamente, “en su propia sangre”, casi absolutamente solo. Y aquel grupo de empíricos y profesionistas que de allí salió en un sólo e incompleto año, con la cara alisada y la frente levantada nos llenamos de orgullo por él.

Felipe López del Peón logró conjuntar una plantilla para la secundaria “Justo Sierra”; un competente cuerpo de docentes, de lo mejor de aquellos lejanos días. La calidad con que éstos impartían su cátedra era absolutamente en serio, allí no hubo lugar para estudiantes chambones, había disciplina y orden y también sana diversión. Jamás maestro alguno le faltó el respeto a alguna de las alumnas ni siquiera en plan de broma.

A tanto tiempo, da trabajo ubicar todo suceso. La secundaria aquella no tenía siquiera un techo permanente para impartir los estudios, pero sí fue cierto que por lo menos en unos tres lugares, la noble gente de Álamo facilitó temporalmente sus hogares; uno de ellos estuvo ubicado en la esquina que hoy ocupa la oficina de Hacienda del Estado, (calle Rébsamen y Magnolia). La otra, donde completó casi un año hasta su desaparición, fue la planta baja de la casa de don Julián Clemente C., en Salvador Díaz Mirón No. 10.

El cuerpo de catedráticos se integró con:

Felipe López del Peón, Director y suplente de catedráticos; Dr. Francisco Ojeda, Biología y maestro de la escuela Artículo 123; Isidro Castillo, Geografía y Física (tenemos que recordar que con el tiempo las materias cambiaron de nombre); el maestro Limón, Matemáticas; quien mas tarde seria el jefe de campo de PEMEX, Noé Ríos Dueñas, Taquimecanografía; el administrador de la oficina de Correos en 1945, todavía al lado del hoy hotel San Lorenzo, señor Motta, Inglés práctico; la señorita Trinidad Cabrera, solfeo y música. Se impartía, además, la cátedra de Historia Universal.

Entre los maestros de la escuela “Salvador Díaz Mirón” estuvo el maestro Benjamín Monroy; había otro maestro que venía desde Chapopote, de un apelativo español, tal vez vasco difícil de pronunciar, que impartía la cátedra de Dibujo. También recordamos a la señorita Cárdenas, catedrática.

La administración de la escuela Artículo 123, con todo y que el proyecto era de la escuela “Salvador Díaz Mirón”, altruistamente proporcionó a la secundaria todo el mobiliario para el alumnado sin quedar uno sólo que no tuviera su pupitre grande de cedro, y los pizarrones. Don Julián, así como otras personas que facilitaron sus techos, nunca cobraron un céntimo por concepto de rentas, aun proporcionando el servicio de agua y corriente eléctrica.

Hubo muchos y buenos alumnos; se recuerdan algunos como Eduardo Góngora, María Elena Zamora, Josefina Clemente y su hermano Leonel, Tomás Salguero y su hermana, Raquel Vázquez y su hermano Roberto, Leoncio López, Carlos Calderón, Mauro Arteaga y su hermana Cecilia, entre otros.

El asunto es que ya estando a punto de ser registrada en la Secretaría de Educación Pública la escuela Salvador Díaz Mirón, el complot de guerra fría contra su director, Felipe López del Peón, llegó a su clímax con la desgracia de que los insensibles mentores tuvieron éxito en que, bajo la acusación de que se descuidaba la primaria para atender la secundaria, motivada por celos amargos de no ser ellos quienes se llevaran tal honra en los menesteres educativos más progresistas de Álamo, y le dieron un cese tan cruel al maestro Felipe López del Peón en su único apoyo finan-ciero, su sueldo de mentor.

Esto fue un atentado de lesa humanidad pues, en la secundaria pionera “Justo Sierra”, fundada por los maestros mencionados y alumnos de su primera generación, no se cobraba un solo centavo, sino que sólo se sostenía a base de modestos donativos que cada padre de familia quería dar hasta donde le era posible.

Con todo y eso era un conglomerado estudiantil bien uniformado, con su propia banda de guerra y un instructor de primera, Juventino Martínez, de extracción militar del 15 Batallón de Infantería de la ciudad y puerto de Tuxpan, Veracruz.

A esta malograda primera escuela secundaria se le llegó a tratar hasta de modo discriminatorio, pues siendo ya la crisálida de una nueva institución educativa, ni siquiera se le invitaba por los organizadores a asistir a los acontecimientos de celebración patriótica, y se veía en la necesidad de ir a desfilar a Potrero y hasta Naranjos con la gran ventaja de que Petróleos Mexicanos la apoyó mucho a pesar de todas las insidias contra el ejemplar maestro.

En esa soledad, el maestro era dado a desfogar tantas presiones que ayudaba a mitigar con alcohol. De allí que sus detractores le imputaran una conducta de alcohólico, y eso que en la misma escuela había otros maestros que también abusaban del alcohol, pero eran del otro equipo y ahí estaba todo en santo orden. El que andaba mal era López del Peón, y su ceguera intelectual se llevó como sello de prestigio la destrucción en botón de la primera escuela secundaria de Álamo, que en paz descanse y ojala este pueblo nunca se olvide que los intereses mezquinos jamás habrán de derrumbar una institución benéfica para la juventud.

Hoy por hoy tenemos un reto que involucra de nueva cuenta una institución para el progreso que no debe quedar estática, ni mucho menos estancada o en manos de gentes sin escrúpulos. El pueblo entero de Álamo jamás deberá permitir que algo parecido a aquella inolvidable primera secundaria de Álamo le suceda a la Casa de Cultura. La juventud y la cultura merecen comprensión y apoyo.

V. HISTORIA POLÍTICA

V. HISTORIA POLÍTICA

GUILLERMO VÉLEZ CASTILLO

Antecedentes Legales:

El libro espléndido de Rodolfo Robledo Reyna, de lectura obligada, menciona los personajes principales en el cambio de poderes municipales, y son Guillermo Vélez, Prisco Intriago, Amado Segura, don Jesús Silva y Don Eutiquio Rodríguez, quienes promovieron una especie de plebiscito o referéndum, recorriendo todas las comunidades del municipio de Temapa-che, solicitando de la gente su anuencia o su rechazo para que los poderes municipales continuaran en Temapache o si era preferible que radicaran en Álamo.

Entre sus pláticas animaron a la gente a manifestarlo por aclamación llegado el día de la gran asamblea de congregaciones en Álamo, ante los representantes de la H. Legislatura del Estado en comisión especial.

Esta reunión histórica quedó testimoniada por Don Crecencio Santiago Rosas (con una edad de casi 100 años que todavía vive y radica en La Concepción).

Es un testimonio viviente y testigo ocular de aquellos lejanos sucesos en la historia de Álamo. Hay fotografías de los personajes y las armas y ca-ballos que utilizaron en su viaje de Temapache a Álamo por las antiguas veredas y las monterías.

Se descarta la traída de los poderes con violencia

Es cierto que Don Guillermo Vélez y sus cuatro colaboradores venían armados y con buenos caballos. También es cierto (de acuerdo como lo testimonia Don Crecencio Santiago Rosas, que mucha gente, aparte de ellos, los vino acompañando), pero eso era, a lo más, para evitar una lógica represalia de último momento.

El monte se prestaba a que recibieran una lluvia de escopetazos, tomando en cuenta que había en Temapache un mínimo de 252 habitantes que habían firmado su desacuerdo en el documento de apelación. Así, tales archivos jamás hubieran llegado a Álamo y ni uno solo de los ejecutores hubiera podido sobrevivir; sin embargo, no hay dato alguno que indique algún conato de zafarrancho por tal motivo.

El alegato y sus argumentos

El decreto número 45, con fecha del 13 de octubre de 1878, de la H. Legislatura del Estado, concede a Temapache el título de “Heroico Temapache de Gutiérrez Zamora” (en honor al exgobernador muerto en 1861) y, los inconformes con el cambio, al tratar de acreditar su apelación, dicen en parte de él: “Nunca ha existido una razón siquiera para que se degrade, después de habérsele dignificado, o para que se le rebaje, después de habérsele reconocido como heroico”. Y en honor a la verdad, les asistía la razón.

Más adelante el documento dice que Álamo no es un centro de población, sino un “campamento petrolero con casas improvisadas y con una población, como suele decirse, flotante”. Y aquí deja que la amargura les obnubile el razonamiento, pues una de las fotos panorámicas de 1927 los refuta ampliamente.

El cambio de cabecera municipal

Hasta donde se ha podido rescatar, el archivo histórico referente al cambio de residencia de los poderes municipales de Temapache a Álamo, contiene un documento llamado “Petición de los vecinos para que devuelvan su categoría de cabecera de municipio (a Temapache)”.

Este documento registra el hecho, al parecer real, de que la H. Legis-latura del estado de Veracruz, vigente alrededor del año de 1927, ya había presentado una negativa de que la cabecera fuera Álamo. No obstante, si ya se hubiera hecho una petición al respecto y se hubiera denegado, entonces queda la impresión de que tal denegación se tuvo que revocar para dejar, conforme al decreto número 97, de fecha 28 de junio de 1927, que Álamo llegara desde entonces a constituir la cabecera o residencia de los poderes municipales que anteriormente ostentaba el Heroico Temapache de Gutiérrez Zamora, Veracruz.

A la vista de tales circunstancias tan lejanas, me propuse obtener los documentos de los que extraje el texto literal enunciado desde el principio, y es como sigue:

En su portada tiene el anuncio que la copia fue sacada el día no legible del año de 1928.

“C. C. Secretarios de la H. Legislatura del Estado

Xalapa, Veracruz.

Los vecinos del municipio de Temapache, de este estado, en ejercicio de sus derechos de ciudadanos veracruzanos y por su propia voluntad y representación, vienen a exponer ante la H. Legislatura Constitucional, lo siguiente:

Antes de entrar en materia, con el objeto de fijar el criterio de la cuestión de interés público que planteamos y sometemos, y para la que pedimos respetuosamente una resolución serena, justiciera y de acuerdo con la voluntad popular, recogemos aquí los datos que consigna nuestra historia.

Las razas aborígenes, entre ellas la huasteca, cayeron por la Conquista bajo el yugo de la dominación española. Los conquistadores españoles respetaron y conservaron, con sumo cuidado, los lugares de asiento de la raza huasteca. Convencidos de que este verdadero conocimiento de sus necesidades, y de que su experiencia le había enseñado al elegir los lugares donde, desde tiempos inmemorables, se hallaba establecida entre estos sitios el lugar conocido con el nombre de Temapatz que en idioma huasteco significa Palmar y que es precisamente el punto localizado entre los paralelos 19º 01’ 22” de latitud norte y 2º 31’ 36” de longitud este, del meridiano de México, y a 330 metros de altura sobre el nivel del mar en el que actualmente está fundado el pueblo de Temapache, que lleva el honroso título de Heroico Temapache de Gutiérrez Zamora.

Los historiadores y los geógrafos están acordes en el origen, situación y demarcación eclesiástica y política que, durante el período colonial de 1581 a 1810, correspondió al pueblo de Temapache.

... El pueblo de Temapatz de origen precortesiano, es ahora el de Tema-pache de origen colonial, la Nueva España fue dividida en provincias e intendencias.

Los obispados marcaban la jurisdicción civil y administrativa de las intendencias. Fueron fijados, de hecho, en cuanto a su demarcación terri-torial por la de los obispados.

El pueblo de Temapache, por su demarcación eclesiástica, estuvo sujeto como curato al obispado de Puebla, y por su jurisdicción civil dependiendo de la alcaldía mayor de Huauchinango perteneció a la intendencia de Puebla.

El obispado de Puebla, por su expansión, fue más allá de las fronteras de las demarcaciones civiles y llegó a tener bajo su jurisdicción eclesiástica (esta siguiente línea y la consecuente están borradas) y continúa en la página 2, así: ... gares que eran entre sí, tan extraños geográficamente, como Tamiahua, Temapache, Tabuco (Tuxpan), Chicontepec, Tlaxcala, Tlapa, Huajapan y Ometepec.

La intendencia de Puebla figuraba entre las provincias marítimas de oriente por haber tenido bajo su jurisdicción civil, a la comarca limitada por el mar y ocupada por la raza huasteca, y que fuera ahora la región norte del estado de Veracruz.

La independencia conservó, aún dentro de la división territorial y política de la forma federal, estas jurisdicciones.

En el acta constitutiva de la Federación de 31 de enero de 1824, la nación mexicana señaló su territorio y reconoció dentro de sus partes integradas como estados de la Federación, a los de Puebla de Los Ángeles y de Veracruz.

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, de 4 de octubre de 1824, consignó la declaración de Independencia, señaló el territorio, adoptó la forma federal y reconoció a los estados de Puebla de los Ángeles y de Veracruz, como partes de la Federación.

La primera Constitución del estado de Puebla, de 19 de marzo de 1824, dividió su territorio:

Art. 4º. El estado consta de los partidos de Huauchinango... La Constitución Política del estado de Puebla, de 7 de diciembre de 1925, estableció:

Del Estado y sus habitantes.

Art. 1º. El territorio del estado de Puebla es el que actualmente comprende los partidos de Huauchinango...

Art. 2º. Una ley dividirá el territorio en departamentos, y éstos en partidos. La Ley de Jurados del estado de Puebla de Los Ángeles, del 9 de julio de 1824, creó algunos partidos:

Art. 4º. Amoxzoc fundador cabecera de partido compuesto de esa parroquia de la de...

Art. 5º. San Andrés Chalchicomula otra, también, cabeza de partido compuesto de esa parroquia de la de...

Art. 6º. San Pedro Zacapoaxtla lo era, asimismo, compuesto de esa parroquia, de...

Por último lo será Tabuco o Tuxpan, compuesto de ese pueblo de... Temapache y...

La ley del gobierno del estado de Puebla, del 8 de abril de 1826, estableció:

De la división del territorio.

Art. 1º. El territorio del estado continuará dividido provisionalmente en veinticinco partidos...

Art. 2º. El distrito de los partidos será el mismo que hoy tienen.

Art. 3º. De los veinticinco partidos se formarán, por ahora, los siguientes departamentos.

VI. Tuxpan, compuesto de los partidos Chicontepec y Tuxpan.

Del gobierno político del estado.

Art. 4º. El gobierno político del estado se desempeñará por el gobernador... y por los Alcaldes y Ayuntamientos.

Del plan sobre el que han de formarse los Ayuntamientos.

Art. 120. Habrá Ayuntamiento en la capital del estado, en las de los partidos, en las cabeceras de parroquias y en los pueblos que tenían vicaría eclesiástica permanente, sea cual fuere su censo.

Art. 134. La comarca de cada Ayuntamiento será la extensión de la parroquia, y en las Vicarías o pueblos que por tener tres mil almas deba haberlo, guardarán los límites de éstos, con sus respectivos barrios, aunque estén distantes”. (1).- ...

En Temapache, la partida más antigua que se encuentra en sus archivos parroquiales es una de casamiento del 20 de abril de 1700. El curato del pueblo de Temapache fue visitado en 1747, según consta en el documento intercalado en el libro de bautismos del año de 1747 de la parroquia de Tuxpan que dice: Santiago Temapache y enero 3 de 1747 años.-

Por visitado y presentado este libro y el antecedente a éste que se acabó bautismos de todo género de gente del pueblo de nuestra señora de la Asunción Tabuco anexo a esta cabecera de Santiago Temapache y vistas y reconocidas las partidas que se hallan en uno y otro libro desde la última visita, su señoría ilustrísima declaró que están conforme a derecho y mandó que, en adelante, se prosiga de la misma forma, observándose lo mandado por su señoría ilustrísima en auto de visita puesto con fecha de hoy en el libro de bautismos.

Libro de bautismos de esta cabecera de Temapache el ilustrísimo dejaron el consejo de S. M. Auxiliar del obispado de la Puebla y visitador general del estado, entendiendo con la visita eclesiástica de este curato: así lo decretó y firmó Juan Francisco, Obispo de Do Geren, ante mí D. Francisco Javier de Echeverría, notario de visita eclesiástico.

La reforma decidió por definitiva sobre la jurisdicción civil y política de la comarca ocupada por... (borrado)... ica de la comarca ocupada por la raza huasteca, anexando su territorio al estado de Veracruz.

Por acuerdo del C. Presidente de la República, del 1 de diciembre de 1853, se dispuso la segregación del distrito de Tuxpan del estado de Puebla y su anexión al departamento de Veracruz, con todos los pueblos contenidos en su comprensión.

Art. 1. El distrito de Tuxpan, con todos los pueblos contenidos en toda su comprensión, pertenecerá en lo adelante, tanto en lo civil como en lo político, al departamento de Veracruz, formando parte de su territorio.

La Constitución Política de la República Mexicana, del 5 de febrero de 1857, estableció...

Art. 42. El territorio nacional comprende el de las partes integrantes de la Federación.

Art. 43. Las partes integrantes de la Federación son los estados de Puebla... Veracruz.

Art. 48. Los estados de Veracruz... recobrarán la extensión y límites que tenían el 31 de diciembre de 1852 con las alteraciones que establece el artículo siguiente.

Art. 49. ... El departamento de Tuxpan continuará formando parte de Veracruz... La Constitución Política del estado de Veracruz, del 18 de noviembre de 1857, estableció...

Art. 1. El estado de Veracruz es parte integrante de la Federación mexicana.

Art. 3. Su territorio se compone de los cantones de Tuxpan...

El pueblo de Temapache fue distinguido y honrado con el título de heroico por decreto número 45 del 13 de octubre de 1878:

Art. 1. El pueblo conocido hoy por Temapache se distinguirá en lo sucesivo con la denominación de Heroico Temapache de Gutiérrez Zamora, como premio a los servicios que prestó a la regeneración en el estado.

Queda demostrado el origen precortesiano del pueblo de Tamapatz, que subsistió durante el periodo colonial y ha llegado hasta nuestros días con el nombre humilde de Temapache.

