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TEJIENDO TRADICIONES


PORTADA TEJIENDO TRADICIONES

COBAEV-05

 

“Tejiendo Tradiciones”

Se imprimió con el apoyo del Gobierno del Estado que

preside el Lic. Fidel Herrera Beltrán y

del Municipio de Álamo Temapache, Ver., siendo

Presidente Municipal el Ing. Jorge Vera Hernández.

Derechos Reservados 2006.

Prohibida su reproducción total o parcial.


DEDICATORIA

A Dios:

Por permitirnos existir,

por la familia que nos dio,

por permitirnos terminar este trabajo

A Nuestra Familia:

Por la paciencia y apoyo brindado.

Agradecemos al Ingeniero Jorge Vera Hernández y a todos los Ediles del Ayuntamiento de Temapache, Veracruz; la valiosa oportunidad que nos brindaron, de poder presentar, en el marco de los festejos: “Álamo 100 Años de Historia”, este trabajo.

Así mismo, reconocemos el apoyo del Licenciado José Gabriel Gómez Corrales, Presidente del Comité Organizador, por su valiosa ayuda y colaboración. Al igual que a nuestra compañera Ma. de los Ángeles Luna Zaleta.

Le damos las gracias a nuestros compañeros de las diferentes Comisiones, y a las Instituciones que trabajaron y apoyaron respectivamente el proyecto del Centenario; en especial a nuestra Casa de Cultura de Álamo.

Los autores


Introducción

Álamo es un pueblo de tradiciones, con una enorme riqueza multicultural, su historia, nos cuenta de culturas ancestrales que sobre esta prodigiosa tierra plantaron sus reales.

Huaxtepan, nuestro espacio geográfico con su pasado esplendoroso, cuya abundante riqueza fue conquistado por los Aztecas a causa de su comercio, el de los tianguis de Tziuhcoac y Temachpa que duraban hasta veinte días. Cuaxteca, para conquistarla Hernán Cortés utilizo cuarenta mil guerreros indios, hazaña descrita en su cuarta carta y sobre la conquista militar, vino la espiritual bajo la orden de los Agustinos en 1540 y las costumbres ancestrales de los Huastecos, se fueron mezclando con la de los colonizadores Españoles, naciendo un sincretismo del que somos producto.

Los Indios muertos recibían ofrendas para marchar a Mictla, el lugar de los muertos, en donde debían purificarse antes de pasar a uno de los trece cielos o a uno de los nueve infiernos; después de su tránsito, al llegar a ese lugar, se les permitía regresar una vez al año a visitar a sus familiares, era el mes de los muertos, la fiesta a los antepasados; a quienes los españoles solo permitieron regresar, como muertos convertidos, al llamarlos a su modo, “fieles difuntos” y así; en el calendario romano, los muertos de los indios retornaron en la misma fecha que “todos los santos”, y con tal conversión, el santorum se volvió xantolo.

Los de las nuevas Indias no sabían de Satanás, conocían el mal y lo representaba con máscaras que fueron adoptadas al carnaval con ritos chamanes y santería, que se fueron acompañando con música y se adecuaron a las regiones.

En todo este proceso, vino la luz que iluminó al mundo y miles de velitas se prendieron en las calzadas de los indígenas, para alumbrar de nuevo la esperanza y fe en el trayecto de esta historia, donde como un niño perdido, hemos poco a poco encontrado la luz de ese conocimiento, que nos dice quienes fuimos, que somos y en que nos convertiremos.

Conocimiento que nos da identidad y que crea símbolos de pertenencia, en una carrera, en donde la productividad se lleva a cuestas de un Colotero con rasgos nativos ancestrales, colmado de soles. Es la misma canasta, donde cargamos tradiciones, costumbres, creencias y cien años de Historia.

Muchas felicidades a todos los que se consideren: Alamenses.


CARNAVAL

Antecedentes

El carnaval es una festividad popular en muchas partes del mundo. Desde sus orígenes en la edad media, se acostumbraba que el pueblo diera rienda suelta a la “diversión y la alegría” durante la semana previa a la cuaresma.

Según algunos historiadores los orígenes de las fiestas del carnaval se remontan probablemente en las fiestas paganas realizadas en honor a Baco, dios del vino; las saturnales que realizaban en honor del buey Apis en Egipto hace más de 5 000 años; con celebraciones similares en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, y fue traída a América por los navegantes españoles y portugueses que nos colonizaron a partir del siglo XV.

Esta celebración es efectuada en los países que tienen tradición cristiana. Tres días antes del miércoles de ceniza de acuerdo al calendario cristiano. Se acostumbra el entierro de un muñeco; de dicha costumbre pagana se derivo el término “entierro del carnaval”

Por su parte, la costumbre de usar máscaras, tuvo un origen religioso espiritual que deriva del culto a los muertos.


Carnaval de Veracruz

Los pueblos de diferentes partes del mundo adquieren su identidad en base a los legados culturales, sociales, ideológicos, políticos y económicos de sus antepasados, parte de esta identidad está constituida por sus costumbres y tradiciones; las cuales, le dan fuerza a cada cultura.

En México los legados culturales han sido muy ricos y variados, mismos que nos coloca ante el mundo, como un país único e incomparable, rico en costumbres y tradiciones.

El carnaval es una de ellas, comenzó a celebrarse desde tiempos de la colonia en 1866; en la ciudad de Veracruz, es un evento multicolor realizado con gran algarabía, los programas que se incluyen en dicho festejo son: quema del mal humor, el cual es un acto público que se hace una parodia festiva y alegre, normalmente es amenizado por un grupo de teatro de la localidad y constituye la primera noche del carnaval, en la Introducción

en     que se quema el mal humor representado por algún personaje que se encuentre vigente, durante la fecha en que se realiza la festividad; se hace una lectura solemne en versos o décimas haciendo alusión picaresca y con albur del personaje a quemar del propio carnaval. Otro acontecimiento que se realiza año con año, son las coronaciones; donde son entronados los reyes infantiles, el rey de la alegría y la reina del carnaval. Los Reyes Infantiles son coronados por la esposa del Gobernador del Estado; la Reina por el Gobernador, mientras al Rey de la Alegría, lo corona la Reina entrante. También se realizan suntuosos desfiles que suman en total seis; los cuales se desarrollan en el Boulevard Manuel Ávila Camacho, con participación aproximada de cuatro mil personas entre comparsas, batucadas, bastoneras y la gente que conduce los carros alegóricos. El recorrido de los desfiles es de 3,600 metros; el público asistente es de aproximadamente un millón y medio de espectadores.

Es tradición que durante el desfile del martes por la tarde,el último de la festividad, los Reyes del Carnaval porten el traje de jarocho y hagan el recorrido a pie, también se acos-

tumbra que la corte real realice visitas asistenciales a asilos, penales y albergues de niños, para integrar en esta festividad a los sectores más vulnerables.

Algo ya tradicional del carnaval es el desfile acuático, consiste en que a bordo de remolcadores la corte real acompañada de algunos representantes del comité organizador del carnaval, comparsas o batucadas, realicen un recorrido por el interior de la bahía veracruzana, ante los ojos de la ciudadanía que espera en el muelle denominado de la T, el arribo de estos remolques.

Para dar cierre a esta festividad carnestolenda se realiza el entierro de Juan Carnaval, en esta velada es representada una parodia cómico-dramática por un grupo de teatro de la localidad, en este evento la Corte Real asiste de luto y llora la muerte de Juan carnaval y se lee un testamento chusco y así termina la fiesta.

La influencia del carnaval de Veracruz, es contagiosa e influye para que en muchos municipios del estado se celebre esta festividad, aunque con las particularidades

propias de cada lugar, pues algunas de estas fiestas tienen una profunda raíz nativa y en algunos casos, como el de Álamo, la influencia cultural para su celebración proviene de otro estado.


El carnaval en Álamo

Las fiestas carnestolendas en la ciudad de Álamo Temapache, Veracruz; se celebran desde hace más de cincuenta años, sin que se pueda precisar su fecha de inicio, pero se cuentan con datos que nos pueden servir como antecedentes del inicio de dicha festividad. Dentro de las cuales podemos enunciar algunos testimonios de personas muy allegadas a los iniciadores o promotores, que más adelante mencionaremos.

El carnaval en Álamo se celebra como ya es tradicional cuarenta días antes de la cuaresma y se concluye antes del miércoles de ceniza. Antiguamente solo se invitaba a disfrazarse durante la temporada del carnaval.

Los danzantes suelen agrupar a 20 o más personas, y muchos no llevaban una coordinación de pasos o coreografía, otros sin embargo preparaban cuidadosamente los detalles, tanto en vestuario como en coreografía; éstos reciben el nombre de malinches por los habitantes de la ciudad. Algunos grupos suelen participar en esta tradición aunque no es de manera formal, ya que utilizan música reproducida electrónicamente, por carecer de los recursos económicos necesarios para contratar una banda de música de viento, que es el tipo de música que acompaña a estos danzantes.

