MANDARINAL, Antología poética de Álamo.

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LA ENDECHA DEL NARANJO MORIBUNDO

Cuán lejos se quedaron con el tiempo

en las ácidas entrañas de mi madre

y sacadas cual se sacan de placenta

las semillas que tuvieron

como tengo yo la muerte lenta.

Y al brotar ansiosas de la vida

crecieron y formaron su varita

y con yemas y cuchilla me injertaron

al árbol, que mi espalda cargaría.

Hubo un tiempo en que mis ramos tal lucían

como esferas enchapadas de oro puro

y ahora todo veo confuso, oscuro

en medio de malezas y herbazales.

Do quedó aquella inmensa gloria mía

que al nacer febrero, se llenara de alegría

con azahares níveos y tan llenos de ambrosía

al presagio tan hermoso en naranjales.

Que brilla como oro al nacer el día

y engarzaban en follajes verde jade,

do quedó aquella santa algarabía

y aquellas aves que cantaran con dulce melodía.

¡Ay de mí al declivar mis horas!

mi luz y resplandor son sólo sombras,

ya soy fantasma cubierto por las frondas

de secapalo, verdugo de pasadas glorias,

cuando a la luz del día o de la tarde vea

ocultarse el sol detrás de la montaña,

seré un tronco con ramas que ladea

y estaré seco hasta la misma entraña.

Y cuando gentes vayan por leña en sus rumores

mis ramas quisieran ocultar ya sus temores,

no podré dar de mi parte ni un solo grito

cuando, en humo se me empuje al infinito

o a mi tronco lo amortajen los azahares.

Leonel Clemente Pazarán

Exdirector Casa de Cultura e historiador

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