El pueblo de Temapache, antiquísimo lugar de asiento de la raza huasteca, nunca fue destruido por las vicisitudes, durante el largo periodo de tres siglos de La Conquista y desde la Independencia ha sido un defensor de nuestra libertad.

El pueblo de Temapache, por sus esfuerzos en las luchas contra la invasión extranjera, y especialmente por su defensa de nuestro sistema federal, servicios todos eminentes, recibió del mismo Congreso del Estado de Veracruz, el honor que le otorgara el nombre de Heroico y de que le designaran oficialmente: Heroico Pueblo de Temapache de Gutiérrez Zamora.

Con el reconocimiento de que siempre se ha distinguido en la historia del estado de Veracruz, el heroico pueblo de Temapache de Gutiérrez Zamora tiene, indiscutiblemente, derecho a vivir como digna cabecera del municipio al que da su nombre.

El pueblo de Temapache jamás ha destruido su viril tradición, y más todavía, jamás ha dejado de merecer el título que como premio de sus servicios ha llevado hasta ahora con digno orgullo. Nunca ha existido una razón siquiera para que se le degrade después de habérsele dignificado, o para que se le rebaje después de habérsele reconocido como heroico, puesto que a ninguna otra cosa equivale que se le retire su categoría que, por sus propios esfuerzos y méritos, había llegado a obtener de cabecera del municipio de Temapache.

En los últimos años, un grupo de población flotante, atraído por las explotaciones petroleras y al amparo de las compañías, suscitó dificultades que pretendieron hacer aparecer el cambio de la cabecera del municipio de Temapache. Esta labor, que contrariaba la voluntad y el sentir de todos los vecinos de arraigo de su territorio jurisdiccional, tuvo como resultado que por decreto número 97 del 23 de junio de 1927, se dispusiera el cambio de la cabecera a un campamento petrolero, como es Álamo, que no tiene ni tradición ni historia, ni méritos algunos pero que, en cambio, quedaba bajo el control, no de veracruzanos por origen y nacimiento, sino de extraños sin relación con la vida y las necesidades de la comunidad.

Las razones fundamentales para que se corrija lo hecho y que la serenidad de juicio, la experiencia acumulada y el transcurso del tiempo se han encargado de justificar, quedan expuestas en la siguiente síntesis:

I.     El pueblo de Temapache es aborigen, de tipo colonial y de verdadera estabilidad por lo que, tras las vicisitudes que lo han afectado en el transcurso de los siglos, se ha renovado por su propio esfuerzo, en tanto que el campo petrolero de Álamo, construido provisionalmente con casas de madera, no tiene ningún arraigo, su vida es momentánea y ficticia y producida por circunstancias extrañas y pasajeras.

II.   El pueblo de Temapache ha soportado, sin pérdidas ni desgracias, todas las inclemencias del tiempo y de los fenómenos meteorológicos comunes a la región, mientras que el campamento petrolero de Álamo sufre constantemente inundaciones que lo minan y destruyen y con la agravante de su notoria insalubridad, está llamado a desparecer.

III.     El pueblo de Temapache de cuna humilde goza de servicios públicos a pesar de la riqueza de los campos petroleros, que no han servido para darles siquiera fisonomía propia y autonomía social.

IV. El pueblo de Temapache que es el único que tiene de antiguo esta categoría política, en todo el territorio municipal, posee un fundo legal y ejidos y es centro de atracción y producción agrícola al que concurren, si se quiere por costumbres arraigadas, los vecinos del resto del territorio, mientras que Álamo no es sino un simple campo petrolero en el que vive y se agita el afán de lucro, pero cuyo lugar de asiento es de continua disputa con los propietarios y las compañías extranjeras que, por concesiones antiguas para su explotación petrolera, se dedican a esa industria amparadas por la ley federal que la declara de utilidad pública.

V.        El pueblo de Temapache se encuentra fundado y situado hacia el centro del territorio municipal y las relaciones de la vida civil, como nacimientos, matrimonios, defunciones, y aún las relaciones de la vida social, se realizan y registran allí con mayores facilidades, sobre todo para los vecinos de los lugares más apartados. En tanto que el campamento petrolero de Álamo se encuentra establecido en el extremo sur del mismo territorio y cortado por el río Tuxpan, por lo que allí no pueden realizarse ni registrarse esas relaciones de la vida civil y social, sino con enormes dificultades en interrupciones por quedar incomunicado frecuentemente por las avenidas del mismo río durante la época de lluvias y por estar aislado de la parte restante, que es la mayor, del repetido territorio municipal.

Como una tesis general sobre la que descansan las razones que quedan expuestas debemos, para mayor claridad, definir lo que es un pueblo:

Un pueblo es un conjunto de hombres que habitan de una manera indefinida, perpetua en un lugar determinado y que forman un núcleo, dentro del cual, por no tratarse de una entidad organizada para un fin concreto, se producen todas las manifestaciones de vida común, civil, religiosa, familiar, política, económica, artística y se desarrollan en sociedad.

El campamento petrolero de Álamo –nadie se ha atrevido a negarlo hasta ahora- se ha formado para satisfacer únicamente las necesidades de la industria petrolera y, por lo tanto, ha sido organizado para un fin concreto, de manera que desaparecerá tan pronto como no se encuentre petróleo qué explotar o, en otros términos, desaparecerá cuando el fin para el que fue creado no exista más.

El mismo movimiento de población flotante en el campamento petrolero de Álamo indica que el número de hombres que lo forman no habitan en él de manera indefinida y perpetua, y por consiguiente son parciales las formas de vida que allí se desarrollan, salvo la de la aplicación exclusiva de todas las actividades a la explotación de la industria petrolera.

El campamento petrolero de Álamo, en el transcurso de los años no ha podido siquiera cimentarse, porque allí no existen servicios públicos para beneficio de la comunidad porque sus relaciones están ligadas a otro centro de población, el más próximo que es el de Túxpan, y porque todas sus manifestaciones se refieren a necesidades de sostenimiento que se satisfacen por medio de un comercio embrionario que sólo alienta con el producto de los salarios pagados en los campos petroleros.

Con verdadera ecuanimidad y con claridad de juicio manifiesta, la Legislatura del estado de Veracruz negó la elevación a categoría política alguna de diversos núcleos formados en los campos petroleros de las regiones de Álamo y Chapopote del municipio de Temapache (Nótese que antes de 1927 ya se habían hecho gestiones para elevación de categoría política, de Álamo y Chapopote de Núñez, y que fueron denegadas). Nota del Autor.

Las consideraciones quedaron fundadas en los siguientes términos:

1º. Que la vida de dichos pobladores es momentánea y ficticia y producida por circunstancias extrañas y pasajeras.

2º. Que si realmente existen servicios públicos y otros de comodidad personal en el campamento petrolero de Álamo, éstos no pueden considerarse como elementos de subsistencia común y de vida propia, porque son proporcionados y de exclusiva propiedad de las compañías explotadoras de los fundos petroleros.

3º. Que la multiplicación de autoridades sólo vendría a aumentar y a difundir las funciones administrativas con nuevas exigencias y desembolsos...

4º. Que no puede considerarse menos de interesada la solicitud, por la manifestación que en ella se hace de estar dispuestos a indemnizar a los propietarios, y que se trasluce de esto todo un preconcebido propósito de lucro, por lo que no pudiendo considerarse como elementos productores, la subdivisión territorial daría margen a que al amparo de la ley se llevaran a efecto negocios poco escrupulosos como son, en su mayor parte, los que se efectúan en los ricos terrenos de explotación petrolera.

La Legislatura del Estado de Veracruz aprobó este dictamen por unanimidad de votos en acuerdo de fecha 21 de septiembre de 1923, por lo que el expediente original debe traerse a la vista al estudiarse esta petición, ya que obra en su archivo.

Los vecinos del municipio de Temapache, de este estado de Veracruz, por su propia voluntad y representación y en vista de los antecedentes históricos, políticos y sociales, cuya verdad informa esta solicitud, vienen a pedir a esta Legislatura Constitucional del Estado Libre y Soberano de Veracruz-Llave:

Que se sirva, previos los trámites de estilo, decretar el restablecimiento en el heroico pueblo de Temapache de Gutiérrez Zamora, de la cabecera del municipio de Temapache por ser el único que tiene categoría política de pueblo (el resto del párrafo está borrado y es ilegible). N. del A.

... propio y verdadera autonomía social, y que ha sido dignificado por sus méritos, para conseguir el bienestar y la felicidad.

Con unos vecinos de su territorio municipal, los que una vez más protestan estar siempre dispuestos a demostrar que con sus propios esfuerzos harán labor social: ya abriendo caminos, estableciendo escuelas, organizando su esfuerzo y fomentando todas las actividades de la vida civil: ya honrando la memoria de sus antepasados fundadores, su raza y conquistadores, del título que ostentan, y ya por último, defendiendo los principios revolucionarios y las instituciones patrias, legados todos estos que sabrán conservar en cumplimiento de su sagrado deber de ciudadanos veracruzanos.

Protestamos a los C. C. Diputados del Congreso del Estado, nuestro reconocimiento imperecedero por escuchar la voz del pueblo del municipio de Temapache.

H. Temapache de Gutiérrez Zamora, Veracruz., a dieciocho de noviembre de mil novecientos veinticuatro.

Wenceslao Nájera- Celerino C. Galindo- Juan Rosal- J. M. Peláez- Leonardo Rosales- Antonio Cuervo- Hipólito del Ángel- Mauro Soto- R. L. Garmendia- Heladio Gómez- Saúl Villegas- Raúl D. Trejo- A. J. Gómez- Lorenzo Cruz- Esteban Pacheco- Lucio R. García- Gonzalo García- Heladio Rosales- F. M. Vázquez- Otilio Gómez- Victoriano Saldívar- Macario Cris óbal- Damián F. Jacobo- Félix Gorrochotegui- Evelio Vázquez- Camerino Gómez- Víctor L. Gómez- Eleuterio Cruz- Fidel Jacobo- Nazario Torres- Teodomiro Morales- Odilón Hernández- Julio L. Rodríguez- Ramón S. Ayala- Maclovio Chávez- José María Loya- Juan Gómez- P. L. Villarreal- José María Blanco- Román Hernández- Edmundo Villegas- Ramón Chavela- Mariano Santos- J. Trinidad- Enciso Catarino García- Leonardo Vázquez- Mauro Clemente- Amansio González- Prócoro Mercado- J. Morín- F. Gómez- Porfirio Morales- Francisco Chavela- Roberto Cuervo- Alfredo Reyes- Ricardo Reyes- Maclovio Rosas- Epitacio Rosas- Celestino Gómez- P. D. Vaquero- José María Galindo- Fausto Gómez- José Cruz- A. Mendoza- Daniel Mendoza- Luis Valdez- Leonel Ruiz- Ponciano García- Antonio Solís- Vidal García- Luciano Ruiz-Melchor Olivares- Prudencio Policarpo- Crisóforo Santiago- José María Peralta- Gregorio Morales-Santiago Cruz- Ponciano García- Teodoro Hernández- Antonio Escudero- Delfino Vázquez- Cresenciano García- Román Rosas- Fidel C. Mendo- Bartolo Benitez- Antonio Falcón- Antonio Cerrero- Regino Ruiz- Cristóbal Villagómez- Rómulo Cruz- Alberto García- Conrado Mariano- Luis García- Manuel D. Santiago- Juan Policarpo- Abraham Martínez- Herminio Valdez- Pastor Valdez- Hipólito Miguel- Valentín García- Adolfo Peláez- C. José García- Hipólito Reyes- Sebastián Gómez- N. Villagómez- Gabino Antonio- Fidel Morales- Julián García- Conrado Velásquez- Crecenciano García- Marcelino Gaspar- Luis Cárdenas- Luis Rodríguez- F. Francisco- P. Sánchez- Natalio Gómez- Higinio Vera- Miguel Gómez- Cirilo González- A. Guzmán- Félix Cárdenas- Bardomiano Espinoza- Salvador Cárdenas- Moisés Cuervo- G. Mora- Joaquín Ortega- Adolfo Arellano- Zenón Olivares- A. C. González- Juan Puertas- E. Robledo- Gonzalo Robles- Nazario Villalobos- F. H. Palacios- Pedro Ramírez- Juan Feliciano- Antonio Cárdenas- Rosendo Pérez- Juan F. Sobrevilla- Pompeyo Zamora- Atanacio Vera Cruz- Benjamín R. Vázquez- Roberto P. Monrroy- Procopio Cárdenas- Ruperto Santiago- Efrén González- Celerino Castillo- Francisco Solís- Miguel Morales- Rómulo Cruz- Cirilo Cruz- Alberto Jacobo- H. Villagómez- Manuel Martínez- J. Leopoldo Cruz- Prisciliano Ambrosio- Enedino Castillo- Emilio Reyes- Marcelino González- Modesto Reyes- Manuel Cuervo- Eusebio Arellanes- Juan Sedano- Antonio Cerisola- José M. Hernández- Wulfrano Cerecedo- Francisco Ramos- E. Martínez- Juan Sedano- Pedro Martínez- Manuel Sánchez- Pablo Pérez- Evaristo Hernández- Erasto Hernández- Gonzalo S. Sánchez- R. R. Mata- Jorge Haseff- Manuel Román- Virgilio I. Santos- Ángel Azuara- Narciso Esteban- Julio Esteban- Doroteo Lechuga- Manuel Román- Ignacio Esteban- Eulogio Esteban- Carlos García- José de la Cruz- Lino Esteban- José M. Medina- Salvador López- Pedro Malerva- Ignacio Chávez- Jesús Pecero- Javier Vázquez- Manuel Martínez- Heriberto Juárez- Tomás Chavela- Juan Antonio de la Cruz- José Haseff- Nicolás Hernández- José Enciso- Juventino Reséndes- Darío Zamarripa- Santiago Esteban- Canuto Mercado- Juan C. Gómez- Nemesio Fuentes- Raymundo Canales- Santana Rosas Vidal- José María Gallardo- Fernando Miranda- Doroteo Luna- S. Caballero García- Valente Martínez- Mucio Soto- G. Reyes. Sánchez- Guadalupe Vaca- Cándido Herrera- Arnulfo Rosas- Avelino Ángel- Anastacio Claudio- Donato Noyola- Tomás Villarreal- Julio Cruz- R. Castillo- Enrique Gómez- P. Ramírez- Marino Santos- Florencio Santos- Gregorio Santiago- Aurelio Olivares- Simón Cruz- Enrique Rosas- Filemón Cruz- Natividad Ruiz- Juan Cruz- Enrique Cruz- Ángel Torres- Adalberto Castillo- Carlos García- Jesús Hernández- Martín Ramírez.

A ruego de los que no saben firmar lo hago yo, cuyos nombres constan enseguida:

José de la Cruz- Herminio Isidro- José Rosalino- Francisco Cruz- Domingo Cruz- Pedro Gabriel- Pablo Cruz- Fernando Cruz- Pablo Cruz- Juan de la Cruz- José Cruz- Santiago Hilario- Macario Santiago- Santiago de la Cruz- José Santiago- Juan Santiago- Antonio Hernández- Luciano Cruz- Lorenzo Cruz- Florencio Cruz- Ignacio Hernández- Simón Cruz- Antonio Santiago- Irineo del Angel- Julio del Angel- Emilio de la Cruz- Pedro Méndez- Jesús Ramírez- Emilio Hernández- Nemesio Méndez- Pedro Hernández- Aurelio Cruz- Eutiquio Méndez- Basilio Méndez- Martín Cruz- Celedonio Cruz- Alvino Cruz. Firma Inés Hernández.

La firma puesta a ruego de los vecinos de la congregación de Tepetzintlilla, del municipio de Temapache, quedó certificada por la autoridad.

Martín Cruz- Celedonio Cruz- Albino Cruz. Firma de Temapache, quedó certificada por la autoridad.

Siguen más firmas.

c.c.p. Gobernador electo, Coronel e Ingeniero don Adalberto Tejeda. Xalapa Enríquez, Ver.”

La misma historia los refutó

Es cierto que había campamentos petroleros, pero esos estaban en los lugares de la PENN MEX FUEL COMPANY, y el pueblo de Álamo ya tenía calles, entre ellas la principal que sigue siendo la “Independencia”. Asimismo había edificaciones de diversos materiales, pues para ese tiempo, en las mejores construcciones lo que se usaba, generalmente, era la madera con lámina de zinc.

Agregaron a dicho documento de inconformidad: que los que manejarían el Ayuntamiento no eran de Veracruz y que quedaría en manos de gente extraña. Sin embargo, don Guillermo Vélez era de Xochiatipan, Hidalgo, y todavía antes de 1927 había sido su presidente y despachaba en el mismísimo Temapache, y luego, de hecho, fue el primer presidente municipal de Álamo, por lo tanto ni él ni los demás resultaban, para nadie, “gente extraña”. Xochiatipan se ubica detrás de Chicontepec, formando un triángulo equilátero con Atlapexco, la tierra de Casildo Cabrera Butron de oficio Huapanguero, y los dos fueron muy queridos por estas tierras.

A excepción del impresionante templo de arquitectura colonial, y de algunas escuelas superiores y casas de material atractivas, Temapache, para desgracia, se quedó como paralizado y se estancó con el tiempo, y no creo que la causa haya sido el cambio de residencia de los poderes, porque en los Ayuntamientos, los que primeramente progresan económicamente y se enriquecen de manera dudosa son los presidentes municipales.

Supongo que tengo los fundamentos para decirlo porque, en realidad, Álamo no le lleva a Temapache demasiada ventaja. Cierto que no le ha pasado igual, pero el tiempo para doblar las campanas y echarlas al vuelo en un Álamo pleno y progresista, en honor a la verdad, no ha llegado todavía.

Los postreros años veinte.