El señor José Trinidad Sánchez Fuentes, originario de Soyatla Hidalgo; es en la actualidad el organizador del carnaval de Álamo Temapache, Veracruz. Desde pequeño siempre le llamo la atención el carnaval, por lo que en su tierra natal comenzó a participar en tan importante tradición a la edad de 12 años, contando siempre con la aprobación de sus padres, debido a que a ellos les gustaba que participara.

Posteriormente llegó a la ciudad de Álamo Temapache, Veracruz, en el año de 1948; cuando contaba con solo 17 años de edad, pero con el gusto de seguir participando en tan alegre festejo. Para estas fechas, en Álamo ya se realizaba el carnaval y una de las colonias en las que inició, fue el Barrio de las Flores, donde lo organizaba la señora Nieves Nieto, quien fue entusiasta promotora de esta fiesta. La otra colonia donde también lo festejaban, era la colonia 25 de Abril, quienes lo organizaban era la familia Cisneros. Años más tarde el señor José Trinidad Sánchez Fuentes se incorporó a estas colonias para continuar participando.

Durante 20 años, don Trini como se le conoce fue solo un participante, pero con el paso del tiempo, fue incursionando en la organización del carnaval a tal grado que lo ha llevado a cabo con recursos propios y con la colaboración económica de amigos y familiares cercanos a él, ya que siempre le ha gustado esta tradición. Hasta la fecha, continua participando con la firme idea de evitar que se pierda, promoviéndola año con año, con el fin de que perdure por mucho tiempo y que las nuevas generaciones, le conozcan y se contagien del carnaval, de tal suerte que puedan darle continuidad.

En Álamo su primer pareja de baile fue el señor José Vera Ramírez (+) y el primer disfraz que utilizaron fue el de “Abuelos” en el año de 1954, con el cual obtuvieron el primer lugar, en donde sorprendieron con su presencia a todos los compañeros participantes, ya que en esa ocasión cuando se disponían a comer, se quitaron las mascaras y grande fue la sorpresa de sus compañeros, al descubrir su identidad.

Los disfraces los mandaba a elaborar con suficiente tiempo, tanto el suyo como el de su pareja. Comenta que el disfraz debe saberse manejar, porque la máscara debe de ser de acuerdo a su vestimenta y el movimiento del baile tiene que ser de acuerdo al disfraz. Sus primeros disfraces fueron: Abuelo -Sacerdote - Soldado Dama normal Novio Mujer embarazada y Charro.

Al inicio de su participación en el carnaval de Álamo, únicamente invertía en los trajes que ocupaba. Posteriormente cuando tomó la organización de evento lo hacía participando también con su propio dinero, sin recuperar la inversión. Antes de que don José Trinidad Sánchez Fuentes, se encargara de la coordinación del carnaval, lo hicieron: El señor José Vera Ramírez (+), Sr. Víctor Gómez, Sr. Inocencio Vera y el Sr. Juan López; siendo el Sr. José Vera Ramírez (+) quien más participó en el carnaval junto a don José Trinidad. Desde que iniciaron estas fiestas hasta el día de hoy, son pocas las personas que apoyan este evento. Incluso las administraciones Municipales no han promovido el carnaval, no obstante que existen profundas raíces indígenas en Álamo, con sus raras excepciones como la administración actual.

De las personas que han apoyado económicamente estas fiestas por que les gusta esta tradición son: El Sr. Inocencio Vera, Sr. Juan López, Sr. Máximo Hernández, Sr., Agustín Vera, Sr. Hipólito Islas Badillo; Sr. Antonio Marín, Sr. Víctor Manuel Carballo.

Según datos proporcionados por Don Trini, aún con el apoyo de los amigos, resulta insuficiente para la organización, pues en el carnaval del año 2006; tan solo la música cobraba $ 4 000.00 por día, más los gastos de comida y transporte de los participantes que vinieron de Tantoyuca, Veracruz; más los premios que se dieron a todos, algunos en efectivo y otros en especie (regalos); resultaron mas gastos que ingresos.

Es una costumbre que en esta tradición carnavales ca, los danzantes pidan cooperación por bailar, lo que sirve para solventar los gastos de la música (Banda de viento), la comida para los participantes y premios.

Actualmente en Álamo, a las personas que les gusta participar; días antes dialogan y se ponen de acuerdo, si se va o no a realizar el festejo del carnaval, si hay interés inician con la organización para posteriormente invitar a los participantes que actualmente son escasos. En años anteriores la población participaba más activamente, principalmente las del Barrio de las Flores y la colonia 25 de abril; por lo general el evento, aunque modesto resulta alegre y muy festivo. Es importante significar que el tipo de carnaval al que se hace referencia aquí, tiene profundas raíces Soyatecas o Hidalguenses, con un contenido cultural étnico; es decir reproducen elementos tradicionales autóctonos y no toma el modelo del carnaval de espectáculo como el de Veracruz. Pero también es cierto que el carnaval criollo de Veracruz, se ha intentado reproducir y en algunos casos se han presentado verdaderos espectáculos, con carros alegóricos y comparsas; aunque por su contenido tradicional, evidentemente para nuestra cultura y nuestro estudio, resulta más importante, el carnaval autóctono, porque en este define, parte de la identidad del Alamense.

Organización

La organización actual del carnaval se lleva a cabo de la siguiente manera:

           Como primer paso, se hace la invitación sobre todo a las personas que les gusta y que ya han participado, por lo general se encargan los hijos de Don José Trinidad de realizar esta actividad. El comenta que todos sus hijos lo han apoyado en esta tradición, principalmente Ignacio, Angelina, Marilú, Espiridión, Pedro y Humberto Sánchez Vera.

           El segundo paso es organizar la preparación de la comida; se tiene que ver en que lugar se va a servir y que es lo que se va a dar de comer.

           El tercer paso es verificar quienes son los que van a participar para organizar a la gente en cuanto a disfraces; si tienen o no tienen, para que de la colección que posee don José Trinidad Sánchez se les facilite.

           El cuarto paso es buscar quién va a tocar la música, actualmente ya no es tanto problema porque ya se tiene seis años contratando de manera consecutiva a una banda de viento del Ejido del Humo, municipio de Tepetzintla.

El comité estipula las bases y los premios por participación.

Con respecto a los disfraces, el vestuario es variado y puede ser de: quinceañeras, novias, diablos, muertes, figuras políticas, charros, payasos y damas, todo ello depende de la creatividad e imaginación del participante. La cara se cubre con unas máscaras que pueden ser de plástico o de madera o un paliacate, esto con el fin de que no se descubra la identidad de los bailarines ante los demás, también pueden llevar pelucas, sombreros, gorras y otros elementos como: cadenas y látigos.

En cuanto a la asignación de las rutas de baile o recorrido que se lleva a cabo, se inicia con las colonias, porque es ahí, donde la población participa más con su apoyo económico, posteriormente se realiza el recorrido en el centro de la ciudad de Álamo, donde la gente es menos participativa.

En el centro de Álamo, es el sector del mercado Hidalgo, donde más se apoya financieramente estas festividades, a los locatarios les gusta que se baile dentro del mismo, incluso es el lugar donde más tiempo tardan; los comerciantes son esplendidos y entusiastas con los participantes y disfrutan verlos bailar.

El carnaval se festeja, según la Biblia porque la gente tenía que quitarse toda la maldad. Durante esos días tienen que sacudirse y hacer lo que quieran antes de iniciar la cuaresma. Los días que se debe realizar el carnaval son dos, el lunes y martes antes del miércoles de ceniza; pero comenta don José Trinidad que en Álamo desde hace muchos años, se inicia desde el sábado, respetando siempre el miércoles de ceniza en donde ya se dio por terminado el carnaval.

Cuando la señora Nieves Nieto participaba con el Barrio de las Flores, se hacían unos bailes de cierre de carnaval; entre las calles Benito Juárez y Álvaro Obregón, actualmente ya no se hacen hacer.

Don José Trinidad Sánchez Fuentes, nos menciona que esta actividad tiene un costo elevado y que a pesar de ello existe todavía gente preocupada por seguir conservando esta tradición. Debido a este costo, actualmente hay muchas comunidades que ya no festejan el carnaval por falta de apoyo, una de ellas es la comunidad de la Providencia, que podríamos decir era un carnaval especial, por el arte de las máscaras que en ese lugar se elaboran, por mencionar un ejemplo.

Al no festejarse esta tradición, tiende a perderse y con ello estos elementos simbólicos de nuestra identidad, pueden desaparecer. Pero don José Trinidad Sánchez fuentes menciona que a pesar de todo esto, continuará con la organización del carnaval en Álamo Temapache, hasta donde Dios se lo permita.


