HISTORIA DE ÁLAMO Y SU ENTORNO HUASTECO

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PRESENTACION

“Historia de Alamo y su entorno huasteco” es un libro destinado a provocar polémica. Es de esos textos que reciben alabanzas o vituperios, pero que nunca podrán pasar desapercibidos, aunque cabe puntualizar que no fue escrito por un apóstata sino por un autodidacta perseverante, apasionado de la micro-historia.

Su autor Leonel Clemente Pazarán indagó en Códices, archivos, foto-grafías y longevos informantes, hasta encontrar datos curiosos, y sobre todo rastros de que la “actual ciudad de Álamo se asienta sobre el suelo de un pasado glorioso como fue la tierra de Tzicoac o Cicuaque” enclavada en la huasteca meridional, afirmación causante de interminables controversias pues a la fecha no ha sido debidamente explorada. Para 1820 aparece enseñoreado en esas latitudes el hispano Conde don Juan Del Juncal, de la misma estirpe que doña Manuela quien contrae nupcias con don Manuel Nuñez, ligando así su sangre y fortuna al destino de estas tierras. Es cierto, como fenómeno que se produce en todo el mundo, la historia oficial o tradicional se distorsiona, se falsea, se acomoda para justificar algunas acciones pecaminosas de la élite del poder. Distintas versiones confrontan a los historiadores.

Sin embargo, coincide con algunos estudiosos que le antecedieron, como Manuel Maples Arce, Angel Saqui del Angel, el presbítero Bernabé Santes Simbrón (Perspectivas de Álamo, 1974) y Rodolfo Robledo Reyna (Historia de Alamo, 2ª edición 2001), en que para el año de 1906, el asen-tamiento humano de Álamo en su actual ubicación, ya había conformado un caserio organizado urbanística y socialmente.

Es cierto, se trataba de un conglomerado dedicado a las actividades agropecuarias y al comercio, cuando irrumpió el estrepitoso brote de los pozos petroleros de riqueza legendaria. Potrero de Llano (1910), Alazán (1913), Tierra Blanca y Cerro Viejo (1921), Chapapote Nuñez (1922), Paso Real (1925), o San Isidro y Jardín se ligaron a la nomenclatura de las compañias Penn Mex Fuel, El Aguila y Sinclair Company, que acometieron con voracidad la explotación de los jugosos yacimientos del subsuelo.

Entre 1923 y 1926 registra la presencia silenciosa en Tampico, Túxpan, Cerro Azul y Álamo de César Augusto Sandino, el nicaragüense que adqui-riría después perfiles de símbolo latinoamericano, que como obrero petrolero hizo acopio de recursos y energías para regresar a luchar por la libertad de su patria atrapada en las redes de la dictadura, la explotación y la miseria. Este último año Álamo adquirió la categoría política de Villa.

Andando el tiempo, por los años de 1925 a 1937, otra transnacional, la Wimberger Banana Company, (con oficinas principales asentadas en Túx-pam) le dio un leve impulso a la economía de la región, comprando -a pre-cio castigado, como es usual- la producción platanera a orillas del río Pantepec, atiborrando los mercados internacionales con la deliciosa fruta cosechada en este suelo.

Pero se dio el caso, ante el asombro de los incrédulos y los negros augurios de los fatalistas, que después de la expropiación petrolera de 1938, o del agotamiento de sus mantos años después, Álamo siguiera construyendo su destino, buscando nuevos rumbos, dejando asentado rotundamente que su mayor riqueza la constituye el dinamismo de sus pobladores que han aprendido a evitar la discordia, a seleccionar opciones y a persistir en los aciertos.

Reseña los avatares de las primeras instituciones educativas y algunos docentes de grata memoria, así como los intentos emancipadores para trasladar la cabecera municipal desde Temapache, concretados en el decreto No. 92 del año de 1927 expedido por la Legislatura del Estado, hazaña que correspondió realizar a don Guillermo Vélez Castillo (originario de Xochiatipan, Hgo. y a la sazón presidente municipal), y un puñado de aguerridos ciudadanos armados de decisión y coraje, el 18 de febrero de este año. No obstante, señala con justicia, la comunidad de Temapache, la del templo de piedra edificado entre 1540 y 1576 con plegarias franciscanas sudor nativo en honor al apóstol Santiago, sigue ostentando con orgullo el título de Heroica unido a los apellidos de Gutiérrez Zamora como se lo confirió la Legislatura del Estado por decreto No. 45 el 13 de octubre de 1878, y le sigue dando el nombre al municipio.