Dentro de los tres siguientes años a 1927 en que sucede el cambio de poderes de Temapache, las autoridades eclesiásticas allí asentadas tuvieron que ajustar sus servicios a la feligresía católica, pues debe comprenderse que las bodas eclesiásticas exigían realizarse en Temapache. Y lo mismo los demás asuntos relacionados, de tal modo que Álamo tardó entre 12 y 15 años, desconectado de la iglesia de Temapache, y en su necesidad la gente acudía a casas donde se decía que oficiaría un clérigo y hubo varias casas que se usaban para tales servicios, entre las que se recuerdan, estuvo la de Doña Concepción Hernández y, todavía en 1939, en la casa de Doña Leonor Olivares, la primera en calle Independencia y la otra en la Salvador Díaz Mirón.

Por cierto que los bautismos eran a la manera antigua, pues mientras se decían unas palabras en latín, y después de vaciar el agua en la cabeza del bautizado, le ponían en la boca una pizca de sal.

No se puede abundar mucho sobre la época cristera de 1927, el caso es que Álamo permaneció sin atención clerical hasta los años cuarenta, cuando el primer cuartel militar, ubicado en El Bordo, fue cambiado a la parte frontal del parque Benito Juárez, hoy de la familia Chao Gamundi, hasta los años cincuenta en el lugar que hoy ocupa la Capilla de los Dolores, entre Sor Juana Inés de la Cruz, avenida Garizurieta, calle Ferrocarril y Pípila.

Desagraciadamente estas circunstancias a veces favorecían a gente irreverente que suplantando la función del cura se llevaba buen dinero colec-tado por “sus servicios”.

Don Crecencio Santiago Rosas, Ultimo testigo.

No se escribe un artículo histórico sólo para reclutar las versiones recogidas por los colegas, más bien coadyuvan para enfocar los distintos puntos de vista que a cada individuo le tocó vivir y sentir, quedando muchas veces atrapado por la vorágine de sucesos que después serán apasionante historia.

La traída de poderes municipales desde Temapache a Álamo ha abundado en matices muy variados. Agregaremos una breve biografía de Don Crecencio Santiago Rosas, testimonio vivo confirmado por documentos de mucho peso verídico e histórico.

Nace Don Crecencio en el año de 1909. La segunda década del siglo veinte es el tiempo de luchas armadas contra Porfirio Díaz. Su lugar: la hacienda de Horcones en las goteras de Álamo y Potrero. En la tercera década, siendo niño, de pronto les avisan a todos los que allí vivían que huyeran al monte y cada familia buscó por donde se sintió segura. En cuanto a su padre y su compadre, buscaron un “cabezote”, nombre para referirse a su manera, a un gran hoyanco seco que producen las caídas de agua en tiempos en que llueve mucho, vienen luego los calores y queda limpio y seco y un ribete de zacate crecido en su boca lo oculta totalmente. Allí se metieron.

El inminente peligro era una tropa carrancista que tomó la hacienda sin batalla.

Como a la una de la tarde oyeron el sonido del cuerno vaquero para llamar al ganado y el padre de Don Chencho y su compadre fueron a ver qué sucedía. En la hacienda el comandante en jefe les hizo saber que no iban a molestar a la gente campesina de la hacienda, sino que iban a repartirles tierras a los cabezas de familia, pero que la tropa necesitaba comer y pedían que molieran el nixtamal que pudieran tener para que las mujeres les hicieran tortillas.

En cuanto a la carne, ellos mismos, a disparo de fuego, sacrificaron dos o tres reses de la hacienda cuyo dueño nunca conocieron, ya que todos los menesteres de la hacienda los manejaba a través de su administración, no obstante, ser un latifundio.

El jefe después habló con los cabezas del rancho y les dio quince días de plazo para que en ese tiempo ya todos hubieran escogido el sitio que más les gustara para trabajar en tanto terreno como pudieran hacerlo, pues el patrón no les concedía ni dos hectáreas para que pudieran mantenerse con sus familias y la jugada era que así los tenía siempre asalariados en su hacienda y muertos de hambre.

Cuando Crecencio de 17 ó 18 años ya se había cambiado a Otatal, lugar aledaño y muy próximo a Potrero del Llano, allí estaba trabajando cuando citaron a toda la congregación y por primera vez vio a Don Guillermo Vélez Castillo quien, hablando a todo Otatal, les dijo que su misión era sondear la opinión de todas las congregaciones pertenecientes al municipio de Temapache para saber en qué lugar quedarían mejor ubicados y que posteriormente habría una gran concentración en Álamo donde, en presencia de representantes de la Legislatura se daría fe de la opinión de que los poderes pasaran a Álamo.

Dice Don Crescencio que Don Guillermo traslucía su inteligencia como luchador social porque, con mucho esmero, hizo lo mismo en todas las congregaciones dejando comisionados bien aleccionados para que se lograra alcanzar la mayoría llegado el momento.

El joven Chencho se hizo simpatizante de Don Guillermo, pero este quizá andaba tan ocupado que entre tanta gente tal vez, ni se haya dado cuenta de ello.

El caso es que llegado el día se juntó tanta gente en Álamo apoyando la proposición para el cambio de poderes que resultó apabullante, por lo que los enviados a calificar el acto aprobaron sin reservas el cambio.

Hay algunas evidencias históricas suficientes para corroborar que la vivencia de Don Crescencio Santiago Rosas tiene muchos visos de verdad. Después de aquellos sucesos dice Don Chencho que en Otatal se empezaron a inquietar los vecinos de ranchos y pueblos por la cuestión de la repartición de la tierra, y un día se originó un zafarrancho que lógicamente tuvo que ser dirimido en Álamo, así que tuvieron que presentarse ante quien ellos mismos apoyaron, era cosa de ver cómo les correspondería el mismo Don Guillermo Vélez.

Por lo que decidió que todos los involucrados fueran trasladados a Tuxpan. Se supone que envió recomendaciones imparciales, como sucedió: a los heridos los curaron, por cierto que entre ellos iba el mismo Don Chencho (me mostró una cicatriz en uno de sus bíceps que   le afectó parte del cuerpo y le atravesó casi el brazo), pero al que fue hallado con culpa de sangre lo dejaron detenido, entre ellos a su propio hermano, al resto y gran mayoría los dejaron en libertad. Se comprende que aquel problema de ejidos y tierras se subsanó, pues jamás se supo que Otatal tuviera un solo problema posterior hasta nuestros días.

Don Crescencio Santiago Rosas está a punto de completar un siglo de edad. Siempre fue un hombre sobrio, no tomador, ni parrandero, ni siquiera bailero (así dice él), hacía la misma rutina de su casa al trabajo.

Desgraciadamente en lo histórico Don Chencho fue perdiendo su familia y con el tiempo se encontró trabajando hasta Ojite en las plataneras subsidiadas por la compañía Weinberger (Wimber), pero no pudo decir siquiera dónde estaban situados los muelles de carga del plátano, se concretaba a su trabajo y su casa en turno.

Recuerda la foto de un señor llamado Raymundo Martínez, de la gente supervisora de la Wimber, que se retrató con un racimo en cada lado y eran más altos que él mismo.

De allí quiso volver a su familia pero, como dijimos ya, no la tenía, y de allí se fue a Ojital Ciruelo donde tenía una parienta cercana. Allí conoció a Don Nicandro Guerrero, al que con el tiempo hizo suegro, y más tarde los dos radicaron en El Cinco o La Concepción. Allí murió su primera esposa, después casó de nuevo pero no hace mucho también murió su segunda esposa, quedándose a vivir con una de sus hijas en La Concepción.

Puedo conjeturar que la traída a Álamo de los poderes municipales no debió ser una perita en dulce. Una buena parte de la gente de Temapache estaba dolida, aunque con buena razón, pues le quitaron su cabecera muni-cipal y los bosques entonces eran prácticamente unas selvas oscuras donde al rugir de las escopetas y las 30-30 podía oírse en cualquier momento sobre la gente que acompañó a Don Guillermo Vélez, entre ellos, Don Crescencio. (Véase “Historia de Álamo” p. 52 de R. Robledo Reyna.)

Don Crescencio ve pasar tranquila su vida de siempre en el ejido La Concepción. Al lado de él uno de sus hijos; tiene familia que radica en los Estados Unidos y es un longevo testigo ocular de aquellos memorables sucesos de 1927, y de otros en que es protagonista.

La foto mas reciente de él aparece páginas anteriores, en tanto diré, que sus aseveraciones testimoniales no son en falso como hoy se estila tanto. En otras palabras, él afirmó categórico que hubo lo que hoy llamamos consenso o una consulta, en el caso que nos ocupa, por una decisión que sería trascendental y que lo sigue siendo. Y así fue, pues el decreto 97 del 28 de junio de 1927, nos lo confirma con la mayor claridad. Un decreto no sale nunca de la nada porque es lógico y natural su antecedente y como tal se aprueba y se aplican sus efectos.

Por lo tanto, la versión que durante tantos años circuló de que Don Guillermo Vélez junto con Don Amado Segura, Prisco Intriago, Eutiquio Rodríguez, Crescencio Santiago Rosas, Felix F. Austria Silva, Armando Pérez, Miguel Bonilla y varios otros que nos resulta imposible nombrar, principalmente los tres primeros, se habían traído arbitrariamente los poderes de Temapache, no tiene ningún fundamento histórico. Ni la otra versión romántica de que fue por una amante que tenía aquí en Álamo.

Si Don Guillermo era enamorado y le gustaba una mujer de Álamo, enhorabuena por su gusto. Álamo tuvo mujeres muy hermosas y no era ninguna violación a las leyes morales y civiles, se podía casar o lo que fuera y llevarse igualmente su amor a Temapache. Esta versión resulta descabellada.

Supongo, con buen juicio, que el decreto 97 del 28 de junio de 1927 no tenía el siguiente tenor: “En razón de que el ciudadano presidente de Temapache, Don Guillermo Vélez, está enamorado de una mujer de Álamo, se le concede llevarse los poderes para este lugar... etc.”

El decreto es tan veraz y contundente que se sigue respetando la residencia de los poderes municipales hasta el día de hoy. No se basa en detalles nimios, volubles o fantasiosos. Primero la Legislatura del estado expidió el decreto, según la expresión del plebiscito previo y luego Don Guillermo Vélez realizó de hecho el traslado de los poderes.  

La historia tendrá que consignar que Álamo no era un campamento petrolero solamente, aunque lo tenía. En el libro de Robledo, en la parte superior de la pagina 67 muestra el grado de urbanización que tenía Álamo en el año de 1927. No era la gran urbe pero tampoco se reducía a ser “un campamento”. Aún si los americanos se hubieran ido en ese mismísimo año, Álamo como “campamento”, no hubiera desaparecido.

Por eso insisto tanto que el verdadero génesis del Álamo de ayer, con petróleo y sin petróleo, era, es y seguirá siendo agropecuario y, si es posible con posibilidades industriales.

Cierto, se esperan tiempos conflictivos, porque la citricultura ha logrado formar un emporio, pero desgraciadamente es un monocultivo que tiene demasiada competencia en el extranjero y poco capital y técnica para superarla. Álamo tiene tierras privilegiadas, tiene dos ríos que unidos podrían hacer un paisaje campirano variado de productos: hortalizas, legumbres, ganado; la tierra se podría aprovechar y cuidar para producir hasta lo increíble, porque es tan feraz que aquí, todo se da, hasta lo de tierra fría, hasta lo de climas extremosos como la vid, el cafeto, algunas variedades de manzanas y peras, estas últimas tuvimos la oportunidad de verlas en las tierras del ejido Pueblo Nuevo específicamente en la propiedad de la familia Estrada Azuara en la década de los 60´s.

Ya no tenemos a nuestros viejos que le dieron el núcleo poblacional a nuestro Álamo con tesón, dejando en el surco las lágrimas que salen de los poros de la piel y, con ese sudor, fertilizaron todo aquello que hoy nos hincha de orgullo.

VI.            EXPLOTACION PETROLERA

VI.            EXPLOTACION PETROLERA

Después de sus inicios agropecuarios, el Petróleo.

A partir de su nacimiento agropecuario, Álamo llegó a ser una de las rancherías más importantes del municipio del heroico Temapache de Gutiérrez Zamora.

Este cabecera ha sido nombrada de varias maneras con igual etimo-logía: Tamapachco, Tamapatz, Tamapazco y, actualmente, Temapache. El nombre es legítimamente huasteco y en todos los casos es toponímico de “Lugar de Palmas”.

Siendo Temapache originalmente la residencia del municipio, como de la ranchería de Álamo, es menester dedicar algunos detalles obligados como referencia:

En huasteco la palabra TAN, TEN o TAM, siempre indica “Lugar”. He aquí algunos ejemplos de lugares muy conocidos en el área huasteca:

Tabuco, de Tam-bue, que es “Lugar de Siete”

Tamalín, de Tam-oli, “Lugar de Oración”

Tantoyuca, de Tam-tuyic, “Lugar donde hay cera”

Tancochín, de Tam-cotzin, “Lugar donde se rasca”

Tempoal, de Tam-pualja, “Lugar de la avenida del río”

Tanhuijo, de Tan-hui-jol, “Lugar de la boca de la barra”

Tamuín, de Tam-huinic (voz maya), “Lugar del hombre del libro o del saber”

Tancoco, de Tan-cocol, “Lugar donde truena”

Tamiahua, de Tam-yan-ja, “Lugar rodeado de agua”

Su origen es absolutamente huasteco y data de tanta edad como la asignada a tal cultura, por eso los antiguos códices lo mencionan como contemporáneo de antiquísimos lugares como Tabuco, Chicontepec, Tzicoac, Metlaltoyucan, y tantos otros; sin embargo su situación y demarcación eclesiástica y política data del periodo colonial de 1581 a 1821.

Además en aquel entonces su demarcación eclesiástica estaba sujeta al obispado de Puebla, y en lo civil, a la alcaldía mayor de Huauchinango. Puebla; por otra parte, entonces era considerada como una de las provincias marítimas de oriente por el hecho de que tenía bajo su jurisdicción civil a la comarca colindada por el mar o Golfo de México y ocupada por la raza huasteca que más tarde formaría la región norte del estado de Veracruz, lo cual corrobora un acuerdo del Presidente de la República, que así lo dispuso a partir del 1 de diciembre de 1853.

Estas y otras decisiones quedaron confirmadas a mayor grado en la Constitución Política de la República Mexicana, de fecha 5 de febrero de 1857.

En tiempos relativamente recientes se comentaron asuntos históricos respecto a los registros que en los archivos de su parroquia se asentaban y de los cuales se decía que databan del siglo XVII. Y así resulta ser, pues uno de ellos es un documento que registra una boda que se efectuó con fecha 20 de abril de 1700.

Y al parecer, siguiendo en antigüedad el registro de una visita del obispo Juan Javier Francisco de Echeverría, el 3 de enero de 1747, que resulta ser una especie de auditoria eclesiástica, de la que habiéndose encontrado la parroquia en orden, se dejaron instrucciones de seguir haciéndolo igual e informándolo a su “Ilustrísima” y de la que deja constancia en el libro de los bautismos, con su firma ante el notario eclesiástico, Francisco Javier de Echeverría.

En cuanto al título de “Heroico Temapache de Gutiérrez Zamora”, éste se le confirió en premio “a los servicios prestados a la regeneración en el estado”, por la Legislatura a través del decreto número 45 de fecha 13 de octubre de 1878.

No obstante estas formalidades legales, por las razones ya expuestas en ese municipio y lugares aledaños, poco antes del año 1927, ya se estaba llevando a cabo una labor de convencimiento o especie de plebiscito encabezado por el señor Guillermo Vélez y otras personas bien aleccionadas.

Todas las cuestiones ya comentadas forzosamente nos llevan a una bifurcación de tipo histórico, pues iniciado con cierto tiempo de antelación, Álamo se encuentra de un modo casi simultáneo con el hecho de que comenzaría en su región inmediata la búsqueda del ya codiciado petróleo que, por cierto, vino a resultar con buen grado de abundancia en el municipio de Temapache.

Algunos informes manejan, por lo menos, unas tres fechas que son: 1911, 1912 y 1913. Todas ellas en referencia al año en que se comenzó a localizar y encontrar petróleo de manera particular en Álamo y, aunque puedan diferir unas de otras, no se puede negar que son muy próximas y no hay necesidad de dudar de las fuentes, pues en historia nadie puede arrogar el tener la verdad absoluta.

Aunque se reconoce que a Álamo vinieron otras compañías, finalmente se concluye que la PENN MEX FUEL COMPANY fue la que acaparó mayormente el control de la zona. Y aunque se ha especulado mucho respecto a que pertenecía a la Standar Oil Company de la cual era subsidiaria, como hubo varias originalmente, y con el tiempo ellas mismas negociaban su posesión. La verdad exacta todavía está en la balanza de los investigadores, a veces de modo tan complicado que se dice por fuentes de prestigio que el señor Edward L. Doheny fue dueño de una Standard Oil Co. Pero otras no menos acreditadas afirman que la PENN MEX FUEL COMPANY era el nombre de la compañía que representaba y funcionada bajo los intereses de la Standard Oil Co. por lo que algunos sostienen que ésta pertenecía a Rockefeller. Además el señor Doheny, a quien se le reconoce el nacimiento de la industria petrolera de México, vendió todas sus compañías petroleras en México entre los años de 1926 a 1928.

En este punto de la historia es bueno reflexionar que Álamo, en las condiciones agropecuarias de sus inicios, realmente ya había determinado su ruta en el resto de su vida futura.

El petróleo en su subsuelo podía haber existido o no y él, como hoy se ve, tendría que seguir su historia aún dando de tropezones de un auge a otro, porque a la larga el mero punto fuerte ha sido y será, su vocación agropecuaria y lo que logre en industrias no petroleras u otras alternativas con técnicas de punta si llega a ser posible.

Esto de ningún modo opaca la aparición de las compañías petroleras, pues de todos modos fueron un polo de atracción económica para un número bastante grande de empleos aunque, es cierto, eran muy mal pagados.

Lo que sí resulta innegable es que el centro poblacional de Álamo cobra un censo mayor de habitantes, unos para encontrar acomodo en la PENN MEX FUEL COMPANY y otras compañías que también perforaron por estos rumbos, y como consecuencia lógica también la inmigración de comerciantes que llegaron a establecerse en aquellos años tempranos, sin olvidar los prestadores de servicios, y otros forasteros.