El carnaval en las Comunidades de Álamo

En Álamo, Veracruz; esta tradición del carnaval se lleva a cabo en varias comunidades como son: Limonar, Emiliano Zapata, Buenos Aires, La Reforma, Estero del Ídolo, Tincontlán. Pero nos enfocaremos específicamente a dos de ellas: Estero del Ídolo y Tincontlán, por existir en estas dos comunidades un gran arraigo a esta tradición por parte de sus pobladores.


Tincontlán

En 1945 el Señor Rafael Moreno (Finado) y la Señora Paula Joaquín de Moreno, provenientes de San Lorenzo del Municipio, de Huejutla, Hidalgo, emigran hacia la comunidad de Tincontlán, trayendo consigo la costumbre de las fiestas de carnaval. Pero fue hasta los años de 1951 y 1955 en que promovieron la festividad, esta manifestación inmediatamente se hizo popular, y contó con la aprobación de la mayoría de los habitantes de Tincontlán.

Para lograr el éxito que tiene el carnaval en las comunidades mencionadas, se organizan con dos o tres meses de anticipación a la fecha indicada.

La primera actividad consiste en buscar a 16 personas que desempeñarán el cargo de capitanes dentro del carnaval, ellos tendrán la misión de recaudar fondos económicos para solventar los gastos que se generarán a lo largo de 7 días que durará el carnaval. Otra actividad también muy importante que se lleva a cabo para darle realce a esta celebración es que se elija a una pareja quienes fungirán como rey y reina de la festividad.

o personajes políticos y payasos o haciendo referencia a la primavera.

En sus inicios los instrumentos musicales que se uti El festejo dura 7 días, el cual se realiza en horario corrido de 8:00 a.m. a 18:00 p.m. caracterizado por una gran actividad de resistencia corporal, debido a que en ese lapso, la mayor parte de los participantes se la pasan bailando.

El vestuario que se utiliza en la celebración hacen alusión al diablo y a la muerte, aunque algunas personas prefieren vestirse de mujeres lizaban para amenizar la fiesta eran de cuerda (Guitarra, Violín, Arpa, Jarana), actualmente son de viento, entre las bandas que han participado en este evento son: la banda Estrella procedente de Oizantlán, Hidalgo y la banda Los Primos de Otontepec, Veracruz, entre otras.

ércoles de ceniza con un ritual donde únicamente tienen acceso los capitanes, el chamán o sacerdote y los danzantes, haciendo mención que el Sr. Policarpio Vargas Hernández, fue uno de los precursores del carnaval en

Tincontlán. El ritual consta de dos partes, la parte oculta, que se inicia con la matanza de un puerco, que una vez muerto, en un vaso se recoge la sangre y la bebe cada uno de los presentes, invocando con oraciones a “SATANÁS”. En el ritual se colocan tres máscaras de madera (PALOTE, SATANÁS Y LA NEGRA ), que son extraídas de la raíz de un árbol de Ceiba y unos bastones en forma de serpiente del mismo árbol, estas máscaras se utilizan para bailar y pedir sus siete mujeres, con las cuales tendrán 3 hijos con cada una de ellas.

Los presentes al ritual encienden velas de cebo y dan sus agradecimientos, dicen sus oraciones, mientras otras personas acomodan la comida que se va a ofrendar sobre el tendidillo de papatlas (hojas de plátano), copal, aguardiente oscuro y blanco, mole con tortilla, puros de tabaco, cebo blanco, café, pan y cerveza. Esta ofrenda se muestra en la foto siguiente.

La segunda parte del ritual es abierta, ante la asistencia de la población en el auditorio. Para este ritual es colocado nuevamente el tendidillo de papatla, la cabeza del puerco partida en dos, y se hacen algunas ofrendas

que consisten en un platillo de pollo sin sal, mole, aguardiente y café; así mismo se encienden las velas.

El Sr. Anastasio Hernández Bautista, es uno de los principales organizadores del carnaval y juega un papel importante porque en este rito hace barridos a la gente, quitándole las malas vibras con yerbas del negro, copal, albahaca. El tiempo aproximado de este rito es de 3 hrs.

Terminada la ceremonia en la entrada del ejido se iza una bandera con la imagen de Satanás, este hecho marca la pauta para que se inicie el festejo y los danzantes van de casa en casa con la banda de viento deleitando a la gente con su baile y sus alegrías.

Llegando al medio día los danzantes se dirigen a la casa del primer capitán, quien les dará la comida, la cual puede ser adobo, tamales, mole y deberá ser de puerco.

El primer día de carnaval se inicia cuando el primer capitán le hace una ofrenda al compadre (SATANÁS), también llamado palote; el primer capitán es llevado a las casas de cada uno de los capitanes donde hace una ofrenda, la cual consiste en colocar la cabeza del puerco en el altar según la tradición de años anteriores, además de brindar con una poca de sangre. Hecho el ofrecimiento los danzantes pueden degustar sus alimentos.

En los días posteriores se hace de la misma manera, recordemos que son siete. El capitán visita día con día, casa por casa a los encargados de organizar esta fiesta; los danzantes efectúan sus bailes en cada una de las casas de la comunidad y posteriormente a medio día, se dirigen a la casa del capitán que le corresponde dar a comida, con excepción de la ofrenda la cual se lleva a efecto solo el primer día.

El penúltimo día de festejo un día antes del miércoles de ceniza, algunas personas de forma simbólica se tiznan o enlodan el cuerpo corriendo en el poblado en señal de arrepentimiento.

Para el cierre del carnaval se efectúa un paseo de la reina acompañada de los malinches por todo el ejido, regresan al auditorio y bailan un instante, posteriormente; se dirigen a la casa de la Señora Paula Joaquín viuda de Moreno y danzan frente a la fotografía del finado Rafael Moreno en memoria del mismo, a la vez, los danzantes y su entorno son purificados con el aroma emanado del copal; para concluir el festejo se dirigen a un potrero donde se lleva a cabo el último ritual del evento, frente a un árbol de mora; este rito consiste en colocar la bandera de Satanás en la parte superior del árbol, se encienden velas alrededor de las raíces del árbol, y rocían aguardiente, ofrendan la cabeza del puerco, pan, refresco y cigarros, con esto se da fin a tan movida festividad y por ultimo dos señores realizan un ritual en el que se posesionan, el cual consiste en hacer barridos a la gente, que así lo deseen.

Según los lugareños, los barridos deberán realizarse a las personas que participaron activamente en todas y cada una de las actividades hasta el momento del cierre, esto se hace con la finalidad, de acuerdo a la creencia de los lugareños, para que Satanás los cuide y los proteja.

Con la culminación de esta festividad se da paso a la cuaresma que es la abstinencia de carne y ayuno de acuerdo a la iglesia católica indicando el comienzo de la semana mayor domingo de ramos, lunes de intimidad, martes de controversia, miércoles de retiro, jueves de opresión, vienes de crucifixión sábado de gloria y domingo de resurrección.


Estero del Ídolo

El carnaval como sabemos, es una fiesta popular que precede a la cuaresma y que se celebra en diversos países de tradición cristiana. La palabra carnaval procede de la expresión latina “CARNE LEVARE” que significa “QUITAR LA CARNE”, aludiendo a la prohibición de comer carne durante los cuarenta días cuaresmales. Por lo general, se celebra durante tres días, llamados carnestolendas, que preceden al miércoles de ceniza, que marca el comienzo de la cuaresma en el calendario cristiano. El comienzo del primer día de carnaval difiere de un lugar a otro.

En la Huasteca Veracruzana revestido de un gran misticismo, el carnaval se celebra en Febrero o Marzo. Los bailes de disfraces, las máscaras, las comparsas, los banquetes, así como la alegría de la gente caracterizan normalmente estas fiestas, en las cuales personas de diferentes edades se visten y disfrazan con trajes muy llamativos y vistosos, algunos seleccionan personajes populares especialmente de políticos; otros prefieren los personajes de películas de terror, de animales, duendes, fantasmas, el hombre lobo, la muerte, el popular diablito, entre otros. Pero el más conocido es el disfraz de “Los tiznados”, en el que un grupo de participantes del sexo masculino, se cubre solo el rostro y utilizan un pantalón de color negro y el resto del cuerpo se lo tiznan, de ahí el nombre de “Los Tiznados”.

El carnaval del ejido Estero del Ídolo se efectúa con el fin de dar a conocer tan importante tradición y costumbre a toda la gente, especialmente a las nuevas generaciones, ya que a través de estas celebraciones, se res-catan y se evita que se vayan extinguiendo.

Esta tradición tan importante, fue promovida inicialmente por el difunto Octavio Ortiz Álvarez, según datos proporcionados por don Clemente Ríos Chávez, quien toda su vida participo como pareja de baile de don Octavio en la danza tradicional que desarrollan los maliches. Los antecedentes de esta festividad, provienen del estado de Hidalgo y del municipio de Tlachichilco, lugar de donde provenía don Octavio Ortiz Álvarez, trayendo la costumbre que luego promovió con sus amigos en el Ejido Estero del Ídolo, lugar en el que fue un entusiasta organizador y promotor de eventos, como la carrera del Colotero y las peregrinaciones Guadalupanas, por mencionar algunas.