Deja constancia de los sucesivos episodios que recogieron las bondades de la campiña alamense, agrícola desde tiempos ancestrales, o la ganadera que sucumbió ante la fiebre aftosa que asoló los verdes potreros y pastizales al finalizar el período del presidente Manuel Avila Camacho (1946) y parte del de Miguel Alemán; la tabacalera que con su derrama económica inundó de aromas y toxinas las décadas de 1970-80, y actualmente la citrícola cuya bien cimentada fama tramonta los mas apartados confines del globo. Un detonador importante fue el puente sobre el río Pantepec que entró en servicio en 1980 y abrió la vía corta a Tampico y el norte del país. La comunicación terrestre ya no se cancela como ocurrió durante las crecientes de 1929, 1930 y 1955.

Lamentablemente, esta historia se corta de tajo el año 2003 en que muere Leonel, así que aún están frescas las coronas de flores que custodian su tumba. Pero nos dejó este legado editorial que registra no solo sus vivencias y preocupaciones, sino una serie de esperanzas insolutas, porque su autor visualizó un Álamo empeñado en la construcción de una sociedad más armoniosa y próspera mediante el trabajo denodado de su gente.

Fué Leonel Clemente, un narrador ameno y sencillo como se puede constatar en su primer libro “El Eclipse y otros relatos” publicado en el año 2001. En sus capítulos La noche del derrumbe, La tragedia del Titanic, Abuelo, cuéntame un siglo, El sabor de la crónica, y El eclipse, queda plasmada su vocación literaria. Pero además, fue un estusiasta promotor de la Casa de Cultura de la que llegó a asumir la dirección una temporada, hasta que su salud se lo permitió.

Este libro póstumo nos testimonia su quehacer histórico, pero va más allá, nos confirma su calidad de hombre de gran visión; da prueba de la voluntad inquebrantable de un legítimo alamense que ama a su pueblo, al que siempre percibió como principio y fin, cuna y mortaja.

Apasionado de los relatos desconocidos, lo mismo que su entrañable amigo Rodolfo Robledo Reyna (cuya común afición fue motivo de furiosas y simpáticas confrontaciones que se clausuraban con una buena taza de café), fue un incorregible conversador que defendía a capa y espada la validez de sus argumentos. Sus amigos, sus lectores, así lo entendimos, así lo aceptamos y así lo quisimos.

Participó, como socio de “Cronistas de Veracruz, A.C.” en los congresos por gran parte del territorio veracruzano que se celebran cada seis meses, y hacía uso de la tribuna no solo para defender y difundir pasajes históricos de Álamo, sino para llenar a su ciudad natal de evocaciones y piropos, porque la llevaba en la piel y en la entraña, en la sangre y en el alma.

Leonardo Zaleta

Cronista de Poza Rica

Julio del 2006

INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN

HISTORIA DE ALAMO Y SU ENTORNO HUASTECO, se une al pequeño grupo de pioneros de la historia general de la ciudad de Álamo. Para honra de sus esfuerzos, debo enlistarlos en orden cronológico comenzando con Manuel Maples Arce, Ángel Saqui del Ángel, Pbro. Bernabé Santes Zimbrón y Rodolfo Robledo Reyna.

Se va llenando de esta manera desde sus orígenes la natural necesidad de todo pueblo de registrar y tener su respectiva memoria histórica.

Álamo ha tenido que esperar el paso de casi un siglo para que su historia fuera rescatada del olvido y el polvo del tiempo, que se estaba yendo junto con sus primeros fundadores y con las generaciones que a partir de ellos se formaron. Quede en estas páginas mi modesta aportación.

Leonel Clemente Pazarán

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