Como se ha explicado previamente, los dueños originales de las tierras donde se funda el núcleo de Álamo, rentan en la segunda década del siglo XX, brotando según se afirma, el primer pozo productor, sucediendo eso entre los años de 1912 y 1913, pozo que tuvo el honor de llamarse “Álamo # 1”. Sin embargo, al parecer, el pozo que más fama llegó a tener en el área fue el “Álamo # 2”.

En el área de los pozos Álamo, los Jardín, Los Paso Real (todos en terrenos de la vieja hacienda de “El Álamo”), no hubo tantos pozos impresionantes, pero aún así la PENN MEX FUEL COMPANY se vio en la necesidad de extender un oleoducto que partía desde Álamo hasta la Barra sur de Tuxpan para extraer toda la producción de esa zona por medio de unas cuatro llenaderas o tanques de almacenamiento, acondicionadas ahí. Era el auge de la exportación y el saqueo.

Sin embargo, hemos de notar que no sólo hablamos de Álamo, sino de todo el municipio de Temapache, mismo que en una de sus congre-gaciones, como Potrero del Llano, la compañía “El Águila” localizó el pozo “Potrero del Llano # 4” que dio más de cien millones de barriles hasta que lo agotaron y se negó a fluir más; pozo que, por cierto, el único rival en producción que tuvo fue el “Cerro Azul # 4”, aunque se dice que éste fue el mayor pozo productor del continente y algunos afirman que hasta del mundo. Bien le vino el nombre a esta rica zona: “La Faja de Oro”

Cuando se analiza y escribe la historia resulta una apasionante vorágine de cuestiones, tanto más cuando por una razón u otra la historia específica de una ciudad se ha quedado un tanto perdida en el pasado.

Por ejemplo, en el subtítulo de este libro “CRISÁLIDA DE ÁLAMO” se maneja el testimonio vivo de los hijos mayores de Don Tacho Cisneros, o mejor dicho, Don Anastasio Cisneros Manilla, que nos cuentan que su padre pasaba comerciando “por el rancho de Álamo en 1906”, como comerciante “varillero”, dato que coincide extraordinariamente con parte de los archivos computarizados actuales del H. Ayuntamiento de Álamo.

Este importante dato, que bien puede ser exacto, ubica el tiempo para la formación de Álamo antes del año 1906. Por eso el libro “Perspectivas de Alamo” (en la página 13), ubica precisamente la fecha en 1906; libro que se editó 68 años después de la fundación y que por la cercanía histórica tiene fundamento creible.

Lo que en otras palabras también desmiente que el nacimiento de Álamo haya ocurrido los años 1912 y 1913, pues eso es un anacronismo alejado de la realidad, pues de todos modos, entre la formación del rancho Álamo y el inicio de la perforación del pozo Álamo # 1 puede haber una diferencia mínima de unos años y, hasta probablemente más, como ya se ha escrito.

Por lo tanto, a aquellos inicios puramente agropecuarios, se le adhiere una situación de aumento poblacional a partir de 1912, con gente que se empleo en la PENN MEX FUEL COMPANY, y sus respectivas familias, junto con una considerable mezcla étnica de chinos, españoles, sirio-libaneses, alemanes, austriacos, etc., dedicados a sus actividades, fueran agropecuarias, artesanales, de servicios como en su origen, comercial, etc., sin ser todos necesariamente empleados petroleros. Pues de haber tenido todos un solo medio de vida, entonces al emigrar la PENN MEX FUEL COMPANY, aquí hubiera quedado un paraje fantasma, cosa que jamás ha ocurrido, a pesar de una innegable desactivación económica.

Tan es así, que a principios de la segunda parte de la década de los 20, inició otro polo de atracción económica en los linderos del municipio de Tuxpan, el cual se originó por el inicio en gran escala de las plantaciones plataneras por la compañía Weinberger Banana, de Nueva Orleáns, E.U. mas conocida como la “Winber”

Y sucedió que muchos petroleros desertaron de la PENN MEX FUEL COMPANY y se hicieron plataneros, pues la compañía petrolera sólo pagaba de $4.50 a $5.00 por jornada de 12 horas.

Lo ventajoso fue que la misma compañía suministró las cabezas de la variedad roatán para ser sembradas de manera particular en los terrenos de cada dueño y la producción era libre de venderse al mejor postor. Por supuesto, la Weinberger acostumbraba los precios estabilizados, igualmente razonables. En cuanto al resto de la gente que de esta actividad se sostenía, eran muy abundante y se dedicaba a la limpieza, carga y transporte a los sitios de acopio.

El Petróleo en la huasteca, el municipio de Temapache y la ranchería de Álamo.

En términos generales, la zona productora de petróleo más sobre-saliente a partir de la segunda década del siglo XX, fue la de la huasteca en el norte de Veracruz. Y aquellos trascendentales hallazgos trajeron como consecuencia lógica una enorme cantidad de compañías perforadoras que se disputaban en una rebatinga colosal todo espacio de tierra que tuviera indicios de petróleo para extraerlo, y donde los procedimientos justificaban sus egoístas y avariciosos propósitos, llegando a la más aberrante y deshumanizada corrupción, llena de tantos crímenes, despojos y estra-tagemas que aquel petróleo se tiñó, junto con sus tierras, de sangre de inocentes, ignorantes y crédulos.

Las compañías más poderosas inventaban nombres de otras compañías con el fin de monopolizar la mayor parte de terrenos con posibilidades prometedoras. Además que usaban artimañas para tener funcionando compañías fantasma, robando de ese modo, los impuestos correspondientes a la nación.

A vía de ejemplo mencionaremos unas cuantas de las poderosas: la Royal Dutch, la Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila S.A.”, la Compañía Mexicana Holandesa La Corona, por cierto que ésta perforó pozos en La Granadilla, cerca de Las Cañas, donde antes se le llamaba “La Tlacuacha”; allí existen tapones que lo dicen con todas las letras. También por la huasteca estuvo la Metlac Petroleum Co., la Compañía Petrolera de Tierra Amarilla y Anexas (ésta en el municipio de Temapache), la Compañía Unida de Petróleo S.A. (entre El Águila y La Corona), la P. J. Jonker S. en C., la Rafael Ortega S. en C., la Compañía Agrícola y Colonizadora Veracruzana S.A., la Compañía de Comercio, Inversiones e Industrias S.A., la United Oil Production Co. S.A., la Compañía de Terrenos del Golfo C.P.A., la Compañía Consolidada de Fincas Urbanas S.C.P.A., la G.J. Rennow, la Compañía petrolera El Centenario S.A., la Compañía Mexicana del Petróleo San Cristóbal S.A., la Compañía Mexicana de Bienes Inmuebles S. A., la Financiera de Petróleo S.A., la Hispano-cubana Alfonso Maldonado y la Petrolera San Francisco S.A.

Otros de los complejos poderosos fueron la Huasteca-Doheny Petroleum Company, la Bridge and Company S. en C., Green y Compañía, Mexican Petroleum Company, la Tamiahua Petroleum Company, la Tuxpan Petroleum Company, la Compañía Petrolera Ulises S.A., la J.A. Brown S. en C., Manuel Guzmán, la Compañía de Petróleo Mercedes S. A, Compañía Petrolera Minerva S.A., Compañía petrolera Titania S.A., Compañía de Petróleo Rayón, S.A., en la congregación de Juan Felipe (Casi Cerro Azul), Chichoncillo Petroleum Company, la H. G. Venable S. en C. (que pasó a poder de la Standard Oil de New Jersey y que es la rama más importante de la Standard).

Otro complejo fue la Sinclair, de la Sinclair Pierce Oil Company S.A., la Mexican Sinclair Pet. Corp., la compañía de petróleo El Charro S.A., la Compañía Terminal de Lobos S.A., la Freeport and Mexican Fuel Oil Corporation, la Stanford y Sucesores S. en C., la Penn Mex Fuel Company, la Richmond Pet. Co., la Compañía Petrolera El Águila donde, por cierto, trabajó Antonio Pérez, un viejo alamense compañero petrolero; ésta, más tarde fue absorbida por el complejo Imperio Doheny.

El complejo Standard Oil incluyó compañías como las de las ramas de New Jersey y de California (y que estaban enumeradas por separado), la compañía Transcontinental de Petróleo S.A., la California Standard Oil Co. de México S.A., la Richmond Pet Company (que en un tiempo, según se supone, formó parte del grupo Sinclair, y el Complejo Huasteca pasó íntegro a la Standard Oil de New Jersey en el año de 1928, aunque otros dicen que fue en 1926).

En fin, esta variedad de compañías y consorcios hacía un espantoso enredijo que, aparte de la fea costumbre de ser ladrones, dejaron a los his-toriadores en un mare-magnun de confusiones y polémicas.

Sin embargo, para las personas de paciencia y criterio eso no les va ni les viene, sea que estén en lo cierto o estén equivocados, pues fueron las compañías y no los escritores los que dejaron tan confusa herencia.

Desde el inicio del brote de los pozos del campo Ebano y a partir del que se considera el primer pozo importante de las tierras de la huasteca, “La Pez #1”, y siguiendo una ruta aproximada de norte a sur, los pozos fueron de menor a mayor potencia productora. Pues habiendo ya más compañías perforando, el 21 de febrero de 1914, se localiza y revienta el pozo “Zurita #3” en la cuenca del Pánuco, explotado por la Compañía de la Mexican Sinclair Petroleum Corporation, resultándole una producción de 21 millones de barriles hasta que lo agotaron.

La fiebre del petróleo en la huasteca llegó a tener pozos “millonarios”, como los Juan Casiano, los Amatlán, los Cerro Azul, los Potrero del Llano, los San Diego de la Mar, y muchos otros muy famosos, pero el que maravilló con su volumen productor y por su yacimiento fue el “Cerro Azul #4”. Todavía unos 10 años antes, el “Potrero del Llano #4” marcó un auge jamás visto hasta entonces en los anales petroleros del mundo de aquel tiempo, (de 1900 hasta la década de los 20), que resultó ser la edad de oro del petróleo en tierras de la huasteca pero, particularmente, en la que más tarde llegó a llamársele “La Faja de Oro” pues, por cierto, que en su tiempo no fue tan popular todavía este calificativo.

Por la enorme riqueza de sus mantos, el municipio de Temapache llegó a constituirse en el productor de una mayor cantidad de campos petroleros y pozos, de los cuales el sobresaliente fue el legendario Potrero del Llano, pero también se halló petróleo en Solís de Allende (y todavía lo tiene) y Tierra Amarilla de los Peláez Gorrochotegui. En aquellos días el municipio de Temapache tenía en su jurisdicción alrededor de treinta y cinco congregaciones. Aparte de Potrero del Llano, Solís de Allende y Tierra Amarilla también se halló petróleo en otras 25 comunidades, que hacen un total de 28 sitios productores.

Tan sólo en la región de Álamo, la PENN MEX se vio en la necesidad de construir cuatro enormes tanques de almacenamiento de 55 mil a 60 mil barriles cada uno, y a extender el oleoducto que aparece en el mapa, partiendo de Álamo hasta la estación Álvarez o Barra Sur de Tuxpan, donde tuvo su residencia mayor.

Todavía se recuerda que uno de aquellos tanques fue incendiado por un rayo, pues en la reglamentación de acondicionamiento de los tanques se exigía, aparte de pintarlos de gris o de aluminio, se les pusieran cúpulas cónicas de lámina.

Sin embargo, en desacato les ponían techos armados de vigazones de madera y otros materiales sumamente combustibles, para ahorrar dinero. Y causa asombro que gente tan inteligente cometiera tales aberraciones, pero la realidad que confirma su codicia son dos factores: uno, que por ser en total muchos techos, su elaboración y colocacion les iba a ocasionar un excesivo gasto en dólares y, el otro, que consideraban estar en México temporalmente mientras hubiera ganancias y nadie hubiera querido quedarse el día que el petróleo se agotara.

Y ya lo habían visto cuando los pozos se les incendiaban y luego se apagaban solo por el agotamiento del yacimiento en cuestión. Una explotación racional exigía estrangulación de salida para controlar el fluido para evitar el desgase del pozo y por lo tanto su agotamiento, y lograr, de ese modo, sacar la máxima produccion aunque fuera a largo plazo.

Viene al caso la opinión de un conocedor de la materia que, al referirse a aquellos grandes colosos de la producción, dice: “tales pozos sólo les dieron la tercera parte de su volumen dejando dos terceras partes en el yacimiento echado a perder por la explotación a todo tubo, a toda producción y a todo gas, matándolos indiscriminadamente, cosa que en tiempos modernos fue confirmada con la explotación adecuada en los campos de Poza Rica”.

Era tal la riqueza petrolera que Edward L. Doheny y el “General” Manuel Peláez soñaron con formar un imperio en las huastecas y era presisamente una faja de la zona petrolera, pero no se les cumplió el deseo. La avaricia de uno y otro se los impidió, pues en el caso de Doheny, a mediados de la tercera década tuvo que abandonar el país y vender todas sus empresas o compañías petroleras a la Standard Oil Co. de Rockefeller “el viejo”.

Volviendo al asunto de las instalaciones en Álamo de la PENN MEX FUEL Company, ese tanque incendiado tuvo que ser desmantelado y con el tiempo allí quedó ocupado por el colegio católico “Progreso”.

Sin embargo de norte a sureste quedaron tres tanques de almacenamiento: el 102 que el 5 de agosto de 2001 todavía estaba en pie; le seguía al centro el tanque 101 y, finalmente, el tanque 303, hoy absolutamente desparecidos y sus sitios ya fueron absorbidos por la mancha urbana.

La PENN MEX FUEL COMPANY tenía dos estaciones de bombas, una en Agua Nacida y la otra en la salida río abajo de Álamo y pegado a su caudal. En esta estación también se bombeaba el aceite a la barra sur donde estaba una residencia de la PENN MEX FUEL COMPANY, que también se usaba como sede diplomática del gobierno de Estados Unidos.

En realidad, con sus grandes chimeneas y bombas que hacían ver pequeñitos a los trabajadores, esta estación de bombas era lo más impresionante que en materia de maquinaria se veía y se tenía por Álamo en aquellos tiempos.

En otro sitio se erguían los grandes talleres ubicados a la derecha de la Avenida Independencia, exactamente al lado del hoy Seguro Social. Allí había una serie de calderetas que le daban fuerza motriz a los grandes tornos (en estas fechas, han quedado albergadas las oficinas de PEMEX, después de haber servido sus modernas instalaciones como cuartel militar).

También tenía unas grandes oficinas enfrente que anexaban muy bien a la gran bodega de herramientas de perforación, y un garage de reparaciones automotrices y, a un lado, hacia el oeste, la casa del tren y los kalamazos.

En una esquina de las oficinas principales tenía una caseta telefónica o conmutador telefónico a base de tendidos de alambre de cobre y un sistema para timbrar, conformado de magnetos, y las llamadas se hacían mediante timbrazos en clave. En la otra esquina a la derecha estaba la oficina privada de la jefatura y hacia el oeste, en una abundante arboleda de cedros, había un enorme patio sombreado con casas para los jefes y huéspedes.

Luego, todavía tirando hacia el oeste, la gran cuartería de casas tipo “camilla” pintadas de rojo, que le valieron el mote de cuartería colorada.

La PENN MEX FUEL COMPANY tenía un feroz pelotón de “guardias blancas” y, en aquel tiempo estos bandoleros implantaron en Álamo un sistema de terror policíaco, usurpando las funciones de las autoridades civiles. Incidentalmente se puede decir que esto era de esperarse pues, los siglos XVIII y XIX y parte de los primeros años del siglo XX, todo era un caos motivado por las revoluciones y la desestabilización política en toda la República Mexicana.

Con muy duros trabajos, los poderes gobernantes obtenían una pizca de aquellas asombrosas ganancias que las compañías petroleras se esta-ban, literalmente, robando, cosa tan fácil para ellos en tiempos tan revueltos y confusos, que hasta entraron en contubernio con Manuel Peláez Gorrochotegui, un nativo de Temapache de orígen español, quien fué contra-tado como sicario de sus intereses petroleros para que nadie se los tocara; aparte de que las compañías petroleras sostenían el gasto del ejército de Peláez, también le hacía el juego a las facciones políticas y militares del momento. Fué así, con el apoyo de las compañias petroleras como Manuel Peláez Gorrochotegui pudo iniciar su borrascosa carrera ya con el grado de coronel y más tarde, quedó ascendido a General, como está consignado en los libros de referencias históricas de la revolución.

Se dice con bastante verdad que a Peláez sólo le interesaban sus tierras en Temapache de “Tierra Amarilla”, donde encontraron petróleo y la generosa tajada de entre 50 a 100 mil pesos oro (otros dicen que 200 mil) que recibía en mayor parte de la Standard Oil Co., pues de otro modo sólo hubiera dejado interrogantes respecto a varios asuntos de su terruño, tales como: ¿por qué siendo un cacique no se adueñó permanentemente de las autoridades del municipio de Temapache? ¿Por qué a la hora de trasladar tales poderes municipales no se enfrentó a Guillermo Vélez? ¿De veras sucedió que andaba en una campaña militar cuando un general rival lo buscó en Temapache para trenzarse con él en abierta y franca batalla? Tal general nunca lo halló y se tuvo que conformar con saquear su hacienda y quemársela, pues aparte de desalmado e irreverente (usaba la joya arquitectónica del templo de Temapache como cuartel) era un cobarde que, según se dice, para no presentar batalla a aquel general y su tropa, huyó hacia el corazón de la huastecas, y cuando supo que iban tras él, se fue a refugiar a Ozuluama.

Y no se necesita ser fantasioso para entender esto, pues hay que recordar que los acorazados americanos patrullaban la costa marítima desde Tuxpan a Tampico, y Ozuluama encaramada en el Cerro del Vichín queda al borde del litoral.