Para la población de este ejido, el carnaval, es una fiesta popular y familiar que además de costumbre y tradición engloba valores de una cultura arraigada, que con el paso del tiempo ha tratado de mantenerse en pie, es por eso que en esta comunidad cada año se realiza el carnaval, contando siempre con el apoyo de toda la gente, especialmente por el organizador o encargado del carnaval, mejor conocido como “El Capitán” que en este año del 2006 fue el señor Pablo Olivares Ortiz, oriundo de este lugar.

En estas fiestas, el capitán se encarga de la contratación de la banda y la comida que se les dará a todos los participantes, así como de mantener el orden entre los disfrazados y la gente.

Desde que se iniciaron los festejos y hasta la fecha, la banda que siempre se ha contratado para tocar en el carnaval de este ejido ha sido la Banda Santa Cruz originaria de Tepetzintla, Veracruz; esta gran banda de música de viento está conformada por once integrantes, diez hombres y una mujer; los instrumentos que utilizan son: trompeta, los trombones, el bombardino, la tuba, la tambora y la tarola. A los grupos de música de viento, también se le conoce popularmente como Tlagüalompas.

Las personas que se disfrazan pasan alrededor de siete u ocho horas bailando por las diferentes calles de la comunidad sin retirarse a sus casas, y se les tiene que dar de comer a los danzantes, así como a los integrantes de la banda musical; por tal motivo el capitán del carnaval se encarga de la organización de la comida en coordinación con algunas familias voluntarias del mismo ejido se destina una casa diferente para otorgarles el alimento diario, es decir, una comida diferente por día.

Desde el encuentro de dos mundos, en el que el almirante genovés Cristóbal Colón llegó al continente americano, comenzó una interacción entre dos culturas, la autóctona y la española. Los conquistadores traían consigo las manifestaciones culturales españolas; tradiciones, costumbres, expresiones de cantos y bailes hispánicos. Una de estas costumbres que se volvió tradición fue el carnaval, del cual se dice que hay un sentido de inversión y se hace patente cuando: los hombres se visten de mujer; el machismo es expulsado de la fiesta y el pobre toma el poder que durante años le ha sido negado, es una fiesta, es una inversión. Los símbolos de la realidad están invertidos, en todos es una constante, el disfraz como una inversión de la realidad. También como parte de los excesos y acorde con el fenómeno de inversión, el carnaval es una crítica al orden establecido, sea social, sexual, o económico.

En la región Huasteca Veracruzana, también conocido como Cuexteca, igualmente se vivió este proceso de transculturación adoptando las costumbres y tradiciones de los conquistadores, que fueron acogidos de manera particular por las culturas regionales conforme a sus usos.

Las prácticas religiosas huastecas giraban en torno a la planta del maíz, a sus condiciones de reproducción y de los trabajos para cultivarla. El maíz es entonces el principio rector, el eje de ordenamiento de la historia, de la cosmogonía y de la vida cotidiana, sin el maíz, “an ithith”, no se concibe la historia, la fiesta, ni la vida. En las creencias huastecas, la humanidad está hecha de maíz, por lo que exigen respeto a su alma.

Durante sus festividades, acostumbran muchas danzas. Una de ellas es malitzin o matlachines (conocidos como malinches), que se interpreta por varias parejas, es una danza religiosa con la que se agradecen los beneficios recibidos, es muy popular en las zonas serranas, donde los huastecos son más fieles a sus tradiciones. Esta ceremonia está dedicada a la tierra. Veneran también al sol, al fuego, a la lluvia, al viento y a la muerte.

Los habitantes de Álamo Temapache, Veracruz; como lo es en todo el país, es producto del mestizaje entre españoles e indígenas, entre otros; por lo que se lleva en la sangre la herencia huasteca; esto ha permitido la preservación de muchas tradiciones, como la del carnaval. Esta celebración podríamos compararla con lo que nuestros antepasados efectuaban y encontraríamos que existe una similitud entre esta práctica religiosa y lo que actualmente se conoce como carnaval y el baile de los malinches, aunque por la influencia del carnaval criollo del puerto de Veracruz, se ha perdido el grado de religiosidad tradicional, y en vez de dar gracias por los frutos que la tierra da, se emulan los excesos, desenfrenos y espectáculos de diversión, perdiéndose el contenido de las creencias indígenas. Eso explica la transposición de agradecer a otras deidades como al diablo, el cual, en estos actos, es considerado como el dueño de todos los bienes terrenales, representándolo con ídolos y máscaras de madera.

Para la mayoría, el carnaval solo significa una fiesta más para manifestar su alegría antes del miércoles de ceniza, fecha en que la iglesia marca el inicio de la cuaresma. Para otros el carnaval sirve para danzar y festejar sin tener un objetivo u conocimiento de lo que realizan; para muchos es solo un espectáculo; sin embargo, en el fondo, el contenido cultural de algunas manifestaciones autenticas de nuestros antepasados, está presente en muchas de estas expresiones, que urge identificarlas y difundirlas, no solo para mantenerlas vivas, sino también para dejar en claro, que modelo de tradición estamos siguiendo en Álamo, si la criolla y extranjerizante como la del Puerto o la indígena mestiza tradicional.


La Carrera del Colotero

Sin duda alguna, la carrera del Colotero es la tradición mas auténtica de Álamo, Temapache, Veracruz; generalmente se programa para el penúltimo día de la Feria de la Naranja, la cual se realiza en el mes de Abril; por lo que tradicionalmente esta prueba de resistencia se da en día sábado, en horario vespertino, comúnmente des- manera de compensar la presión que produce el peso del colote, con la velocidad del cuerpo como generalmente ocurre en una carrera atlética o en una caminata, en donde debido a los movimientos de las manos y de cadera, permiten al atleta manejar el ritmo, ahorrar energías y balancear el cuerpo. En esta carrera no se tiene esa oportunidad,

pués de las 17 horas. La carrera consiste en cargar un canasto cargado de naranjas a la espalda que es sostenido por un mecapal de la parte frontal de la cabeza; el tenate es agarrado por ambas manos de los bordes superiores, lo que hace aún de por si más extenuante la carrera, pues no existe

porque el soltar el canasto originaría que este cayera, tirando las naranjas, lo que provocaría una descalificación en automático. Así, la carrera es rígida, extenuante y además de resistencia, porque se tiene que cargar un promedio de 70 kilogramos a la espalda, en un recorrido que varía según la convocatoria.

Originalmente esta prueba se iniciaba pasando el Puente del Ídolo y se corría por la antigua carretera Álamo-Tihuatlán, hasta los terrenos donde se ubicara la feria de la naranja, lo que significaba trasladar a la espalda un colote con 100 kilos de naranjas por 4 kilómetros. Actualmente la distancia se ha acortado, y el peso del colote también, pero el tramo resulta superior al kilómetro y medio, lo que es todo un reto y requiere de una condición especial, que solo los trabajadores del corte de naranja tienen.

La carrera del colotero, tuvo sus inicios en 1979, hace veintisiete años y su promotor o iniciador lo fue el difunto Octavio Ortiz Álvarez, quien fue un gran organizador de actividades sociales en el Ejido El Ídolo. La carrera partió con veinticinco corredores a los terrenos de la feria que se ubicaron donde esta actualmente el templo Mormón. El primer lugar se gano mil pesos, el segundo quinientos y el tercero, doscientos cincuenta pesos. De los ganadores solo se sabe sus motes: “el Cotorro”, “el Toluco” y “la Piedra”.

Se le llama carrera del Colotero, por el mote de sus participantes, ya que a los cortadores de naranja se les da ese nombre. El colote es un canasto cilíndrico de un diámetro de unos setenta y cinco centímetros aproximadamente y de una altura similar, en la parte inferior el diámetro del canasto es de cuarenta centímetros, y debido a que es el instrumento básico para la recolección de la naranja, derivado del instrumento, se le dio el nombre a los trabajadores de esta actividad como coloteros. Esto es muy común en el pueblo mexicano, que el nombre del instrumento con el que se trabaja determine el calificativo por el que es llamado el obrero, así tenemos machetero al que trabaja con machete, vaquero al que arrea o trabaja con vacas, carbonero al que trabaja con carbón y bueno, debido al colote que además es bastante vistoso por sus dimensiones, pues al cortador de naranja se le conoce por Colotero.

Como en toda carrera hay premios, en esta no hay excepción, pero hay que reconocer que no son tan significativos y que si los trabajadores participan en ella, es más por entusiasmo que por los obsequios que obtienen, pues los mayores premios que han recibido los primeros lugares, no sobrepasan de $5,000.00, lo que para una tradición cultural tan importante, no significa gran cosa.

