MANDARINAL, Antología poética de Álamo.

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ESTRELLA DE ÁLAMO

Eres hermosa ¡oh! flor de azahar

anuncias la llegada del sol,

fresca y perfumada, reflejas a tu alrededor

pureza e inocencia y en tu centro,

llevas la mancha del calor y la alegría.

Amas al sol por las mañanas,

aún cuando antes de su llegada

tiembles de frío y sientas,

que se te rompe el alma.

Lo esperas bañada de rocío,

y ese natural que te distingue

¡Crees que vale la pena todo esto!

Cuando al final lo tienes;

El calor que te brinda es inmenso.

En ese momento te sientes protegida

te sientes realizada y no te das cuenta,

que el atardecer está tras de ti

y te sorprende, te sorprende…

Él te brinda ese calor,

que añoras por las mañanas,

pero se excede y te marchita,

te marchita cada vez que parece

que brilla contigo, pero brilla solo.

Cada vez que una nube pasa, él te marchita

se va de tu lado y lloras, y gritas;

pero tu voz sólo da vueltas en el aire

él no la oye, llora y gritas.

El jamás voltea la mirada hacia ti,

¡Es que no se da cuenta de lo que te pasa!

Tú, belleza del campo, sientes que te secas,

ese capullo que empezaba a brotar

se ha marchitado.

De lo que fuiste ayer, ya nada queda

sólo el dolor implantado en la raíz

que aún sostiene , pero que ya

más no resiste.

Ya nada queda, estas muriendo

mientras él, mañana volverá a empezar.

Y la semilla que proviene de ti nace.

Pero tiene miedo, mucho miedo.

Y esa semilla ausente habla,

pero su voz no te toca,

y siente, y piensa, pero tiene miedo.

Llora y grita, pero en silencio,

y como ausente vive.

Aquella estrella de Álamo

que perfuma los campos,

guarda una historia que sólo

ella y el sol conocen.

Guadalupe Bautista Martínez

Estudiante de preparatoria

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