Cosa parecida a la de Porfirio Díaz, quien estaba coligado a los intereses petroleros del “Águila” de capital inglés y holandés, no sólo él sino parte de su familia, y al salir a su viaje hacia el destierro lo alojaron en la residencia de la compañía en el puerto de Veracruz, desde donde finalmente partió a París en el vapor “Ipiranga”, en 1911.

Así, los acorazados americanos en sus patrullajes de intimidación continental, muchas veces sirvieron como lugares de refugio a los traidores.

Manuel Peláez era un agente que sirvió a los intereses extranjeros de varias compañías de petróleo, pero Porfirio Díaz fue el responsable del ini-cuo saqueo de la riqueza petrolera de cualquier terreno, pero sobre todo de la huasteca; y la niña de sus ojos resultaba entre tantas, la Waters Pierce Oil, que le producía grandes regalías personales haciéndolo socio a cambio de legislar impuestos ridículos y darles todas las facilidades para hacer y deshacer el negocio petrolero en todo el país, y eso lo testimonian sus decretos oficiales que, para muestra uno sólo de ellos, establecía un impuesto 5 centavos por hectárea. ¡Al país le quedaban los centavos, pero a las compañías los millones!

Por estos contornos la PENN MEX FUEL COMPANY tuvo mucha gente que le aguantó hasta la llegada de la expropiación en el mes de marzo de 1938, en el día 18, pero los que habían desertado de la Wimberger Banana Company de Nueva Orleáns, tuvieron que volver a incorporarse en los días en que aquel auge platanero sucumbió. Los gringos, entonces, se aposentaron en Centroamérica.

Tuxpan quedó, en aquellos días, asociado con los acontecimientos de Álamo de la compañía petrolera PENN MEX FUEL COMPANY, y dado que el oleoducto terminaba en los terrenos del señor Antonio Álvarez, llegó a llamársele “Terminal Álvarez” en el lado sur de la Barra de Tuxpan. Allí hubo varias oficinas de la compañía; existía hasta una residencia para la embajada americana y, para una negociación que exportaba el chicle que se sacaba por allí en grandes cantidades y proveniente de muchas áreas, incluidas las de Álamo, cuyos chicleros tenían gran habilidad y fama, pues el chicle también tuvo su auge que duró mucho tiempo, además de el hule.

La PENN MEX FUEL COMPANY estuvo explotando, de igual modo, los pozos encontrados en Álamo a partir de 1913 hasta el año 1938, que significan 25 años de oprobio y no se les dejó partir mas que con sus enseres personales y familiares, pero tocante a cualquiera de los empleados extranjeros que quisieron quedarse para trabajar ahora con la industria del país, fueron nacionalizados mexicanos. Entre ellos, últimamente ya era mexicano por residir desde muy chico, David Lindsay y toda su familia, Leo Reas Peche era austriaco, Guillermo Weitz era alemán, John Henry era un negro americano, el señor Monti era italiano, los Ham eran chinos, y muchos más.

Las circunstancias venturosas como las adversas también tienen sus anécdotas

El pozo “Álamo # 1” tuvo como referencia para su perforación el orín y el estiércol arrojados una mañana en el sitio exacto donde éste brotó en el año 1913 (testimonio vivo de don Aquilino Orellán, originario de La Antigua).

Resulta que el equipo de localización, usando todavía aquel antiguo sistema de triangulación para la localización de puntos para perforación de pozos petroleros, concluyó sus labores y estando a punto de clavar la estaca con la lectura del pozo de referencia, una vaca negra que tenía rato que los observaba, no se había querido mover de donde se había echado a pernoctar y rumiando, rumiando, además de mala gana, por fin se dignó pararse pues, en cierto modo, aquella gente la estaba molestando, pero casi en el punto de referencia se detuvo, abrió un poco sus patas y procedió a orinarse y dejar una tremenda torta de excremento y se fue.

Para sorpresa de todos, el gringo ordenó que la estaca no se clavara donde indicaban los trazos, sino donde evacuó la vaca negra. Y así se hizo, curioso como resultara ser: tomando en cuenta que el pozo más cercano allí estaba a más de 20 kilómetros y había sido perforado un año antes en Alazán Viejo, en 1912, allí brotó el aceite que indicaba mayores yacimientos hacia el sur.

Por supuesto para trabajos de localización de pozos nadie seguiría y se pondría a andar buscando vacas negras, pero en Álamo y más al sur se encontró petróleo en grandes cantidades. Y para colmo de las coincidencias se reencontró la prolongación terrestre de la llamada Nueva Faja de Oro o, como le dijeron en aquel tiempo a La Antigua Faja de Oro, The Golden Line. La siguiente lista de los campos encontrados y proporcionada por documentos de Petróleos Mexicanos está formada como sigue:

El Héroe que pasó por Álamo: César Augusto Sandino

“El hombre que de su patria no exige mas que un palmo de tierra para su sepultura merece ser oído, y no sólo oído, sino también creído”.

Así habló César Augusto Sandino quien, durante la brevedad de su vida, pasó por la región de Tuxpan, Cerro Azul y Álamo, en la época del petróleo extranjero.

Tiempo abarcado de 1923 a 1926, en casi cuatro años, Sandino dejó amigos por estos tres sitios petroleros de antaño y se le recordó por muchos más años por los petroleros donde padeció con muchos mexicanos, la soberbia de las compañías americanas.

Le decían “El Nica” porque era de Nicaragua, bastante joven y carismático, por eso toleraba que sus compañeros le dijeran “el vende pa-trias” y otras lindezas pues, en esos años, Nicaragua estaba también en las garras del sistema “made in USA”, por la codicia, tal como México.

Nicaragua que no producía petróleo, tenía gran cantidad de recursos naturales, bastantes minerales y, sobre todo, la anchura que, junto con su gran lago y ríos se prestaba para unir por medio de un canal el Atlántico con el Pacífico. Pero lo peor de todo era que los verdaderos enemigos de Nicaragua eran gente sin escrúpulos de allí mismo, que eran los verdaderos “vende patrias”

Antes de que Sandino viniera a dar por estas tierras de Álamo para hacerse petrolero había huido de Nicaragua a Honduras por haber herido seriamente a un sujeto. Estando en Honduras se dedicó a trabajar con la “United Fruit”, compañía platanera transnacional, y cuando pudo se vino hasta Tampico y Tuxpan, después a Cerro Azul. Su estancia en Álamo fue breve, pero aquí dejó muchos amigos que llegaron a saber que, finalmente, se había decidido a volver a su querido terruño para pelear por él y ayudar a liberarlo.

La infancia de Sandino fue muy triste y supongo que sólo unos cuantos sabían su historia: Cesar Augusto nació un 19 de mayo de 1895. Su pueblo natal era Niquinhono, del departamento de Masaya, en la región de Las Segovias; era un pueblo de campesinos al servicio de una hacienda. Allí su padre, Gregorio Sandino tomó a su madre que trabajaba de criada en la hacienda engendrándolo como hijo natural y cuando ésta llegó a embarazarse de nueva cuenta, y debiendo una suma que le fue imposible pagar en la tienda de raya, la metieron a la cárcel, donde abortó la criatura que llevaba en su vientre sin más compañía que su hijo Augusto César Sandino, que sólo tendría unos 9 años.

Sandino en su estancia por tierras mexicanas logró ahorrar tres mil pesos mismos que se llevó a Nicaragua, donde a sus expensas compró algunas armas y organizó un pequeño grupo de combate en cuyo primer enfrentamiento con los marines americanos le fue muy mal; sin embargo, este ex petrolero se reorganizó y entonces se remontó a las montañas amadas de su tierra y tan conocidas por él y, de allí, les infligió graves derrotas a los servidores pro-imperialistas.

Sandino no sólo empezó a pelear duro por su tierra sino que se daba sus escapadas para venir a México y solicitar ayuda, misma que unas veces conseguía y otras no, pero las historias registran que en el gobierno de Plutarco E. Calles, no sólo contó con ayuda monetaria sino con armas, parque y hasta guerrilleros. De allí que el libro de Rodolfo Robledo, al tocar el punto, dice que Sandino tuvo bastante comunicación con su “gente” o amigos de Álamo, pudiéndose hasta dar el caso que hubiera recibido alguna ayuda desde aquí, Cerro Azul o Tampico donde había hecho amigos entre la masonería. Se sabe que mantuvo correspondencia postal con el señor Nicanor González González vecino alamense.

El tenía su cuartel general en un cerro de difícil acceso llamado “El Chipote”. Cuando lo localizaron los gringos quisieron darle un sólo golpe de muerte. El plan consistía en ablandar la posición con aviones y luego peinar el área con los infantes de marina, pero Sandino, aparte de sus “dos mil famosos” que mandaba como su general, tenía un coro de ángeles (así le puso de nombre a una parvada de niños que espiaban para él en los dominios americanos, y a los adolescentes los llamó “palmazones”, vaya usted a saber por qué).

El asunto es que el plan destructor se lo hicieron saber a Sandino y, comunicándoselo a sus hombres, no les dejó en El Chipote sino muñecos de paja con sombreros y ropa vieja, con los que se ensañaron los marines. La gente de Sandino que no perdió ni un solo hombre, les dio tremendas derrotas a los norteamericanos. Fué en Nicaragua donde Estados Unidos tuvo su primer Vietnam, con aquel ex petrolero tan joven y tan patriota.

Sin embargo, Nicaragua tuvo que sufrir muchas humillaciones, no sólo de los marines y los políticos americanos que se han ganado una fea fama en casi todo el mundo, sino lo que es peor y vergonzoso, lo hecho por su propia gente, como los Somoza y otros tiranos. Por eso la triste infancia de Sandino se conjugó con el triste fin que tuvo sacrificado por sus propios paisanos.

Sus primeros pesares comenzaron con la muerte de su esposa que lo acompañó en toda su campaña y le fue tan fiel y abnegada como una soldadera de los tiempos de la revolución de México.

Después de luchar incansablemente, Sandino vio marcharse la flota americana y creyó haber ganado la paz para su querida Nicaragua. Lo creyó porque la flota americana empezó a retirarse desde diciembre de 1932 hasta el 10 de enero de 1933 y, por otra parte, en la residencia había quedado uno de sus confianzas, Juan Bautista Sacasa (lejos estaba Augusto César Sandino de lo que pasaría. Anastasio Somoza García era el ministro de guerra e iniciaría una dinastía de asesinos que empezaría precisamente con él).

Sacasa invitó a Sandino a deponer las armas y dejar las montañas para cenar con él en Palacio de Gobierno. Sandino aceptó porque le tenía confianza. Pero Sacasa era tío político de Anastasio Somoza García, quien lo esperó con sus soldados a que saliera. Esto fué lo que pasó el 21 de febrero de 1934: el obediente Anastasio había recibido la orden del embajador de Estados Unidos de matar a Sandino por considerarlo “un perturbador para la paz de Nicaragua”.

Augusto César Sandino, el héroe que pasó por Álamo, entro a la historia del siglo XX.

La dinastía Somoza perduró a través de tres dictadores hasta el año de 1979, en Argentina donde se refugió el último sátrapa después del triunfo de la Revolución Sandinista, un bazukazo hizo trizas con todo y coche blindado al último de su ralea y quedó convertido en estiércol, pero lo que sí resultó cierto es que hasta la tierra misma se negó a recibirlo pues el explosivo proyectil lo convirtió en nada.

Al finalizar la cena Augusto César Sandino todavía alcanzó a abogar ante Juan Bautista Sacasa a favor de los mineros de Segovia, pero Anastasio sólo esperó que Sandino se alejara un poco de Palacio cuando, a sangre fría, lo asesinó a tiros de sus soldados paisanos; allí murió también su hijo, un hermano llamado Sócrates y otros de sus leales que lo acompañaban, presentándoles combate sólo un adolescente de los llamados “palmazones”.

Así, el Nica que tanto apreciaron los petroleros de Álamo, Cerro Azul y Tampico, quedó junto con los demás en una fosa común al lado del hospicio Zacarías.

Álamo y su entorno petrolero

Todavía en estos días de septiembre de 2002 no ha podido saberse a plenitud qué lugares deben ubicarse en la antigua Faja de Oro. Ni tampoco se sabe exactamente hasta dónde llega; cierto que sí se sabe de los pozos productores que más fama le trajeron a esta área geológica, como el Cerro Azul # 4, en 1916; el Potrero del Llano, en 1910; el Dos Bocas, que no se pudo lograr explotar por su fenomenal incendio; el San Diego de la Mar igualmente; los pozos de Amatlán, los de Chapopote en Chinampa de Goroztiza, y muchos otros de mayor a menor cuantía.

En cuanto a los grupos, mismos que subsidian a otras compañías, los detalles a veces no son muy claros, puesto que los nombres de las mismas se repiten, a veces, casi letra por letra, de tal modo que causan verdaderas confusiones, pues los documentos históricos muchas veces aparecen con datos supuestamente contradictorios.

La obra titulada La Industria Petrolera en México hasta 1913, enlista en el grupo de la Standar Oil of New Jersey, de Edward L. Doheny, a las siguientes compañias a vía rápida: Atlántica, Browm, Cochram, Congregación de Juan Felipe, Cortéz, Doheney, Green, Huasteca, Jonson, Mercedes, Mexican, Minerva, Nolan, Pánuco, Piper, Tamiahua, Titania, Transcontinental, Tuxpan Petroleum Co., Ulises y Venable.

En el grupo de la Producers Oil Corp. of America, se repite la Tuxpan Oil Co. (nótese que el término Oil y Petróleum es lo mismo).

También es evidente que muchos grupos llevaron el nombre de Standard: la de New Jersey, la de California, la Standard de N. Y., y otras, de modo tal que cuando se dice que X compañía era de los intereses de la Standard Oil Co., la pregunta obvia tendría que ser: ¿De cuál Standard?

La cuestión es que muchos pozos de Chapopote de Núñez fueron perforados a partir del año de 1922, pues Petróleos Mexicanos así lo enlista como campos.

Y en el colmo de revoltijos por el tiempo –notemos que a esos pozos sólo les faltan 20 años para completar un siglo-, las leyendas encontradas sobre los pozos taponados dicen con claridad “Pozo Tierra Blanca 1, hacienda Tierra Blanca Temapache, año de... –y todos los que están a la vista se fechan en los años 20´s, y que fueron perforados por la Tuxpan Petroleum Company (en algunos sólo aparecen las iniciales T. P. C.). Esta compañía aparece en el grupo de la Standard Oil of New Jersey, lo que indica que por ahí anduvieron metiéndose los bigotes de Mister Doheny quien confiesa, según la obra Doheny El Cruel, que su gente anduvo por el sur del río Tuxpan (Pantepec), y el inmediato campo productor, a partir del año de 1913, al sur de Tuxpan o Pantepec resulta ser el Campo Álamo.

La compañía dominante, al parecer, y dentro del área de Álamo, fue la Penn Mex Fuel Oil Company del grupo de la Consolidated Oil Coroporation que, además, controlaba la Charro, la Mexican Sinclair, la Mexicana de Combustible, la Pánuco River, la Pierce Oil, La Stanford y la Terminal de Lobos.

En el año de 1953, 15 años después que las compañías extranjeras dejaron de perforar en el país, se localizó el Campo Ezequiel Ordóñez y el Campo Horcón, a unos 20 kilómetros de Álamo. Como entonces y a partir de ese año se empezó a construir campo tras campo productor, se bautizó el área con el nombre de La Prolongación Terrestre de la Nueva Faja de Oro, misma que se supone fue la continuación de la antigua así llamada.

No obstante, existe gran diferencia en la profundidad de una y otra, pues los antiguos pozos petroleros de La Faja de Oro promediaban una profundidad de entre 500 y 600 metros, y los llamados de La Prolongación, la mayor parte fueron brotados a más de 1,000 metros, lo que deja perplejo a cualquiera, ya que de Cerro Azul a Potero del Llano la distancia media es de un poco más de 20 kilómetros, menos Tierra Blanca y Chapopote de Núñez, siendo el Campo Álamo el último, al parecer, de aquella antigua Faja de Oro y las referencias señalan que sólo el pozo número 30, en las goteras de Álamo, fue perforado a 1,000 metros, viniéndose en aguas ter-males de tal modo que mataron a un trabajador llamado “chango” en perforación.

En el municipio de Temapache, y posteriormente de Álamo, se localiza la mayor abundancia de pozos productores.

Algo que alienta en nuestros días, con respecto al petróleo, es el hecho de que en el municipio de las dos cabeceras, Temapache primero y después Álamo, se descubrió una muy notable coincidencia de pozos productores.

Uno de los primeros en esta área fue el Potrero del Llano # 4 y, desde allí, persistió un lugar tras otro dando pozos productores.

Sólo para complementar el libro de Rodolfo Robledo, Historia de Álamo, agregaré unos cuantos detalles: en el año de 1921 y en los casos de la desmedida explotación de los pozos descubiertos y trabajados a todo tubo, estuvieron por la comarca los campos de Álamo, Tamatoco, Las Cañas, Molino, Encino, Jardín, Palo Blanco, Cicuaque y Ciruelo.

En este tiempo y momento los mejores pozos productores eran: Álamo # 1, con mil barriles diarios; Álamo # 2, con 20,000 barriles por día; Álamo # 3, con 100 barriles; Álamo # 6 con 1,500 barriles diarios; Álamo # 7, con 8,000 barriles en 24 horas (este pozo en el año de 1950 todavía mantenía una presión en la TP, (Tubería de Producción), de 70 kilos por centímetro cuadrado; su servidor lo hace constar por ser en ese año el laboratorista.

Un poco río abajo, por las inmediaciones de Mezón y Buenavista, estaba el campo “Molino” con su pozo Molino # 2 con la mayor producción en el área de Álamo, de 50,000 barriles diarios. Eso quiere decir, sencillamente, que este pozo podía llenar él solo y en 24 horas solamente, el tanque de almacenamiento que todavía en este 3 de septiembre se encuentra ubicado detrás del H. Ayuntamiento municipal (en este año de 2001). Este tanque fué desmantelado en el año actual de 2006.