El Colotero es la figura emblemática de este Muni cipio, es un símbolo cultural que identifica al Alamence, este elemento de identidad y pertenencia, representa al esforzado hombre de la región que con el fruto de su esfuerzo se gana el pan de cada día, pero también simbólicamente identifica la pujanza de Álamo como pueblo citricultor, pues con sus 60,000 hectáreas sembradas de naranja, es el primer municipio productor de cítricos de la República Mexicana.

La obra artística que se ubica en la entrada de la ciudad da fe de ello. Vale la pena mencionar, que este símbolo se ha ido fortaleciendo con el transcurso de los años, pues desde que se tuvo la idea de la primera carrera del Colotero, se fueron agregando elementos que fueron enraizando este símbolo que hoy resulta emblemático. Por ejemplo en la feria de la naranja de 1999, se presentaron los primeros Coloteros hechos en papel mache, fueron elaborados por la artista Esperanza Castro Gutiérrez, pariente de la familia Monroy Gutiérrez de esta ciudad, apoyada por la maestra Marisela Carballo a petición de José Gabriel Gómez Corrales, entonces director de Casa de Cultura; pero fue a raíz de que el artista Miguel Ángel Vargas, auxiliado por el maestro Inés Hernández Camacho hicieran la obra del Colotero durante la administración de Juan Bustillos Montalvo, en que el Colotero se volvió el verdadero símbolo que se estaba proponiendo. Hoy, la réplica de este trabajador con sus naranjas al hombro, es comercializado y conocido en el mundo.

Por las anteriores razones consideramos que la carrera del colotero es la tradición más auténtica y original de Álamo, y por lo que este símbolo de identidad significa; no podía pasar desapercibido en este trabajo que con amor los docentes del COBAEV, hemos elaborado.


Dia de Muertos

Somos mortales

Todos habremos de irnos,

Todos habremos de morir en la tierra…

Como una pintura,

Todos nos iremos borrando. / Como una flor,

nos iremos secando / aquí sobre la tierra…

Meditadlo, señores águilas y tigres,

aunque fuerais de jade,

aunque fuerais de oro,

también allá iréis

al lugar de los descansos.

Rey Netzahualcóyotl, 1391-1472.


Introducción

La pregunta que todas las culturas se han hecho a través de la historia de la humanidad es ¿qué pasa después de la muerte? Los mexicanos no somos la excepción y junto a ese fenómeno natural, se han creado toda una tradición pagano-religiosa que se remonta a miles de años de antigüedad.

El culto a la muerte es uno de los elementos básicos de la cosmogonía de los antiguos mexicanos. Creían que la muerte era una forma de continuidad de la vida.

Los muertos desaparecen para volver al mundo de las sombras, para fundirse al aire, al fuego y a la tierra; regresa a la esencia que anima el universo.

La muerte es como un espejo que refleja la forma en que hemos vivido y nuestro arrepentimiento, cuando la muerte llega, nos ilumina la vida, si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo la vida “dime como mueres y te diré como eres” podría rezar el dicho popular.

Quien diga que la muerte es dolor, se equivoca; quien se atreva a tenerle miedo, la desconoce; quien no entienda que su presencia es tan parte de la vida como el respirar, amar, reír o llorar, es un ignorante.

La creencia de que la muerte es el fin inevitable de un proceso natural, puede observarse en todas partes y todos los días, las flores nacen y después mueren. Los animales nacen y después mueren, nosotros nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos.

El desprecio, el miedo y el dolor que sentimos hacia la muerte se unen al culto que le profesamos, la muerte entonces se vuelve jocosa e irónica, la llamamos “calaca”, “huesuda”, “dentona”, la “flaca”, la “parca”. Al hecho de morir le damos definiciones como “petatearse”, “estirar la pata”, “pelarse” morirse son expresiones que permiten jugar y en tono de burla hacer refranes y versos.

El mexicano es “un pueblo muy fiestero”, que ya desde la época prehispánica celebraba y asociaba las calaveras con la muerte, y no ha perdido su gracia ya que continúa a través de burlas, risas y bromas, para ocultar el miedo que la muerte produce.

El día de los muertos, ha dado lugar a diferentes manifestaciones del arte popular mexicano, como son las calaveras de dulce, el pan de muerto, dibujos que se burlan de la muerte, versos en los que se ridiculiza a cualquier personaje vivo y las ofrendas que se preparan con respeto por los familiares para recordar a los que se han ido.

La celebración de todos los Santos y Fieles Difuntos, el 1 y 2 de Noviembre se han mezclado con la conmemoración del “día de muertos” que los indígenas festejaban desde los tiempos prehispánicos. Los antiguos mexicanos: mexicas, mixtecos, texcocanos, zapotecos, tlaxcaltecas, totonacos y otros pueblos originarios de nuestro país, trasladaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano.

En la actualidad, a pesar de la influencia de Estados Unidos y su Día de Brujas, en México, este festejo conserva buena parte de sus orígenes prehispánicos y eso es posible observarlo en las celebraciones que se hacen el 1 y 2 de noviembre en poblados como Tláhuac, Xochimilco o Mixquics, cercanos a la ciudad de México, o como en Michoacán, donde las festividades en Janitzio, en el lago de Pátzcuaro han alcanzado tal renombre que visitantes de todo el mundo llegan para participar en dicha celebración. Igualmente importantes son las ceremonias que se hacen en poblados del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en Cuetzalan, Puebla y Veracruz.

En Veracruz los grupos étnicos y mestizos, inician con anticipación los preparativos para recibir a sus difuntos. Esto ocurre lo mismo en la región Huasteca, del Totonacapan, que en la zona de Chicontepec, Tantoyuca, Papantla y Zongolica, como en la zona citrícola de Álamo, donde el culto a los antepasados o la veneración a los familiares muertos, es una festividad presente.

En esta región huasteca, estas festividades son conmemoradas con fervor y alegría, esto debido a que la raíz indígena asentada en esta tierra, también fusionó las creencias nativas con las nuevas culturas que llegaron de otros países, adaptándolas a sus usos y costumbres, de forma tal que esta tradición en lo particular, ha sido mantenida y preservada por sus descendientes huastecos.

Esta tradición del día de muertos, actualmente compite fuertemente contra la cultura anglosajona que ha invadido los grandes centros comerciales del país con la tradición del día de brujas, conocida como Halloween, por lo que la preservación de esta costumbre depende del esfuerzo con que podamos contribuir a difundirla y mantenerla vigente.


Aztecas o época prehispánica

El origen de ahora llamado día de muertos es incierto, se remonta según algunos estudiosos en el año 800 a.c en el llamado festival de muertos, celebrado entre los aztecas durante los meses de julio y agosto, como una fiesta para celebrar al final de la cosecha de maíz, frijol, garbanzo y calabaza, que formaban parte de la ofrenda a la diosa Mictecacihuatl. Esta diosa, reina de Chinahmictlan es la guardiana del noveno nivel del infierno llamado Mictlan.

Algunos aseguran que la tradición del festival se mezcla con la costumbre prehispánica de enterrar a los muertos con objetos, comida y ofrendas para viajar a la otra vida. La tradición nace de la creencia que al morir las personas pasan al reino de Mictlan, donde tiene que estar un tiempo para después ir al cielo o Tlalocan. Para el viaje, nuestro seres queridos necesitan agua y comida para el camino, veladoras para alumbrarse, monedas para pagar al balsero que los cruza por el río, antes de llegar a Mictlan y un palo espinoso para ahuyentar al diablo.

Los dioses para los aztecas eran dos: Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, encargados de señalar a que cielo o infierno enviarían al difunto. Mientras esto ocurría, sólo se permitía llegar a Mictlan, que significa lugar de la muerte donde deberían purificarse y posteriormente, pasarían a alguno de los trece cielos de los que nos habla la cultura azteca o a alguno de los nueve infiernos, según su comportamiento en vida.

Para los jóvenes aztecas la muerte fue considerada como algo digno de alcanzar, ya que no la consideraban como un mal sino una transformación en Colibríes que acompañarían al sol en su viaje, lo que significaba el más elevado de los cielos; además consideraban que los seres humanos tuvieron su origen en el omeyocan, donde los creaba la pareja de dioses supremos que los mandaban para que nacieran en la tierra. Al tiempo de su nacimiento todo individuo adquiría un tonalli, palabra que designa a la vez el concepto de día y el de suerte. El tonalli tenía el mismo nombre que el día del nacimiento o el día en que se celebraba un rito con el recién nacido. Este signo determinaba la personalidad del individuo y su destino.

Era algo así como un atributo espiritual, separable del individuo mismo, al que se podía rezar y que se podía perder, por lo menos en el caso de los niños, lo cual producía enfermedades que solo se curaban mediante ritos que devolvían a la criatura la fuerza vital, los sentidos, la inteligencia. Lo que generalmente entendemos por alma, pensaban que residía en el corazón, de hecho la palabra YOLOTL traduce tanto corazón como alma o espíritu.

