MANDARINAL, Antología poética de Álamo.

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ÁLAMO MI MUSA CÍTRICA

Vestida en verdes enaguas

eres más bella que la Eva de Adán desnuda

mis pies descalzos de párvulo

entre tus valles recorrieron,

entonces, como hoy, eras la magnitud de la belleza.

Tus veredas en diciembre

se encoloran de navidad

Cuando el verde y el naranja forman un mandarinal,

los olores tuyos

hicieron sede hasta en mis huesos

y de las noches estelares los cocuyos

entre mis recuerdos se hicieron presos.

Citrópolis,

más que edificios desvencijados;

eres fragmento del cielo

que ante mis ojos ha encallado

más que remedo de urbanidad;

eres gente hambrienta de prosperidad.

Yo germiné en tus naranjales

y quizá fui más feliz que el nacido en tus arrabales

porque bebí de tus manantiales

y con tus bullicios suicidaba a mis soledades.

Entre historias añejas

supe de la bonanza en tus tabacales,

cuando el progreso cayó a raudales,

me dibujaron entre parloteo

el tiempo en que te vestiste de cítricos

cuando se tejió árbol tras árbol

todo el edén que en tus valles veo.

Aún te recuerdo

en los olores de lo antaño

vagan tus perfumes ermitaños

Aquellos que cuando fui patojo

disfrutaba en tus maizales.

Las noches calladas en tus pueblos

se llenan de estruendos

pirotecnia, juerga y fe

se abrazan a favor de los patronos.

Ya cuando transita octubre,

hay jardines con parvadas amarillas

de flores llamadas cempoallxochitl

ellas se preparan para adornar altares.

Noviembre trae en sus días

el olor de los inciensos

ollas con chocolate hirviendo

estallidos de pólvora

que claman a las ánimas

y enuncian la hora de la ofrenda,

se balbucea en los bolsillos

hasta libar el último peso

para que el altar esté repletito

de olores, figuras y sabores.

Cuando fui niño,

también espere a mis difuntos

les marqué el camino con pétalos amarillentos

alcohol, comida y hasta sus fotografías

en barroca y humilde mesa les ponía.

Ya desvanecido noviembre y su empalague,

a la señora de los Dolores

le visitan parvadas de inditos

que vienen a recordarnos la existencia de María.

Entre llantos y candidez

llega la bendición

que amerita la ocasión

para todos los que aún se acuerdan de la virgen.

He visto los ocasos desde los montes

desde las ventanas de tus edificios

y siempre me dejan enamorado

porque hasta la muerte de los días

es bella desde tus espacios.

A veces he llegado a creer

que eres como un jardín

produces bellas flores sin fin,

basta sentarme en tus parques

para admirar el desfile de tus flores

algunas de piel de trigo,

otras de color de piloncillo;

pero siempre bellas de verdad,

yo les escribo versos

a tus campos, a tus flores, a tus espinas

pero así como te amo, amo también a tus ninfas divinas.

Álamo, te pareces a los árboles

que bailan en derredor del Pantepec:

fuertes, perseverantes ante las tormentas e invencibles,

te pareces a la faz de tus morenas

llevas en ti glorias plenas.

A veces entristeces como un otoño;

cuando en tus tierras

no crece el maíz ni el frijol

ese manjar que alimenta a tus hijos

y lloras esa desgracia.

Caen las lluvias en junio

el Pantepec de ser un hilito

pasa a ser una feroz boa

que a veces perdona

y otras desilusiona,

ya en la calma que tienen tus montes

he llegado a escuchar tus risas

esas que emanan de tus aves,

esas carcajadas que enamoran a los hombres.

Allí cantan tus pájaros

y en mi alma te cantan mis células.

El calor de tus veranos,

se parece al de tus mujeres:

embriagante, mitigante e inolvidable.

Llevas en tus horas

la luz que a la melancolía descolora.

Llevas en tus pueblos una historia más que trascendental.

Que si te olvido

te has de preguntar cuando emigro

pero soy mariposa que en ti fue libélula

te llevo en mi hasta la última célula

yo no te olvido, ni lo haré.

Sólo al respirar el último oxígeno

que me has de regalar;

entonces te podré olvidar.

Saúl Cruz Olivares

Estudiante universitario

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