La memorable estación de bombas de vapor, para agua y bombeo de aceite, era suficiente para bombear una producción de 10,000 barriles más, es decir, todo el contenido de un tanque con tamaño almacenamiento de 60,000 barriles.

Se dice que alienta, porque ningún recurso no renovable como el petróleo, se puede menospreciar, y tanto más cuando nuestras tierras lo han agregado a su riqueza agropecuaria, tomando en consideración que todos aquellos impresionantes pozos productores e históricos no se perforaron sino a un promedio de un poco más de 500 a 600 metros.

Y todo lugar donde más tarde de perforó a más de mil metros resultó en el descubrimiento de la prolongación terrestre de la llamada “Faja de Oro”, sólo que 400 a 600 metros más abajo. No obstante, esta zona no ha sido muy atendida en años recientes por la gran facilidad de haber encontrado hacia el sur, yacimientos más ricos en los tiempos modernos, tanto en tierra como en la plataforma marina y la sonda de Campeche e Isla y Bahía del Carmen.

La historia petrolera queda traslapada en 1913

En el año de 1912 se inician los trabajos de perforación en suelo de Álamo. Por otra parte, la historia de la formación de Álamo se estima alrededor del año de 1906, fecha que coincide con los registros computarizados municipales, y el régimen jurídico político del mismo tiene un cambio en el año de 1927 con el traslado de la residencia de los poderes municipales a Álamo.

Dado que ya se habló brevemente de los fundamentos agropecuarios y petroleros, podremos entrar en ese acontecimiento tan polemizado de la municipalidad de Álamo.

Se han dado varias versiones de las causas, una de ellas hasta romántica, que bien dio lugar a inventarse porque se sabe que don Guillermo Vélez era apuesto y con bastante éxito en sus aventuras amorosas. Y otras que se han comentado ya en el libro “Historia de Álamo”, de Rodolfo Robledo, y la más reciente que se ha llegado a comentar es una de tipo de represalias políticas en contra del general Manuel Peláez, cacique de Temapache. Según datos proporcionados por Don Ofelio García Austria, la autorización para el cambio de sede de los poderes municipales, se debió a un golpe político que se le dió a Manuel Peláez Gorrochotegui, quien había convertido la iglesia de Temapache en refugio de los cristeros y a fin de desactivar el poder de Peláez, se autorizó el traslado de Poderes. Para esto, don Guillermo Vélez Castillo contó con la anuencia del general Lázaro Cárdenas del Río, que era Jefe de Operaciones en el lugar denominado Pueblo Viejo hoy Villa Cuauhtémoc, Ver. Esta jugada política menguó el poder del cacique de Temapache.

Entre tantas versiones fantasiosas, al parecer, esta última, es la más cercana a la realidad de esos tiempos. Sobre todo porque con anterioridad ya se había solicitado a la Legislatura el cambio de poderes, y esta no lo concedió. No obstante, ése cambio cumplió con las formalidades más legales que se pudieran exigir.

Don Guillermo jamás robó ningunos poderes, ni mucho menos los arrebató a un municipio por la fuerza de las armas o “a punta de carabina”, como en las películas del oeste o en la revolución. Estos infundios los desmiente un documento legal y formal en los procedimientos jurídicos de apelación, el cual presenta un alegato de inconformidad de una situación a la que ya le habían dado fallo los representantes de la H. Legislatura del estado, favorable a que Álamo constituyera la residencia de los poderes municipales que antes había tenido Temapache.

El documento formal de apelación fue fechado el 18 de noviembre de 1928, es decir, un año y cinco meses después de haber sido emitido el decreto 97 de 28 de junio de 1927, en que la H. Legislatura del estado de Veracruz aprobó el cambio de residencia de los poderes de Temapache a Álamo. Don Guillermo Vélez uso la “vía de apremio” para ejecutar una “sentencia”. Esa hazaña la tenía que realizar un hombre bragado y decidido como él.

VII.            GANADERIA

VII.            GANADERIA

Una epizootia en tiempos de abundancia ganadera

Ya se ha resumido que la aparición petrolera y su continuación fue un detonante que más favoreció, aunque malamente, la creación de empleos y eso resultó cierto tanto en las compañías extranjeras como después en la administración de Petróleos Mexicanos.

Aparte de ese renglón, el pueblo de Álamo prácticamente no obtuvo de eso ningún beneficio notable, en cambio, casi el total de los habitantes sí lo tenían a raíz de que también trabajaban siendo petroleros o no.

Por supuesto, el petróleo le sirvió mucho a la nación en sentido general, aunque lo justo era que en vista de que de aquí se sacaba una buena cuota de producción, se le concediera al pueblo un beneficio duradero más sobresaliente, cosa que no sucedió nunca. Con más razón cuando la nación tuvo que pagar la deuda petrolera por causa de la expropiación, el pueblo, todo ciudadano hasta las mujeres y los niños, sin tener compromiso personal directamente con Petróleos Mexicanos, aportaron lo increíble en prendas, dinero y hasta semovientes, con el fin de que México no fuera afectado en represalia por una deuda injusta que pudiera haberse cobrado con una mutilación del territorio nacional, tal como era la mala costumbre americana.

Tal deuda se pudo subsanar, pero Petróleos Mexicanos se olvidó de la cualidad llamada gratitud, y así pasó el auge de los hidrocarburos sin pena ni gloria por la tierra del petróleo y en la que Álamo también contó.

Circunstancias de su brote en Álamo

La abundancia ganadera no se circunscribía sólo a Agua Nacida y las familias Del Juncal, Núñez Herrera ni Reyes García, pues había muchas cuyos hatos no eran tan impresionantes pero sí abundantes y con regular cantidad de vacunos y bovinos que, en conjunto, sumaban cientos de animales.

Cuando aún estaba fresca la terrible secuela de la Segunda Guerra Mundial que había iniciado en diciembre de 1939 y concluyó en septiembre de 1945, se desató en México una epizootia llamada la “fiebre aftosa” que afectó una gran parte del país. Ciertas fuentes indican que ésta entró por el lado sur del país y no importa dirección, el caso es que con su entrada se causó un gran mal de tipo vacuno de lo más cruel y estúpido que pudo haber sucedido.

Quien esto redacta tenía 14 años y su padre, Julián Clemente Castro, tenía “a pastos” un pequeño hato traído de “La Granadilla”, su rancho, para aligerar el consumo de pastos, trasladado apenas un mes antes de que la guerra terminara, es decir, como en el mes de agosto de 1945.

Uno de esos días, empezando el año de 1946, se encontró a la mayor parte de los vacunos con los síntomas que por radio se habían dado a conocer. Y de pronto se les dio un tratamiento de miel, sal, limón y creolina. Los animales tosían en la cara de mi padre y a veces en la mía, pero a poco más de un mes de tratamiento, ni un solo animal se había muerto y eso, pese a la gran fiebre que los atacaba. Como la gente que por allí pasaba empezó a murmurar sin precaución alguna, Don Julián se vio en la necesidad de informar a la Asociación Ganadera de la cual era miembro activo, y la asamblea cometió el grave error de denunciar el brote, dando por hecho que se empezaría una gran campaña de vacunación para los animales sanos o no infectados. Y todo lo que se vino fue la espantosa masacre que diezmó por miles al ganado de todo el país. Muchos opinaron que se trató de una guerra bacteriológica de parte de Estados Unidos usando al ganado mexicano como un área de pruebas experimentales.

Por la región de Álamo fueron muy pocos quienes todavía tuvieron oportunidad de que les quedara un pie de cría; hubo gente que se tiró al vacío de pura tristeza, sus hatos eran su punto de apoyo económico. Pero hubo otros más decididos que tomaron su ganado y huyeron a las zonas serranas, para remontarse en lugares inaccesibles. En realidad se supo más de muertes producidas por el Ejército en contra de los ganaderos que tuvieron las agallas de oponerse a la masacre de su ganado, que de ganado que hubiera muerto en algún solo caso de la enfermedad.

Algunos libros informan que la epidemia ya tenía al General Lázaro Cárdenas del Rió más allá de su paciencia y estaba a punto de degenerar tal cosa en un levantamiento nacional en armas contra el Presidente Miguel Alemán que, gracias a su sometimiento americano, estaba permitiendo oficialmente este crimen, y hasta usando al ejército sólo para complacer a los gringos. De tal manera que en un comunicado en que Alemán le estaba proponiendo la dirección de la Comisión para la Erradicación de la Fiebre Aftosa, Don Lázaro Cárdenas ya no soportó tamaña desfachatez y le dijo (pues tan sólo en Michoacán, tierra de Don Lázaro Cárdenas, los soldados habían matado cincuenta civiles ganaderos porque se oponían): “Señor presidente, la condescendencia que usted ha manifestado para con el gobierno de Estados Unidos es hasta grosera e intolerante, ya es tiempo de que enfunde su “rifle sanitario” y se ponga a vacunar todo el ganado no infectado”.

Cárdenas no era un soldado de escritorio y Alemán tuvo que obedecerlo, y fue así como, dicen los enterados que paró tan criminal matanza.

No obstante, desde entonces la ganadería en México recobró un poco su abundancia, pero no ha sido ya lo mismo, especialmente en esta región de Álamo.

La historia de la fiebre aftosa de los años cuarenta y cincuenta fue una de las que mucha gente ya no vive para contarla. Y a los que viven el rifle sanitario les trae amargos recuerdos.

El gobierno de Miguel Alemán Valdéz resultó demasiado complaciente con el coloso del norte que, según se dice, estaba aterrado por la epizootia y no deseaba que tal calamidad llegara a sus hatos ganaderos, aunque para evitarlo tuviera que exterminar todo semoviente mexicano, y el gobierno contemporáneo se lo estaba permitiendo, quién sabe por qué oscuras razones.

Al menos en esta zona de Álamo pudimos ver aspectos parecidos a los que se ven en países donde los americanos han tomado por las armas una región. En el pueblo de Álamo se veían los jeeps con soldados, técnicos americanos, choferes gringos, buldozers manejados por pochos, camionetas de transporte pesado utilizadas para el transporte de tropa, de las llamadas Power Wagon, con winches delanteros para llegar a las potreradas más refundidas, y esos “comandos” sí llegaban a escupir sólo su muerte en las manadas ganaderas, y los buldozers (tractores Caterpillar) abrían gigantescas zanjas de más de cuatro metros de hondas para, allí, endilgar arreando las manadas hasta ese ignominioso centro de matanza donde recibían los despiadados disparos a boca-jarro del ejército y produciendo el desplome sobre sus propias patas de aquellos inocentes bovinos.

El libro “Tragicomedia Mexicana I”, dice: “Aterrado como estaba Estados Unidos consideró que la epidemia podía llegar hasta allá y, sin mayores motivos, presionó para que se utilizara “el rifle sanitario”, patriótico título que se le dio a esa masacre ganadera.”

Fue una flagrante violación a la soberanía nacional, pues los america-nos cínicamente calificaron de tontos a los mexicanos para enfrentar la epidemia y la Presidencia de la República permitió que fueran puros gringos los que se encargaran de la indiscriminada matanza. Qué poca... los maricones “estaban aterrados”. ¡Cuánto me hubiera enorgullecido (yo era un niño entonces), el valor de don Julián Clemente, frente a su ganado infectado de una enfermedad nunca vista, poniendo su cara misma a los salpicantes resoplidos húmedos y fétidos salidos de los aftos del hocico de los enfermos!

Se suponía que la enfermedad era transmisible a los humanos, y sin excesos de temeridad ni de confianza, esos animales, particularmente, se trataron sin que se muriera uno sólo de la enfermedad y tampoco Don Julián ni su hijo, que afortunadamente vivió para contar esta historia.

El gobierno había prometido pagar a precio de mercado los animales sacrificados pero, en lugar de eso, se dio el caso de una espantosa plaga de corrupción: hubo muchísimos que no recibieron indemnización alguna, a otros, los defraudaron dándoles algunas mulas de tal modo que había gentes mal informadas que comentaban: “se las mataron, pero se las pagaron”. ¡Qué cruel desinformación! ¿Podía álguien tener idea de los alcances de la masacre? Aparte de la terrible y abundante matazón inicial, les dieron orden de matar, de los animales no infectados, una cuota de ¡dos mil reses mínimo, diariamente durante todo el año!

Y la inquietud estuvo a punto menos que desatar una revolución, pues ya en muchos lugares esta situación angustiosa tenía los claros visos de la insurrección. De tal manera que el ganadero se manifestó francamente en rebeldía al no permitir el sacrificio de sus hatos y se enfrentó a tiros contra el Ejército, que abatió a un número desconocido aparte de los cincuenta ganaderos de Michoacán, y en un tris estuvo Cárdenas de enfrentarse a los tiros de nueva cuenta, tal como a principios de siglo.

Un millón de reses a precio de mercado, ¿puede calcularse su costo tan grande? Pero la realidad no sólo es que pueda calcularse sino que las estadísticas dadas sólo fueron un pálido reflejo de la verdadera cantidad de reses muertas.

Debo advertir que con las bifurcaciones ya explicadas de actividades fundadoras agropecuarias y más tarde petroleras, la vida y actividades de Álamo se llevaron a cabo de manera paralela a partir de 1913, pues el tema del título no indica, de ninguna manera, la obligación de manejar cronología a manera de efemérides, tal como se estila, sino de darle su lugar y atención en partes oportunas a cada etapa de importancia histórica.

VIII. ACTIVIDADES AGRICOLAS.

VIII. ACTIVIDADES AGRICOLAS.

La Compañía Weinberger Banana de Nueva Orleáns

Como ya lo expuse, esta trasnacional suministró por aquellos años las “cabezas” de la variedad roatán para mercados de Estados Unidos, dando libertad absoluta a los dueños de tierras, con el fin de que al cosechar pudieran vender el producto a quien mejor les conviniera. Y teniendo al río Pantepec en sus laterales, se les permitía sembrar hasta un kilómetro tierra adentro y alejada del río, así el plátano casi se convirtió en un monocultivo, sin embargo, nunca llegó a eso porque no toda la gente se dedicó a ese giro comercial, había otros cultivos.

Las épocas de abundancia se han de aprovechar, porque resulta muy raro que la producción de cosa alguna se mantenga permanente a través de los años, y aunque muchos de aquellos nuevos ricos tuvieron sus temporadas de abundancia económica, un día la bonanza se acabó.

En los años treinta, específicamente de 1934 a 1937, las plantaciones plataneras obtuvieron sus mayores ingresos, y fue en ese tiempo que la producción de la zona, que se extendía desde Álamo hasta el mar, llegó a ser la más importante del estado de Veracruz; con decir que varios trabajadores petroleros de la PENN MEX FUEL COMPANY dejaron su empleo para hacerse plataneros. Entonces el rió Pantepec era surcado por grandes chalanes atiborrados que transportaban la producción.

Y dependiendo, algunos lo acercaban a los embarcaderos de acopio con mulas o caballos, o cualquier cosa que les ayudara a acercarlo a los atracaderos de dicha compañía, aunque no siempre, pues había otros negociantes que también se sumaban a la demanda en el mercado aquel. Aparecieron también los primeros camiones de carga. Entre tantos de ellos y sus recuerdos hubo uno que se llamaba “El Oro Verde”.

En 1930 el precio por tonelada era de 12 a 15 pesos; luego, en 1931, la tonelada se pagó a 27 pesos, lo que disfrutaron unos dos años más pero, en 1933, la tabla de cotizaciones fluctuó por razones de sobre-producción y comenzó la decadencia.

Las Cooperativas y el fin del emporio platanero.

Debido a la sobreoferta se desplomaron los precios y la tonelada se cotizó al límite más bajo de siete pesos tonelada. Sin embargo, la compañía Weinberger ofertó un plan de cosecha por tres años a 50 pesos por tonelada puesta en el barco.

Así que entre las cooperativas y la Weinberger capotearon el severo fenómeno de la superabundancia. Pero por desgracia la compañía Weinberger Banana de Nueva Orleáns se declaró en quiebra. Entre otras razones, hubo nuevos lugares de producción y desnucaron el local. Además se cree que también pudo haber sido una consecuencia de la enemistad surgida entre Estados Unidos y México por causa de la expropiación petrolera en 1938, crisis que vino a rematar definitivamente el año 1941, pues los plataneros, a raíz de la quiebra de la Weinberger, hicieron un contrato con una compañía llamada “Explotación Tropical”, que le hizo gran honor a su nombre al imponer, de modo unilateral, es decir, buscando sólo su beneficio, el pago a su capricho sobre la producción platanera (tal como sucede en el negocio de la naranja), y por si fuera poco ese año se iniciaron las plagas como la del chamuzco.

Hay malos entendidos respecto a qué marcó el declive de aquella faceta en los productos agropecuarios del Álamo de antaño.

Ya se han mencionado algunas causas fundamentales que dieron al traste con aquella abundancia, una sobreproducción, el desplome del precio y empresarios voraces con ambiciones unilaterales aunque fuera a expensas de colapsar un cultivo que ya había traído ventajas económicas para todos (exactamente como en octubre de 2001 sigue sucediendo con la abundancia sumamente resentida de la naranja).

Ya sólo faltaba el chamuzco, el mal de Panamá, y tantas plagas virales, mismas que se esparcían a golpe de machete por ser microscópicas y la ignorancia innata de los plataneros, mermados económicamente, pues bien habían visto que las fincas que se abandonaban por falta de recursos, el monte mismo las mataba, sin advertir que las plagas eran transmitidas por medio de los machetes infectados de la virosis.

A fin de cuentas, las últimas cargas de plátano sano tomaron los rumbos del norte como Tampico y Monterrey, con aquellos pioneros de la brecha que las compañías petroleras dejaron abandonada desde el año de 1938.

Estos camioneros de leyenda, casi todos procedían de tierras norteñas y más tarde hubo varios de Álamo que también llevaban a Tampico productos de la región (que había en abundancia), y regresaban con materiales de construcción, refresquería, cerveza y muchos otros productos que por Álamo no había. Y los norteños, igual, sólo que se inclinaban predominantemente por llevar plátano y, lo inconcebible, ellos traían en áquel entonces a Álamo y la región, sobre sus plataformas camioneras ¡toneladas de naranja!