Los muertos iban a diferentes moradas según las circunstancias de la muerte. Cada una de estas moradas estaba conectada con dioses propios y la manera en que mueren los distintos individuos se puede entender como el medio con que estos dioses los incorporan a su séquito. Los hombres que sufrían una muerte normal, a consecuencia de la vejez o de enfermedades ordinarias, iban al Mictlan o infierno, literalmente el “lugar de los muertos” regido por los dioses Mictlantecuhtli, y su mujer Mictecacihuatl. El infierno se asociaba por un lado con el norte, Mictlan es una de los nombres del norte y por otro se le consideraba como una serie de inframundos dispuestos en nueve niveles, en el más bajo residían los dioses del infierno y los muertos; el cuerpo del muerto, se cremaba y con los restos se preparaba un bulto que enterraban en la casa del muerto, junto enterraban también varias ofrendas y objetos necesarios para que el muerto llegara a su destino en el infierno. El muerto tenía que cruzar un río, el Chicnahuapan, “nueve aguas” que corría por debajo de la tierra de occidente a oriente y conectaba las aguas del mar sobre el que estaba la tierra. Para el cruce era necesaria la ayuda de un perro que sacrificaban para enterrarlo con el muerto. Cuando el muerto llegaba al río, ya lo estaba esperando, su perro para pasarlo a la otra orilla cargándolo en el lomo. El muerto también tenía que cruzar los vientos de obsidiana Itzehecayan, es decir, que eran vientos fuertes y fríos que cortaban como navajas, se les enterraba con ropa de papel para que los cobijaran. Además, se le proveía de alimentos para su viaje y ofrendas para dárselas a su llegada a los dioses del infierno. Los muertos vivían en el infierno de manera similar como habían vivido en la tierra.

También se les enterraban sus utensilios de trabajo y las reliquias de las victimas que habían ofrecido en sacrificio.

En el caso de los señores se sacrificaban algunos esclavos para que les sirvieran en el otro mundo. El viaje al infierno duraba cuatro años, por lo que los parientes enterraban nuevas ofrendas a los ochenta días de la muerte y posteriormente, en cada aniversario.

Cuando el muerto terminaba su viaje al infierno, volvían a la tierra una vez al año, precisamente durante el mes dedicado a los difuntos (Huey Miccailhuitl). Para la llegada de los muertos, sus parientes ayunaban durante tres días, subían al techo de sus casas y ofrecían oraciones en dirección al norte; con el fin de que sus difuntos regresaran y salieran a jugar en el campo.

El Tlalocan se encontraba situado en el primero de los cielos ubicado por encima de la superficie de la tierra, en donde también se encontraba la luna, además el Tlalocan se identificaba con el oriente, pues creían que los dioses de la lluvia se encontraban en lo alto de las montañas, en donde se juntan las nubes.

El Tlalocan fue comparado por los misioneros españoles con el paraíso terrenal; era como un jardín abundante de agua y lleno de flores. Había un agua que hacia crecer las plantas y producían buenas cosechas.

Al llegar los españoles, estas creencias de que los muertos regresaban una vez al año, fueron adaptadas al calendario Judeocristiano que celebraba en esa fecha a “Todos los Santos”, adecuando la ceremonia a los días 1º Y 2º de Noviembre del almanaque Romano.

El nombre indígena que se dio a esta celebración fue el de XANTOLO, vocablo latín nahuatilizado del latín SANCTORUM, cuyo significado es Todos los Santos. Esta festividad se celebraba entre el 31 de octubre al 1º de noviembre, pero los misionero católicos para su evangelización la adoptaron a la fecha con que actualmente se conoce, cambiando el nombre original de la celebración de MIJKAILJUITL, que significa fiesta de muertos, por el SANCTORUM.

El XANTOLO, es una manifestación sagrada en la que cada parte de los elementos que contiene la celebración, poseen un significado y un simbolismo especial, sobre todo para la persona que recuerda al difunto. La fiesta en si, mantiene profunda raíces indígenas combinado con las imágenes del catolicismo, mismos que encontramos en los altares como mas adelante se observará.

Los aztecas conquistaron el territorio Huasteco, este hecho ocurrió durante el gobierno de Moctezuma Ilhicamina (1440-1469 d.C.) quien sujetó a los huastecos de Tziuhcoac, a los Tuchpanecas y a los Temachpa Cuaxtecas imponiéndoles tributos en productos. Este sometimiento de los Huastecos a los Mexicas, significó un reordenamiento en la vida interna de los Huastecos, influyendo en costumbres, creencias y en general en toda su forma de vida. Por eso; no resulta aventurado indicar, que la celebración a los muertos de los Aztecas también era una celebración Huasteca y de mayor parte de la cultura prehispánica.

Álamo forma parte de lo que fue el territorio de Tziuhcoac, actualmente se conoce como Zicuaque y se piensa que dicho asentamiento prehispánico, estuvo ubicado en San Isidro, actualmente Montes de Oca, por lo que los indígenas locales debieron preservar esta tradición, como ocurrió en la mayor parte del territorio mexicano, con las particularidades de cada región.


El Altar

Como ya se dijo, el origen de los altares a los muertos, se dio a la par con la celebración de los cortejos funerarios que nuestros antepasados étnicos hacían a sus difuntos. Por esto, esta manifestación de XANTOLO es sagrada, en ella; los arcos tienen significado de mucho cariño y mucho afecto en las comunidades. Los hacen en las casas para venerar a los muertos y esperar a que estos lleguen, como lo hicieron sus antepasados.

Por eso, para el altar; se elige el mejor lugar donde este será colocado, puede ser en una esquina de la sala, en el corredor de la casa o donde consideren de mayor relevancia las personas.

Se coloca una mesa rectangular o cuadrada en alto, porque el difunto ya no está en nuestra dimensión, en cada extremo de la mesa, se pone una vara de aproximadamente 1.50 mts de largo, amarradas con bejuco a modo de que queden firmes y no se jueguen unas con otras, como símbolo de las cuatro eras del ciclo de vida por las que todos los humanos transitamos, estas son: infancia, juventud, madurez, y vejez.

Las varas también representan los cuatro años que según la teogonía prehispánica, debía ser sepultado un En la parte frontal superior del altar, se coloca un arco que es la puerta de entrada al mundo de los muertos, una vez terminada la estructura del altar se da a la tarea de forrar el altar con la palmilla, iniciándose en la parte frontal del altar especialmente del centro del arco, hasta llegar a las partes inferiores de la mesa o también se puede iniciar, por las varas inferiores de la parte frontal de la mesa hasta llegar al arco.

Después se da a la tarea de forrar con la palmilla las partes de los costados del arco y en la parte de adentro del mismo, se coloca la flor de cempoalxóchitl y la mano de león, al término de esta actividad se truenan cohetes como anunciando de que estamos preparados ara recibirles.

Se utiliza la palmilla como símbolo de esperanza de que el año venidero volverán a visitarnos y nosotros a esperarlos como se debe, con amor y cariño.

Los altares de muertos suelen adornarse con una flor mexicana llamada cempoalxochitl, que también se conoce como cempasúchil o simplemente cempoal. Estos nombres se derivan de una palabra náhuatl que significa “flor de los 400 pétalos” su color amarillo representa los rayos del sol y sirve para darle brillantes y luz a las almas en el mundo de los muertos, este era el color de luto entre nuestros antepasados.

Esta flor se coloca en ramitos pequeños desde la parte frontal inferior hasta el centro del arco, después se coloca en las partes de los costados y en la parte de adentro del altar, siempre amarrado con bejuco o con lazos de ixtle.

Las otras flores con que se embellecen las ofrendas a los muertos pueden ser el ocotillo morado o blanco y la flor de terciopelo de color guinda o morada, que significa la sangre derramada en su honor. Al igual que la palmilla, la flor de cempoalxóchitl también se coloca, amarrándose con bejucos o lazo de ixtle desde las partes frontales inferiores, hasta el centro del arco.

Una vez adornado el altar con sus respectivas flores, se limpia la mesa y se coloca un mantel bordado ya sea con flores o frutas de acuerdo al gusto de las personas; el bordado es en punto de cruz, tomaban como referencia a los cuatro puntos cardinales, por eso, el mantel también debe ser bordado ya que significa el trabajo realizado por nuestros antepasados, en el trazo de las ciudades prehispánicas.

Una vez colocado el mantel en la mesa del altar, se coloca en el centro una caja forrada con papel blanco que sirve de desnivel, en donde se coloca la foto de la persona muerta, rodeada de las cosas que más le gustaban, se colocan veladoras encendidas en el altar, cuyo significado es el darle luz a las ofrendas, la mesa se adorna con pétalos de flor de cempasúchil y carpetitas bordadas; la ofrenda se compone de variados y deliciosos platillos típicos de la región preparados especialmente para el muerto y de acuerdo a sus gustos, como el mole con carne de guajolote, café, conservas de calabaza con piloncillo, caguayote, pashkalli, bebidas alcohólicas, agua, cigarros, puros, aguardiente, tortillas, caldo de pollo, tamales de fríjol y de chile, este último platillo tiene su significado como: comunión y consagración; todo se deposita en cazuelas; jarros y ollas de barro, canastas y morrales, teniendo todo esto, se coloca en la mesa del altar naranjas, limas, mandarinas, cañas, plátanos, el pan de muerto.

