MANDARINAL, Antología poética de Álamo.

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CIEN AÑOS DE ESPERANZA

Bajo el cielo azul,

de un pueblo que enriquece,

los suelos verdes

del estandarte mexicano.

Siento un olor profundo

que quema el fruto,

que se extrae al estilo virgen de las manos,

y el soporte cansado de las espaldas.

Puedo ver en nuestras frentes,

las leyendas de batallas perdidas

y guerras ganadas;

cambiando sombreado por iluminado.

Recorro los caminos

sabiendo que en cada piedra,

un recuerdo ha de quedar,

murmurando historias de mi pedacito de tierra.

Todo en vano no se ha de olvidar,

a veces triste puede ser la suerte;

más los cambios parecen hacernos fuertes,

aunque la raíz no se acaba porque el tallo esté mal.

Miro a los niños reír libremente.

Reír libremente,

adivino en sus ojos

la inteligencia de un más allá.

Muchos pueden pensarnos débiles,

faltos de carácter,

pero olvidan que aunque el enemigo parece pequeño,

nuestras almas nacen de la eternidad.

Soñemos por nuestro Álamo querido,

confiando en el ensueño perdido,

fundiendo las palabras,

con ideas temerarias.

Que protegen en su seno,

las visiones de nuestra gente,

que muestran los rostros

que veo por las calles.

Dejemos que nuestras voces se escuchen,

estremeciendo corazones,

enseñándoles que no existe aquí el jamás,

colmando la única verdad.

Tallemos en nuestras mentes

el firme acervo del contar,

lo que la sabiduría de nuestro pasado

supo saber cimentar.

Y ante tus 100 años de libertad,

podemos fácilmente recordar,

la riqueza del manto café,

que representó el tabaco.

Somos la generación con aroma

a embriagante azahar,

bebemos de los relatos

algo más que la imagen de un lugar.

Haciendo a mi ciudad más bendita,

capaz de acariciar la sagacidad,

de quienes nos educan para innovar

manteniendo posible todo en una gran realidad.

Ante el orgullo infinito

del piso que tocamos,

se enciende la vela

de un triunfo por el que exclamamos.

Y al afán de saber colocar,

la honra en nuestras tradiciones,

llenas de color, música y diversión,

hasta las que llega la sapidez del cítrico.

Con anhelo en nuestros pechos,

y al compás del rigor naciente

de ésta siempre cálida zona norte de Veracruz,

se escucha el grito de las tres hermanas huastecas.

No hay paisaje más hermoso,

ni más soberbio,

que pueda demostrar mejor

que nuestro viejo amigo río donde se refleja el sol.

En nuestros pulmones podemos saborear,

la pureza que emana de la naturaleza,

que lleva consigo el calor

ferviente de esta tierra de promesas.

¡Oh, Álamo querido!

supiste acoger en tus brazos,

el sabor encendido

del sendero mexicano.

IIeana Zunaxi Vázquez Romero

Estudiante

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