Todo tiempo histórico tiene sus peripecias o sus anécdotas, entre aquellos temerarios camioneros que se arriesgaban a todo, estuvieron algunos que tomaron esposas de Álamo y la región. Por ejemplo: Carlos Taméz se casó con Honoria Herrera, quien vivía con la señora Cliseria de Núñez (hoy frente a la oficina del Ministerio Público). Este Carlos Tamez, junto con Don Francisco Rodríguez Chávez, hicieron un convenio para traer todo el cemento necesario para los puntos más indispensables en aquella mencionada vieja brecha, único camino formal para viajar a Tampico, pero algunos de ellos relatan que era una verdadera odisea hacer el viaje sin tener novedad. En cada viaje un amor...tiguador

Naturalmente, el señor Carlos Taméz y Francisco Rodríguez formalizaron ante algunos representantes su compromiso de traer el cemento, y un ingeniero que, por cierto, radicaba en Naranjos, era el que les iba liquidando el material traído, hasta que se construyeron los puentes en Cucharas, La Laja y San Diego, y otro sitios que eran los pasos malos, aunque a decir verdad no sólo se mejoró notablemente el camino, sino se perdió el placer de comer los mejores mariscos que en esa ruta junto al mar había. Un taco y adelante

Don Francisco Rodríguez Chávez quien desde 1958 ya transportaba plátano a Monterrey se casó con la Srita. Godeleva Mundo Hernández, hija de don Rubén Mundo Gómez, productor de plátano de aquellos tiempos.

Entre aquellos intrépidos del volante también estuvo Don Isabel “Chabelo” Rodríguez Chávez, los Cavazos, los Treviño, los Alaníz y los Rojas Chávez (primos de los Rodríguez Chávez).

Entre tanto dato o notas se recuerda que todo el plátano que se llevó a Monterrey tuvo la intervención de dos socios venidos de México a Monterrey, donde hicieron las únicas instalaciones de refrigeración y a donde metían a proceso de maduración todo ese plátano de la región de Álamo. Estos señores eran don Joaquín y Don Rodolfo Ruvalcaba, y otro socio llamado Jorge Martínez; donde la fruta luego de estar en punto pasaba a los demás mercados posibles.

Ahora hay mejores medios de comunicación. Don Francisco Rodríguez Chávez, cuenta que en aquellos años de fines de la década de los 40´s, todavía podían divertirse por la brecha con los últimos changos que existie ron, y como cruzaban por ella cada cuatro días en promedio, era raro que no se toparan en algún lugar con la presencia de algunos de ellos. Hoy no los vemos ni en los libros.

Otra de las mortales plagas que dieron al traste con aquella abundancia platanera, sin pasar por alto este remate de tal cultivo, fueron los ciclones que dejaban las plantaciones que lograban sobrevivir tendidas en el suelo con sus grandes hojas desgarradas y los brillosos tallos heridos de muerte.

El cultivo del tabaco

La persistencia en sostener una actividad agropecuaria potencialmente más dominante que el petróleo, es un asunto irrefutable en la economía de Álamo.

El petróleo puede ser, en la historia de Álamo, un tema insoslayable pero nunca se podrá comparar en beneficios al rango más sobresaliente en los ingresos y recursos económicos traídos a la población en general, con la actividad agropecuaria que se inició casi una década antes del brote del primer pozo petrolero “Álamo # 1” en el año de 1913.

Tal insistencia viene a raíz de que el petróleo ha dejado una marcada y crónica ausencia de beneficios tangibles y duraderos en la región de Álamo y sus congregaciones o comunidades, bajo cuyo subsuelo se ha extraído una producción que ha significado millones y millones de dólares, sin dejar ninguna obra pública en tales asentamientos del municipio, y cuando aún había tenido en condición de empleados, optó por una política de liquidaciones masivas de miles de gentes en las que a Álamo le tocó su adversa cuota de desempleados.

En toda su obra social, Álamo sólo ha recibido una escuela, que de madera pasó a hacerse de concreto armado, así como también la calle más chueca que municipio alguno llegó a tener y, para menoscabo de su limosna ya ni existe, pues el trazo y el pavimento de la calle Independencia, a la que me refiero, ha sido corregido y reemplazado dos veces, por lo menos.

Sucede, pues, que la región de Álamo, así como la de sus comunidades, con petróleo o sin él, siguieron domeñando los milcahuales y la montería de su generosa tierra; y a golpe de espeque, azadón, machete y hacha, arados tirados por mulas y caballos, así como algunos tractores de cultivo, siguieron buscando alternativas a la bendita actividad que les dio raíces: la agropecuaria. Y entre esas, le llegó el tiempo en que las combinó con todas aquellas que eran contemporáneas y que dificultan un poco su orden histórico y cronológico.

Sólo en términos generales se pueden explicar las sucedidas épocas, y ahora le tocó el turno al tabaco.

Rodolfo Robledo le llamó el “oro café” y aunque ahora se le rechaza por sus efectos nocivos al fumarlo, que no en otras aplicaciones como la perfumería y otros distintos usos, en sus días de gloria, en cierto modo, le trajo empleo a muchísima gente, tan es así, que no sólo los hombres obtenían a través de él un empleo bien remunerado, sino hasta familias enteras.

En honor a la verdad no todos se dedicaban al tabaco, porque el resto de la fuerza laboral se mantuvo en sus propias y particulares actividades; sin embargo se debió haber hecho este comentario ya que el tabaco produjo una época de billeteras gordas para muchos, y parrandas prolongadas.

En realidad, Álamo tuvo cultivos de tabaco en sus cuatros ángulos geográficos y, en gran parte, el dinero manejado a través de los distintos bancos, fue por causa del movimiento tabacalero que atiborraba el espacio del Banco de Comercio y Banca Serfin (entonces Banco de Tuxpam) hasta el tope, y partes de la acera de la calle Independencia. El resto de gente con necesidad de usar los servicios bancarios tenía que armarse de mucha comprensión y gran paciencia; aún así todos eran atendidos.

Aunque el clímax del tabaco data de los años 60 a 80, mucha gente que estuvo trabajándolo ubica el tiempo de los inicios de su cultivo dentro de la segunda mitad de la década de los 50 y, en algunos casos hasta en la primera.

Esto es muy lógico y muy fácil de entender por razón de que los cultivos alternativos siempre se inician con una especie de plan experimental.

Y siempre ha sucedido así en todos los casos, entonces sucede que al dar buenos resultados económicos se desarrolla el fenómeno repetido casi siempre, en que todos desean obtener las ganancias que deja un nuevo cultivo aunque, por otro lado, muchos también siguen constantes con una rutina confiable de su giro comprobadamente estable y permanente sin demasiados altibajos o cambios bruscos que vayan de la prosperidad a la quiebra. Tal como lo sucedido con el cultivo de cítricos, cuyo deslumbrante resplandor provocó el actual monocultivo que abarca casi el cien por ciento de la región, pues el precio por tonelada, en su justa medida o nivel, sólo resultó rentable en un tiempo demasiado breve. Pero tampoco se puede afirmar categóricamente que el asunto del tabaco haya sido mejor y sostenido permanentemente, pues trajo recursos económicos por un tiempo respetable y, al fin y al cabo, tal abundancia terminó.

Álamo y sus inmediaciones tuvieron tales cultivos tabacaleros: al Este, donde sale el sol, tuvo a la región de Jardín, predominante con sus colin-dancias en “El Aguacate” y “La Lima”, y más allá, sobre la misma dirección seguía el antiguo “Raudal”, cuya breve historia es que, en la inundación de 1930 y después de sobreponerse, optaron los componentes de tal ejido por solicitar las tierras aledañas como ampliación ejidal y se fueron a residir al “Cerro de Huilocintla” y allí se le llegó a llamar “Raudal Nuevo”.

Sin embargo, el antiguo Raudal se repobló; es el centro de población frente al cementerio de los lejanos tiempos de los petroleros (pues su ubicación era sumamente accesible por causa de que el tren de vía angosta pasaba a su lado y la PENN MEX FUEL COMPANY lo facilitaba a fin de que las familias se transportaran y así sepultaran a su difunto). A ese cementerio se le conoció como “El 17”, sin duda, por el número de algún pozo allí perforado, lugar que sigue siendo la morada temporal de muchos petroleros. Sin salirnos de la temática, tanto “Raudal Viejo”, hoy Hidalgo Amajac, como “Raudal Nuevo” del Cerro de Huilocintla, fueron tabacaleros.

Otro lugar conectado con la historia del tabaco resultó ser “El 33” “Paso Real”, cuya zona de pozos petroleros llegaron o incluyeron “El 14” y “Zanja del Bote”, uno de cuyos pozos tratados recientemente con nitrógeno y una inadecuada instalación de producción y gas, mató por engasamiento al joven hijo de Clyde Lindsay Estopier, llamado Clyde Huberto Lindsay del Juncal.

En el caso tabacalero de Raudal Nuevo, allí se usó capital de los Basa-ñez de San Isidro, hoy “Montes de Oca”, de orígen español, patrón que incidentalmente era don Ambrosio Segura, quien le cuidaba a los Basa-ñez los últimos platanares sobrevivientes de aquel tiempo tan comentado del “Oro Verde”. Por cierto que don Ambrosio fue el padre de Prócoro Segura, esposo de la señora Isabel Calderón y residen en Independencia, frente a las casas que fueron de Don Dionisio Carballo y Don Emilio Hernández Picio, y la casa del Don Ezequiel Cerecedo, el buen “Chéquele”. A Don Prócoro Segura lo menciono especialmente, porque es oriundo de Álamo y me ha proporcionado datos históricos muy valiosos, tales como los que están leyendo.

“El 33” de “Paso del Real” era “habilitado” en sus actividades tabacaleras por don Alfonso Aguilar. Cuando se dice “habilitado” se da a entender que don Alfonso los refaccionaba con cantidades de dinero en efectivo según el estado de su cultivo, cuyo producto más tarde se le vendía a él mismo; y no sólo adelantó sumas en efectivo a gente de allí, sino que también de “Buena Vista”, molino a la orilla del Pantepec pero cuyas tierras estaban del otro lado del río.

Muy cerca, en El Xúchitl, en aquellos días esplendidos del “oro café”, el líder criollo era don Abdón Campos, y en Montes de Oca se puede men-cionar al señor Lobato; de hecho había varios de ellos avecindados por esos lares trabajando con el tabaco como habilitadores–compradores y negociantes de tal cultivo. Estos eran de orígen español también y habían venido desde Tuxpan para negociar, pero uno de ellos mejor se dedicó a la siembra de legumbres y hortalizas. Prosperó de tal modo que cuando se enriqueció lo suficiente, regreso a Tuxpan e hizo por su cuenta una gran fiesta para despedirse.

Entre los que también trabajaron con el tabaco por “Jardín” estuvieron: don Alfredo y Don Antonio Bustillos, padre del expresidente municipal, Juan Bustillos Montalvo; estuvieron también Juan Méndez, Raymundo Gallardo, Abel Bravo, Alejandrino Escobar, y por los rumbos de la Isla de la Mata, don Antonio Bustillos y Guillermo Carabeo. Esto me lo relata Prócoro Segura, de los rumbos del Este.

Olvidaba que el lado Este es el que posiblemente trabajó más el tabaco por razón de que, aparte de los lugares de la rivera derecha del Pantepec ya mencionados, estaban también los del lado izquierdo, río abajo de Álamo, tales como el mencionado Tumbadero y Mesón Molino.

Y por el lado Oeste, por donde se oculta el sol, las siembras se hacían en el área que abarcaba desde Puerta 7, con la familia Clemente allí establecida y otros, y le seguía “La Estación”, con extensiones de la misma familia Clemente y otros más pues, realmente, las siembras de tabaco llegaron hasta, por lo menos, Soledad y San Fernando, igualmente habilitados según el estado óptimo del cultivo. Sin olvidar los ranchos como Ojital Ciruelo y varios otros en el camino a ese rumbo y, si mal no recuerdo, también Don Antolín Olivares que, por cierto, lo trabajó por Tumbadero de “El Aguila” (una compañía petrolera de principios de siglo).

Igualmente en el lado Oeste de Álamo, por la margen izquierda del río Pantepec, estaban las siembras de Agua Nacida de don Aurelio Céspedes Vicencio y, por Palo Blanco, las de su hijo Eliseo Céspedes y las de los tabacaleros de “La Camelia”.

En cuanto a Soledad, el habilitador era don Bernabé Cano.

En el lado sur de Álamo menciono a Don Agapito Hernández, en el “14”; en la Concepción a Don Juan Monroy, a quien en mi niñez oí que le decían el sobrenombre de “Juan Maíz”. Este era hermano de Don Ubaldo Monroy, los dos padres de la dinastía Monroy; ellos por “El Cinco” sembraron tabaco y avecindados estaban muy cerca don Carlos Herrera y Don Enrique García.

En cuanto a Don Carlos Herrera, él era habilitado por Florentino Casados, pero el del capital era don Enrique López. Por cierto que don Carlos todavía tiene en pie una de sus galeras de secamento frente a su casa y que, de acuerdo a esta historia, resulta un hermoso monumento a aquella abundancia. Testimonio y homenaje.

En La Concepción o “El Cinco” también trabajó un poco el tabaco, Silvano Ochoa Pérez, concuño de Prócoro Segura, pues los dos se casaron con una cuata cada quien.

En fin, por el lado Norte, al parecer, sólo dos lugares fueron tabacaleros: Varalta y Fortín.

Así, para redondear y concluir esta pequeña reseña del tabaco, debo decir que allí había empleo para mujeres, niños y niñas, pero tenían que ponerse demasiada ropa para protegerse de una especie de intoxicación provocada por la resina de la planta y por los vellos de las hojas y los tallos que “encucuman” y dan una espantosa rasquiña que no les quedaban ánimos para volver a trabajar. Había que deshijar, seleccionar la hoja en los cortes y ensartar las hojas para su secado y ventilación en las galeras. Unos se ponían muy malos por ser alérgicos, pero otros aguantaban y ganaban bien, además que se divertían a costa de los “correlones”.

El tabaco, el famoso oro café, también produjo conflictos: cuenta Irma Lulú Vázquez, ex gerente de Banca Serfín, el gran mitote que armaron los rivales laborales de la estructura tabacalera de Álamo.

“Era una franca división entre la gente que lidereaba Toribio Barrios y don Emilio Hernández Picio... unos se oponían a que el banco pagara a los otros (supongo “que los otros” eran los del grupo contrario o viceversa)... pues eran dos bandos”, dice Lulú.

“Nadie quería entender razones y las negociaciones se extendieron con el banco hasta las cuatro de la tarde. Total que obligaron al banco a tomar una estrategia que no tenía nada de bancaria, sino que era, más bien, una puntada temeraria y casi a rajatabla, y se optó por poner el dinero que pertenecía al bando que lidereaba Don Emilio Hernández Picio y arrojárselo por una ventana con salida a la calle de atrás, en un costal, así que don Emilio, luego de recogerlo se iba a su casa y allí se ponía a pagarle a toda su gente”.

Y dado que don Emilio hoy descansa de tantos afanes en “El 17”, bajo un monumento cuyo frente hace una dedicatoria póstuma a su liderazgo de tabacalero, se me ocurre que cuando esto lo sepa don Toribio, no habrá ninguna bronca salvo la duda sobre quienes serían “los otros”.

Ironías que tiene la vida, pues el Banco, por su parte, atendió diplomá-ticamente a los dos bandos y, a fin de cuentas, con los dos quedó bien. Ne-gocio es negocio.

MORALEJA: “El buen sentido del humor es capaz de borrar las viejas rencillas”.

Surge Citrópolis

Dos cosas hemos de recordar: Álamo, siempre poseyó en su natural flora naranjos, muy raros los de injerto, pero muy abundantes los de origen criollo, llamados también árboles “géneros”. Y los había en diferente figura o apariencia, así como diferente dulzor y sabor. Sin embargo, en los días anteriores a los años cincuenta, las naranjas más ricas las traía la gente del norte que aventuraba en los distintos giros comerciales, desde Montemorelos y Monterrey, Nuevo León y, específicamente hablando del naranjero, esa buena naranja siempre la trajeron de la otrora famosa zona naranjera de Linares, Nuevo León y Tamaulipas. Por cierto que era la clase que no es dada a pudrirse teniendo, por lo tanto, la cualidad de sólo deshidratarse y aún así resultaba un poco seca, pero de excelente sabor.

Los camiones en que la transportaban venían colmados del producto y la gente de Álamo, al hacer su compra semanal los domingos, incluía una buena dotación de los cítricos de aquellos lejanos rumbos.

Y acertadamente como lo ha comentado el diputado Guillermo Jerónimo, de Ojital Ciruelo, resulta muy prudente experimentar las alternativas de cultivos no muy conocidos por la región, con el fin de dar variedad a los productos alimenticios para generar las alternativas económicas en cualquier caso de desastre ecológico en algunos, como los frutales.

Y un tanto a tientas, eso está ocurriendo con la gente del medio agropecuario, por ejemplo y a pesar de que la mayoría sigue terca en continuar jugándosela con la naranja, muchos otros ya están volviendo a cultivar los productos que en el pasado fueron la economía más estabilizada de la región... o hasta haciendo siembras de plantas no muy conocidas, tales como el litchie, o la ciruela de la India, más conocida como “carambolo”.

Otro fruto muy cotizado resulta ser uno sudamericano llamado maracuyá; sin embargo, nuestras tierras son capaces de producir hasta el kiwi y, al amparo del Pantepec y el Vinazco, las legumbres y las hortalizas no contaminadas.

Algunas personas llegaron a tener vides que producían buenas uvas, todo esto en base a la generosa tierra que tenemos en la región, donde hasta los excrementos que lleven semillas no digeridas producen diversas plantas con excelentes frutos, entre los que podemos contar el guayabo, la sandía, el melón chino, los tomates, y muchas otras plantas.