Las mazorcas de maíz con hojas, se colocan amarradas con el lazo de ixtle en las partes frontales, en los costados y dentro del altar; en la parte de adentro del altar, se colocan carpetitas de papel china picado de diferentes formas y colores típicos de la tradición.

También se ponen, en la parte frontal del altar las 12 estrellas o soles de palmilla de coyol tejidas, estas estrellas tienen su influencia de la región huasteca y totonaca, colocadas a lo largo y ancho del arco frontal, representan los meses del año que el muerto tardará en volver a visitar a sus parientes y amigos; el incienso sirve para ahuyentar a los malos espíritus.

Las velas encendidas que algunas veces se clavan en el tallo de una penca de plátano, iluminan el camino del difunto para que no se pierda al regresar a su antiguo hogar, también se coloca en el altar ropa, morrales, petates, metates, yucas en trozo, para que el muerto se familiarice nuevamente con su antiguo ambiente familiar. En la parte de abajo, se colocan dos machetes para que ahuyente a los malos espíritus, también se desmenuza flor de cempasúchil y se hace un camino desde el altar hasta la parte de afuera de la casa, para que el muerto encuentre el camino hacia el altar.

La gente cree, que las almas de los difuntos a los que se les rinde homenaje se comen la esencia de estos alimentos y, aseguran que saben y huelen diferente después de que las ánimas las consumen. Una vez que los fieles difuntos han quedado satisfechos, llega el turno de saciar el apetito de los familiares, que degustan de los ricos platillos preparados con dedicación, gusto y amor para sus familiares.

En algunos lugares se acostumbra levantar un altar al ánima sola, que no tiene familiares, ni amigos que se acuerden de ella, pero la ofrenda se coloca en la puerta de entrada o fuera de la casa, pues a esta extraña alma no le está permitida entrar a la casa.

En cuanto a los muertos de la familia, el altar es la manera de guiar a las almas a sus hogares en donde se les espera, para ellos, se les coloca frente a la casa una cruz adornada con juncia y flores, para que ahí se persignen y pidan perdón a Dios, así como permiso para entrar a la casa de sus parientes.

La intención mística de la persona que elabora el arco, es muy importante, ya que en ese momento solo piensa en sus familiares difuntos y que un día, él o ella tampoco estarán aquí. Así, a través de ese culto, se va preparando para cuando le llegue la muerte, enfrentándola con valor, certeza y dignidad. Y sobre todo, el crear el arco, le da certidumbre de que la muerte no es el final, sino el comienzo de una etapa más de la existencia, de un ciclo, donde ella también bajo un arco será recibida. Las visitas

Es creencia de la gente de esta región, de que en toda persona que llega de visita en el día de muertos, se encuentra el alma de alguien que ya falleció. Cuando el visitante acude a un hogar, se le trata de la mejor manera posible. Como parte del ritual, se le muestra el altar antes de comer, el visitante tiene que echar copal

en el sahumerio, con el que esparce el humo alrededor del altar. Igualmente, cuando toman un tamal, tienen que tirar un pedacito al suelo. Es una creencia ancestral de que primero hay que darle de comer a la tierra, lo mismo se hace si se toma alguna bebida.

En náhuatl se le llama TLAQUICHINES, el dar gracias al respectivo Dios del maíz y al Dios del agua, a la vez que se da de comer a las almas. A los dueños de la casa, no les importa que la comida o la bebida caigan en el piso de parte del invitado, el sujetarse a la costumbre es una demostración de agradecimiento.


Álamo

En algunas comunidades de la región de Álamo, Temapache, Veracruz; la festividad al día de muertos, inicia desde el 29 de septiembre en el santoral de San Miguel Arcángel, cada año; es la primera ofrenda según creencias de nuestros antepasados, en que se les otorgaba el permiso a los difuntos para bajar a la faz de la tierra y recorrer el camino hacia donde ellos vivieron y convivieron con sus familiares. Se les ofrenda con velas, tamales o cualquier tipo de comida que le gustaba al difunto, posteriormente con el sahumerio perfumaban las ofrendas y el difunto regresa satisfecho a su destino.

La segunda ofrenda se realiza el día 18 de Octubre en San Lucas, en esta ofrenda se les coloca tamales, pan, chocolate, café, refrescos así como velas prendidas, para guiar a las almas de los difuntos a fin de que lleguen a la casa. Los difuntos saborean las comidas ofrendadas, sahumando con el incienso de copal.

Para la realización de la tercera ofrenda, es necesario levantar el altar con el arco ya descrito anteriormente en honor a los muertos, el día 30 de Octubre. En esta fecha se realiza una gran fiesta para enaltecer la memoria de los difuntos; el 1 y 2 de Noviembre se continúa con las ofrendas, siendo estos dos días las fechas mas reconocidas en toda la República Mexicana, como el día de todos los muertos, con variantes de acuerdo a la región en la forma de celebrar, puesto que, actualmente en algunos estados, solo se acude a los panteones con ofrendas, o dentro de las casas colocan, una mesa con ramos de flores de Cempoaxóchitl sin la confección del altar con arcos.

La cuarta ofrenda se llevaba a cabo el 30 de noviembre en el día de San Andrés, es cuando los muertos regresan al lugar de donde vinieron, se vuelve a ofrendar y se espera que en un año regresen para reunirse nuevamente con sus familiares, en la vida o en la muerte.

El día 1º de Noviembre, se le dedica a los “angelitos”, es decir a los niños y niñas que han muerto y el 2º de Noviembre es el día de los “fieles difuntos”, es decir a los adultos muertos. Para los angelitos, en los altares se pone su fotografía, la comida preferida por ellos, leche, chocolate, dulces y juguetes.

En los altares que se ponen para los adultos, se encuentran sus fotografías y los platillos que más les gustaban, por ello es común encontrar: mole, arroz, frijoles y tortillas; además de sus bebidas predilectas, que pueden ser: refrescos, aguas de sabores, cervezas, aguardiente, o algún tipo de alcohol.

Como en casi todas las fiestas mexicanas, la comida es parte principal de la ofrenda, así pues se tiene el pan de muerto que es redondo, azucarado y tiene pequeños pedazos de masa en forma de huesos para adornar, pero además se preparan tamales, mole, arroz, y otra comidas tradicionales de la época.

En muchas casas se hacen caminos con pétalos y flores, velas y veladoras desde el patio o jardín, hacia la entrada de la vivienda donde habitaba el difunto, esto con la creencia de que le sea fácil encontrarla. Obviamente, los difuntos no se comen los platillos; pero, la tradición dice que se alimentan con sus olores y la esencia de estos; de tal forma que cuando los vivos se los comen, han perdido parte de su sabor.

En Álamo y sus comunidades, el día de muertos es una celebración muy importante, en muchos hogares se acostumbra hacer el altar para los seres queridos de la familia, parientes, amigos; pero también se tiene otras tradiciones que se han incorporando a esta festividad. Algunas familias visitan el cementerio y comen sobre la tumba, acompañados por el alma de sus difuntos, le llevan flores y limpian su sepultura, algunos acostumbran a llevar la música que mas gustaba al difunto con algún trío o grupo norteño.

Entre las incorporaciones a esta fiesta se encuentran las populares “calaveras” versos dedicados a personas públicas o personajes populares, en tono de sátira o burla. Surgidos a finales del siglo XIV, las “calaveritas” son una muestra de ingenio que consiste en fingir que alguien está ya muerto, y según sus características o manera de vivir, burlarse de cómo murió: si alguien es muy coqueta se puede decir que la muerte “se la llevó para besarla”, o si es muy mentirosa, “que la muerte lo descubrió”. Generalmente se publican bajo un seudónimo, el más conocido en Álamo, es el Zorro, que se le adjudica al Doctor Manuel Ríos Cerecedo.

Es importante mencionar que el domingo anterior a la festividad los Alamenses acostumbra limpiar las tumbas de sus seres queridos de toda maleza y las preparan para la visita casi obligatoria del día de muertos. Es también un uso común que el familiar que visita la tumba en la festividad coloque flores de cempasúchil, púrpura cresta de gallo conocida también como guirnalda o mano de león, palmilla, o una planta que nuestros antepasados colocaban que era juncia, adornando las cruces, de manera que la tumba luzca como nueva.

También el domingo antes de la festividad, en el tianguis dominical, llamado Domingo Grande, se vive un gran ambiente, donde se puede apreciar una variedad de antojitos propios de la temporada, y los productos necesarios para la elaboración del altar como son la palmilla, mano de león, cempoaxochitl, copal, limas, y otros elementos indispensables en la festividad, como el cacao, el frijol de vaina, etcétera.

