ARRIEROS DEL VERSO


PORTADA ARRIEROS DEL VERSO

 

 

 

AUTOR: Mardonio Rivera Medina.

INTRODUCIÓN

El trabajo que contiene esta pequeña obra, incluyó un ejercicio que me obligó a recordar mi niñez y rememoré con su elaboración, a personas que a través de mis juveniles años conocí; de aquellos arrieros sufridores que marcaron mi vida, significando especialmente con singular recuerdo, a Don José Ramírez, un ejemplo de superación en los años 1947 a 1953. Don José, dedicado al comercio, vivía en Colatlán, municipio de Ixhuatlán de Madero, Veracruz; y viajaba regularmente desde su pueblo hasta la Plaza de Álamo, a donde traía panela, miel de enjambre, tabaco y otros productos que cargaba a los fustes de dos borricos que lo acompañaban; como buen mercader, comercializados sus productos, regresaba a Colatlán con otras mercaderías, a espaldas de sus dos animales, a los que llamaba por nombres el “Chispo” y el “Diablo”.

Don José era invidente, su guía para hacer el recorrido era la fuerza de su voluntad y las colas de sus asnos en las que se apoyaba, para cruzar los ríos Vinazco y Pantepec y alguno de sus afluentes; pero además, Don José el Cieguito como se le decía, versaba y tocaba muy bien la quinta octava huapanguera, la que pulsaba por el lado izquierdo, pues era zurdo; y cuando Don José estaba en Álamo se acompañaba con don Asunción Mercado, quien acariciaba la Jarana para hacer el dúo.

Don José el Cieguito pese a su discapacidad no aceptó dádivas, fue un ejemplo y quizás, inspirado en él, y muchos vaqueros que arriando ganado cantaban versos, fue como fui guardando algunas rimas en mi memoria, las cuales en parte se contiene en este trabajo como producto de la tradición oral, aunque debo de ser franco, algunos versos afortunadamente fueron preservados en escritos, y se recopilan aquí como un homenaje a los arrieros del verso, para recordar en este primer Centenario de la Fundación de Álamo, una tradición que fue propia de nuestra gente y que no debemos permitir que se pierda.

Por eso, debo de agradecer a quienes han hecho posible este modesto esfuerzo, para que queden en estas páginas los versos, de quienes se fueron y de los que aún vivimos. Gracias al comité de Festejos que preside el Lic. José Gabriel Gómez Corrales, al Presidente del Municipio de Temapache Ing. Jorge Vera Hernández, a toda la Comuna y también debo agradecer a nuestro Gobernador el Lic. Fidel Herrera Beltrán, que apoyaron este esfuerzo. No paso inadvertida la labor de nuestros Historiadores locales, a Leonel Clemente Pazarán que en paz descanse, a Felipe Solano Licona y a Rodolfo Robledo Reyna, por último a Irma Lulú Vázquez León Directora de Casa de Cultura de Álamo, y a todos aquellos que apoyan la cultura de mi pueblo.

Por mi y por los arrieros del verso:

¡Muchas gracias !

Mardonio Rivera Medina.

Álamo con gran euforia,

te invita a conmemorar,

y con dignidad honrar,

lo que contiene la historia,

Pueblo que llegó a la gloria,

con su campo petrolero,

Citricultor, Ganadero,

en sus huerto y solares

hay naranjos con azahares

y un gigante Colotero.

 

Álamo cumple cien años,

un Consejo fue formado,

para escalar mas peldaños,

este libro se ha editado,

sin mentiras; sin engaños.

Es cierto Fidel Herrera,

los recursos aportó,

el otro que se mochó,

fue el señor don Jorge Vera.

Quien bien hace, bien espera,

un aplauso a cada quien,

en cultura vamos bien,

y el esfuerzo continúa,

un libro siempre insinúa

que lo estudien; más de cien.

El Pantepec y su afluente

sus bajas tierras inundan,

pero a la vez las fecundan,

al paso de la corriente.

Acostumbrada la gente

a desafiar tempestades,

sin importar las edades,

siempre considerará,

que Álamo siempre será

tierra de oportunidades

Para dudas despejar

aquí está mi testimonio,

¿Con quién se podría quejar?

este su amigo Mardonio,

quien quisiera festejar

cien años de matrimonio.

Bienvenidos trovadores,

cantantes y decimeros

bailadores huapangueros,

también los espectadores,

aquí rendimos honores,

a quienes nos han dejado,

este precioso legado,

el dialogar con el verso,

con ese vocablo terso,

que es el del huasteco, sagrado.

Trataré de recordar

personajes del pasado,

lo mismo podía cantar,

un verso confeccionado,

otros lo sabían trovar

con un amor acendrado.

Don Héctor del Juncal Azuara, vivía en la Hacienda “La Pita”, fue uno los propietarios, entre sus aficiones además del Huapango, era excelente vaquero, gustaba mucho la suerte del floreo, fue un hombre educado y muy fino en su trato con las personas; era además un cantor bohemio, pulsaba guitarra y jarana, de él escuché estos versos:

 

Lunes y martes te quiero

el miércoles me retiro,

jueves y viernes te adoro,

el sábado te suspiro,

sólo el domingo no lloro

porque es el día que te miro.

Si la mujer no existiera,

¿El mundo como sería?

El hombre solo que haría,

sin su afable compañera,

¿De dónde el placer vendría?

Cuando tu lengua se mueve,

a nadie ofende ni apoca

con una sonrisa leve,

entreabres tu linda boca,

muestras tus dientes de nieve.

El que enamora una viuda,

muy poco del mundo goza,

como quien vende su mula,

la vende; porque es mañosa,

cuando no patea, recula.

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