No obstante, esta vasta zona citrícola no se logró sobre la base de los accidentes fisiológicos, sino debido al plan de llegar un día a explotar las huertas con buen éxito económico. También por muy buen tiempo de respe-table en nuevos recursos monetarios, este cultivo imperó en los ámbitos citrícolas hasta que, desgraciadamente, degeneró en un riesgoso mono-cultivo; sin embargo la razón era que el cultivo entonces no exigía dema-siados gastos de producción, y que al pagarse a precios razonables y muy favorables, dejaba un margen de ganancia muy ventajoso y, por tal, todo mundo quiso ser naranjero y, en consecuencia, rico.

Parece ser que fue alrededor de la década de los años cincuenta que algunas personas iniciaron la siembra de patrones portainjertos de la naranja “género” de cucho y, después de seleccionarlas observando su sistema radical (raíces) eran trasplantadas y, al debido tiempo injertadas, dado que el procedimiento es bastante sencillo y siempre se pudo contar con variedades traídas de fuera; en un tiempo casi récord, las lomas y los terrenos valle-planicie muy pronto se llenaron de bonitas áreas naranjeras.

Entonces no había una sola plaga, los precios estaban en un mínimo de un mil pesos la tonelada, y para cuando el producto disminuía en razón de que entonces no había sobreproducción, y la zona todavía no era capaz de absorber toda la demanda, los precios se elevaban a sumas nunca conocidas en tiempos anteriores. Con la ventaja que la fruta era acopiada, no en una zona de especulación como la de “El Idolo”, sino directamente en las huertas y, en consecuencia, el corte, el flete y el pago de la báscula iba por cuenta del comprador, cosa que ya no sucede.

A mi manera de analizar, el fenómeno del desplome del precio, fue la “chifladura” de salir muy orondos de sus huertas los citricultores con sus camionetas y su naranja ya cortada, cayendo ellos solos en una trampa comercial de la que nunca tuvieron defensa alguna (y sin la intervención de las autoridades jamás la tendrán), y que hoy se usa como promesa política sólo por el triunfo electoral y la conquista del poder, una mentira sumamente repetida y gastada.

Me parece que si tal ayuda no llega a tiempo, todo el esfuerzo de salvar tamaño emporio se convertirá infortunadamente en pura leña. Hoy mismo los naranjales están cuajados de fruto, cotizado casi por lástima hasta 30 centavos el kilo.

La flor está brotando de los mal atendidos naranjales por falta de recursos y el criminal precio, que resulta el motivo principal de que la naranja se tendrá que importar, tal como sucede ya con el maíz, alimento ancestral que ha sido la base de la subsistencia del mexicano.

Esta afloración un tanto prematura, con todo y lo bello de su figura y las delicadas esencias de sus aromas, sólo presagian su propia muerte sin pena ni gloria. ¡Qué tristeza! Y qué penosa es la agonía de tan inmenso emporio.

No es la intención ser parcial respecto al fenómeno explicado, pues sucede que otras distintas regiones, al ver el éxito que el área del municipio de Álamo y otros que lo rodean estaban logrando, también se lanzaron a formar otras huertas de competencia, y junto con el aumento gradual de las huertas regionales, el monocultivo creció de manera gigantesca no sólo local, sino en una gran extensión territorial del país, con los consiguientes resultados muy similares. Sobra la oferta, falta quien compre. Baja el precio.

A raíz de los buenos tiempos iniciales, cuando el producto no tenía ni sobreabundancia ni competencia exterior, al trust naranjero no le quedaba más alternativa que sostener los justos precios del producto y eso alentó la inversión de varias sociedades, mismas que como la Rimago, una sociedad de producción rural, a base de esos buenos precios estuvo logrando un buen nivel económico, a tal grado que se llegaban a manejar volumenes de 2, 500 a 3, 000 toneladas por día.

Eso explica su fuerza laboral, de salarios e inversiones por equipo de trabajo, que a modo de ejemplo histórico transcribo gracias a la colaboración del presidente del Consejo Administrativo y Contable de la Rimago, sociedad de producción rural, de la congregación de “El Idolo” que llegó a ser el joven empresario Francisco Javier González Martínez.

En un escrito formal dirigido al autor de este libro y con copia al cronista de la ciudad, Rodolfo Robledo Reyna, y la representante del Consejo Consultivo, Irma Lulú Vázquez León, dice a la letra:

Se cargan 70 camiones por día de los cuales ocupan en promedio:

· 3 trabajadores, cada uno con un salario de $100.00, ingreso diario; por este concepto $21,000.00.

· 50 corredores de fruta $150.00 diarios cada uno: $7,500.00.

Dicho informe muestra un total de 632 empleos directos cuya nomina alcanza la cantidad de $62,610.00

El informe menciona la clase de maquinaria adquirida por la Rimago, y es como sigue:

Haciendo un total de $16, 930,000.00.

Por supuesto no haré de juez en los hechos sucedidos a partir del mes de enero de 2001, en su última semana, donde el citado considera la pérdida de tales fuentes de trabajo, del capital y del patrimonio de 632 familias, debido a la intervención política de dos de los tres líderes de allí, de Jardín Nuevo, para instalar la comercializadora en ese ejido para, según sus letras, establecer un monopolio sin rivalidades de competencia en la compra de la naranja.

Sin embargo el propósito de esta historia no es precisamente quiénes ostentarían el control y las consabidas ganancias. Ningún negocio empresarial que aglutinara de compradores afuera, a través de intermediarios ni otros elementos, cumpliría con un verdadero y justo propósito si sus ganancias, por fuerza, tuvieran que depender del sacrificio del emporio naranjero.

Por lo tanto, parece pues, que lo lógico es mantener el nivel del recurso que pudiera establecer una rutina saludable en la economía, tanto de los que con él negocian, como con los que trabajan el campo para propiciar su producción permanente y, en consecuencia la entrada de recursos a largo plazo, y para todos.

Yo me pregunto: ¿de qué y para qué servirá tanta maquinaria dedicada a un producto que está en riesgo de malograrse por precios tan irreflexivos?

Si en Rimago o cualquier sociedad se pierden 632 empleos o muchos más por codicias, ¿cuántos jefes de familia se quedarán sin empleo y recursos si este emporio se colapsa?

Ni la herramienta idónea maquila leña (pues no fue diseñada para eso), ni una huerta se trabaja para cosechar leña en lugar de naranjas.

La memoria histórica nos muestra una conseja: entre el pozo petrolero Carro Azul # 4 y el Potrero del Llano # 4, dieron más de 200 millones de barriles de petróleo y el proceder criminal y la codicia agotó el recurso hasta el grado de no dejar más que pura maquinaria chatarra desmoronándose por la corrosión. De allí la frase popular de que el hombre es el único ser capaz de tropezarse dos veces con la misma piedra.

El emporio naranjero ha sido ya mucha historia y sigue siéndolo, hasta que los troncos y las ramas se vayan con el humo de sus leños al pasado.

Tendremos que admitir que la abundancia no necesariamente es un problema sino una bendición, el detalle es enfocar las distintas variedades tanto de los cítricos como de los cultivos alternativos igualmente y hasta mejor equilibrados.

Por supuesto, hay situaciones parásitas, una de ellas es el coyotaje o el intermediarismo, y ya una vez se echó de ver que verdaderamente es nocivo para la economía citrícola, pues en el sitio de mayor acopio, como lo es el ejido El Idolo, se accionó un dispositivo de productores que hizo saltar el precio anormalmente mezquino del mercado a base de intermediarios, y cuando sintieron el efecto de tal presión, el precio inmediatamente se puso al doble.

Nadie se iba a convertir en un supermillonario, pero los productores podrían sostener la producción y el buen estado de sus huertas, con suficientes recursos tanto para éstas como para la economía hogareña, cosa doblemente obvia, pues el desplome despiadado del precio no estaba dando ni para mal comer de los productores y sus familias, cuando por otro lado y sin tener los recursos para atender sus huertas éstas sólo quedaron expuestas a su desaparición total.

Otra situación adversa basada en el estudio socioeconómico del INEGI es la falta de unión de los citricultores, cuyas uniones y movimientos han sido francas mascaradas para usar las banderas de los cítricos sólo como meros escalones para alcanzar posiciones políticas y poder y, en gran parte, eso ha resultado fatal.

Todavía podemos agregar a ese estudio la falta de legislación, para que las empresas refresqueras sean obligadas a la utilización de frutas naturales como insumos para los jugos bien envasados y presentados, o en refrescos con un porcentaje mínimo del 20 al 25% de sus componentes, y con certeza eso redundaría hasta como una valiosa aportación a la salud pública.

También resulta viable la posibilidad de estructurar el manejo de agro-químicos a base de los productos de origen natural, que es una transferencia tecnológica que se aplica en la Universidad de Chapingo por el Departamento de Citricultura.

Realmente son asombrosas las ventajas de la industrialización de los componentes cítricos que hoy se recomiendan hasta para el embellecimiento de la piel y el cabello. Por otro lado, hasta la tradicional ganadería podría resurgir pujante al realizarse alianzas para la producción de forrajes ganaderos, ya que lo que llamamos cáscara o bagazo, resulta la base para las pectinas que siendo naturales no tendrían tantos peros en los mercados por carecer de sustancias artificiales y químicas dañinas y hasta peligrosas (cancerígenas). Igualmente en lo que respecta a los aceites esenciales y la producción de aromas.

¿Qué sentiría ver y beber una lata bien presentada que diga: “Jugos Álamo”, “El Néctar del Valle de Oro”, “Elaborado con la mejor naranja del mundo”?

¿Cómo se sentiría de orgulloso al pensar: “En esa lata pueden estar los jugos de las naranjas de mi huerta”?

¿Recuerda que en Monterrey se utiliza la hoja y la flor del azahar?

¿Cuánto obtiene hoy mismo en ingresos por la flor de azahar de febrero, marzo o cualquier otro mes?

¿Qué estamos haciendo con los millones de kilos de flor de azahar que año tras año se están desperdiciando? Hay que regálarselos a los industriales o a las mujeres de su ejido y ellas, tan laboriosas, no verán llorar de hambre a sus hijos tan frecuentemente.

¿Se ha puesto a pensar en la elaboración de vinos de naranja? Le garantizo que si se embriaga, al otro día, en lugar de andar oliendo a puro zapote chiquito, olerá a los fragantes perfumes del azahar.

Entre los aceites esenciales de más demanda internacional está el del limón. En nuestra comarca las siembras de limón persa o hasta criollo son discriminadas, y hoy por hoy son los mejor pagados.

LA ENDECHA DEL NARANJO MORIBUNDO

Cuán lejanos se quedaron en el tiempo

En las ácidas entrañas de mi madre,

Y sacadas cual se sacan de placenta

Las semillas que tuvieron

Como tengo yo la muerte lenta.

Y al brotar ansiosas de la vida

Crecieron y formaron su varita,

Y con yemas y cuchilla me injertaron

Al árbol que mi espalda cargaría.

Hubo un tiempo en que mis ramas tal lucían

Como esferas enchapadas de oro puro,

Y ahora todo veo confuso, oscuro,

En medio de malezas y herbazales.

Do quedó aquella inmensa gloria mía

Que al nacer febrero se llenara de alegría,

Con azahares níveos y llenos de ambrosía

Al presagio tan hermoso en naranjales,

Que brillaran como oro al nacer el día

Y engarzaban en follajes verde jade.

Do quedó aquella santa algarabía

Y aquellas aves que cantaran dulce melodía.

¡Ay de mí al declinar mis horas!

Mi luz y resplandor son sólo sombras,

Yo soy fantasma cubierto por las frondas

De secapalo, verdugo de pasadas glorias

Cuando a la luz del día o de la tarde vea,

Ocultarse el sol detrás de la montaña.

Seré un tronco con ramas que ladea

Y estaré seco hasta la misma entraña

Y cuando gentes vayan por leña en sus rumores

Mis ramas quisieran ocultar ya sus temores

No podré dar de mi parte un sólo grito,

Cuando en humo se me empuje al infinito

O a mi tronco lo amortajen los azahares.

Leonel Clemente Pazarán

Historiador

Álamo, Veracruz. 19 de febrero de 2002.

Información complementaria del municipio de Álamo-Temapache

El municipio tiene una extensión de 1,137 kilómetros cuadrados, mismos que están representando el 1.56% del total del estado y, por otra parte, el 00581% del total de todo el país. Colinda al norte con los municipios de Tepetzintla, Cerro Azul y Tamiahua; al lado sur con los municipios de Tihuatlán y Castillo de Teayo, y parte del estado de Puebla; al lado Este colinda con el municipio de Tuxpan y, finalmente, al Oeste con los municipios de Ixhuatlán de Madero y Chicontepec.

Sus más sobresalientes fuentes de hidrografía, junto con sus arroyos y semiríos, dan lugar a una formación acuosa que desciende de la Sierra Madre Oriental de pequeños a mayores afluentes, que descienden de los límites del estado de Puebla a partir de las inmediaciones de Pantepéc, poblado por el cual este otrora caudaloso río llegó a ser llamado río “Pantepéc”, que en el Códice Tuxpan se dice “Pantepec”.

No obstante no se entiende ni se sabe qué razones motivaron a los cartógrafos a bautizarlo con el nombre de “Río Tuxpan”, cuando el río ni siquiera nace allí, sino que sólo pasa por allí en su camino rumbo al Golfo de México.

En su camino rumbo al mar, el Pantepéc queda unido al otro importante río que desciende de la misma Sierra Madre Oriental desde el lado oeste de Álamo, específicamente de los bordes del estado de Hidalgo, y que lleva el nombre original de “Río Vinazco”, igualmente con sus respectivos afluentes, menores y mayores.

Y aunque el uno baja de dirección sureste, y el otro de la dirección oeste, sin embargo, en un punto inmediato del actual ejido “Palo Blanco II”, rutas y cuerpos hidrográficos se unen en una “Y” para continuar hermanados hasta el mar azul del Golfo de México.

Estos dos cuerpos hidrográficos más importantes resultan una inmensa fuente acuífera que, a pesar de que se extiende desde una gran distancia, sus valles naturales no están aprovechándose para impulsar el regadío sistemático de los mismos con sus cristalinas aguas, al grado más lastimoso, que sus otrora profundas cuencas naturales llamadas pozas, al presente están despareciendo rápidamente, debido a los naturales desplazamientos declivales de grava y arena en la erosión natural de sus crecidas. Trayendo como consecuencia un azolve que poco a poco ha rellenado su cause y, en consecuencia, formando un indeseable tobogán de escurrimiento, que casi logra irse en un escalofriante porcentaje para casi no quedar vestigios sobre todo en las épocas de estiaje.

Hoy mismo, en mayo de 2002, ambos ríos se miran tristemente tan vacíos, que de no emprenderse un programa colosal de dragado sólo quedará un gigantesco pedregal serpenteando desde sus veneros a la nada.

Y en épocas de inundaciones resultaría un formidable ariete acuoso que salido impetuoso de la sierra, con millones y millones de toneladas de aguas violentadas por un declive más expedito, convertiría todos sus valles, laderas y poblados en una inmensa zona de desastre. De lo cual hemos sufrido algunas ocasiones durante las crecientes de 1929,1930,1935 y 1999.

Basta recordar que todavía en el inicio de la década de los cincuenta, el paso obligado a Chapopote por el chalán o balsa, tenía un calado tan profundo que su fondo no se veía aún cuando sus aguas eran puras y cristalinas. Hoy se puede vadear sin que el nivel del agua en parte alguna siquiera llegue a la rodilla. Tan es así que ni siquiera se puede culpar a la sequía, pues antes habría sequías pero jamás en el río y mucho menos en sus cuencas esmeralda o grandes pozas ya desaparecidas.

Epílogo

Álamo-Temapache, Veracruz, resulta una entidad en cuya historia han pasado casi como una exhalación varios auges de abundancia cierta y no exagerada, mismos que en su esplendor dejaron abundantes recursos económicos a la zona.

Y ahora mismo, todavía se encuentra enrachado en tal serie de auges, de los cuales unos han relevado a otros por alguna razón casi siempre no prevista y que por desgracia, todos ellos han terminado en la nada dejando sólo los tristes recuerdos de su pasado.

Todos quienes han vivido la mayor parte del siglo XX, al ver pasar estas impresionantes épocas y verlas terminarse sin más ni más, nos han contagiado la negativa experiencia de un fatalismo casi crónico, tal como si la región ó el municipio jamás vayan a poder tener una fuente permanente de recursos que mantengan un medio de vida, menos efímero aunque modesto. Pero debo agregar, que ese azar del destino de los llamados oros del ayer, fue gracias a la manos callosas de los Alamenses, que sin más inspiración que su trabajo lo hicieron posible. Porque ese proceso no se debió a ninguna estrategia de desarrollo planificada por parte de quienes fueron sus gobernantes, los cuales algunos ni letrados eran, sino mas bien, han sido las circunstancias de la vida que como un regalo divino nos dió una tierra rica y las manos de los humildes, los verdaderos héroes que en el anonimato de la historia, han sido los que han luchado contra los avatares del tiempo y han mantenido no solo nuestras fuentes de subsistencia, sino también la identidad de nuestro pueblo, cuyo color, es el oro mismo.

Ha sido nuestra gente el recurso menos efímero y el más modesto con que se ha construido y sostenido este pueblo, la gente misma que inspiró este libro, a la que con amor, en humilde homenaje a los que ya se fueron y los que aún pueden retomar la esperanza, lo dedico.

Bibliografía

Bibliografía

Códices de tierras; Los lienzos de Tuxpan

Estudio de: José L. Melgarejo Vivanco.

Fotografía de Manuel Álvarez Bravo,

Editorial “La Estampa Mexicana”

México 1970

Colección Veracruz: Imágenes de su historia.

Gobierno del estado de Veracruz y Universidad Veracruzana

Fotototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Guerra de Independencia y Época de México Independiente

Autor Joaquín Meade.