Después de que la gente realizó sus compras y elaboró su altar así como las respectivas ofrendas el día 2 de noviembre los habitantes de Álamo acuden a los panteones con flores y coronas y en algunas comunidades se llevan entre otras ofrendas, sahumerios y alimentos, incluso conviven con sus muertos al comer sobre sus tumbas, colocando servilletas bordadas y en cada esquina de la servilleta sirven una porción de comida, bebidas al igual que frutas y también en cada esquina encienden cirios o veladoras, dependiendo de los familiares muertos o del amigo de la familia, el significado de colocar en cada esquina la ofrenda, es de acuerdo a los cuatro puntos cardinales y a la convivencia que debe de haber entre los vivos y muertos, posteriormente se sahuma con el copal.


Conclusión

El día de muertos es una de las más importantes tradiciones de Álamo, es una fecha que se guarda con respeto por la mayoría de sus habitantes, su celebración es una verdadera fiesta de color, en donde los hogares se preparan para la celebración; los altares con la modestia en la economía de la mayoría las familias alamenses, se siguen elaborando con amor y alegría, y la gastronomía es inmensamente rica; los tamales y el chocolate son el platillo mas popular de esa fecha, pero además, se mantienen vigentes costumbres como el tamalote, que es un tamal con un pollo entero que generalmente el ahijado ofrenda a sus padrinos y donde también se sigue el ritual de prender la vela y el de sahumar ante el altar, el padrino regresa el obsequio con otra bendición en efectivo a su hijo de fe, con ese misticismo de convivir y compartir nuestro pan, en recuerdo de los muertos.

Incluso los alimentos se departen y comparten con generosidad, sin importar la modestia del hogar y según el día de los difuntos, los sin chile y dulces cuando los angelitos nos visitan, los con chile rojo cuando los adultos están aquí. Atole, pan casero, dulces de coco, de papaya; yuca y calabaza con piloncillo. Se recuerdan los rezos de los abuelos y se revisa de nueva cuenta la genealogía, de los que están y de los que ya partieron. En muchos hogares se matan cerdos y se convive por igual entre ricos y pobres, como un cumplido, ya que en la muerte no hay distinciones.


EL DIA DEL NIÑO PERDIDO

El día 7 de diciembre se celebra en la ciudad de Álamo, el día del niño perdido, una tradición evidentemente religiosa cuyos orígenes se remota a la presencia de los primeros evangelizadores de las Nuevas Indias, la cual ha perdurado hasta nuestros días y que según algunos estudiosos es eminentemente huasteca, no obstante que en algunos otros lugares se acostumbra poner velitas en ese día. Se ha indicado que esta tradición nace en Tuxpan, pero conforme a lo indicado por el libro de don Ernesto Franco Cobos, (Tuxpan Ilumina al Mundo) la tradición se dio simultáneamente en varios lugares:

“Al parecer, el encendido de las velitas se dio simultáneamente en esta región, gracias a las orientaciones que proporcionaban los clérigos de la villa de Tuxpan, Temapache, Álamo, Papantla, Tamiahua, Amatlán y otros lugares circunvecinos”.

Indica que como método evangelizador los sacerdotes encargados de sus respectivas parroquias promovían en las fiestas decembrinas, el encendido de velitas en la calle. Señala la presencia en el año de 1757 del Fray Junípero Serra, a quien se le atribuye la construcción de la Iglesia de Temapache, un verdadero monumento histórico; por lo que si su apreciación es exacta, debió haberse iniciado esta tradición en Temapache antes que en Álamo, porque en esta ciudad este evento se remontaría a la existencia formal de la Iglesia Católica en el lugar, cuya presencia pastoral data del año 1942 con Monseñor José Cabezas Martínez y de manera permanente a partir del año 1954 con el cura D. Francisco A. Jiménez..

Continua diciendo Don Ernesto Franco Cobos que; “las poblaciones que han tomado para sí esta costumbre de encender velitas en las calles, y elaborar los carritos alegóricos de cartón, participando año con año, con motivo de esta tradición son: Velas, carritos y lámparas caseras: Tuxpan y Álamo. Encendido de Velitas: Temapache, Alazán-Potrero, Cerro Azul, Naranjos, Tantoyuca, Tihuatlan, Panuco, Poza Rica, Papantla, Gutiérrez Zamora y Martínez de la Torre”.

Efectivamente esta costumbre se mantiene en Álamo y tiene sus comienzos con la advenimiento de la fe católica, pero fue muy promovido por algunos tuxpeños, entre ellos quienes fueron propietarios del Banco de Tuxpan, la familia Dechams, que obsequiaban en la sucursal de Álamo velitas para el día 7 de diciembre, una promotora de esta tradición lo fue y los sigue siendo, Irma Lulú Vázquez León quien estuvo como gerente de esa institución.  

La tradición se basa en un pasaje bíblico tomado del evangelio de Lucas capitulo 2 versículo 41 al 42, que indica que cuando Jesús tenia 12 años viajaron a Jerusalén, a las fiestas de Pascuas y que al acabar la fiesta se quedo sin que ellos lo supieran, y pensando que estaba en la compañía, anduvieron un día de camino, y lo buscaron entre los parientes y como no lo encontraron volvieron a Jerusalén, en donde lo encontraron tres días después en l templo; sentado entre los doctores de la ley, a donde les hablaba y preguntaba y estos se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.  

Este pasaje de la tradición Católica es el sustento de esta costumbre de encender velitas, que en Álamo se practica año con año, de manera muy especial; es una actividad donde los pobladores participan muy entusiastamente y que se ha consolidado como una verdadera tradición por el significado religioso y el simbolismo de la luz, lo que lo mantendrá vigente hacia las futuras generaciones.

Los nacimientos en Álamo al igual que la tradición del “Día del niño perdido”, es una costumbre religiosa; que data de los inicios de la iglesia católica en Álamo.

Actualmente se esta retomando esta costumbre, que ya se estaba perdiendo.


Epílogo

Álamo es pueblo rico en tradiciones; además de las ya presentadas; en esta ciudad existen una serie de costumbres, como lo es, nuestro mercado tradicional, conocido como “el Tianguis”; del cual se desconoce la fecha de inicio, pero que dada la enorme riqueza ancestral y la forma de comercio de este mercado popular, su raíz resulta auténticamente indígena; pues basta con recordar que precisamente en Tziuhcoac, los tianguis tardaban hasta veinte días y que debido a la gran cantidad de productos que en ese lugar se comercializaban, los Aztecas lo conquistaron y sometieron al pago de tributos, en la época de rey Moctezuma Ilhuicamina.

De ahí, la costumbre tan Huasteca de este tipo de mercado, donde en Álamo por las dimensiones de la plaza cobra especial importancia, pues se trata de la más grande del norte de Veracruz. El tianguis es una herencia cultural y se ha vuelto una costumbre muy propia de la localidad, en donde se surte la población de una gran cantidad de mercancías manufacturadas, pero también se ofrece una diversidad de productos típicos como el zacahuil, los pemoles, alfajores, yuca en piloncillo, pan casero, carne enchilada, etcétera, en fin; toda una gama de mercaderías que antes de la llegada de los españoles ya se comercializaban. Como parte de este comercio, una costumbre de los Alamenses es comer zacahuil todos los domingos en la compra de “comisaria”, a lo que podemos agregar otros usos propios como nuestra gastronomía, a manera de guisa, los tamales, el pan y el chocolate en todo santos y la rosca el 6 de enero.

En Álamo en la última semana de abril se celebra la tradicional Feria de la Naranja, y los días 13, 14 y 15 de septiembre se festeja a la Señora de los Dolores. Durante la mayoría de los días del año, en diversas comunidades hay festividades: carnavales, ferias o fiestas patronales; en fin, todo un calendario, donde la festividad casi siempre tiene una raíz tradicional y por eso podemos decir, que Álamo tiene una gran riqueza cultural, pero sobre todo, que son estos elementos los estudiados y los que en este apartado mencionamos, los símbolos de identidad que nos ha dado cohesión y sentido de permanencia.

Álamo cumple 100 Años y en este su aniversario, el esfuerzo de dejar constancia escrita de estas costumbres por parte del municipio y de los organizadores, no solo significan un redescubrimiento de nuestro pasado glorioso, sino lo más importante, comprenderlo y difundirlo. Por eso hemos elaborado este trabajo, con el objeto de contribuir de una manera modesta con el conocimiento de nuestra propia identidad; si humildemente hemos logrado entretejer estas nuestras tradiciones, quedaremos satisfechos.

  

TEJIENDO TRADICIONES

se terminó de imprimir en el mes

de diciembre de 2006,

en los talleres de

Amatl Imprenta y Offset,

Av. 20 de noviembre oriente 283

Xalapa-Eqz., Veracruz, México.

La edición consta de 500 ejemplares